Extraído de La Hidaya de Al-Raýraýi : un Espejo de Príncipes medieval,‘Umar ibn Musa Rajraji; editado y traducido por Braulio Justel Calabozo; Madrid : Instituto Hispano-Arabe de Cultura, 1983. Luego se volvió el cadi hacia Nuri y le dijo: -¡Oh Bu l-Hasan! Vuestra actitud me ha admirado, y Dios es testigo de que os quiero. Sin embargo, te voy a hacer unas preguntas como las hace quien busca el buen camino. Guiame, pues, y que Dios tenga pieda de ti. Pregunta lo que te parezca -le dijo Nuri-. Si puedo responderte, lo haré. Si no, te dire que no sé, sin que eso me cueste. -Dime -le preguntó el cadí- dónde está Dios respecto de las criaturas. -Nuri -que Dios tenga piedad de él- le respondió: -Mi Señor «estaba» sin «dónde» cuando las criaturas aún no habían recibido el ser. El está ahora donde estaba. -¿Qué son, entonces, -le preguntó el cadí- esos lugares, creaciones Visibles? -Fuerza que se manifiesta -le respondió Nuri-, poderío que domina, y criaturas que se manifiestan en El y que emanan de El, sin estar unidas a El ni separadas de El. Puede prescindir de ellas, y ellas no pueden prescindir de El, porque ellas lo necesitan, y El no las necesita. -Tienes razón, Abu l-Hasan -le dijo-. Pero dime: ¿Qué pretendió Dios al crearlas? -La manifestación de la fuerza -respondió-, y el dominio del poderío y de la autoridad. -Tienes razón -dijo-. Pero dime: ¿Qué quiere Dios de sus criaturas? -Lo que haya en ellas-respondió. -¿Acaso quiere la incredulidad del incrédulo? -preguntó el cadí. -¿Se puede renegar de El si El no quiere? -dijo Nuri. —iNo! —le respondió el cadí. -Te basta lo que ves-le dijo Nuri. -Tienes razón Abū l-Hasan -dijo-. Dios es demasiado poderoso para que exista en Su Creación lo que El no quiere. -Dime: ¿Qué pretendió Dios con la diversidad de religiones y la deferencia de sectas? -preguntó el cadí. -El Excelso -le respondió Nūrī- pretendió con eso transmitir su poder, mostrar su sabiduría, comunicar sus favores, y manifestar su justicia y su bondad. -Tienes razón le dijo-. Pero dime: ¿Por qué condenó a todos a morir? -Mi Señor -le respondió Nuri- tiene 99 nombres, y cada nombre reclama los atributos correspondientes. Entre dichos nombres está el de “Dominador sobre sus siervos!, y ese nombre reclama el atributo del dominio. Creó la muerte y condenó a ella a todas las criaturas, a fin de que apareciera claro, por su creación, que él es el “Dominador sobre sus siervos”, como se llamó a Sí mismo. De no ser por la muerte, no aparecería claro para la mayoría de los místicos (muhaqqiqin) que El es el «Dominador sobre sus Siervos». – Tienes razón, Abu l-Hasan -le dijo-. Pero dime si es verdad o no lo del juicio del día de la Resurrección. Nuri -Dios, el Altísimo, tenga piedad de él- le respondió: -¿Y cómo no va a ser verdad, pues así lo dicen el Libro y la Zuna? -¿Y qué dices -le preguntó el cadí- de la generosidad de Dios -el Altísimo-? ¿Es absolutamente generoso o no? -Sí. El es el Generoso y Espléndido. -¿Cómo puede mi Señor -le preguntó el cadí- ser absolutamente generoso, pues da una cosa gratuitamente y luego exige cuentas de ella? Vemos que, entre los mezquinos, el generoso, cuando da una cosa, no la reclama después; y si la reclama, se le imputa eso como un defecto. ¿Cómo hablas, pues, del Generoso y Espléndido? -¿Acaso el Generoso -replicó- exige cuentas de sus dones, siendo El quien dice: “Este es nuestro don; de él regala o retén sin cuenta”? También dice: “Los dones de tu Señor no son rehusados». Dios es demasiado grande para dar algo y exigir luego cuentas de ello o reclamarlo. -¿Quién es, entonces, el que exige cuentas? -preguntó. -Tú eres -respondió- quien exige cuentas a sí mismo y a quien se le exigirán. -¿Cómo es eso? -preguntó. -Así-respondió-: Dios -el Altísimo- te creó en la eternidad con su poder, te conformó en el universo con su sabiduría, te sacó de la existencia con su gracia, te enseñó a hablar con su bondad, y te dotó de fuerzas con su