Platón Grecolatina Platón vivió entre el 428/27 y el 348/347 antes de Cristo. No fechó ningún diálogo por lo que la datación de los diálogos se realiza atendiendo a acontecimientos históricos que se refieren en ellos, por referencias de unos diálogos a otros o por el contenido. La fecha de composición del Fedro suele situarse hacia el año 370 a.C., pero existen opiniones enfrentadas. Schleiermacher, gran conocedor de Platón, sostuvo en el siglo XIX que Fedro es uno de los primeros diálogos escritos por Platón. Actualmente la opinión mayoritaria es la contraria: hay que situarlo junto a los denominados diálogos dialécticos, de madurez, precedido por la República. Los comentaristas anteriores a Schleiermacher consideraron que el Fedro estaba mal escrito, con tono inmaduro, Platón mismo habla del tono ditirámbico con el que se expresa Sócrates en su primer discurso que, por cierto, pronuncia con la cara cubierta por la vergüenza. Tradicionalmente entonces se ha entendido que el Fedro había sido el primer diálogo escrito por Platón y que su tema son los discursos sobre Eros, eróticos, o bien una especie de programa de las enseñanzas de la Academia. El error estaría en haberle dado demasiado peso al primer discurso de Sócrates, de tono bastante más leve que el que pronuncia con la cara descubierta y que la segunda parte del diálogo. El Fedro es un diálogo muy complejo. Al igual que la fecha de composición, el tema sobre el que versa también ha sido muy debatido. Suele defenderse que el tema principal es el amor o la retórica. Si se entiende que trata sobre el amor, se le suele situar entre los primeros o el primero incluso, si se entiende que trata sobre la retórica, en la actualidad la opinión casi exclusiva, se le coloca entre los últimos, después de la República casi siempre. En cualquier caso en el “Fedro” se habla del amor y de la retórica, esto es, el Fedro se divide en dos partes, la primera, sobre el amor, contiene un discurso de Lisias y dos discursos de Sócrates al respecto; en la segunda se trata la retórica. Lisias es presentado como el dirigente de la escuela de retórica más influyente de Atenas; Fedro es un joven ateniense interesado por los discursos y oyente habitual de Sócrates, aparece también en el Banquete y en el Protágoras. Sócrates se encuentra con Fedro, que dice venir de escuchar a Lisias. Lleva el discurso bajo la túnica con la intención de aprendérselo de memoria. El discurso trata sobre el eros, tema favorito de los discursos que se usaban como ejercicios de retórica. Lisias vendría a decir que lo adecuado es no conceder favores físicos al amante, al enamorado, sino a quien no lo está. La razón se encuentra en el hecho de que el amante está poseído por la locura y no es capaz de dominarse, sin embargo, el que no ama es cuerdo y sabe, por tanto, elegir lo mejor. El que ama, desea sobre todo el cuerpo del amado pero una vez que se acabe ese deseo no aparecerá una amistad que antes no existió, en cambio, si hubo amistad antes de la entrega a quien no ama, esa amistad perdurará después. No hay que conceder favores a quienes más los necesita, sino al que puede devolverlos y no “a los que quisieran gozar de tu juventud, sino a los que cuando seas viejo, te hagan partícipe de tus bienes”. “Pero si te dejas persuadir por mí, no va a ser el gozo momentáneo tras lo primero que voy a ir cuando estemos juntos, sino tras el provecho futuro. No seré dominado por el amor, sino por mí mismo, ni me dejaré llevar por pequeñeces a odios poderosos, sino que sólo en relación con cosas importantes dejaré traslucir mi desagrado”. Sócrates acepta que el enamorado está más enfermo que el no enamorado y se declara incapaz de decir algo más florido que lo ya dicho por Lisias. Si debe hablar sobre el tema lo hará con la cabeza tapada. Comienza apuntando que la mejor forma de no equivocarse cuando se empieza a deliberar es saber de qué trata la deliberación, como el tema es averiguar si hay que hacerse amigo mejor del que ama o del que no ama, lo primero será saber qué es el amor, una vez sabido lo que es el amor será el momento de indagar si trae provecho o daño. El amor es “el apetito que, sin control de lo racional, domina ese estado de ánimo que tiende hacia lo recto y es impulsado ciegamente hacia el goce de la belleza y, poderosamente fortalecido por otros apetitos con él emparentados, es arrastrado hacia el esplendor de los cuerpos, y llega a conseguir la victoria en este empeño, tomando el nombre de esa fuerza que le impulsa”. Todos nosotros, dice Sócrates, nos regimos por dos principios: un deseo natural de gozo y una opinión adquirida que tiende a lo mejor. Si nos dejamos mover por lo segundo somos sensatos, si nos mueve lo primero, el deseo o el apetito, caemos en el desenfreno. El desenfreno es muy variado y lo llamamos de acuerdo con la forma en la que se manifiesta, frente a la comida