Escrito por Leandro Posadas. Lectio En la Francia del siglo XII existían, entre tantos otros, dos importantes centros eclesiásticos de enseñanza, la Escuela catedralicia de Chartres y la Escuela de la Abadía de San Victor. La primera acentuaba la importancia de los aspectos filosóficos y científicos de la cultura, y la segunda insistía en la contemplación de lo inefable. De esta última escuela, ubicada no muy lejos de París en la Abbaye Saint-Victor, queremos presentar un brevísimo escrito, a través de su representante más ilustre, Hugo de San Victor, quien fue un canónigo agustino de una cultura muy amplia, y se dedicó al estudio riguroso y metódico de los textos sagrados y de los llamados Padres de la Iglesia. La influencia de pensadores como Boecio, Agustín de Hipona, Gregorio Magno, Juan Casiano, y el Pseudo-Dionisio Areopagita fue decisiva en la composición de su pensamiento. Hugo nació en Sajonia probablemente en el año 1096 y murió en el año 1141. Su obra más importante fue el Didascalicon, dividido en siete libros. Hugo entró en el claustro de la Abadía de San Victor (abadía de canónigos regulares), cuando ésta tenía pocos años de haber sido fundada por el filósofo Guillermo de Champeaux, famoso por sus disputas sobre los universales con el también célebre Pedro Abelardo[1]. La fundación de la Abadía de San Victor coincide con el llamado y discutido[2] «Renacimiento del siglo XII», el cual tiene su epicentro intelectual en la ciudad de París debido en parte al aumento de centros escolásticos a los cuales llegan estudiantes de otros países, Alemania, Italia, Inglaterra, y Escocia, que desean escuchar a los reputados maestros de dichas escuelas y aprender dialéctica y teología. Una obra clave de estudio en dicho «renacimiento» es el Timeo o de la naturaleza, la obra en la que Platón expone su doctrina física, cosmológica y antropológica. Dicha obra, por ejemplo, fue la más leída y comentada en la Escuela de Chartres, dada la predilección de sus maestros por la relación entre física y teología. Los comentarios a dicha obra en el siglo XII, como sostiene Marie Dominique Chenu, son un medio para satisfacer un pensamiento ávido de conocer la génesis del cosmos y una curiosidad científica cada vez más vivaz, los cuales a la vez van más allá de una simple exegesis de escuela[3]. Hugo de San Victor también conoció este dialogo plantónico, pero lo lee desde el equilibrio entre metafísica y espiritualidad[4]. El llamado «renacimiento del siglo XII», siguiendo la filosofía de la naturaleza del Timeo, tiene como aspectos centrales al mundo y al ser humano. Para los maestros de las escuelas de París la noción de anima mundi es asentida y glosada: el cosmos, al igual que el ser humano tiene una inteligencia interior, un alma que lo nutre y lo enriquece con orden, bondad y belleza. Al mismo tiempo, el ser humano en la naturaleza es también naturaleza, una naturaleza dotada de libertad que en las mismas leyes naturales encuentra su camino a la virtud[5]. La afirmación tan apreciada en la escuela de Chartres sobre el ser humano como «microcosmos» no fue muy valorada por Hugo de San Victor, pero sí por otros canónigos de su abadía. A través de la difusión de dicha imagen los cristianos comenzaron a interesarse por conocer el mundo («macrocosmos»), pues conociéndolo se conocerían a sí mismos («microcosmos»), y de ese modo el mundo, contemplado en modo sacramental, pasará a ser también parte de las realidades espirituales del ser humano[6], Hugo de San Victor escribió el Didascalicon, el cual puede ser considerado como una enciclopedia, una suma, una ratio studiorum. Su idea central, y por medio de la cual se divide la obra, es la concepción del mundo como signo de la realidad invisible[7]. Su obra está dedicada al «arte de leer» y es por ello que Hugo de San Victor manifiesta un entusiasmo por el conocimiento desde el inicio de su composición: Te garantizo con franqueza que jamás he despreciado nada de aquello que podría contribuir a mi instrucción […] No subestimes las cosas más pequeñas: poco a poco cae en la ruina aquel que no presta atención a las pequeñas cosas. Si al comienzo de tus estudios no hubieses aprendido el alfabeto, ahora no podrías ser considerado entre los que pueden leer[8]. Meditatio Para Hugo de San Victor leer es fundamental para comprender no sólo el significado de las