Escrito por Leandro Posadas. El problema del hombre moderno no es escapar de una ideología a otra, ni escapar de una formulación para encontrar otra; nuestro problema es vivir en la presencia y los atributos de la realidad. Frederick Sommer, The Poetic Logic of Art and Aesthetics. El filósofo Thomas Hanna, en su libro pionero Bodies in Revolt. A Primer in Somatic Thinking indicó que el mundo que deberá ser explorado en el siglo XXI es el inmenso laberinto del soma, del vivir, de la experiencia corporal de los individuos humanos. Desde el siglo pasado las ciencias han comenzado a ser verdaderos descubridores y cartógrafos del continente somático. A nosotros nos corresponde también ser cartógrafos de nuestros cuerpos y de nuestras mentes, pues somos una especie cuya particularidad es la de ser conscientes de ser sentientes: sabernos nacidos, sabernos mortales, sabernos emociones, sabernos pensamientos, sabernos vulnerables. En la Teoría de los sentimientos la filósofa húngara Ágnes Heller, quien murió en julio de este año, considera que es el individuo el que introduce el dolor en su propio mundo y en el mundo de los demás, y por lo tanto el dolor no está fuera de él, sino que emana del mismo individuo[1]. Para Heller por el mismo hecho que somos seres expuestos inevitablemente al sufrimiento debemos aprender a «sentirlo», a implicarnos en esta capacidad polifacética que poseemos de sentir dolor. «Implicarnos»[2] para Heller significa convertir el «sufrimiento» en «dolor» e involucrarnos en la causa de la humanidad: ayudarnos a nosotros mismos y ayudar a los demás en esta experiencia humana de ser mortales. En este post quisiera compartir un texto muy preciado que he estado traduciendo desde hace algún tiempo, y que espero nos sea útil en este camino de «implicarnos»: comprendernos inteligentemente, liberar el corazón, vivir desde la sabiduría, practicar la compasión y compartir desde la paz. El texto que iré traduciendo -no siempre literalmente-, y algunas veces comentando aquí se titula Prendere rifugio[3], y fue inteligente y afectuosamente escrito por Ajahn Sundara con motivo de un retiro de práctica de silencio. Quiero compartir la traducción de este texto en este post porque en mi opinión es un programa de vida en sí mismo, y una invitación a volver a empezar una y otra vez en la vida espiritual, seamos budistas, cristianos; o no creamos ni practiquemos una religión específica. La idea central de este texto es «tomar refugio» en el «conocimiento de la mente que conoce sabiamente» a través de tres importantes aspectos del Camino del sabio Siddharta Gautama: el Dhamma, el Buddha y el Sangha. Tal vez estas tres palabras nos sean ajenas, e incluso sintamos oposición, desconcierto y/o confusión hacia ellas. Después veremos que en la vida espiritual y en las tradiciones religiosas de este planeta estos tres aspectos, con algunas diferencias de lenguaje, o formas de expresión están muy presentes. Yo los llamo: Verdad, Posibilidad y Generosidad. 1) La «Verdad» de que las cosas son tal cual son y debemos caminar hacia la sabiduría para verlas en esa dirección; 2) «Posibilidad» de que todo ser humano tiene en su esencia la capacidad de «comprender» la realidad; 3) Y la «Generosidad» al «recordar» que no estamos solos y que muchos humanos están caminando con nosotros hacia la Sabiduría. Ajahn Sundara nació en Francia en 1946. Estudió danza clásica y contemporánea en Inglaterra. Después de una vida activa como bailarina y maestra de danza contemporánea comenzó un período de profunda búsqueda interior. Después de un retiro en 1978 con Ajahn Sumedho decide entrar como monja en un monasterio de la tradición Theravada en Inglaterra. Desde los años ochenta se dedica a dirigir y enseñar la sabiduría del conocimiento de la mente en Europa y Norteamérica. Los siguientes párrafos están enmarcados en una tradición específica, y sólo pueden ser comprendidos desde una forma de ver y comprender la realidad: la tolerancia, la no-violencia, la compasión o misericordia, la justicia, y la inteligencia espiritual que surge de una mente realmente consciente de sus propios contenidos. Para Ajahn Sundara sin un «refugio» en el «conocimiento de una mente despierta» no tendremos la capacidad de «mirar la mente», y estaremos perdidos en la confusión. Es decir, confiaremos plenamente y sin criterio en nuestras percepciones, emociones, pensamientos acerca de todo lo que nos circunda. Sin embargo, Ajahn Sundara repite varias veces que «siempre podemos volver atrás y tomar refugio en el «conocimiento». Por medio del «camino medio» de la comprensión ecuánime de la realidad podemos ver los extremos de la mente: felicidad, infelicidad; placer y dolor; esperanza y depresión; miedo y valentía. Ese ver es un elemento de equilibrio porque nos hacemos con-scientes (consapevoli) de nuestro apego (ciego) a estos estados de ánimo, a estos estados de la mente. Es importante indicar aquí que el verbo «ver» en este texto de Ajahn Sundara no es un ejercicio