Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Matando a Cerbero, guardián de Hades, Hércules el mito. “La luz de la vida debe ahora resplandecer dentro de un mundo de oscuridad” declaró el Gran Presidente. El Maestro comprendió. “El hijo del hombre que es también el hijo de Dios debe pasar a través del décimo Portal”, dijo. “En esta misma hora Hércules se arriesgará”. Cuando Hércules estuvo frente a frente con el que era su guía, éste habló: “Mil peligros has desafiado, ¡Oh, Hércules!”, dijo el Maestro, “y mucho se la logrado. La sabiduría y la fuerza son tuyas. ¿Harás uso de ellas para rescatar al que está en agonía, una víctima de enorme y persistente sufrimiento?” El Maestro tocó suavemente la frente a Hércules. Ante el ojo interno de éste surgió una visión. Un hombre yacía postrado sobre una roca, y gemía como si su corazón se rompiera. Sus manos y piernas estaban encadenadas; las pesadas cadenas que le ataban, amarradas a anillos de hierro. Un buitre, feroz y temerario, permanecía picoteando el hígado de la postrada víctima; por consiguiente, un escurridizo chorro de sangre manaba de su costado. El hombre alzaba sus manos esposadas y gritaba pidiendo ayuda; pero sus palabras retumbaban vanamente en la desolación y eran tragadas por el viento. La visión desapareció. Hércules permanecía, como antes, al lado de su guía. “El encadenado que has visto se llama Prometeo” dijo el Maestro. “Por años ha sufrido así y sin embargo no puede morir, pues es inmortal. Él robó el fuego del cielo; por esto ha sido castigado. El lugar de su morada es conocido como Infierno, el dominio de Hades. Se te pide, ¡Oh Hércules! ser el salvador de Prometeo. Baja a las profundidades y allí en los planos exteriores libéralo de su sufrimiento”. Habiendo oído y comprendido, el hijo del hombre que era también un hijo de Dios, se lanzó en esta búsqueda, y pasó a través del décimo Portal. Hacia abajo, siempre hacia abajo, viajó dentro de los apretados mundos de la forma. La atmósfera se hacía sofocante, la oscuridad constantemente más intensa, y sin embargo su voluntad era firme. El empinado descenso continuó durante mucho tiempo. Solo, pero no completamente a solas, erró allí, pues cuando buscó dentro, oyó la voz plateada de la diosa de la sabiduría, Atenea, y las palabras fortalecedoras de Hermes. Finalmente llegó a ese oscuro, envenenado río llamado Estigia, un río que deben cruzar las almas de los muertos. Un óbolo o centavo tenía que pagarse a Caronte, el barquero, para que pudiera conducirlas a la otra orilla. El sombrío visitante de la tierra asustó a Caronte, quien olvidando su paga, condujo al extranjero al otro lado. Hércules había entrado por fin al Hades, una oscura y brumosa región donde las sombras, o mejor dicho, los cascarones de los muertos, se deslizaban por ahí. Cuando Hércules percibió a la Medusa, su cabello entrelazado con serpientes silbantes, tomó su espada y se la arrojó, pero no hirió nada salvo el aire vacío. A través de senderos laberínticos siguió su camino hasta que llegó a la sala del rey que gobernaba el mundo subterráneo, el Hades. Este, torvo y severo, con semblante amenazador, estaba sentado tiesamente en su negro trono de azabache, mientras Hércules se aproximaba. “¿Qué buscas tú, un mortal viviente, en mis dominios”, preguntó Hades. Hércules dijo, “Busco liberar a Prometeo”. “El camino está vigilado por el monstruo Cerbero, un perro con tres grandes cabezas, cada una de las cuales tiene serpientes enroscadas a su alrededor”, replicó Hades. “Si tú puedes vencerlo con tus manos desnudas, una hazaña que nadie aún ha realizado, puedes desatar al sufriente Prometeo”. Satisfecho con esta respuesta, Hércules prosiguió. Pronto vio al perro de tres cabezas, y oyó su penetrante ladrido. Gruñendo, saltó sobre Hércules. Agarrando primero la garganta de Cerbero, Hércules lo estrechó en su puño como en un torno. Poseído hasta la furia frenética, el monstruo se sacudió. Finalmente, al apaciguarse su fuerza, Hércules lo dominó. Hecho esto, Hércules prosiguió, y encontró a Prometeo. Yacía sobre una losa de piedra, en agonizante dolor. Entonces, Hércules rompió rápidamente sus cadenas, y liberó a la víctima. Desandando sus pasos, Hércules regresó como había venido. Cuando alcanzó una vez más el mundo de las cosas vivientes, encontró allí a su Maestro. “La luz brilla ahora dentro del mundo de oscuridad”, dijo el Maestro. “El trabajo está realizado. Descansa ahora, hijo mío”. F.M. Prólogo El signo de Capricornio, dice El Tibetano, es uno de los signos más difíciles acerca del cual escribir, y es el más misterioso de los doce signos. Así lo hemos encontrado nosotros. Aún el símbolo del signo nunca ha sido correctamente dibujado, se nos dice, porque su correcta delineación produciría una afluencia de fuerza que no sería deseable; este símbolo es llamado también a veces “la firma de Dios”. Al pie de la montaña, la cabra, el materialista, busca alimento en lugares áridos. El chivo expiatorio, camino hacia arriba, encuentra las flores del deseo obtenido, cada una con su propia espina de saciedad y desilusión. En la cima de la montaña la cabra sagrada ve la visión y el iniciado aparece. En otros escritos los símbolos son la cabra, el cocodrilo y el unicornio. Un mito