palabras y su uso en la cotidianidad. La lectura es el grado de los «principiantes» que desean comprender y contemplar la historia desde los textos sagrados. A pesar que la historia como tal no fue enseñada en las escuelas canónigas de la época, en el siglo XII comienza a surgir un interés activo sobre la historia humana, basado en parte en la historia de los textos sagrados como historia santa. Al respecto el historiador y especialista en el siglo XII, Marie Dominique Chenu, nos ilustra: En este siglo y todavía por mucho tiempo no se piensa ni siquiera lejanamente en implantar en el programa de las escuelas, en la pedagogía de los clérigos como en la pedagogía profana lectiones relacionadas con la historia de la Iglesia que continuó a la época de la historia propiamente de Jesucristo. Carencia significativa, pero que no es de hecho característica de este siglo de civilización: en los pueblos, como en los individuos la especulación y la contemplación preceden la curiosidad histórica fruto de épocas reflexivas[9]. Oratio No obstante, sí hubo personajes reflexivos que tomaron la iniciativa y se interesaron en la vida y en el desarrollo colectivo de los seres humanos. Es el caso de Hugo de San Victor, quien se interesó en la historia a partir de la historia misma de Jesucristo la cual según él debe leerse a través del sentido de la lectio medieval, y no según el sistema dialéctico predominante en su tiempo, pues dicha historia no está fundada en la lógica, sino en hechos registrados en ella. Historia como género literario para Hugo de San Victor designa el contenido, y a partir de dicho contenido el modo de pensar de una economía (οἰχονομἱα) religiosa[10]. No es una sorpresa que la percepción de la historia en el siglo XII se desarrolle en consonancia con un conocimiento religioso. Sólo poco a poco, al final de dicho siglo, se irá desarrollando una historia profana que vendrá después de un florecimiento de una teología de la historia[11]. Teología de la historia que sin embargo seguirá siendo historia. En el caso de Hugo de San Victor la historia es una serie narrationis: una sucesión organizada cuyos eventos tienen un sentido el cual es su misma inteligibilidad, es decir la posibilidad de leerlos no en un sentido lógico, sino desde una realidad más profunda y misteriosa[12]. Un aspecto singular en su concepción de la historia es su idea de creación progresiva -casi como si hablase de una forma de evolución-. Para él en la narración de la creación en el libro del Génesis hay un proceso temporal, en el cual la acción divina se refleja en la acción del ser humano en la historia[13]. Operatio A partir de allí sobresale un aspecto importante en la obra de Hugo de San Victor, su originalidad en relación con su método para comprender los textos sagrados. Para él la historia de los mismos tiene un valor insustituible, y no tiene sentido comprender literalmente tales textos e interpretarlos alegóricamente, sin tomar en cuenta su historia[14]. Del primero de los tres sentidos para leer los textos sagrados, la «letra», el «sentido» y la «sententia», surge un aspecto fundamental: la explicación histórica, que expone el sentido obvio del texto y resuelve las dificultades gramaticales, filológicas, literarias e históricas[15]. Por ello el sentido histórico es el fundamento de los otros dos, pues para el Victorino la interpretación histórica es un trámite obligado de toda interpretación alegórica, espiritual o moral de tales textos. En el Didascalicon Hugo de San Victor sostiene, en contra de los alegoristas y dialectos de tu tiempo, que sólo a través de un serio conocimiento de la historia es posible una comprensión alegórica de las sagradas escrituras[16]. Tal es la importancia de la exégesis histórica en Hugo de San Victor que para sostenerla escribió dos opúsculos la Descriptio mappa mundi y el Chronicon, la primera consiste en una enumeración de nombres de ciudades y de pueblos, de los ríos y montañas más importantes, clasificados por mares y por islas, por continentes y por provincias. El Chronicon está constituido por una serie de cuadros sinópticos acerca de la historia bíblica, primeramente a través de una cronología de los patriarcas, de los reyes y de los sacerdotes del Antiguo Testamento, y luego de una cronología eclesiástica con una lista de los papas, de los emperadores, y los reyes