viernes, 27 de noviembre de 2015

Frasco


En la abadía de Westminster en la tumba de un obispo anglicano aparecen inscritas estas palabras: “Cuando era joven y libre y mi imaginación no tenía límites, soñé con cambiar el mundo. Al crecer y adquirir sabiduría descubrí que el mundo no cambiaría, de modo que reduje un tanto mis propósitos y decidí cambiar solo mi país. Pero también pareció inamovible. Al alcanzar la madurez, en un último y desesperado intento me contenté con cambiar sólo a mi familia, aquellos más cercanos a mí; pero ¡Oh sorpresa! No lo aceptaron. Y ahora, mientras estoy en mi lecho de muerte, repentinamente me doy cuenta de que si tan solo me hubiera cambiado primero a mí mismo con el ejemplo hubiera cambiado a mi familia. Con su inspiración y aliento podría haber hecho mejor a mi país y, tal vez incluso habría cambiado el mundo”.
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