pone el énfasis en el descenso al infierno para liberar a la humanidad (en la figura del torturado Prometeo). Otros se ocupan más de Cerbero, algunos matándolo, otros haciéndolo subir a la tierra. Nosotros presentamos estas variaciones para la consideración del significado espiritual, por parte del lector. Se recuerda que, según el Credo, Jesús el Cristo “descendió a los infiernos”. ¿Por qué? Seguramente porque su muy inclusivo amor protegía a las llamadas “almas extraviadas”, que se nos dice que Cristo cobija a la humanidad hasta que la última “pequeña alma” haya llegado al hogar. Y ¿quiénes somos nosotros para interpretar la “firma de Dios”? Con humildad sometemos estos puntos para la reflexión. Se nos dice que es de rodillas que el capricorniano ofrece corazón, y vida al alma, y sólo entonces es cuando al autoiniciado se le pueden confiar los secretos de la vida y de los poderes superiores. Interpretación del Trabajo en Capricornio Hay dos portales de importancia dominante: Cáncer, hacia lo que erróneamente llamamos la vida, y Capricornio, el portal hacia el reino espiritual. Capricornio, la puerta a través de la cual finalmente pasamos cuando no nos identificamos más con la parte forma de la existencia, sino que vivimos identificados con el espíritu. Eso es lo que significa ser iniciado. Un iniciado es una persona que no sitúa la conciencia en su mente, sus deseos, o su cuerpo físico. Él puede usar éstos si lo elige; y lo hace para ayudar a la humanidad, pero no es ahí donde su conciencia está enfocada. Está enfocado en lo que llamamos alma, que es ese aspecto de nosotros mismos que está libre de forma. Es en la conciencia del alma que nosotros funcionamos eventualmente en Capricornio, nos conocemos a nosotros mismos como iniciados y entramos en los dos grandes signos universales de servicio a la humanidad. Pues es interesante que, en Acuario, tratamos simbólicamente con animales a granel, ya que en ese signo Hércules tiene el trabajo de limpiar a fondo los establos de Augías, su primer trabajo como discípulo del mundo. Pero en Piscis captura, no al toro, sino a todos los bueyes, llevando a nuestra conciencia la idea de la universalidad del trabajo del mundo, de la conciencia de grupo, de la conciencia universal y del servicio universal. Si hubieras nacido en el signo de Capricornio, por favor no pienses que eres un iniciado. Deberemos poner énfasis en el sentido de la proporción y del estado de evolución. Los aspirantes, o sufren de un complejo de inferioridad que les hace sentir que no es posible hacer nada, o tienen una idea exagerada de su importancia; tiene un toque de conciencia del alma, pero sólo un minúsculo toque, lo cual ellos piensan que es el total y se vuelven envanecidos. Esto no muestra sentido de proporción. Este signo simboliza la tercera iniciación, la primera de las iniciaciones mayores. En Mateo 17 leemos que Cristo llevó a tres discípulos, Pedro, Juan y Jacobo, a lo alto de una montaña y se transfiguró delante de ellos. Ellos “cayeron sobre sus rostros” y Pedro dijo, “Construyamos tres chozas”. En la filosofía hindú esto es llamado “la iniciación del hombre que construye su choza”. Pedro, una roca o cimiento, es el símbolo del cuerpo físico. Jacobo, el engañador, simboliza la naturaleza emocional, la fuente de todo hechizo. Juan simboliza la mente, significando el nombre, “El Señor ha Hablado”. Ahí tienes el simbolismo de los tres aspectos de la personalidad, postrados sobre sus rostros delante de Cristo glorificado, en su transfiguración en Capricornio. Significado del Signo Este es el signo de la cabra: es un signo sobrehumano, un signo universal e impersonal. Todos los trabajos de Hércules hasta aquí han estado comprometidos con su propia liberación. Ahora entramos en tres signos que no tienen relación con sus realizaciones personales. Él es libre. Es un iniciado, un discípulo del mundo. Ha dado vuelta tras vuelta al zodíaco, ha aprendido todas las lecciones de los signos y trepado la montaña de la iniciación; ha sufrido la transfiguración; está perfectamente libre y así puede trabajar universalmente en tareas que no tengan ninguna relación consigo mismo. Trabaja como un ser sobrehumano en un cuerpo humano. Las grandes etapas de desarrollo en el sendero de la expansión, que nosotros llamamos iniciaciones, están grabadas en el cerebro y no te serán dichas por nadie. Yo nunca encontré a un verdadero iniciado que estuviera dispuesto a admitir que lo era, nunca. La marca de pureza del iniciado es el silencio. Capricornio es un signo triste, es el signo del sufrimiento intenso y la soledad, pues éstas son también señales del iniciado. La impersonalidad está basada en un logro fundamental de la personalidad. Se debe haber estado enormemente apegado antes de poder conocer el significado de la impersonalidad. Esto es una paradoja, pues no hay logro de ser impersonal sin haber tentación en lo personal. La impersonalidad que debemos desarrollar es una expansión del amor personal que tenemos por un individuo, por nuestra familia, nuestro círculo de amigos; es exactamente la misma actitud hacia la humanidad, pero no tiene nada que ver con el sentimentalismo. Podemos amar a toda la humanidad porque conocemos el significado del amor personal, y