NAVEGANDO EN LAS AGUAS CÓSMICAS Con el candil del alma: agua ígnea, fuego líquido Si la navegación puede concebirse como una “imagen simbólica del viaje iniciático” (1), entonces éste, esto es, el viaje, no es sino la expresión de la vida misma; de las peripecias del alma encarnada del Hombre caído. Así pues, también la simbólica de la nave se nos presenta como análoga a la del alma y, por ende, a un sinfín de analogías, puesto que “la iniciación es un viaje en pos del Conocimiento” (2). La simbólica del viaje incluye la de adentrarse en lo desconocido con las transformaciones que ello significa (3). Y si hablamos de transformaciones, entonces la Alquimia se hace presente. Se insiste hasta la saciedad en que el adepto trabaja consigo mismo, que el laboratorio es uno mismo. Por eso se trata de un viaje Simbólico y Real que el Arte nos ha legado mediante el telar de la Historia Sagrada; una vez más la Cadena Áurea es la que nos orienta, pues nos ayuda a llevar la cruz en el perpetuo baile cósmico de los principios y los elementos: tres principios (azufre, mercurio y sal) y cuatro elementos (fuego, aire, agua y tierra). Sabemos que los símbolos del fuego y del agua conforman, entrelazados en un centro común, el sello de Salomón y, analógicamente, también simbolizan el equilibrio cósmico entre la acción del principio activo o masculino (fuego) sobre el principio pasivo o femenino (agua): Una simbólica que nos permite hablar del despliegue de la manifestación universal, un viaje que también se produce en lo más íntimo del alma del iniciado: Por tanto, aquí será preciso partir de la primera de todas las dualidades cósmicas, de aquella que se encuentra en el principio mismo de la existencia o de la manifestación universal y sin la cual ninguna manifestación sería posible en ninguna de sus modalidades. Tal dualidad es, según la doctrina hindú, la que se establece entre “Purusha” y “Prakriti”, que, si se quiere usar otra nomenclatura, podría llamarse de la “esencia” y la “substancia”. Ambas deben ser consideradas como principios universales por constituir los dos polos de toda manifestación; sin embargo, a otro nivel, o mejor dicho a otros múltiples niveles, análogos a los campos más o menos particularizados que pueden distinguirse en el seno de la existencia universal, también pueden emplearse analógicamente estos mismos términos, con un alcance relativo, para designar lo que corresponde a tales principios o bien lo que más directamente los representa respecto a un modo determinado y más o menos restringido de la manifestación (4). Pero teniendo en cuenta lo siguiente: … que la Dualidad no puede existir sin el Ternario, ya que si el Principio supremo, al diferenciarse, da nacimiento a dos elementos –que por otra parte sólo son distintos en tanto nosotros los consideremos como tales–, éstos y su Principio común forman un Ternario. Y de tal forma esto es así que, en realidad, es el Ternario y no el Binario lo que es inmediatamente producido por la primera diferenciación de la Unidad primordial (5). Iniciamos pues nuestro viaje. Las analogías entre el alma humana y el agua, entendida ésta como símbolo de la substancia primordial indiferenciada y también del principio femenino del Cosmos, nos permiten una narrativa simbólica, de modo que la vida de las aguas simboliza también la vida del alma humana, y también del Alma del mundo (macro y microcosmos), pues: El agua está al principio de la Creación Universal junto con el aire (soplo) del espíritu. A través de sus distintos procesos (líquido, hielo, vapor) es capaz de estar presente en distintas formas en el mundo (6). Como cuando brota suave, incluso peligrosamente, de los abismos montañosos, y se dispone a su transcurrir camino de mares y océanos. La montaña quiere tocar el cielo, se eleva y ha significado para todos los pueblos la imagen misma de lo sagrado por antonomasia, su cúspide es imagen de la unidad y también del fuego sagrado. El fuego que ejemplifican el rayo y el trueno: luz y vibración que actualizan nuestra visión y audición impregnando nuestros sentidos y permitiéndonos