Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

viernes, 14 de febrero de 2020

¿Cómo amar?

Reflexiones del maestro budista zen Thich Nhat Hanh Amar sin saber cómo amar hiere a la persona que amamos. Fuente: https://ift.tt/1QtDoAl Autora: María Popova Traducción del inglés y síntesis: Leandro Posadas ¿Qué significa exactamente el amor? Hemos usado nuestras mejores definiciones, hemos examinado su psicología y lo hemos esbozado en marcos filosóficos; incluso hemos ideado una fórmula matemática para alcanzarlo. Y, sin embargo, cualquiera que haya dado este salto incondicional de fe sabe que el amor sigue siendo un misterio, tal vez el misterio de la experiencia humana. Aprender a encontrar este misterio con la plena realidad de nuestro ser para mostrarlo con absoluta claridad de intención es la danza de la vida. Eso es lo que el legendario monje budista Zen vietnamita, maestro y activista por la paz Thich Nhat Hanh (nacido el 11 de octubre de 1926) explora en ¿Cómo amar? Una delgada y sencilla colección de sus inmensurables conocimientos sobre la más compleja y gratificante potencialidad humana. De hecho, de acuerdo con la praxis general de las enseñanzas budistas, Nhat Hanh entrega infusiones destiladas de claridad, usando un lenguaje y metáforas elementales para abordar las preocupaciones más elementales del alma. Para recibir sus enseñanzas hay que comprometerse activamente en no sucumbir a la patología occidental del cinismo, nuestro defectuoso mecanismo de autoprotección que descarta fácilmente cualquier cosa sincera y verdadera como simplista o ingenua. En el corazón de las enseñanzas de Nhat Hanh está la idea de que “la comprensión es el otro nombre del amor”, que amar a otro significa comprender plenamente su sufrimiento. (“Sufrimiento” (dukkha) suena bastante dramático, pero en el budismo se refiere a cualquier fuente de profunda insatisfacción, ya sea física, psico-emocional o espiritual). Comprensión, después de todo, es lo que todo el mundo necesita, pero si entendemos esto a nivel teórico nos quedaremos atrapados en la pequeñez de nuestras fijaciones sin ser capaces de ofrecer tal comprensión expansiva. El maestro vietnamita ilustra este desajuste de escalas con una apropiada metáfora: Si se vierte un puñado de sal en un vaso de agua, el agua no se puede beber. Pero si viertes sal en un río, la gente puede seguir sacando el agua para cocinar, lavar y beber. El río es inmenso y tiene la capacidad de recibir, abrazar y transformar. Cuando nuestros corazones son pequeños, nuestra comprensión y compasión son limitadas y sufrimos. No podemos aceptar o tolerar a los demás y sus defectos, y exigimos que cambien. Pero cuando nuestros corazones se expanden, estas mismas cosas no nos hacen sufrir más. Tenemos mucha comprensión y compasión y podemos abrazar a los demás. Aceptamos a los demás tal como son, y entonces tienen la oportunidad de transformarse. La pregunta se convierte entonces en cómo hacer crecer nuestros propios corazones, lo que también nos lleva a comprometernos en comprender y dar testimonio de nuestro propio sufrimiento: Cuando alimentamos y apoyamos nuestra propia felicidad, estamos alimentando nuestra capacidad de amar. Por eso amar significa aprender el arte de alimentar nuestra felicidad. Entender el sufrimiento de alguien es el mejor regalo que se le puede dar a la otra persona. Comprender es el otro nombre del amor. Si no lo entiendes, no puedes amar. Y sin embargo, debido a que el amor es una “interacción dinámica” aprendida, formamos nuestros patrones de comprensión y equivocaciones en los comienzos de la vida, por ósmosis e imitación en lugar de hacerlo por creación consciente. Haciéndose eco de lo que la psicología evolutiva occidental sabe sobre el papel de la “resonancia de positividad” en el aprendizaje del amor Nhat Hanh escribe: Si nuestros padres no se amaron ni se comprendieron ¿cómo vamos a saber cómo es el amor? La herencia más preciosa que los padres pueden dar a sus hijos es su propia felicidad. Nhat Hanh señala la diferencia crucial entre el encaprichamiento, que reemplaza cualquier comprensión real del otro con una fantasía de quién puede ser para nosotros, y el amor verdadero: A menudo, nos enamoramos de los demás no porque los amamos y comprendemos de verdad, sino para distraernos de nuestro sufrimiento. Cuando aprendemos a amarnos y a comprendernos a nosotros mismos y a tener verdadera compasión por nosotros mismos, entonces podemos amar y comprender verdaderamente a la otra persona. De esta comprensión incompleta de nosotros mismos surgen nuestras ilusorias pretensiones, que Nhat Hanh captura con igual sabiduría e ingenio: A veces nos sentimos vacíos; sentimos un vacío, una gran falta de algo. No sabemos la causa; es muy vaga, pero esa sensación de estar vacío por dentro es muy fuerte. Esperamos y deseamos algo mucho mejor para sentirnos menos solos, menos vacíos. El deseo de entendernos a nosotros mismos y de entender la vida es una sed profunda. También está la sed profunda de ser amado y amar. Estamos listos para amar y ser amados. Es muy natural, pero como nos sentimos vacíos intentamos encontrar un objeto para nuestro amor. A veces no hemos tenido tiempo de entendernos, pero ya hemos encontrado el objeto de nuestro amor. Cuando nos damos cuenta claramente de que todas nuestras esperanzas y expectativas no pueden ser satisfechas por esa persona, seguimos sintiéndonos vacíos. Quieres encontrar algo, pero no sabes qué buscar. En todo el mundo hay un deseo y una expectativa continua; en el fondo, todavía esperas que algo mejor suceda. El amor real