debemos brindar a todos el mismo amor que hemos dado a los individuos cercanos a nosotros. La impersonalidad no es impedir la entrada, levantar muros; es amar a todos porque somos capaces de ver a las gentes como realmente son, con sus faltas, sus fracasos, sus logros, con todo lo que hace de ellos lo que son, y viéndolos con mirada penetrante, amarlos lo mismo. En las Reglas del Camino está escrito. “Cada uno ve y conoce la vileza de cada cual. Y sin embargo no hay, con esta gran revelación, negación ni rechazo mutuo”, esa es la condición que se debe lograr en Capricornio. Lo que debemos desarrollar no llega endureciendo al corazón, ni con una tremenda separación, ni trepando a un pedestal. El discípulo del mundo no sólo hace lo que hizo Hércules, bajar al infierno para vencer a Cerbero, sino que trabaja entre los hombres todo el tiempo, interesado en su prójimo. Es impersonal. Me pregunto si esta impersonalidad no se refiere a nosotros mismos más bien que a otras personas. Nosotros hablamos acerca de ser impersonales en nuestro comportamiento. Si fuéramos absolutamente impersonales tratándose de nosotros mismos, nuestras reacciones hacia el prójimo serían justas. Las Constelaciones Hay tres constelaciones conectadas con el signo de Capricornio. Una es llamada Sagitta, la flecha. No tiene conexión con el signo de Sagitario. En ese nosotros teníamos al arquero con la flecha, con la cual el aspirante realizado atravesaba la personalidad. Aquí tenemos la flecha que viene de una fuente cósmica, atravesando el corazón del hijo de Dios, llamado el Cristo, el más cercano a nosotros de los grandes salvadores del mundo, “un hombre de infortunios y familiarizado con el dolor”. Él estaba atravesado por la flecha Sagitta, la flecha cósmica. El nombre hebreo para esta flecha significa “el desolado”, y el sendero que todo discípulo huella es necesariamente solitario. El sendero del iniciado es aún más solitario. El sendero de un salvador del mundo es el más solitario de todos. Yo pienso que esta condición va a ser aliviada. A través de los años hemos tenido estas tremendas manifestaciones, una aquí, una allí. ¿Has considerado alguna vez la soledad de ellos? No había nadie que entendiera. Tal vez ellos fueron canonizados cientos de años después de que murieron. Pero ahora hay tantos aspirantes, tantos en el sendero del discipulado, que tal vez la conciencia de grupo que está empezando a ponerse de manifiesto en los asuntos del mundo, resultará en una soledad grupal más bien que en una soledad individual. Aquila, el águila, es vista como estando tan estrechamente relacionada a Capricornio como a Sagitario. Tenemos el pájaro de luz (símbolo del más alto aspecto del hombre) manifestándose como el alma (el segundo aspecto) que se ha realizado. En Delphinus, tenemos una constelación muy interesante, que contiene en sí un sorprendente simbolismo. Es representada en un antiguo zodíaco como un pez lleno de vida, saltando fuera del agua en el aire y jugando. Ese es el símbolo del hijo de Dios, quien trabajando bajo la ley, toma forma y vive en el agua y en el aire; y no siendo limitado por la ley física, puede jugar con las fuerzas de la naturaleza. Estamos empezando a aprender acerca de estas fuerzas, pero todavía pasará un tiempo antes de que Delphinus, el delfín, tenga mucho significado personal para nosotros. El Escalamiento de la Montaña Capricornio cuanta la historia del escalamiento de la montaña y del descenso al infierno. Hay tres grandes ascensiones de cada alma. La masonería, a través de las edades, ha sido un custodio de esta tradición. Primero se produce la elevación de la materia al cielo. Encontramos eso en Virgo, luego, la elevación de la naturaleza psíquica desde abajo del diafragma. Tú no eres más, emocional y centrado, en ti mismo, viviendo en el plexo solar, sino que estás enfocado en el corazón y eres consciente del grupo; tus sentimientos y deseos están relacionados con el grupo. No vives más en la naturaleza animal, interesado en la creación en el plano físico, sino que te vuelves una criatura espiritual trabajando con materia mental. No estás más limitado por la forma, sino que tienes que tratar con la forma que se ha elevado a la conciencia de la cabeza, y desde la cabeza controlar la garganta, el corazón, el plexo solar y cada parte de tu cuerpo. Haces esto no centrándote en ellas, no pensando sobre ellas, sino viviendo como un hijo consciente de Dios sentado en “el trono entre las cejas”, el centro ajna (o glándula pituitaria) como lo llaman los hindúes. Esa es la segunda gran ascensión. La ascención final es la que marca la emancipación del iniciado de un grado muy alto, que se vuelve conscientemente un salvador del mundo. Pero es en la segunda iniciación, la elevación de la naturaleza psíquica inferior, en la que tenemos que trabajar para que cada deseo, cada disposición de ánimo y cada emoción, sea elevada al “cielo”. Preparación para el Descenso al Hades Había tres cosas que Hércules debía hacer antes de empezar a bajar al infierno. El orden en que llegaron es interesante. Primero tenía que purificarse. Hércules, el hijo de Dios que había vencido, que había sido transfigurado, iba a bajar al infierno a trabajar, y llegó la orden de que se purificara. Él