nuestro asombro ante la majestuosidad del Principio. Por eso no dudamos en acudir al I Ching para orientarnos; no con la pretensión de un vano sincretismo (7) que se acomode a nuestro discurso, sino con la voluntad firme de sintetizar en nuestra propia alma el legado tradicional que reconocemos más allá de nuestra forma heredada (la Tradición Hermética), pues el Taoísmo se trata también de una expresión temporal de una tradición atemporal, o sea de otra de las ramas de la Tradición Primordial. Para el libro de las Mutaciones el agua es imagen de lo insondable, del abismo; y tiene como virtud el peligro. Brota el agua de las entrañas de la montaña: apenas un gotear sobre la roca unas veces, en forma de pequeño torrente saltarín en otras, y también espeja la luz en los lagos evocando la quietud del cielo en su reflejo. En otros momentos salta con fuerza y se abisma por cascadas y por las profundidades de los valles. Y siempre progresa serpenteando en las llanuras. Siempre llega a la tierra, se divide y fluye según las cuatro direcciones del espacio. Y el Oráculo habla: k’an: lo abismal, el agua El signo consiste en la repetición del trigrama K’an. Es uno de los ocho hexagramas formados por duplicación. El trigrama k’an significa el precipitarse dentro de algo. Un trazo Yang se ha precipitado cayendo entre dos trazos Yin y es encerrado por éstos como el agua en la hondonada de un valle. […] Como imagen es el agua, vale decir el agua que llega desde arriba y se pone en movimiento sobre la tierra, en ríos y correntadas, y origina toda vida en la tierra. Aplicado al hombre representa el corazón, el alma encerrada en el cuerpo, lo luminoso contenido en el interior de lo oscuro. […] Por eso el peligro también se simboliza como hondonada o quebrada, esto es, como un estado en el que uno se halla como el agua en una quebrada, de la cual se logra salir como el agua si se adopta una adecuada conducta. […] El agua da un ejemplo para la conducta correcta que corresponde en tales condiciones. Fluye y fluye y rellena todos los lugares por los que pasa hasta sus bordes y nada más; no retrocede ante ningún sitio peligroso, ante ninguna caída, y nada le hace perder su índole propia y esencial. En todas las circunstancias permanece leal a sí misma. Así la veracidad hace que en circunstancias difíciles uno perciba interiormente, con el corazón, el fondo de la situación. Y una vez que se ha llegado a ser interiormente dueño de una situación, fácilmente se logrará por sí mismo que las acciones exteriores se vean acompañadas por el éxito. En cuestiones de peligro se trata de poseer la necesaria escrupulosidad que ayude a despachar realmente todo lo que debe hacerse, y de tener asimismo la posibilidad de avanzar para no perecer por quedarse uno en medio del peligro. Mediante una aplicación activa, el peligro puede adquirir una importante significación en cuanto a medida de protección. Así el cielo posee una altura peligrosa que lo protege contra todo intento de intervención. Así la tierra posee montañas y aguas que con sus peligros separan a los países. Asimismo los soberanos utilizan el peligro como medida de defensa con el fin de protegerse de los ataques que vienen de afuera y de los disturbios que vienen de adentro. La imagen: El agua fluye ininterrumpidamente y llega a la meta. La imagen de lo abismal reiterado. Así el noble observa una conducta de constante virtud y ejerce el negocio de la enseñanza. El agua alcanza su meta fluyendo sin interrupción. Rellena todo hueco antes de seguir fluyendo. Lo mismo hace el noble. Él estima como valioso que el camino del bien se convierta en una cualidad firme de su carácter, que no sea cosa casual y aislada. También en la enseñanza brindada a otros, todo es cuestión de ser consecuente, pues únicamente por la repetición la materia se convierte en propiedad del que aprende (8). Por eso: La suprema bondad es como el agua. El agua todo lo favorece y a nada combate. Se mantiene en los lugares que más desprecia el hombre y, así, está muy cerca del Tao. Por esto, la suprema bondad es tal que, su lugar es