"¡Pontífices! ¡Pontífices! Somos todos pontífices arengándonos unos a otros, blandiendo nuestros báculos unos contra otros, dogmatizando, amenazando con anatemas! Recientemente, en el breviario, leíamos sobre un santo que, a punto de morir, se quitó las vestiduras pontificales y se bajó de la cama. Murió en el suelo, lo cual está muy bien: pero apenas hay tiempo de sentirse edificado
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