pensó que era muy puro. Cómo fue sometido al proceso de purificación, no se nos dice, pero tengo la idea de que él tenía que probar que estaba libre de irritabilidad y egoísmo en ese poco interesante círculo donde estaba viviendo como un ser humano. Es una regla en ocultismo que, en la escala de la iniciación, si no puedes vivir puramente en tu propio círculo, no eres de utilidad en el cielo o el infierno. ¿Qué quiero significar con “puro”? Nosotros usamos mayormente la palabra en su sentido físico, pero “puro”, realmente es, libre de las limitaciones de la materia. Si yo soy en alguna manera prisionero aún de mi mente, que es una forma de materia sutil, no soy puro. Si tengo cualquier emoción egoísta, no soy puro. Hércules tenía que purificarse. Luego leemos que él tenía que ser iniciado en los misterios. Hasta donde yo puedo comprenderlo (y puedo estar equivocada) esto quiere decir que tú debes pasar a través de tu propio infierno personal, antes de que puedas pasar por el infierno universal. Tienes una época terrible en tu propia vida, y tú eres iniciado cuando sufres tu propio infierno. Aprendes la naturaleza de lo universal, por la experiencia individual; sólo eso es la realización. Tú no puedes aprender de oídas. Como ha sucedido antes en los mitos, Hércules entonces tenía que detenerse y realizar un acto de servicio, antes de que pudiera imponerse a Cerbero. El vio a dos personas atadas y siendo atacadas por el ganado. Tenía que liberarlas antes de que pudiera hacer frente a su propio problema. Siempre para el iniciado, el servicio está primero; dejar pasar lo que ha emprendido si se necesita su ayuda. Esa es siempre la historia del iniciado, porque está basada en la conciencia de grupo. El Símbolo de Cerbero Cerbero, el perro de tres cabezas, de espantoso ladrido, con serpientes creciendo en todo su cuerpo y con víboras por cola, era el guardián del Hades. Las tres cabezas simbolizan la sensación, el deseo y las buenas intenciones. Es el amor a la sensación el que conduce a la humanidad de acá para allá, para satisfacer el hambre en el mundo económico o para satisfacer el deseo de felicidad en el mundo del placer. Los violentos impactos de sensación se buscan para mantener ocupada la mente. La cabeza central fue la primera apresada por Hércules porque era la más importante, ya que el deseo subyace en todas las sensaciones; ellas son lo que el deseo busca expresar y así obtener satisfacción en el mundo exterior. La tercera cabeza son las buenas intenciones no llevadas a cabo. Así tenemos el deseo en el centro, a un lado la sensación simbolizando todos los impactos, y del otro lado la tercera cabeza de las buenas intenciones, no consideradas, nunca realizadas, de las cuales siempre se ha dicho: “El camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones”. La cola formada de serpientes representa a todas las ilusiones que impiden el progreso de la vida espiritual; la materialidad que nos oprime; la naturaleza psíquica inferior que causa tal destrucción; el temor a lo largo de cada posible línea; el temor al fracaso que mantiene a tantos apartados de la actividad y engendra sólo inercia, la gran falta, se nos dice, de los aspirantes y los discípulos. Hércules asió a Cerbero por la cabeza central y lo venció, porque todos los dioses del sol están ocupados con los problemas de la humanidad y porque desolados, descienden solos al infierno para salvar a la humanidad; de ahí que los dioses del sol han nacido en el signo de Capricornio. (Conferencia dada por A.A.B. condensada y editada) Epílogo La gran oscilación en Capricornio es compendiada por las palabras claves. En la rueda común ellas son, “Y la palabra dijo: que la ambición gobierne y que la puerta permanezca abierta”. Esta es la nave para el impulso evolutivo y el secreto del renacimiento.(El Tibetano) Cuando el verdadero sentido de la realidad reemplaza tanto a la ambición terrenal como a la ambición espiritual, el hombre puede decir con veracidad, “Estoy perdido en la luz suprema, pero vuelvo mi espalda a la luz”. Así va el discípulo del mundo, el iniciado en Capricornio, por su camino para servir a la humanidad en Acuario. En ese signo limpia los establos de Augías (del karma de toda ignorancia y error pasados: el Morador en el Umbral) y así se vuelve en Piscis un salvador del mundo. Se recuerda que el último acto de Cristo en su camino al Getsemaní y al Calvario fue el de lavar los pies de sus discípulos. Se ha dicho: “El cristianismo no ha fracasado: nunca ha sido ensayado”. ¿Estamos ahora, después de dos mil años, realmente empezando a ensayarlo individualmente y en formación grupa? Este es el trabajo que hace posible a Cristo reaparecer y también el que prepara a la humanidad para reconocerlo y para ser capaz de soportar la calidad de las emanaciones que acompañen su venida. (Extraído de Astrología Esotérica, PP. 110-23) Que cada hombre recuerde que el destino de la humanidad es incomparable y que depende en gran parte de su voluntad para colaborar en la tarea trascendente. Que recuerde que la ley es, y siempre ha sido, luchar; y que la lucha no ha perdido nada de su violencia al ser transportada del plano material al espiritual. Que recuerde que su propia dignidad, su nobleza como ser