auxilio. Cuando creciste y dispusiste de ti mismo y de tus cosas, se te preguntó lo siguiente: «¿Quién eres?», y respondiste: «Yo». Entonces tu Señor encargó de ti a dos ángeles, ordenándoles escribir en tu cuenta tus dichos y hechos, sin omitir de ello ni lo pequeño ni lo grande. Cuando dijiste: «Yo», escribieron los dos: «En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. Dijo: Yo». Luego te dio algún don material del que te dejó disfrutar bien hasta un período determinado, y, cuando lo juzgaste, fuiste interrogado sobre él idénticamente, y se te preguntó: «¿Qué es esto?». Tú respondiste: «Mi don, mi bien y mi propiedad», como después dijiste: «He cogido, he dado, he vendido, he comprado», y así sucesivamente. Y ellos escriben en tu cuenta todo lo que dices, como dijo el Altísimo: «No articula una palabra sin que a su lado esté un observador preparado». Y cuando vengas el día de la Resurrección, y se te entregue tu libro diciéndote: «Lee tu escrito: hoy basta con que tu propia alma de juste las cuentas», entonces, al abrirlo para leerlo, encontrarás en primer lugar: “En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. Dijo: Yo». Se te preguntará a la sazón: «¿Quién eres?», y escrutarás tu alma y la examinarás, y encontrarás que o eres sino el siervo de Dios. Y se te dirá: «Cuando se te preguntó en el mundo, ¿por qué dijiste: “yo”, y no dijiste: “el siervo de Dios”? ¿Mereces o no el castigo por haber negado tu condición de siervo?». Responderás: «Sí, lo tengo muy merecido y ganado». Se te dirá entonces: «Dios, por su bondad para contigo, renunció a su derecho en esta tu patria y te perdonó. Pero, ¿qué es esto segundo?”. Responderás: “Mi bien, mi don y mi propiedad” Te preguntará: “¿De dónde te vino?”. Escrutarás y examinarás, y encontrarás que no es sino don de Dios -el Altísimo—, y dirás: “Me vino de Dios” Se te preguntará: “¿Cómo te vino eso de El? ¿Se lo compraste? ¿Lo compartías con Él como socio? ¿O se lo trocaste por otro?”. Responderás: ¿Cómo iba se lo iba a comprar a Él o a trocárselo, siendo yo siervo suyo y criatura suya, y el bien, don suyo y dádiva suya? Me creó por su sabiduría, y me colmó de favores por su generosidad y bondad”. Se te dirá: «Cuando fuste interrogado en el mundo, ¿por qué dijiste: “mi bien”, en lugar de decir: “ favor de mi Señor”? ¿Mereces o no un segundo castigo? Responderás: «Sí». Se te dirá: «Dios ha sido benévolo contigo y te ha perdonado en esta tu patria”. Por último: «De dónde cogiste estos bienes, y en qué los gastaste?” Y se descubrirá que los cogiste ilícitamente te estos bienes, y los pusiste en el lugar indebido. Te acusará también aquel a quien diste algo -no por Dios- y se sirvió de ella para desobedecer a Dios. Dirá: “¡Señor! Pregúntale a éste sobre mí por qué me dió esto y aquello y te desobedecí en ello con tal cosa”. Se te dirá entonces: «No te creamos para esto, ni es esto lo que te mandamos. Sólo te creamos para que nos obedecieras, y te mandamos que cogieras los bienes lícitamente, que los pusieras ante El, y que los gastaras por El. Has contravenido, pues, nuestro mandato, haciéndote acreedor a un enorme castigo y a un gran tormento, y has quedado a merced de tu Señor: Si quiere, por tu justicia te atormentará; y si quiere, por su gracia tendrá piedad de ti. Este es el atributo del juicio y su bien». -Tienes razón, Abu l-Hasan -dijo el cadí-. Pero háblame del fuego. -Cadí desgraciado! -dijo Nuri-. Deja el fuego y ten cuidado con el tormento del sepulcro. Busca en Dios refugio y protección contra él, pues la primera cosa de la otra vida que encontrarás será el tormento del sepulcro; y el tormento del sepulcro es más severo que el tormento del fuego, salvo que es transitorio, no duradero, mientras que el tormento del fuego es duradero, perpetuo. -¡Desgraciado de ti, Abu l-Hasan! -dijo el cadí-. ¿Conque el tormento del sepulcro es más severo que el tormento del fuego? –iSí!