Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

lunes, 12 de octubre de 2020

El futuro de la monarquía. Juan Manuel de Prada

El futuro de la monarquía Juan Manuel De Prada ANIMALES DE COMPAÑÍA Diversos amigos me han preguntado durante las últimas semanas por el ‘futuro’ que le aguarda a la monarquía; y yo les he respondido invariablemente que su ‘futuro’ será el que sus detractores deseen. Y no se me ocurre futuro más triste que depender, para nuestra subsistencia, de quienes desean nuestro mal, o al menos no anhelan nuestro bien. Todos, en alguna circunstancia, hemos experimentado la desazonante sensación de abordar una empresa o negocio que depende, en último extremo, de la voluntad de otras personas de las que no nos podemos fiar (personas aviesas que anhelan nuestro fracaso, personas esquinadas que ponen trabas a nuestro esfuerzo, personas negligentes u holgazanas que matan nuestro ímpetu); pues esta misma es la posición en la que se halla la monarquía, que aceptando su desvirtuación tuvo que encomendarse a defensas endebles cada vez más insostenibles. Siempre en el pecado se lleva la penitencia. Nuestra monarquía ha padecido unos defensores inconsistentes, por no decir bellacos y calamitosos. Todavía recuerdo a los fantoches que la defendían porque había traído el «periodo más próspero de nuestra historia»; expresión que, aparte de hiperbólica, era perfectamente mentecata, pues sometía la institución a una contingencia que, una vez disipada, la arrastraría consigo. Pero no todos los defensores de la monarquía esgrimían argumentos tan penosos. Estaban también los que sostenían pomposamente que la monarquía había consolidado nuestra democracia, favoreciendo el «régimen de libertades» vigente. Pero a nadie se le escapa que, para favorecer tal cosa, no hace falta que en la cúspide de la organización política se halle un rey que recibe hereditariamente el poder. Por el contrario, si nuestro ‘régimen de libertades’ se fundamenta en el principio democrático, lo más lógico sería que el jefe del Estado fuese elegido mediante votación popular, como el resto de los representantes políticos. Por supuesto, podría oponerse aquí que la elección popular del jefe del Estado no garantiza (sino más bien lo contrario) que sea un hombre dotado de las prendas adecuadas, como prueban tantos representantes elegidos en las urnas corruptos y cantamañanas, malvados y fulleros, ignorantes y presuntuosos. Pero el principio hereditario tampoco asegura que el jefe del Estado sea un hombre de mérito, ni virtuoso, como se comprueba echando la vista atrás (y ni siquiera demasiado atrás). Y están, en fin, quienes defienden la monarquía porque la figura del rey simboliza o encarna la «permanencia de la nación española». Pero esta defensa de la institución tendría sentido allá donde verdaderamente existe una continuidad histórica que, con sus virtudes y defectos, se asume como propia, con una vocación de perfeccionamiento; es decir, allá donde impera la tradición. Pero en España ocurre exactamente lo contrario: predominan quienes abominan de esa continuidad histórica, por considerar que nos retrotrae al ‘oscurantismo’; y, en general, se considera que la ‘nación española’ es producto de una mera convención legal plasmada en un papel (que acaba siempre mojándose). Entretanto, además, las nuevas generaciones son educadas en el desprecio olímpico a nuestro pasado (que, por lo común, ignoran, cuando no lo reciben de forma muy taimadamente tergiversada) y en la adoración meningítica de una democracia en la que la institución monárquica funciona a modo de floripondio o engorrosa concesión a ese pasado aborrecible o ignoto en el que el poder se fundaba en conceptos que inevitablemente se juzgan contrarios a la democracia misma (el principio dinástico, y no digamos el origen divino del poder). Así, a la institución monárquica no le resta otra ‘defensa’ que la que puedan brindarle quienes no creen en ella, incluso quienes la detestan de modo más o menos discreto o insolente, que la convierten en rehén de sus conveniencias coyunturales. Podrán darle palmaditas condescendientes en la espalda o, por el contrario, asestarle una puñalada, según les ‘pete’ (incluso podrán hacer ambas cosas simultáneamente, según la táctica del poli bueno y el poli malo que ya hemos explicado en algún artículo anterior). Y podrán, incluso, utilizarla como coartada o escudo de sus desmanes, sabiendo que, pese al vaciamiento de la institución monárquica, todavía hay gentes que siguen contemplando con unción y venerable amor al rey; que, de este modo, será utilizado para mantenerlos engañados. Así, la subsistencia de la monarquía dependerá de la voluntad de sus enemigos, que la mantendrán mientras convenga a sus fines y le darán una patada cuando lo consideren pertinente. Delenda est monarchia. La entrada El futuro de la monarquía aparece primero en XLSemanal. Artículo*: Juan Manuel De Prada Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas Pueblo (MIJAS NATURAL) *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos
Animales de compañía. 'El futuro de la monarquía', por Juan Manuel de Prada.

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