“Esta realidad configura un futuro perfecto. El pasado, en perpetuo movimiento, dará lugar a un futuro inmóvil, en el que no quepa la disidencia porque ya no existirá palabra para la disidencia. La neolengua se encargará de ello. El lenguaje modelará la mentalidad de los hombres y mujeres futuros, en la misma medida que la manipulación de la Historia. Llegará un momento en que el tiempo se estanque, pues, como todo cuerpo perfecto, la entropía habrá desaparecido y se encontrará en estado de reposo absoluto. Sólo en ese momento darán igual el pasado y el futuro, puesto que sólo se vivirá en el presente.” No crea el lector que me ha dado por citar algún artículo de la Ley de Memoria Histórica de España, pues lo que acaba de leer es parte del ideario del Gran Hermano de George Orwell, cincuenta años antes de que lo heredara Mercedes Milá. Cuando me engañaron con eso de dar la batalla cultural, nunca me habría imaginado vivir la indignidad de verse uno defendiendo estatuas ecuestres o limpiando pintadas de spray con aguarrás. Yo no sabía que la guerra de las ideas consistía en decapitar conquistadores en bronce, vestir de lagarterana a los próceres, pintarrajear las paredes de la catedral de rosa fucsia. En mis años mozos yo era un tonto romántico más: estaba convencido de que era necesario batirse el cobre en una noble lucha de las ideas, al estilo de la esgrima con florete, y no al actual modo de peleas de gatitas en bikini arañándose en el barro. Vergüenzas de juventud: así como algunas se sonrojan al recordarse como fans adolescentes de los Hombres G, a mí no me enorgullece la época en la que trabajaba en el Instituto Cervantes creyéndome el soldado de una fantasiosa quinta columna de mi lengua y cultura. “Mire, vuestra merced, que aquellos que allí se parecen no son gigantes...” Si algún joven lector mío tiene fe en el poder de los libros para transformar el mundo, lamento decirle que me recuerda muchísimo a mí cuando era gilipollas. Con todo, eso de gestionar la memoria histórica no es un invento orwelliano nuevo. Tiene su origen en el año 48 A.C., cuando ardió la Biblioteca de Alejandría por primera vez. Lo volvió a hacer al menos dos veces más y siempre que le vino bien al Poder para hacer un periódico great reset cultural. Cuatro siglos después los cristianos destruyeron el Serapeum, y tres siglos después, los musulmanes arrasaron el Museion. Antonio Escohotado asegura que la actual Biblioteca de Alejandría se encuentra en Internet a tiro de smartphone. Conociendo la regularidad pirómana de los bibliotecarios universales, si Maese Escota está en lo cierto, no me hace falta ser un oráculo para vaticinar un apagón global de Internet en algún momento de esta mitad de siglo. ¿Cuándo exactamente? Eso es más difícil de determinar. Internet, además de un depósito global de conocimiento, es un bebedero de patos donde chapoteamos en nuestra miseria espiritual. Mientras tenga esta última función, al Poder le interesará mantenerlo en pie. Si Internet fuera sólo una biblioteca, ya habría sido reducida a cenizas hace tiempo. Como el niño raro que fui, yo adquirí una memoria histórica también rara de mi país. En la Guerra Civil Española sólo consigo ver honorables ancestros dignos de ser recordados. Ni fascistas filonazis, ni chekistas comeniños: yo sólo veo españoles muertos que merecen respeto. Todos ellos, de todas las guerras civiles, no importa en qué siglo. Cualquier soldado raso de la Guerra Civil, republicano o nacional, anarquista o requeté, se muestra hoy como un gigante moral en comparación al enanito político de turno que lo quiere explotar o calumniar, dependiendo de su sesgo ideológico. ¿Acaso los gloriosos viras necesitaban de ideología? Para mí los dos únicos verdaderos bandos que se batieron en la Guerra Civil fueron los Kauravas y los Pandavas; y ambos son familiares míos. Míos, tuyos y de Arjuna, el de los poderosos brazos. No estoy unido a ellos por la sangre que se hicieron derramar en el pasado, sino por la que hoy corre por mis venas. Aún no sé si como héroes o como imbéciles, pero toda esa gente dio su vida para que tú y yo podamos estar aquí haciendo el canelo. Al examinar nuestro tiempo, me voy decantando por lo segundo. Artículo*: Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas Pueblo (MIJAS NATURAL) *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos
Biblioteca y Crónicas en Libertad - La Danza Final de Kali
- Enlace a artículo -
Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL.
(No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí presentados)
No hay comentarios:
Publicar un comentario