adecuado. Su corazón es profundo. Su espíritu es generoso. Su palabra es veraz. Su gobierno es justo. Su trabajo es perfecto. Su acción es oportuna. Y no combatiendo con nadie, nada se le reprocha (9). Este carácter primordial del simbolismo del agua ha sido expresado a través de todas las escrituras y textos sagrados de las distintas civilizaciones tradicionales: en el Génesis (10) y el evangelio de Juan, para hebreos y cristianos; en el hinduismo con su praxis de abluciones en el río sagrado del Ganges; en la civilización egipcia, que asentó materialmente todo su existir sobre el ciclo del agua; etc. En palabras de Mircea Eliade: Las Aguas simbolizan la suma universal de las virtualidades; son “fons et origo”, el depósito de todas las posibilidades de existencia; preceden a toda forma y soportan toda creación. Una de las Imágenes ejemplares de la Creación es la de la Isla que “aparece” de repente en medio de las olas. Por el contrario, la inmersión simboliza la regresión a lo preformal, la reintegración al modo indiferenciado de la preexistencia. La emersión repite el gesto cosmogónico de la manifestación formal; la inmersión equivale a una disolución de las formas. Por ello, el simbolismo de las Aguas implica tanto la muerte como el renacer. El contacto con el agua implica siempre una regeneración: no sólo porque la disolución va seguida de un “nuevo nacimiento”, sino también porque la inmersión fertiliza y multiplica el potencial de vida (11). Descubrimos, por tanto, una polaridad en los sentidos simbólicos del agua: como agente vivificante, purificador y regenerador, pero también como agente destructor, como en el simbolismo del Diluvio Universal. Es el agua como principio y fin, vida y muerte. Regeneración perenne. El agua, en su camino de descenso desde la cúspide de la montaña hasta el mar, muestra el despliegue cósmico y, por tanto, simboliza la acción ejercida por el principio activo o esencia (fuego) sobre el principio pasivo o substancia (agua). Aquí podemos ver al agua como análoga a la matriz universal, capaz de adoptar la forma que le imprime el espíritu en el desarrollo de la manifestación. Habíamos mencionado al fuego y su expresión a través del trueno y el rayo (lo audible y lo visible). Ahora volvemos nuevamente, por un momento, al I Ching: Feng: la plenitud Los dos trigramas que componen Feng son: arriba Chen, lo suscitativo, el trueno; abajo Li, lo Adherente, la llama. Así: Chen es el movimiento; li es la llama, cuya virtud es la claridad. En lo interno claridad, hacia fuera movimiento (12). O lo que es lo mismo, la luz de lo inteligible que hace posible el movimiento. Si el viaje es un camino en pos del conocimiento, entonces la claridad interior, labrada por el fuego en el athanor del alquimista, le lleva a remontarse a la fuente originaria en un camino de retorno; a un ascender hacia la cúspide, un viaje contracorriente del despliegue descrito hasta ahora. Por otra parte, y a propósito del fuego, el alquimista sabe que en su retorta –sede de continuas muertes y resurrecciones– debe administrar bien el fuego que la alimenta, pues es el agente de las transformaciones que se producen en el alma del adepto. Ahora nos enfrentamos a las transmutaciones internas que se suceden en este viaje del alma individual –nuestra nave– que, atravesando las densidades de las aguas inferiores, llega a las superiores, completando así el recorrido por el mundo intermediario descrito en el Árbol de la Vida sefirótico, una auténtica carta de navegación. Pero, antes de la descripción de este recorrido de ascenso –aunque, paradójicamente, todo ello se produce de forma simultánea–, detengámonos por un momento en la Alquimia: ¿Cómo se producen estas transformaciones internas, reflejo de las que se producen en la Naturaleza? Burckhardt nos aclara algunas cuestiones: Las verdaderas fuerzas inductoras son el calor y el frío, y, puesto que esta última propiedad puede considerarse como la simple negación de la primera, es suficiente el calor para completar el ciclo: la acción del fuego basta para hacer que la materia contenida en el