—le respondió Nuri. -¿Cómo es eso? -preguntó el cadí. -Porque el tormento de una cosa -respondió Nuri- por lo de su misma especie, es más severo que su tormento por lo de otra distinta. Te voy a poner un ejemplo: Si un rey gobierna a la vez judíos, cristianos y musulmanes, y uno de los tres reniega de su religión, y sus correligionarios le llevan ante el rey diciendo: “Este ha renegado de nuestra religión”, y se lo quita a ellos y se lo entrega a otros de distinta religión, y les dice: “Este ha renegado de su religión: castigadlo por haber renegado”, ¿crees que nos castigarán? -¡No! -respondió el cadí. -¿Por qué? -le preguntó. -Porque no sienten contra él -respondió- la cólera de haber sido ofendidos. -¿Y si el rey se lo impusiera, diciendo: «Castigadlo para obedecerme»? -preguntó. -Dirían —respondió-: «iOh rey! Tenemos prescrito lo que debemos hacer con él», y no le infligirían sino un pequeño castigo. Pero -dijo aún- si dijera a sus coreligionarios, cuando éstos lo acusan: «Entendeos vosotros con él», entonces lo castigarían irritados por haberlos ofendido y por haber apostatado de la religión de ellos. Así -añadió- le ocurre al hijo de Adán con la tierra cuando lo echan en ella. Si es obediente, Dios -el Altísimo- dice: «iOh tierra! Este es tu hijo, que te devolvemos. Siempre nos ha sido obediente. Acógelo bien y honra su mansión». Y la tierra lo acogerá como una madre a la que se le dice: «Honra a tu hijo», temiendo desobedecer a Su Creador si no lo acoge con sumo esmero. Y si es perverso, se le dirá. “íOh tierra! Este es tu hijo. No ha dejado de desobedecernos, transgrediendo nuestros mandatos. Castígalo, pues, sin medida». Y lo castigará severamente, por miedo a desobedecer a su Creador. Si es arrojado al fuego, dirá el fuego: «iOh Señor! ¿Qué hago con él?», y Dios -el Altísimo- le responderá: «Quema su cuerpo, exceptuando su corazón y su lengua y la huella de su prosternación, pues yo he vedado los dos al fuego». La tierra, en cambio, lo come «hasta la rabadilla», como refiere el hadiz auténtico. -Tienes razón, Abu l-Hasan -dijo-. Háblame ahora de la renuncia al mundo. -Ese es -dijo- uno de los grados más importantes para vosotros, y más insignificantes para nosotros. -¿Y por qué?-preguntó. -Porque el mundo -respondió- es importante y grande para vosotros; por lo tanto, la renuncia a él es importante para vosotros. En cuanto a nosotros, el mundo es pequeño e insignificante para nosotros; por lo tanto, la renuncia a él nos resulta insignificante. Quienes lo conocen bien, lo han tirado por la espalda, y no han vuelto la vista hacia él. Sólo piensa que ha renunciado a él quien lo mira con reverencia, y éste no lo conoce, ya que no merece reverencia quien es perecedero. Sólo lo desea quien lo mira con veneración. Los buenos conocedores de él, lo han considerado un camino trillado que conduce a la mansión de la inmortalidad. Y, tanto en la dicha como en la desdicha, han pasado por él como quien desea verse a salvo de un desierto mortífero. Así salieron sanos y salvos de él. -Tienes razón, Abu l-Hasan -dijo- Háblame de la adoración (“ibada) según Vosotros: ¿Cómo es? y ¿cuál es vuestro comportamiento respecto de ella? Nuri -Dios tenga piedad de él- dijo: -Para nosotros, la adoración se divide en tres clases: adoración metafórica (ìbadat maÿaz), adoración verdadera (“ibadat haqq) y adoración real (“ibadat haqiqa). -¿Qué es la adoración metafórica? -preguntó el cadí. -Es la adoración por la recompensa -respondió Nuri. ¿Y qué es la adoración verdadera? -preguntó. -Conocer al Adorado tal como es —respondió. -¿Y qué es la adoración real? -preguntó. – Si lo conoces intuitivamente (‘arafa), no Lo adoras -respondió. -¿Y cómo es eso? -pregutó-. Vemos que tú lo adoras, y eres de los que lo conocen intuitivamente. -Atestiguas que Yo lo adoro? -preguntó. -iSí! —respondió. -Tu testimonio es falso -dijo-, y no conoces a ninguno de los dos: ni al adorador ni al Adorado. Dios sabe que no Lo he adorado nunca jamás, y que no me he prosternado ante Él n una sola vez. -Entonces, ¿a quién adoras -preguntó- y ante quién te inclinas y te prosternas? Pues nosotros te vemos poner mucho empeño en eso. -Os lo diré -respondió- haciéndoos antes unas preguntas. Y preguntó: -Cuando yo muera, y mi espíritu salga de mi cuerpo, ¿me veras adorarlo a El en ese momento? -¡No!