Y la oración impar, la del eclipse, las fiestas, y la de la lluvia, son sunnas […] El segundo y el tercero de los puntos referidos son los del eclipse de Sol (jusuf) y de Luna (kusûf). Ambos son estados de refugio y necesidad de Dios. Cuando ocurre alguno de los dos el gnóstico debe dirigirse a Dios con necesidad, sabedor de que en ese momento toca esperar. Si Dios quiere le asiste con luz y secretos y si no le impone la oscuridad de lo que no es Dios y las penalidades. Lo que el siervo debe hacer es alzarse y saber que está en un estado de eclipse lunar, y saber aguantar en el momento del eclipse solar. “Solo se sienten seguros del proceder de Dios los extraviados” (7:99). Los dos eclipses tienen sus causas: cuando la Luna se interpone entre nosotros y el disco solar, impide que llegue a la Tierra su luz porque se interpone un obstáculo, es decir, el disco lunar. Su naturaleza es opaca, como también lo son las nubes. Así, en ese momento, solo vemos el disco lunar, que es un cuerpo oscuro, y se dice que el Sol se ha eclipsado. El Sol es la la santísima presencia, que luce sobre la tierra de las almas, “y la Tierra se ilumina por su luz”. El alma se queja ante su Señor, necesitada de aquello que llega de la proximidad divina. En ese momento, el que tiene un alma así, lo que debe hacer es no dejarla trabajar en pos de su corrupción, tal y como ha dicho “No corrompais la Tierra después de reformada” (7:56), sino que debe pedir con temor y deseo: es decir, con temor de ese estado de eclipse y deseo de esa santísima presencia. [182] El Sol de los conocimientos (ma’ârif) no cesa de brillar sobre el gnóstico porque no hay ante él velo alguno. Salvo que le sea decretado y descienda sobre él -“para que ocurra aquello que Dios había decretado” (8:42)-, o sea, se dé la presencia de un obstáculo interpuesto entre él y Dios, cubriendo de las luces y dejando en su lugar oscuridad y dificultades, quedando a merced de la desobediencia, el perjuicio y el pecado. Si este siervo no recurre a los medios para retirar esta sombra que le afecta, “perecerá con los que perecieron”. Este estado le resulta más penoso al gnóstico que el velo de los principiantes y más que cualquier castigo. Antes de llegar a Dios [el velo] es una desgracia, pero es mucho peor cuando se ha progresado. Ha dicho el Profeta, la paz y las bendiciones sean con él: “La mayor desgracia de todas es la de quien ha conocido a Dios y luego lo abandona”. No hay nada peor que abandonar la presencia divina tras haber llegado a ella, y nada mejor que el regreso (ruÿu’) tras la unión (wisâl). Alguien le preguntó Abu Muhammad al-Hariri (el sedero), que Dios tenga misericordia de él: -Disfrutaba del tapiz de la intimidad, tuve una apertura espiritual expansiva, lo que me hizo caer por mi tropiezo. Ahora me veo velado de mi amado. ¿Cómo podré encontrar el camino de vuelta? Me señaló la entrada a su tienda, lloró, y me dijo: -Oh hermano, nosotros vivimos bajo la presión de esta vigilancia. Que te sirva de advertencia lo que recitaron. Y a continuación recitó estos versos: Detente ante las moradas, estos son sus restos Lloran los amantes por la desgracia y la pasión Cuantos se han apostado en su barrios buscando noticias de su gente, pidiendo y acongojados Me respondió el heraldo de la pasión desde su cielo he dejado la pasión y me he elevado al encuentro Le preguntaron a uno de los maestros sobre esta caída, a lo que contestó: “La alegría efusiva (inbisât) con Dios es una falta de cortesía (adab).” ¡Dios mío, perfecciona nuestra educación, y no nos tengas en cuenta nuestras propias iniciativas! Este es el significado del eclipse solar, y Dios sabe más. En cuanto al segundo caso, cuando se produce un eclipse lunar, es una situación perturbadora, pues indica el caso en el que la luz del corazón se desvanece y lo deja vacío de toda gnosis (ma’ârif). La Luna representa el corazón; la Luna recibe su luz del Sol al estar enfrente de él, tal y como el corazón recibe su luz de la presencia de su Señor. Depende completamente de la proximidad de la presencia divina, que es lo que representa el Sol. Mientras se mantiene frente a Él, este corazón se ilumina. [183] Pero si comienza a creer que la esencia luminosa del Sol ha quedado incorporada a sí misma por su capacidad reflectante, es como creer que es la propia luna llena la que brilla porque su esencia se ha mezclado con la del Sol -y que hemos dicho que simboliza el corazón, o la copa, mientras que el Sol son las luces divinas, es decir, el vino-. El Sol tiene a la Luna como copa y la hace correr cuando está en creciente, y en cuanto empiezas, brillan estrellas En cuanto el Sol de la unicidad divina amanece sobre el corazón se convierte en el ágora de los pensamientos y el cofre de los conocimientos debido a la orientación fuero interno (fu’ad) y su capacidad de comprender los significados espirituales. Así es mientras no se interponga entre él y Sol de su amado obstáculo alguno. Más si se interpone algo ante el foco de ese soporte que recibe el corazón, es decir, ante la fuente de la luz que le llega desde la presencia divina, este corazón se oscurece y sale despedido de la presencia divina. Esto porque la luz con la cual “andaba entre las gentes” se ha cubierto por algo grosero. Solo se podrá librar por la benevolencia (lutf) divina. El eclipse lunar ocurre porque la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, de manera que el foco irradiador no puede hacer llegar su Luz al cuerpo lunar por la presencia de un obstáculo que es el cuerpo terrestre. La Luna vuelve a ser tal y como era, un cuerpo opaco y oscuro, que carece de luz propia, que solo la reflejaba. El corazón del gnóstico recibe su asistencia de la santísima presencia, que se refleja en su espejo como el brillo del Sol se refleja en la Luna, incluso más todavía, tal y como han dicho: El Sol de la mañana se pone por al atardecer pero el Sol del corazón nunca se oculta Sólo cuando se interpone algo entre él y el corazón, es decir, algo del alma [egoica], que se interpone ante el origen de esta asistencia, desaparece la luz del Sol. Es alguna de las miserias del alma la que oscurece lo más íntimo del ser, separándolo de los conocimientos y la asistencia divina, sustituyendo los conocimientos sutiles por lo grosero, las realidades espirituales (haqâ’iq) por las criaturas, las costuras por los rotos, quedando grabadas en su espejo las impresiones que dejan las imágenes de los [184] seres creados en vez de los conocimientos de los secretos, los ejércitos de las sombras toman el control y las luces se baten en retirada. Y todo esto mientras el alma se interponga entre él y la presencia divina. Lo que se le exige a quien está en esta situación es que busque un tratamiento para su corazón, que es dirigirse al fin para el que ha sido creado: “¡Oh hombre, te esfuerzas con denuedo en encontrar a tu Señor, y le encontrarás!” (84:6). Si alcanza ese fin y deja de cubrir la sombra del alma el cielo de la santísima presencia, brillarán de nuevo las luces del Sol; se retiran las prendas y relucen los cuerpos; este corazón recupera la ganancia después de verse desposeído; es llevado desde la lejanía a la cercanía; desde la sed a saciedad. “Y no hay nada difícil para Dios” (14:20). - Artículo*: sidnur - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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