de su época. Ambos escritos tenían como objetivo situar al lector en el espacio y en el tiempo de la historia sagrada. Contemplatio Si leer, para Hugo de San Victor, es el grado de los «principiantes», los cuales deben poseer una seria comprensión de la historia antes de pasar a una interpretación ya sea simbólica e incluso especulativa, la contemplación es el grado de los «perfectos» los cuales desde una mirada conjunta y amplia pueden penetrar con visión clara la historia y su significado más profundo. Hugo de San Victor forma parte de la segunda fase de la historia del pensamiento escolástico en el cual el binomio razón y fe siguió siendo el programa de investigación en la búsqueda del saber en la cultura medieval europea. No obstante, podemos observar cómo en el siglo XII comienzan a darse las primeras manifestaciones de un saber más reflexivo y crítico en relación con la doctrina y la autoridad de la jerarquía eclesiástica. Leer la historia nos ayuda a comprender nuestra historia. Leerse como «microcosmos» nos ayuda a saber nuestro «lugar» en este «macrocosmos» que habitamos. El explorador Alexander von Humboldt dirá de los griegos: «Los griegos fueron un pueblo antropomorfístico, que aspiró a gentilizar todo en formas humanas, y a enaltecer todo en el marco de bellas figuras»[17]. El filósofo Hans Blumenberg en 1981 escribió su libro La legibilidad del mundo, es decir cómo leer, interpretar y aprehender al mundo. En el siglo IV a.C. Platón en el Timeo presentaba su filosofía cosmológica. Y en el siglo XII los canónigos y maestros de París y sus alrededores, citando a Platón, enunciaban la relación divina entre el mundo y el ser humano. Somos herederos de una amplia historia. Todo fenómeno humano: corrientes de pensamiento; instituciones políticas, religiosas, científicas, sociales se deben a una historia; se deben a una interpretación, a una experimentación, a una concepción, a momentos, a decisiones. Adherirse acríticamente a ellas es no comprender esta historia fluctuante, cambiante, y vulnerable que somos. Con todo ello, y ante la fascinación de los avances de la técnica y de la ciencia, en el siglo XXI seguimos observando con letargo la intrínseca naturaleza fetichista e ideológica del ser humano. Somos un intento siempre precario por dejar de ser vulnerables ante los axiomas que nosotros nos hemos impuesto y nos seguimos imponiendo como civilización y como raza. Leer y contemplar siguen siendo instrumentos preciosos en esta consciente y sentiente legibilidad histórica que somos. _____________________________________ [1] Cf. Poirel Dominique, Ugo di San Vittore. Storia, scienza, contemplazione, Jaca Book, Milán 1997, p. 27. [2] Véanse las indicaciones sobre los términos «renacimiento» y «edad media» de Marie Dominique Chenu en su obra La teologia del xii secolo Jaca Book, Milán 1999, pp. 23-58. [3] Cf. Chenu, Marie Dominique, La Teologia nel xii Secolo, Jaca Book, Milán 1999, p. 25. [4] Cf. Poirel Dominique, Ugo di San Vittore. Storia, scienza, contemplazione, Jaca Book, Milán 1997, p. 34. [5] Cf. Chenu, Marie Dominique, La Teologia nel xii Secolo, Jaca Book, Milán 1999, p. 41. [6] Cf. Ibid., p. 48. [7] Antiseri Dario – Reale Giovani, Storia della Filosofia. Patristica e Scolastica, vol. 3, Bompiani, Milán 2004, p. 321. [8] Poirel Dominique, Ugo di San Vittore. Storia, scienza, contemplazione, Jaca Book, Milán 1997, p. 50. [9] Chenu, Marie Dominique, La Teologia nel xii Secolo, Jaca Book, Milán 1999, p. 72. [10] Cf. Ibid., p. 74. [11] Cf. Ibid., p. 75. [12] Cf. Ibid., p. 77. [13] Cf. Ibid., p. 78. [14] Cf. Ibid., p. 225. [15] Cf. Poirel Dominique, Ugo di San Vittore. Storia, scienza, contemplazione, Jaca Book, Milán 1997, p. 66. [16] Cf. Poirel Dominique, Ugo di San Vittore. Storia, scienza, contemplazione, Jaca Book, Milán 1997, p. 69. [17] Blumenberg Hans, La leggibilità del mondo, Il Mulino, Bologna 1981, p. 292. La imagen es de una Visión de Hildegard von Bingen, una escritora y sabia del s. XII, tomada de su libro Liber Divinorum Operum, y el diseño de la imagen es del Arquitecto Daniel Ríos, para Fenomenología de la Espiritualidad. - Artículo*: Fenomenología de la Espiritualidad - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas Pueblo (MIJAS NATURAL) *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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