humano, debe surgir de sus esfuerzos para liberarse de su servidumbre y obedecer a sus aspiraciones más profundas. Y, que por sobre todo, nunca olvide que la chispa divina está en él, sólo en él y que él es libre de descuidarla, de matarla, o de acercarse a Dios mostrando su anhelo de trabajar con Él, y para Él. El Conde de Noüy Los trabajos de Hércules Alice Bailey. El pleno conocimiento de la revelación primitiva lo han conservado siempre unos cuantos elegidos (adeptos) que lo transmitieron de generación en generación. Según dicen los maestros en la cartilla ocultista esto se hace así para evitar que las eternas verdades se pierdan completamente o queden olvidadas en adelante por la generaciones futuras. Una vez que se ha dirigido las vibraciones de modo que prosigan el no interrumpido curso del encadenamiento de la raza hasta el fin del ciclo, desaparece de la tierra en espera del siguiente Manvantara planetario. La misión de todo instructor de verdades esotérica, es exactamente la misma, ya esté en lo alto o al pie de la escala del conocimiento; pues como es arriba, así es abajo. ¿Qué químico moderno ha descubierto “el aspecto tenebroso de las sustancias animales vegetales o minerales reservado a los ocultistas”. ¿Quién pudo penetrar el arcano de la intima esencia de las cosas y sus primarias correlaciones? Todos estos conceptos entonan, en diferentes épocas y en distintos idiomas, el sublime canto de los papiros egipcios de miles de años atrás. Según se nos enseña: “Los dioses te saludan y te adoran ¡Oh inescrutable y única verdad! ¿Qué es una avatara? Antes de emplear el término conviene comprenderlo. Es un descenso de la Divinidad manifestada, llámese Shiva, Vishnu o Adi–Buddha a la forma ilusoria de una individualidad que en el plano físico toma apariencia objetiva, pero que realmente no lo es. Esa ilusoria forma no tiene pasado ni futuro; porque no ha tenido encarnaciones anteriores ni los subsiguientes renacimientos, y por lo tanto, para nada interviene en ella el karma. De modo que todos los avataras son uno y el mismo; son los Hijos de su “Padre” en directa descendencia. El “Padre”, o una de las siete llamas, llega a ser con el tiempo el hijo y, en consecuencia, uno con el Padre desde toda la eternidad. ¿Qué es el Padre? ¿Es la absoluta Causa de todo? ¿Es el impenetrable Eterno? No, es “Karanatma“, el “Alma Causal”, llamada por los indos “Ishvara“, el Señor, y por los cristianos “Dios”, el Único, el Solo. Desde el punto vista de la unidad es así, pero, entonces también podríamos considerar como “el Único y el Solo” al elemental más ínfimo. Todo ser humano tiene además su propio espíritu divino o dios individual. Esa divina Entidad o llama, de la cual emana Buddhi, está con el hombre, aunque en plano inferior en la misma relación que el Dhyani Buddha con su humano Buddha. De aquí que sea posible conciliar el monoteísmo con el politeísmo pues existen en la Naturaleza. Verdaderamente vinieron al mundo en su respectiva época personalidades que como Gautama, Shankara, Jesús y unos pocos mas, tenían por misión “salvar el bien y destruir el mal”. Así se dijo: “Yo nazco en cada yuga”. Y todos nacieron por el mismo Poder. Muy misteriosas son en efecto estas encarnaciones que caen fuera del círculo general de renacimientos. En tres grupos pueden dividirse las encarnaciones: Los avataras o encarnaciones divinas, las de los nirmanakayas o adeptos que renuncian al Nirvana con el propósito de auxiliar a la humanidad, y las naturales reencarnaciones de la masa general sujeta a la rueda de nacimientos y muertes, la ley común. El avatara es una apariencia que podríamos llamar una ilusión especial, dentro de la natural ilusión producida en los planos en que reina Maya. El adepto renace conscientemente a su voluntad y albedrío, pero la grey común del vulgo sigue inconscientemente la gran ley de la dual evolución. Un Buddha, un Shankarackarya o un Jesús pueden animar a un mismo tiempo el cuerpo de varios hombres. Un cierto rayo (principio) de Sanat Kumara espiritualizo (animó) a Pradyumna, hijo de Krishna, durante el periodo del Mahabharata, mientras que al propio tiempo el mismo Sanat Kumara instruía espiritualmente al rey Dhritarashtra. Además, conviene recordar que Sanat Kumara goza de perpetua juventud y, como “un eterno joven de diez y seis años”, mora en Jana Loka, la peculiar esfera de su estado espiritual. Aún en la llamada vida mediumnistica o medianmica, ocurre que mientras el cuerpo físico actúa siquiera mecánicamente o reposa en determinado lugar, el cuerpo astral puede estar actuando con entera independencia en otro lugar muy distante. Estos casos son muy frecuentes en la historia del misticismo, y si tal sucede en los éxtasis, profecías y visiones de todas clases, ¿Por qué no ha de ocurrir lo mismo en más elevados y espirituales planos de existencia? Admitida la posibilidad en el plano físico inferior, ¿Por qué no admitirla en uno superior? En los casos de adepto superior, (doble cuántico, cuando aprendes a usarlo) cuando el cuerpo está sometido a la voluntad del hombre interno, cuando el ego espiritual está completamente reunido al séptimo principio aún durante la vida de la personalidad, cuando esta o sea, el hombre astral se ha purificado hasta el