Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

lunes, 15 de febrero de 2021

Hastío coronavírico. Juan Manuel de Prada

Hastío coronavírico Juan Manuel De Prada ANIMALES DE COMPAÑÍA A medida que se prolonga la plaga del coronavirus, se suceden conductas que los sociólogos tratan de explicar con categorías completamente erróneas. Nos advertía Chesterton que, cuando despojamos cualquier realidad de su dimensión sobrenatural, no lograremos nunca entenderla; pues las realidades despojadas de su dimensión sobrenatural no se convierten en naturales, sino en ‘antinaturales’. Así ocurre cuando se tratan de explicar los estados de ánimo colectivos, cada vez más propensos a la indiferencia o el hastío, mientras el coronavirus sigue arrebatando vidas. Tras la congoja de los primeros meses (la absurdamente llamada ‘primera ola’), se sucedió una mezcla de ansiedad y alivio (durante la absurdamente llamada ‘segunda ola’) que ahora (en la llamada absurdamente ‘tercera ola’) se tiñe de apatía e indiferencia que a muchos los empuja a flojear en su vigilancia, a relajar las medidas de precaución, incluso a rebelarse contra las restricciones. Los sociólogos constatan que las noticias referidas al coronavirus interesan cada vez menos, que los consejos médicos son cada vez menos atendidos y que la gente se vuelve insensible a las cifras de la diaria hecatombe. La sociología explica esta creciente indiferencia o hastío como un efecto de la ‘saturación informativa’, que provoca un creciente desinterés, agravado por la naturaleza cambiante, confusa y hasta contradictoria de las medidas restrictivas. Pero lo cierto es que esa misma ‘saturación informativa’ es un fenómeno que, lejos de difuminar el interés de las masas, lo acrecienta, no importa cuán cambiantes, confusas y aun contradictorias resulten sus circunstancias: así ocurre, por ejemplo, con las noticias referidas a las competiciones y fichajes futboleros (un galimatías que sus exegetas comentan sin desmayo, para deleite de las hordas futbolizadas) o con las noticias referidas al batiburrillo sentimental de los famosetes (un légamo venéreo en el que las masas cretinizadas chapotean encantadísimas). La ‘saturación informativa’ sólo actúa disuasoriamente cuando aquello que leemos o escuchamos no queremos que exista. También los comportamientos ‘negacionistas’ o subversivos que han aflorado durante los últimos meses son explicados por la sociología como una consecuencia ‘natural’ de lo que llaman ‘fatiga pandémica’. Al juicio erróneo de los sociólogos, la indiferencia creciente habría convertido los ‘comportamientos solidarios’ de la ‘primera ola’ en ‘comportamientos egoístas’ de la más diversa naturaleza. Pero lo cierto es que nunca existió ningún comportamiento en verdad solidario durante la absurdamente llamada ‘primera oleada’ de la plaga, sino tan sólo postureos emotivistas que se plasmaron en gestos tan vacuos e hipocritones como el aplausito en los balcones, mientras los viejos morían (exactamente igual que hoy) abandonados como perros en los morideros llamados residencias, sin que nadie les hiciese ni puto caso. Tales gestos vacuos e hipocritones tenían exactamente la misma etiología egoísta que los berrinches y pataletas de los manifestantes de hogaño, o que la impaciencia de esos alguacilillos que se cuelan para que les pongan la vacuna, prevaliéndose de su mando en plaza. Y todas estas actitudes aparentemente diversas (unas más falsorras, otras más descarnadas), pero íntimamente idénticas, son consecuencia natural del miedo a la muerte. El miedo a la muerte es connatural al ser humano. Pero, en los pueblos en donde florece la fe, ese miedo es vencido, o siquiera mantenido a raya, por consuelos sobrenaturales que permiten arrostrarlo con entereza; y la conciencia común de la muerte genera conductas verdaderamente solidarias con el vulnerable, con el enfermo, con el moribundo y con el muerto (al que no se deja morir como a un perro sarnoso). En cambio, en los pueblos donde la fe ha perecido o se ha marchitado, el miedo a la muerte se exacerba, propiciando actitudes pánicas y angustiadas, que al principio se disfrazan de un emotivismo aspaventero, para luego volverse desesperadamente indolentes (recordemos el célebre poema Esperando a los bárbaros de Kavafis). El hastío que hoy nos corrompe no es sino la estación terminal de la desesperación pagana. A veces esta desesperación se expresa rabiosamente (los pueblos que no salen en procesión rogativa salen tarde o temprano a quemar contenedores), como la cucaracha que patalea en su agonía; y a veces se expresa medrosamente, como el gusano que se encoge hecho un ovillo. Y todo por rehuir la muerte, que para el hombre descreído es siempre una condena; y que para el hombre con fe es, sobre todo, una promesa. La entrada Hastío coronavírico aparece primero en XLSemanal. Artículo*: Juan Manuel De Prada Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas Pueblo (MIJAS NATURAL) *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos
Animales de compañía. 'Hastío coronavírico', por Juan Manuel de Prada

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