recipiente pase, en forma sucesiva, del estado líquido al gaseoso, luego al ígneo y, finalmente al sólido, imitando así, en pequeña escala, la obra de la Naturaleza. […] El esquema esbozado puede aplicarse también al mundo interior, sustituyendo el calor, el frío, la humedad y la sequía por las propiedades de expansión, contracción, disolución y solidificación… Porque ya hemos aludido a la correspondencia existente entre las propiedades del alma y los cuatro elementos. […] No en vano el esquema de los elementos y las propiedades naturales o modos de operar, indicado anteriormente, se asemeja a la rueda cósmica, cuya llanta es la órbita solar y cuyos radios son los cuatro puntos cardinales. En el campo alquímico, el cubo de la rueda es la quintaesencia. Se entiende por este nombre tanto el polo espiritual de los cuatro elementos como su sustancia básica común, el éter, en el que los cuatro están presentes íntegramente. A fin de reconquistar este centro, los componentes contrapuestos de los elementos deben reconciliarse entre sí: el agua debe hacerse ígnea; el fuego, líquido; la tierra, ingrávida, y el aire sólido (13). En palabras de Sinesio: Así como en el principio fue uno, también en esta obra procede todo de uno y vuelve a uno. Esto es lo que significa la reversión de los elementos… (14). Esta navegación simbólica que se produce a través de las aguas inferiores de acuerdo con nuestro mapa que es la Cábala hebrea tiene como finalidad, en una primera etapa, la obtención del hombre nuevo, regenerado, transmutado: el Hombre Verdadero que, desde la tierra, identificada con el mundo de Asiyah (Malkuth), empieza a elevar su mirada y emerge de las aguas inferiores o mundo de Yetsirah. Una tarea ingente que no es sino la preparación para el viaje a través de las aguas superiores, identificadas con el elemento aire o mundo de Beriyah. Aquí se emprende una navegación de orientación polar en la que el alma del hombre se identifica con el Alma del mundo, se universaliza, y se enfrenta, finalmente, a lo abismal, al salto hacia el mundo de la Ontología o mundo de Atsiluth, identificado con el elemento fuego y en cuya cúspide o corona, Kether, abre la pequeña puerta hacia lo Metafísico, el fin de todos nuestros trabajos. Es la corona que simboliza el punto del que parte la plomada del universo; es también la estrella polar en torno a la cual gira toda la bóveda celeste, estrella que señala justamente el puerto de destino, la apertura a lo supracósmico, a lo que está más allá del Ser. Hemos afirmado que el alma del iniciado –nuestra nave– realiza un viaje en pos del Conocimiento enfrentándose al abismo. Esto viene expresado también en textos sagrados hebreos por la navegación a través del Rostro Mayor (Arik Anpin) y el Rostro Menor (Zeir Anpin), Macroposopos y Microposopos en griego: Estos se encuentran separados por un foso inmenso llamado el Abismo (Tehom). Entre ellos se suele ubicar a la sefirah “invisible”, o no-sefirah, Daath, Conocimiento. Efectivamente, en el Árbol de la Vida Daath está en el pilar del medio, justo entre Hokhmah (Sabiduría) y Binah (Inteligencia), pues se dice que ella surge de la unión o combinación de estas dos sefiroth, constituyendo el propio conocimiento que la Unidad (Kether) tiene de sí misma, el cual transmite a las restantes siete sefiroth (el Microposopos) a través de los canales o senderos que las comunican entre sí, dando lugar a la creación propiamente dicha (15). El iniciado debe navegar manteniendo un equilibrio entre la firmeza y entereza del carácter estoico y la elegancia y humildad del epicúreo, y de este modo sostenerse en las diversas etapas de su avatar. Así, por ejemplo, y en el plano de la historia, recordamos cómo, contra viento y marea, simbólica y literalmente hablando, tuvo que luchar el Almirante Colón ante la necedad de sus contemporáneos, incapaces de reconocer su locura clarividente, empujada por el furor divino, pues encarnó “un mundo otro entrevisto en los contenidos del Alma universal, alucinado por el propio fuego de sí mismo” (16). Por eso, desde la perspectiva de la Historia