y verdadero, sostiene, está enraizado en cuatro elementos: bondad amorosa, compasión, alegría y ecuanimidad, los cuales fomentan lo que le da al amor ese elemento de santidad. El primero de ellos aborda esta relación dialógica entre nuestro propio sufrimiento y nuestra capacidad de comprender plenamente a nuestros seres queridos: La esencia de la bondad amorosa es ser capaz de ofrecer felicidad. Podemos ser la luz para otra persona si en nosotros mismos hemos encontrado la felicidad. Así que construye un hogar en tu interior aceptándote a ti mismo y aprendiendo a amarte y a curarte. Aprende a practicar la atención de tal manera que puedas crear momentos de felicidad y alegría para tu propio alimento. Entonces tendrás algo que ofrecer a la otra persona […] Si tienes suficiente comprensión y amor, entonces cada momento – ya sea que lo pases preparando el desayuno, regando el jardín, o haciendo cualquier otra cosa en tu día, puede ser un momento de alegría. Esta interrelación entre el yo y el otro se manifiesta también en el cuarto elemento, la ecuanimidad, la palabra sánscrita (upekha) que también se traduce como “inclusión” y “no discriminación”: En una relación profunda, ya no hay un límite entre tú y la otra persona. Tú eres ella y ella eres tú. Tu sufrimiento es su sufrimiento. Tu comprensión de tu propio sufrimiento ayuda a tu amado a sufrir menos. El sufrimiento y la felicidad ya no son asuntos individuales. Lo que le pasa a tu ser querido te pasa a ti. Lo que te sucede a ti le sucede a tu ser querido […] En el verdadero amor, no hay más separación o discriminación. Su felicidad es tu felicidad. Tu sufrimiento es su sufrimiento. Ya no puedes decir “Ese es tu problema”. Complementando los cuatro elementos centrales están también los elementos adicionales de confianza y respeto, como el intercambio habitual de la profunda mutualidad del amor: Cuando se ama a alguien, hay que tener confianza y seguridad. El amor sin confianza no es todavía amor. Por supuesto, primero tienes que tener confianza, respeto y seguridad en ti mismo. Confiar en que tienes una naturaleza buena y compasiva. Eres parte del universo; estás hecho de estrellas. Cuando miras a tu ser querido, ves que él también está hecho de estrellas y lleva la eternidad dentro. Mirando de esta manera, naturalmente sentimos reverencia. El verdadero amor no puede estar sin confianza y respeto por uno mismo y por la otra persona. En la tradición espiritual cristiana creemos que todos somos hijos de Dios, si comprendes, amas y ves al otro como hijo de Dios entonces estarás amando en la otra persona el sentido último y verdadero de tu ser. (Añadido por mí). El mecanismo esencial para establecer tal confianza y respeto es la escucha, algo tan frecuentemente ensalzado por los psicólogos, terapeutas y abuelos sabios occidentales, que ya hemos desarrollado incluso una inmunidad especial para escucharla. Sin embargo, cuando Nhat Hanh replantea esta visión obvia con la suave elegancia de su poética, de alguna manera pasa por alto el cinismo racional de la saturada mente moderna y se registra directamente en el alma: Amar sin saber cómo amar hiere a la persona que amamos. Para saber cómo amar a alguien, tenemos que entenderlo. Para entender tenemos que escuchar […] Cuando se ama a alguien se debe tener la capacidad de serenarlo y de ayudarlo a sufrir menos. Esto es un arte. Si no entiendes las raíces de su sufrimiento, no puedes ayudar. Así como un médico no puede ayudar a curar tu enfermedad si no conoce la causa, necesitas entender la causa del sufrimiento de tu ser querido para ayudar a traerle alivio […] Cuando más entiendes más amas; y cuanto más amas más entiendes. Son dos lados de una realidad. La mente del amor y la mente del entendimiento son lo mismo. Haciéndose eco del legendario aforismo del legendario maestro Zen D.T. Suzuki de que “la concha del ego en la que vivimos es lo más difícil de superar”, Nhat Hanh considera que la noción del “yo” separado y egoico interrumpe el flujo dialógico de la comprensión del “inter-ser” -para usar su término maravillosamente poético y maravillosamente preciso-, que es el amor: A menudo, cuando decimos “te amo” nos enfocamos mayormente en la idea del “yo” que ama y menos en la calidad del amor que se está ofreciendo. Esto se debe a que estamos atrapados en la idea del yo. Creemos que tenemos un yo. Pero en la tradición oriental no hay tal cosa como un yo individual separado. Una flor está hecha sólo de elementos no florales, como la clorofila, la luz solar y el agua. Si quitáramos todos los elementos no florales de la flor, no quedaría ninguna flor. Una flor no puede estar sola. Una flor sólo puede estar con todos nosotros. Los humanos también somos así. No podemos existir solos. Sólo podemos estar entre nosotros. Estoy hecho sólo de elementos no yo, como la Tierra, el sol, los padres y los ancestros. En una relación si puedes ver la naturaleza del inter-ser entre tú y la otra persona, podrás ver que su sufrimiento es tu propio sufrimiento, y que tu felicidad es su propia felicidad. Con esta forma de ver, hablas y actúas de forma diferente. Esto en sí mismo puede aliviar tanto sufrimiento. Artículo*: Fenomenología de la Espiritualidad Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas Pueblo (MIJAS NATURAL) *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos
Reflexiones del maestro budista zen Thich Nhat Hanh Amar sin saber cómo amar hiere a la persona que amamos. Fuente: Autora: María Popova Traducción del inglés y síntesis: Leandro Posadas ¿Qué …

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