extremo de asimilarse las cualidades y atributos de Buddhi y Manas en su aspecto terreno, la personalidad subsiste por virtud del “Yo” espiritual, y puede en consecuencia, vivir independientemente en la tierra. Así es que cuando ocurre la muerte del cuerpo, tiene lugar con frecuencia el siguiente y misterioso acontecimiento: El ego espiritual no puede reencarnar como dharmakaya o nirvani “sin residuos” y limpio de toda mezcla terrena. Pero, en tales casos, se afirma que puede, en cambio, reencarnar el ego personal hasta de un dharmakaya o permanecer en nuestra esfera en disposición de reencarnar si necesario fuere, porque en tal caso no sobreviene la disgregación del cuerpo astral o la segunda muerte, como la llama Proclo, que el común de los hombres sufre en el Kama Loka (purgatorio de los católicos) pues suficientemente purificado para reflejar tan sólo su propia luz espiritual, no puede permanecer inconscientemente adormecido en un ínfimo estado nirvánico, ni tampoco puede disgregarse por completo como los ordinarios cascarones astrales. “Después de la muerte sigue el alma en el cuerpo aéreo (astral) hasta que se purifica de todas sus aviesas y sensuales pasiones. Entonces sobreviene una segunda muerte (cuando el alma entra en el Devachan) y el cuerpo aéreo fallece como antes falleció el cuerpo terrestre”. Por lo cual dijeron los antiguos que “el alma está constantemente unida a un cuerpo celeste, inmortal, luminoso y semejante a las estrellas”. Natural parece, por lo tanto, que el cuerpo astral de un adepto no sufra segunda muerte, puesto que antes de separarse del cuerpo físico quedó limpio de toda mancha. El adepto superior es “Hijo de la Resurrección”, igual a los ángeles, e inmortal. (Véase el Evangelio de San Lucas, XX, 36). Pero en la condición de nirmanakaya (o nirvani “con residuos”) puede ayudar aun a la humanidad. Así dijo Gautama el Buddha: “Caigan sobre mí los sufrimientos y pecados del mundo, y que el mundo se salve”, una exclamación de genuino significado apenas comprendida por sus discípulos actualmente. “Si quiero que él quede hasta que yo venga, .que te va a ti?” pregunta Jesús en cuerpo astral a Pedro. “Hasta que yo venga” significa “hasta que reencarne nuevamente” en un cuerpo físico. Así Cristo pudo en verdad decir en su cuerpo crucificado: “Yo estoy con mi Padre y soy uno con Él”, lo cual no impidió que su astral tomara nueva forma, ni tampoco que Juan esperara su vuelta y que al volver no le reconociera y aún que se opusiese contra él. Pero estas palabras del Maestro le sugirieron a la Iglesia la absurda idea del juicio final en el milenio en sentido físico. Desde entonces, tal vez haya vuelto más de una vez el “Hombre de las Angustias”, sin que le reconocieran sus ciegos discípulos. También desde entonces ha sido este gran “Hijo de Dios” incesante y más cruelmente crucificado día tras día, hora por hora por las Iglesias fundadas en su nombre. Pero los apóstoles, que tan solo eran semiiniciados, no supieron esperarle, y no solo no le reconocieron, sino que lo menospreciaron cada vez que volvió. De esto deriva naturalmente la siguiente pregunta: “¿Cómo puede una personalidad, espiritual (o semiespiritual) tener doble o triple vida cambiando arbitrariamente sus “Yoes espirituales”, y sin embargo ser la eterna monada en la infinidad de un manvantara?” La respuesta es fácil para el verdadero ocultista, pero le parecerá absurda al profano. Los “siete principios” son, por supuesto, manifestación de un espíritu indivisible, pero la unidad de los siete principios solo se realiza al fin del manvantara, cuando todos se reúnen en el plano de la Única Realidad. Mientras dura la “peregrinación”, cada reflejo de la indivisible llama, cada aspecto del eterno Espíritu, actúa en uno de los planos de existencia (que a su vez son graduales diferenciaciones del plano inmanifestado) a que en realidad pertenece. Nuestro mundo terrestre reúne todas las condiciones mayavicas o de ilusión, y en consecuencia se infiere que si la purificada personalidad de un adepto se integra en conjunto con su “Yo” superior (AtAtma y Buddhi), puede no obstante, separarse para hacer el bien de su divina monada y llevar en el terrestre plano de ilusión y temporánea existencia, una vida consciente en un prestado e ilusorio cuerpo que a un tiempo sirva para dos objetos: La extinción de su propio karma y la salvación de millones de hombres menos evolucionados. Si se pregunta: “Cuando un Buddha o un Jivanmukta pasa al nirvana… ¿En donde continúa residiendo la conciencia? ¿En el nirvani o en las sucesivas reencarnaciones de los “residuos” de este, es decir, en el nirmanakaya?” Responderemos que la conciencia encarnada puede ser, como dice Gibbon, “el conocimiento adquirido por la observación y la experiencia”, pero la conciencia desencarnada es causa y no efecto. Es una parte del todo, o más bien un rayo de la ilimitada y omnidifusa luz que se diferencia con variados reflejos en la gradual escala de su manifestada actividad. Por lo tanto, la conciencia es ubicua, y no cabe localizarla, centrarla ni limitarla en individuo alguno. Sus efectos pertenecen solo a la región de la materia, porque el pensamiento es una forma de energía que de varios modos actúa sobre la materia; pero la