-respondieron. -¿Por qué?-preguntó. -Porque has sido privado -respondieron- del principio vital (sirr) depositado en ti, gracias al cual te levantabas y te sentabas. -¿Acaso tenía El en mí un depósito que me hacía actuar? -preguntó. -Sí-respondieron. -Y cuando lo cogió, ¿quedé incapacitado para hablar y obrar? -preguntó. -Sí-respondieron. -Luego su depósito -dijo- era el que Lo adoraba. ¿Dónde está, pues, mi adoración? -No hay adoración tuya -respondieron- si miras las cosas así. -He aquí otra cosa más sutil y elevada que esto -dijo. -¿Cuál es? -preguntaron. -¿Sabéis -dijo- cuántos (colaboran) en mi sustento y bregan por causa mía? -No-respondieron. -Traedme un pedazo de pan -dijo. Se lo trajeron, lo tomó en la mano y dijo: -¿Sabéis todos vosotros cuántos han trabajado en este pedazo de paz hasta que ha alcanzado esta su forma definitiva? -No -respondieron. -Han trabajado en él -dijo- 18.000 mundos, constituyecto los siete cielos y las siete tierras uno solo de esos mundos. Pero vostros negáis esto y no lo sabéis. Sin embargo, ¿créeis que Dios -el Altísimo- ha hecho trabajar en él a los habitantes del cielo y la tierra? -Sí -respondieron. -¿Y cuál de los habitantes del cielo y la tierra lo comerá? -preguntó. -Tú -respondieron. -¿Y cuando lo agradeceré debidamente y luego Lo adoraré después de eso? -preguntó. -No podrás hacerlo nunca -respondieron. -¿Dónde está, pues, mi adoración? -preguntó. -No ay adoración tuya -respondieron. -¿Habéis visto a los habitantes de los cielos y de la tierra trabajar en él con su poder y fuerza? -preguntó. -No-respondieron-, hasta que su Creador les dispensó su ayuda para ello. -¿Los habitantes del cielo y de la tierra podrían, sin la ayuda de Dios, crearlo de la nada? -preguntó. -No-respondieron, -¿Y quién lo creó de la nada? -preguntó. -Dios, el Excelso -respondieron. -Luego si El lo ha creado, y sus criaturas han trabajado con él, y yo lo como, ¿quién es el adorador y quién el adorado? -preguntó. -Tienes razón, Abu l-Hasan -respondieron. Dijo entonces Abu l-Hasan al-Nuri-Dios, el Altísimo esté satisfecho de él: -Dijo al-Hallay: «Yo soy la Verdad -el Excelso-. ¡Cuán grande es mi prestigio!». ¿Dijo verdad? -Sí-respondieron. -Y lo matasteis injusta e inicuamente -dijo. -Tienes razón, Abu l-Hasan -dijo el cadí-. Pero dime: ¿dónde habéis encontrado esta ciencia? -Está en el Libro de Dios -respondió- y en el Hadiz del Enviado de Dios -Dios le bendiga y le dé la paz. -El caso es -dijo- que nosotros aprendemos el Libro de Dios y el Hadiz de su Enviado, y no la hemos encontrado allí – ¡Mientes! -Dios tenga piedad de ti-. Si lo leyeras e interpretaras, verías que él, como Dios, ordena y prohíbe, protege y defiende, guía y enseña -dijo. -Explícame -dijo- por qué nosotros leemos como leéis vosotros, y estudiamos más de lo que estudiáis, y no encontramos la ciencia que vosotros encontráis. -Vosotros -respondió- Sois gente que os habéis revestido de la discordia (fitna), os habéis ataviado con el orgullo, habéis seguido las pasiones, os han gobernado los apetitos, os ha entrado la vanidad, y habéis dicho: «Nosotros somos los alfaquíes y nosotros somos los sabios». Y sabéis, pero no sabéis lo que sabéis. Os habéis Visto privados de las enseñanzas de la ciencia por haber abandonado las obras. Yos ha sido velada la verdadera naturaleza de las cosas con el velo de la discordia y de las pretensiones. La historia ha concluido. ¡Dios sea muy alabado! Todos juntos recitaron versos en el sentido expuesto. - Artículo*: sidnur - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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