Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

lunes, 3 de noviembre de 2025

San Martín de Porres: la santidad del servicio


Cada 3 de noviembre, la Iglesia celebra la memoria de San Martín de Porres, uno de los santos más queridos de América Latina y ejemplo luminoso de humildad, servicio y amor a Dios. Nacido en Lima en 1579, en una época de fuertes divisiones raciales, fue hijo de un noble español y de una mujer negra liberta de Panamá. A pesar de las dificultades y del desprecio que sufrió por su origen, Martín nunca guardó rencor: respondió con mansedumbre, trabajo y una caridad sin límites.

Humildad que vence la injusticia

En el Perú colonial, el color de la piel marcaba el destino de las personas. Martín vivió en carne propia el rechazo, pero no permitió que el resentimiento lo dominara. Su vida fue una respuesta silenciosa al racismo y la desigualdad: no protestó con palabras, sino con obras de misericordia. Mientras otros se quejaban de las injusticias, él curaba, alimentaba, consolaba y rezaba.

Los pobres lo buscaban porque sabían que jamás los rechazaba. Los ricos acudían a él porque veían en su mirada una paz sobrenatural. Martín no distinguía entre blancos, negros, indios o mestizos; todos eran, para él, hijos de un mismo Padre. Por eso, su caridad no fue solo un acto de compasión, sino una afirmación profunda de la verdad cristiana: la dignidad humana nace del amor de Dios.

El santo de la escoba

Los frailes solían bromear con que Martín siempre tenía una escoba en la mano. Y con razón: pasaba largas horas limpiando, barriendo, ordenando. Pero aquella escoba, que muchos veían como símbolo de servidumbre, se transformó en emblema de santidad. Martín enseñó que la grandeza no está en ser servido, sino en servir.

Su servicio no se limitaba al convento. En las calles de Lima era conocido por su generosidad: recogía mendigos, cuidaba a enfermos, alimentaba a animales abandonados. Cuando alguien le preguntaba cómo encontraba tiempo para todo, respondía con sencillez: “El Señor me da el tiempo, y Él multiplica lo que es poco.”

Una caridad que cura el alma

Martín no solo curaba los cuerpos, sino también las almas. Su trato amable, su sonrisa serena y su espíritu de oración transformaban a quienes se le acercaban. Se decía que podía estar en dos lugares a la vez o que los animales le obedecían, pero su mayor milagro fue la caridad inagotable, capaz de vencer toda forma de división.

Su vida fue una encarnación viva del mandamiento de Cristo: “En esto conocerán que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros.” (Jn 13, 35)

Herencia de un corazón universal

San Martín de Porres murió el 3 de noviembre de 1639, a los 60 años, con fama de santidad. En 1962, San Juan XXIII lo canonizó, llamándolo “el humilde hijo de la raza americana que supo abrir su corazón a todos”. Hoy es patrono de la justicia social, de la fraternidad y de la paz.

En un mundo que vuelve a dividirse por raza, ideología o clase, San Martín nos recuerda que la verdadera igualdad nace del amor cristiano. Su vida es una invitación a servir sin esperar reconocimiento, a mirar al prójimo con misericordia, y a transformar la sociedad desde la caridad.

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