conciencia en sí misma, como enseña la filosofía oculta, es la cualidad suprema del principio senciente espiritual que está en nosotros, el alma divina (o Buddhi) y nuestro Ego Superior, y no pertenece al plano de la materia. Después de la muerte física del hombre, si es un iniciado, la conciencia se transforma de cualidad humana en el principio independiente mismo, el ego consciente se convierte en conciencia per se sin ego alguno, pues este ya no está limitado por el espacio y el tiempo, ni condicionado por los sentidos. Por lo tanto, es el capaz de reflejarse en el pasado hombre astral, sin necesidad de localizarse ni desprenderse de Buddhi. Prueba de ello, aunque escasa e incompleta, es lo que nos sucede en sueños, porque si la conciencia puede actuar ubicuamente durante nuestros ensueños y mientras el cuerpo y el cerebro físico están profundamente dormidos, mucho más viva será su actividad cuando libre por completo, no la ligue relación alguna al cerebro físico. Estriba este misterio en que Gautama, aunque fue una encarnación de la divina sabiduría tuvo que aprender, no obstante en su cuerpo humano, y ser iniciado en los secretos del mundo como cualquier otro mortal hasta el día en que abandonando su secreto retiro de los Himalayas predicó por primera vez en el bosque de Benarés. Lo mismo sucedió con Jesús, de quien nada se dice ni nada se sabe desde los doce hasta los treinta años, en que le vemos predicar el “Sermón de la Montaña”. Gautama había jurado guardar inviolablemente el secreto de las enseñanzas esotéricas que se le comunicaron, pero la inmensa piedad que le inspiraban la ignorancia del género humano y los sufrimientos que de ella dimanan, moviole a transponer los límites del secreto. Por una parte fundo Su filosofía exotérica (la “Doctrina del ojo” ), sobre la “Verdad eterna”, pero por otra no supo mantener ocultas ciertas enseñanzas, y al revelarlas más allá de lo lícito dio motivo a que se tergiversaran. Ansioso Buddha de derrocar los falsos dioses, reveló, en los “Siete Senderos del Nirvana” algunos de los misterios de las “Siete Luces” del mundo arûpico. ¿Cuáles son los siete? Las siete ramas del completo conocimiento. ¿Cuáles son los seis? Los seis órganos de los sentidos. ¿Cuáles son los cinco? Los cinco elementos del ser ilusorio. ¿Y cuál es el uno que también es diez? Es un verdadero Buddha que desenvuelve en el las diez formas de santidad y las somete todas a lo “Uno”. La verdad a medias es con frecuencia peor que la carencia de ella. La verdad y la ficción son como el agua y el aceite; nunca se combinan. Desastrosos efectos tuvo la nueva doctrina de Buddha, por presentar el cuerpo externo de las enseñanzas exotéricas sin el alma que las vivifica. Nunca le comprendieron debidamente, y los mismos buddhistas del sur, rechazaron sus doctrinas, tras cuyo involuntario extravío palpitaban profundísima caridad e ilimitado amor a los hombres. Pero karma no tiene en cuenta la intención, sea buena o mala, sino el fruto de la obra. Tal como Buddha predico la “Buena Ley”, constituía el más sublime código de ética y el incomparable sistema filosófico del universo visible, y sin embargo, extravió a las ineducadas mentes y las indujo a creer que nada encubría la letra muerta. Además, las nuevas enseñanzas perturbaron a muchos talentos que hasta entonces habían permanecido fieles a la fe brahmanica ortodoxa. Así es que, unos cincuenta años después de su muerte, renunció el “Gran Maestro” al dharmakaya y al nirvana, y quiso renacer con propósitos kármicos y de amor a los el “Gran Maestro” no significa aquí su “Ego Buddhico”, sino el principio que servía de vehículo a su personalidad. Para él no había sido muerte la muerte, sino que, como se dice en el “Elixir de Vida”, cambio él. La súbita inmersión en las tinieblas por una transición a más brillante luz. Intrigue todavía más el saber que el cuerpo “astral” de Buddha encarnó en el cuerpo físico de Shankara, cuyo supremo principio, o Atman, era no obstante, su propio divino prototipo, el “Hijo de la Luz”, el celestial nacido de la mente de Aditi. Esto se funda por otra parte, en la misteriosa transferencia de la divina ex personalidad, fundida en la impersonal individualidad (ahora en su plena forma trinitaria de monada, como Atma–Buddhi–Manas), a un nuevo cuerpo ya objetivo y visible, ya subjetivo e invisible. Si la ex personalidad se transfiere a un cuerpo objetivo y visible tenemos el caso del Manushya–Buddha, y si se transfiere a un cuerpo subjetivo e invisible tenemos el caso del Nirmanakaya. Dícese que Buddha está en el nirvana, aunque en un tiempo mortal, vehículo, o cuerpo sutil de Gautama, se halle aún presente entre los iniciados, y no dejara el reino del ser consciente mientras la humanidad necesite su divina ayuda, es decir, hasta el fin de la actual raza raíz. De cuando en cuando, el Gautama “astral” se reúne misteriosamente, y de modo incomprensible para nosotros, con avataras y grandes santos y actúa por medio de ellos. Se sabe el nombre de algunos de estos. Así se asegura que Gautama el Buddha, reencarnó en Shankaracharya, y que, como dice Sinnet en su “Buddhismo Esotérico“: Shankaracharya fue, bajo todos aspectos, ni más ni menos que Buddha en un nuevo cuerpo.) un “Hijo de la Mente”, un