es glotonería, frente a la bebida es alcoholismo y “ahora mismo ya empieza a sonarme todo como un ditirambo”. En Grecia se llamaba “ditirambo” a una composición poética dedicada a Dioniso, dios del vino y la locura. Sobre Dioniso es ilustrativa las “Bacantes”, una tragedia de Eurípides, contemporáneo de Sócrates. El siguiente paso es, entonces, ver si es mejor entregar favores al amante o al que no ama. Hay que tener en cuenta, en base a lo dicho, que la amistad del amante no brota del buen sentido, sino, como las ganas de comer, del ansia de saciarse: “como a los lobos los corderos, así le gustan a los amantes los mancebos". Hay que considerar que el que ama preferirá que su amado sea más débil que él, los celos le moverán a apartar al amado de otras relaciones provechosas, preferirá que sea cuanto más ignorante mejor. En cuanto a la inteligencia, por tanto, el hombre enamorado no es buen consejero. El cuanto al cuerpo el amante preferirá que su enamorado persiga el placer más que el bien, delicado antes que vigoroso... y mejor que sea pobre y sin amigos ni familia. Y aún es peor cuando deja de amar y se vuelve infiel y le molesta que se vayan ajando los delicados rasgos del amado. Ahora, el que antes era amante se deja gobernar por la inteligencia y la sensatez en vez de por el amor y el apasionamiento y el amante se siente vejado y se arrepiente de haberse entregado a un enamorado en lugar de a un hombre sensato. Aquí acaba el primer discurso de Sócrates. Fedro le pide entonces que enumere las ventajas que tiene entregar los favores al que ama. Sócrates dice que no, que se va, que las ventajas del que no ama son lo contrario de los inconvenientes del amante. Pero Fedro insiste y entonces Sócrates dice que siente haber delinquido contra los dioses y que tiene que pronunciar una palinodia y se aviene a un segundo discurso, aunque ahora con la cara descubierta. No es a quien no ama a quien hay que otorgar favores por el hecho de estar cuerdo éste y loco el enamorado, no es así porque la demencia no es un mal. Los antiguos lo llamaron “manía” pensando que era algo bello, el soplo de un dios, así, es más bella la manía que la sensatez, porque la manía la envían los dioses y la sensatez es cosa de hombres. “Aquel, pues, que sin la locura de las musas acude a las puertas de la poesía, persuadido de que, como por arte, va a hacerse un verdadero poeta, lo será imperfecto, y la obra que sea capaz de crear, estando en su sano juicio, quedará eclipsada por la de los inspirados y posesos”. El alma tiene una naturaleza humana y divina. Toda alma es inmortal, porque aquello que se mueve siempre es inmortal y dejar de moverse es dejar de vivir. Si el movimiento le viene a algo de fuera estamos hablando de algo inanimado, si el movimiento viene de dentro se trata de algo animado. Dice Platón que explicar qué es el alma es cosa de dioses, pero que decir a qué se parece es asunto humano. De esta forma introduce la conocida imagen del auriga y los dos caballos, uno bueno y hermoso y el otro todo lo contrario. El alma es la fuerza que mueve la yunta, que le pone alas. Hay una forma de locura, la cuarta, que se da “cuando alguien contempla la belleza de este mundo y, recordando la verdadera, le salen alas y, así alado, le entran deseos de alzar el vuelo, y no lográndolo, mira hacia arriba como si fuera un pájaro, olvidado de las de aquí abajo, y dando ocasión a que se le tenga por loco. Así que de todas las formas de entusiasmo, de todas las manías, esta es la mejor, tanto para el que la tiene como para el que con ella se comunica, y al partícipe de esta manía se le llama enamorado”. Antes se había divido en alma en tres partes: un auriga y dos caballos, uno dócil otro rebelde, uno blanco y otro negro. Ante el amado el negro se dispara y los otros dos le retienen, forcejeo que se salda, en el mejor de los casos, con el dominio del auriga y el caballo blanco sobre el caballo negro y de esta manera, “si vence la parte mejor de la mente, que conduce a una vida ordenada y a la filosofía, transcurre la existencia en felicidad y concordia... subyugando lo que engendra la maldad en el alma, y dejando en libertad a aquello en lo que lo excelente habita” “Dones tan grandes y tan divinos, muchacho, te traerá la amistad del enamorado. Pero la intimidad con el que no ama, mezclada de mortal sensatez, y dispensadora también de lo mortal y miserable, produciendo en el alma amiga una ruindad que la gente alaba como virtud, dará lugar a que durante nueve mil años ande rodando por la tierra y bajo ella, en total ignorancia”. Este discurso termina pidiéndole a Fedro que convenza a Lisias para que vuelva a la filosofía, para que lleve su vida hacia el amor. http://ift.tt/2rs7VIA Archivo: fedro.pdf - Artículo*: Tradición Perenne - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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