Todo lo que adquiramos lo podemos perder, todo lo que aprendamos lo podemos olvidar, sólo permanece aquello que hemos conseguido hacer arraigar en el corazón. Es el caso de la Torah, que ni se adquiere ni se aprende: se recibe. Como una semilla, como un regalo. ויתן אל-משה, ככלתו לדבר אתו בהר סיני, שני, לחת העדת-לחת אבן, כתבים באצבע אלהים “Cuando hubo acabado IHWH de hablar a Moisés en el monte Sinaí, le dio las dos tablas del testimonio, tablas de piedra, escritas por el dedo de IHWH”. El Talmud (Nedarim XXXIX-b) comenta este pasaje diciendo que “al principio Moisés aprendía la Torah y la olvidaba, hasta que la recibió como se recibe un regalo.” De alguna manera algo parecido nos ocurre a todos los que estudiamos Torah: aprendemos cosas, versículo, detalles y luego los olvidamos. Esto sucede porque no hemos recibido. Si algún día recibiéramos, sabríamos toda la Torah desde la primera hasta la última letra, desde la Beth de Bereshit a la Lamed de Israel, que forman la palabra Lev, “corazón”, quizá para decirnos que la Torah se recibe desde el corazón. JULI PERADEJORDI
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