bodhisattva, cuya misión es continuar la obra del Manushya–Buddha después de la muerte física de este hasta la aparición del nuevo Buddha. Después de cumplir todas las condiciones para el logro inmediato de la perfecta iluminación, el bendito Ser, movido de su ilimitada compasión por todo ser viviente, prefirió encarnarse una vez más en beneficio del hombre. Dice un Comentario: El que alcanza el sendero de liberación “Thar–lam” y queda exento de reencarnaciones, ya no puede cumplir Tulpa (1) alguno, porque el Paranirvâni cierra el ciclo del septenario Ku–Sum (2), funde su prestado Dorjesempa (Vajrasattva) en lo Universal y se hace uno con Él. Vajradhara o Vajrasattva (en tibetano: Dorjechang y Dorjedzin o Dorjesempa) es el “Vencedor Supremo”, el “Señor de los Misterios”, el “Ser sin principio ni fin”, el regente o presidente de todos los Dhyan Chohans o Dhyani Buddhas, el más alto, el Supremo Buddha personal, en suma, el Logos del buddhismo. Como Vajrasattva es el caudillo (Tsovo) de los Dhyani–Buddhas o Dhyan Chohans, la Suprema Inteligencia del “Segundo Mundo”, y como Vajradhara (o Dorjechang) se le considera todo lo demás que se ha enumerado. “Vajradhara y Vajrasattva, son uno, y sin embargo son dos”, y sobre ellos esta “Chang, el supremo Inmanifestado, la universal Sabiduría sin nombre”. Un bodhisattva puede alcanzar el nirvana en vida (como le ocurrió a Gautama) quedando después de la muerte en pleno albedrío de reencarnarse en beneficio de la humanidad, a la que puede instruir de varios modos, desde las regiones Devachanicas situadas en la esfera de atraccion de la tierra. Pero el que alcanza el paranirvana o “nirvana sin residuos”, esto es, la suprema condición Dharmakaya completamente extraña a todo lo terreno, transpone el ciclo de nacimientos, y en consecuencia, no vuelve a encarnar hasta el comienzo de un nuevo manvantara. 1 Tulpa [.T’ul–Ku?] es la voluntaria encarnacion de un adepto en un cuerpo viviente, sea de un recien nacido, de un impuber o de un adulto. 2 Ku–Sum es la triple modalidad del estado nirvanico y su respectiva duracion en el “ciclo del No–Ser”. El “Dios” de Pitágoras (el discípulo de los sabios arios), no es un Dios personal. Recordemos que enseñaba como dogma cardinal que bajo todas las formas, cambios y fenómenos del universo, late un “Principio de unidad“. Según el pensamiento oriental, todo procede de lo “Uno” y de nuevo vuelve a “ello”. La aniquilación absoluta es incomprensible, pues ni siquiera la materia eterna puede aniquilarse. Se aniquilan las formas y cambian las relaciones. La aniquilación, en el sentido que la toman los orientalistas europeos, no puede ocurrir en el universo, de la ausencia de formas no resulta un vacio, sino al contrario, el fundamento de todas las formas. El karma individual o colectivo impide a los hermanos de la luz realizar todo el bien que podrían, el colectivo esfuerzo de las “Piedras” de la “Muralla protectora de la Humanidad” no deja que los “Hermanos de las Tinieblas” acaben su nefasta obra. Es un error creer en los “polvos de proyección”, la “piedra filosofal” y el “elixir de vida”. Este último dormita en todos los vegetales y minerales del globo, pues consiste en la final esencia de las cosas en su camino hacia más y más alta evolución. Así como no hay bien ni mal que de por si lo sea, tampoco hay “elixir de vida” ni “elixir de muerte” ni veneno alguno, per se; sino que todo está contenido en la misma y única esencia universal, cuyos contrarios efectos dependen de su grado de diferenciación y de sus diversas correlaciones. El aspecto luminoso de esta esencia produce vida, salud, dicha y divina paz, el aspecto tenebroso produce turbación, tristeza, enfermedad y muerte.( vemos que importante es limpiar nuestra mente de neuropeptidos pues…) Así lo demuestra el conocimiento de la naturaleza de los más activos venenos, pues algunos no dañan al organismo en fuertes dosis, mientras que un miligramo puede matar con la rapidez del rayo. Por otra parte, la misma dosis será saludable en combinación con otra sustancia. Siete son los grados diferenciales, como también los planos de su acción, y cada grado tendrá benéficos o maléficos efectos según el sistema en que se opere. Los peritos en estas gradaciones se hallan ya en el camino real del adeptado práctico, pero la enorme mayoría de “mentalistas”, “curanderos”, “cristianos, científicos”, etc., operan al acaso y se exponen a deplorables resultados, tanto en si mismos como en los demás. Estimuladas todas estas nuevas sectas por el ejemplo de los yoguis indos, de cuyas practicas oyeron hablar sin ocasión de estudiarlas, se han precipitado con los ojos cerrados, temerariamente y sin guía alguna, en la práctica de negar y afirmar, con lo que han producido más mal que bien. Algunos han tenido éxito, gracias a sus innatas facultades magnéticas y saludables, que muy frecuentemente contrarrestan lo que de otro modo los conduciría al mal. Id con cuidado, os digo. Satán y el Arcángel son algo más que gemelos. Son un solo cuerpo y una sola mente. Deus est demon inversus. Vuestra en la Santa ciencia Ana Suero Sanz - Artículo*: Filosofía Oculta - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados

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