teórico que podemos realizar sin una práctica precisa y constante. Ese «sabio ver» es la consecuencia de entregarnos disciplinadamente a una práctica espiritual, y desde la cual podemos comenzar a ver la realidad tal cual es. Hasta que no se da la realización de la verdad en nuestra mente no hay verdadera comprensión. Es difícil saborear la libertad y el gozo del conocimiento, hacer experiencia de las enseñanzas de esta Posibilidad (Despertar), que poseemos en nuestro corazón por sí mismos. De aquello que es conocido como Visión Profunda: ver directamente la verdadera naturaleza de nuestra mente y de nuestro cuerpo, y darse cuenta de la sensación de libertad que probamos cuando dejamos ir todos nuestros apegos. Nuestra tendencia es la de tomar refugio en las cosas erróneas, cosas que nos hacen infelices. Si no tenemos medios hábiles para adiestrar a la consciencia hacia aquello que es verdaderamente importante en la vida, nos olvidaremos de nosotros mismos y no veremos jamás una vía de salida del sufrimiento. Tomar refugio en el «conocimiento» (conoscenza), significa conocer el mundo que surge de nuestra mente-cuerpo, y el sufrimiento que creamos a causa de la ignorancia (comprensión errónea de la realidad). A dicho mundo que surge de nuestra mente no lo debemos pensar ni psicoanalizarlo. La tradición de la visión profunda nos enseña que el Buda se dio cuenta de la impermanencia de ese mundo. Y nosotros podemos ver que no vale la pena permanecer apegados a dichos estados de ánimo porque son insustanciales e insatisfactorios. […] Y quizá tengamos la extraña sensación que no tienen nada que ver «conmigo». Quizá «mi» depresión no es «mi» depresión […] ¿No sería maravilloso si nos diésemos cuenta que nuestra tristeza en realidad no es algo personal? Por naturaleza somos creaturas que tenemos como centro el yo. Todo es «mi» problema, «mi» vida, «mi» dolor, «mis relaciones», «mis» tragedias. Pareciera que todo gire en torno a «mí». El «refugio del que conoce» nos permite ver esto claramente. Y es un refugio compasivo -y misericordioso-. No es un refugio que juzga. Y por eso, cuando tomamos refugio en el «conocimiento» (consapevolezza), no debemos juzgarnos, condenarnos, o encolerizarnos con nosotros mismos. Por medio del «conocimiento» de una mente que se ve sabiamente a sí misma podemos observar la tendencia a juzgar y a enojarnos y a pretender demasiado de nosotros mismos. El refugio del que Conoce es como un vasto océano lleno de compasión Nosotros estamos todos aquí para liberarnos de nuestro apego. Haciéndonos cada vez más con-scientes (scire, ser capaz de separar, de discernir), tenemos una visión clara y una comprensión del interminable ciclo de nacimiento y muerte. En este refugio nos sentimos muy seguros y confiados, especialmente si somos capaces de darnos cuenta de la agitación que existe en nuestra vida y cuánto es insegura y poco fiable. Tomar refugio en el conocimiento de una mente que conoce sabiamente nos mantiene efectivamente en contacto con aquello que es real, con aquello que es realmente verdadero. De allí que uno de los significados de presencia mental sea memoria, y que por otro lado tengamos una fuerte tendencia -casi imperceptible e inconsciente- a olvidar el aquí y ahora de nuestro cuerpo-mente. Cada vez que nos perdemos en estar enojados, tristes, deprimidos, confusos, ansiosos, agitados, podemos recordar: recordar que no debemos cambiarnos a nosotros mismos. La compasión de este refugio nos hace ser con-scientes de aquello que está ocurriendo, no hay juicio, no debemos convertirnos en uno que no está enojado, ni triste, ni confuso, ni ansioso, ni agitado. Apenas tenemos esta clara visión de lo que está ocurriendo nos damos cuenta que está cambiando y vemos claramente la inutilidad de luchar para mantener las cosas permanentes. Estamos en continuo cambio y por consiguiente ¿Qué motivo hay de ser esta persona que protegemos, que viciamos, y que buscamos que sea feliz por todos los medios? La mayor parte de las luchas de nuestra vida tienen como finalidad crear situaciones en las que «yo», «mi personalidad», no deba afrontar sufrimiento o soportar dolor, no deba jamás sentir miedo ni vergüenza, ni sentirse culpable. He aquí la razón por la que somos tan exitosos en olvidar y debamos nuevamente recordar. Debemos aprender a ser con-scientes, a tener presencia mental (sati), en nuestro corazón como refugio y protección. La presencia mental nos protege, protege nuestro corazón. El diseño de la imagen es de Daniel Ríos para Fenomenología de la Espiritualidad. _________________________________________ [1] Cfr. Heller Ágnes, Teoría de los sentimientos, 1999, 311. [2] Cfr. Ibid., 313. [3] El texto original en italiano se encuentra en: https://ift.tt/30VJPHA - Artículo*: Fenomenología de la Espiritualidad - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas Pueblo (MIJAS NATURAL) *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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