Sagrada de Occidente, la gesta del descubrimiento de América no es sino una remembranza del Paraíso como retorno a la Edad de Oro. … La idea de mundos paralelos, o sea de otros espacios reales, que coexisten con nuestro mundo en el plano imaginal, los cuales deben tener una ubicación geográfica tangible, constituye el secreto que le es revelado en las escrituras (17). La nave surca las aguas inferiores movida por las fuerzas –el soplo del Espíritu– de las aguas superiores que, conformadas por el viento, ya bien sea en el extremo de su ausencia (calma chicha), ya bien en la tempestad que le hace zozobrar, no es sino expresión del Alma del mundo que el viento lleva en su vientre, como así se expresa en la Tabla Esmeralda: Su padre es el Sol, su madre es la Luna, el viento lo llevó en su vientre, su nodriza es la Tierra (18). Reconocemos, pues, al Almirante como un eslabón de la historia de Occidente que hizo posible actualizar “una utopía que nos pertenece, ligada a nosotros por medio de la Tradición” (19) y que nos permite enlazar con la Cadena Áurea. Un ejemplo de determinación inspirada que nos anima a continuar nuestra navegación, a pesar de nuestros propios errores y de las dificultades del tiempo que nos ha tocado vivir: un final de ciclo en el perpetuo respirar del Ser Universal. Sabiendo que nuestro destino es nuestro origen en la misteriosa no dualidad entre el Ser y el No Ser, la única Realidad: – ¿Por qué no pensar que esta oscuridad es algo más luminoso que la luz del medio día, si creemos, si hemos creído en un Dios, en un conjunto de dioses que aquí es donde habitan, sobre todo el Dios desconocido? – Un paraíso en toda regla otra. Un descubrir perenne sin salir de la cueva. – Una navegación con el hermano Anubis, ese perpetuo desconocido (20). Notas 1 Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013. 2 Op. Cit. 3 Ibídem. 4 René Guénon. El reino de la cantidad y los signos de los tiempos. Paidós Orientalia, Barcelona, 1997. 5 René Guénon. El Demiurgo, Cap. I, Parte I de Mélanges, Gallimard, París, 1976. Capítulo traducido al castellano en Revista SYMBOLOS Nº 8, 1994. Versión telemática http://ift.tt/2IzWUhO 6 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Ed. Libros del Innombrable, op. cit. 7 El sincretismo emerge desde un punto de vista profano, y por tanto incompatible con la noción misma de “Ciencia Sagrada”, pues su significación es ecléctica, fragmentaria e incoherente, externa y superficial. Los elementos del sincretismo tienen siempre el carácter de préstamo pues son incapaces de integrarse efectivamente en una doctrina. A causa de su exterioridad no le es posible realizar la unidad. En la síntesis se parte de la propia unidad y de su despliegue a través de la multiplicidad de sus manifestaciones. Véase René Guénon, El Simbolismo de la Cruz. Prefacio. J. de Olañeta Ed., Palma de Mallorca, 2003. 8 I Ching. El libro de las Mutaciones. Edhasa, Barcelona, 1977. Trad. de Richard Wilhelm. 9 Lao-Tse, Tao Te King. Verso VIII. Ricardo Aguilera Ed., Madrid, 1972. 10 Génesis 1, 2: “Las tinieblas cubrían la superficie del abismo y el Espíritu de Dios se cernía sobre las Aguas”. 11 Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano. Ed Labor, Barcelona,1984. 12 I Ching. El libro de las Mutaciones, op. cit. 13 Titus Burckhardt, Alquimia. Significado e imagen del mundo. Paidós Orientalia, Barcelona, 1994. 14 Op. cit. 15 Federico González y col., Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa Agartha. Revista SYMBOLOS, nº 25-26, Barcelona, 2003. 16 Federico González, Las Utopías Renacentistas. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016. 17 Op. cit. 18 Federico González y col., Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa Agartha, op. cit. 19 Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Ed. Libros del Innombrable, ibídem. 20 Federico González Frías. Rapsodia. Obra en tres cuadros. Ed. Symbolos, Barcelona, 2015. - Artículo*: Letra Viva. Una Utopía Hermética - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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