Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

miércoles, 8 de octubre de 2025

Más allá del Mindfulness


Ante un mundo que duele en las entrañas, pues nuestro cuerpo se extiende como una sola expresión de esa mente extendida que es el cosmos, el macro y el micro-cosmos.

Ante un mundo que no puede ser otra cosa que la que es, un flujo continuo de causas y condiciones que se suceden, que explayan sus consecuencias, las presentan en cada alma y en el conglomerado de almas que forjan las familias, los pueblos, las naciones, las fronteras. Ante las causas y condiciones que se entrelazan en esta era de odio y guerra, gestando posibilidades infinitas, cada uno hace lo que puede.

Somos efímeras ayats, que es como decir signos, milagros pronunciados por la boca del Altísimo, ese Principio sin causa. Anterior a todo Nombre y a toda forma, que algunos llaman Tao. La mayoría no sabemos de dónde venimos, ni hacia dónde vamos, a dónde regresamos, aunque algunos nos lo preguntamos con ahínco. Como una esquirla de hierro, abandonada en una playa desierta que anhela ser atraído por un no se qué que le recuerda otro no se qué perdido. Sin saberlo está en relación con el Imán de su deseo.

Algunos somos signos de su infinita lejanía, balbuceamos nuestra aproximación como podemos, otros son signo de su cercanía más allá incluso que el núcleo de sus propios átomos cedidos por el breve tiempo de un suspiro que dibuja una breve biografía. Son los santos, los iluminados, los Hombres Verdaderos.

Otros signos signan la arrogancia de saber quién está cerca de Dios y quién está lejos, quién es de los extraviados y quienes de los elegidos. Censuran a sus hermanos, porque no saben lo que hacen, y olvidan que el Amor de Misericordia solo sabe de perdón del error del que hierra, aunque para ello haya de mostrarle en su destino el sabor amargo de su hiel no dulcificada.

Juzgan desde sus respectivas atalayas las distintas maneras que hay de ofrecer ayuda para al hermano que nos tocó acompañar, por nuestra cercanía, en esta España nuestra que se deshace como palabro que unificaba un sentir por una península rodeada de mares.

No podemos sostener el dolor del mundo entero. Los pequeñuelos no podemos. Recomendaba un maestro sufí africano que suspendiéramos la exposición mediática a todos los conflictos. No podemos hacernos cargo de lo que la tecnología moderna presenta a cada segundo en todos los dispositivos con los que nos atenaza a un infierno televisado y nos impide, subrecticiamente, levantar los ojos y mirar al Cielo.

No podemos hacernos cargo de todos los conflictos sobre la tierra, Sudán, Congo, Yemén, Gaza, Ucrania, Siria, Haití… La lista es infinita. Tanta maldad nos paraliza y nos impide ayudar a nuestro próximo prójimo, que está al alcance de nuestra mano.

Decía Teresa de Calcuta que hay más pobres en los países del primer mundo que en el tercero, pobres de lo esencial, de lo único realmente necesario, los perdidos en el occidente que se desmorona también necesitan consuelo de la ignorancia que les impide ver tras los bastidores culturales a sus verdugos, que les han atado a un materialismo feroz de producción y consumo, y más allá de esta vida que parece un sueño conocer a lo único que libera, lo Real en cada cosa, en la totalidad entera que sabe a Uno. Dios en nuestro legado cristiano, Allah en nuestro legado andalusí. Tao en nuestro amor a lo oriental

Meditar, rezar, invocar, contemplar son modos universales para el alma que busca discernir lo que es real de lo que no lo es. El núcleo de fuego prístino arde en el interior de todo ser humano y su ser arde de preguntas  y clama al Cielo o simplemente alza su quejío por la minima respuesta.

Son solo barcas que buscan una otra orilla que parece discontinua. De lo relativo al Absoluto, pareciera que no hay puente posible para volver al anhelo de hogar o paraíso que arde como una nostalgia. Volver a casa y descansar en paz, las fatigas, quizá no de una guerra, como la de tantos humanos que hoy perecen en tantas tierras lejanas, sino de hastío, de depresión y duelo total de la alegría perdida, por una esclavitud que devora.

Aquí se muere de pérdida de sentido, de orientación y Dios en su Misericordia ofrece a cada uno según sus capacidades. Cuando levantan la mano y piden pan, no les dará piedras, aunque sea a través del denostado mindfulness, que gente como Jhon Kabat Zinn extrajo de su marco de sabiduría tradicional para dar un medio hábil a los que sufrían abandonados en el dolor crónico, en los cuidados paliativos modernos, sin consuelo de un Más allá que nos recibe.

Paliar el sufrimiento enseñando movimientos de la conciencia como la  defusión cognitiva que pone distancia con lo que nos duele más allá del dolor mismo, que es el sufrimiento de nuestro relato, ¿porqué a mi? es caridad. Una pregunta que puede tener respuestas distintas a la de ser una víctima desposeída de jugar unas cartas más realistas. Yo como todo ser estoy sujeto a la enfermedad, la vejez y la muerte y ha llegado, más allá de la forma de mi cuerpo que se duele hay algo Eternamente Inafectado, se le conoce con un primer paso, la atención sostenida que empieza a familiarizarnos con una parte de nosotros mismos más profunda y elevada, que se va dibujando experencialmente como un testigo que se distancia de esta vida que es claramente un sueño.

La realidad de un cáncer con las herramientas cognoscitivas que ofrecen las ciencias contemplativas puede convertirse en un laboratorio, donde la ley del placebo es una expresión del milagro de la Conciencia Una, la atenuación del dolor que trepana mis huesos, en un porcentaje significativo, un medicamento maravilloso sin efectos secundarios.

Y si Dios quiere, pues todo lo puede, mientras nosotros sembramos semillas de otra manera de afrontar la vida, la enfermedad, la vejez y la muerte, la pérdida, la frustración y tanto penar de este valle de lágrimas,  más allá de estos efectos secundarios de calma y dicha que la meditación procura, el Sol de la conciencia pueda atravesar, uno a uno, los velos de nuestras distorsiones respectivas y nuestra utilización de la atención plena como una técnica de un poco de bienestar en mi locura, caliente, al fin, la depresión que está matando toda la alegría. A cada uno según su capacidad.

El sufrimiento mental es la constatación de que no podemos basar la plenitud de lo que somos en las cambiantes causas y condiciones, incluidas las de la enfermedad, que tras la pandemia se han multiplicado por millones. La ley del karma inexorable avanza, no como un castigo sino como la oportunidad siempre renovada de hacer el ajá de lo que realmente estaba en juego.

Dios, lo divino, los avataras, los profetas, los iluminados nos esperan tras el “poder de uno” en su jiriki cotidiano de la práctica, aunque sea laica, incluso científica, es un primer paso de un llamado, a veces inconsciente al “poder de lo Otro”, tariki.  Una nueva x que puede despejar la ecuación en busca de salud, sí, para un cuerpo y una mente enferma, hacia la otra etimología que comparte esta palabra que todos anhelamos, de la salud a la salvación que cada esquirla de hierro, abandonada en esta playa desolada de Kali yuga, era de oscurecimiento sin parangón le pertenece como criatura.

Los caminos de Dios son inescrutables.

Beatriz Calvo Villoria

 

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