Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

martes, 5 de febrero de 2019

¿Cómo ser ser humano en esta época?: el fin de los «grandes relatos»

Escrito por Leandro Posadas. ¿Qué nos enseña la historia sobre nuestra especie? ¿Cuál es el significado de la existencia humana? ¿Por qué vivimos? ¿Quién soy? ¿Por qué hay algo en vez de nada? ¿Qué puedo esperar? ¿Se me está permitido no esperar? ¿Qué has visto? Un elocuente pero a la vez riguroso profesor siempre nos decía en sus clases que para hacer buena filosofía no es fundamental tener buenas respuestas, sino hacer buenas preguntas. Tal vez para vivir sabiamente no se requieran tanto buenas respuestas, sino acertadas preguntas. Quisiera compartir en este artículo algunas buenas preguntas que pensadores, científicos, y filósofos modernos y contemporáneos se han hecho sobre el sentido de la existencia humana en nuestra época, en la que comenzamos a darnos cuenta -especialmente en Occidente-, que los relatos cosmológicos y originarios que nos han relatado desde la religión, la política, y a veces incluso desde la ciencia y que al mismo nos han configurado como especie, no definen, ni abarcan, ni explican de modo absoluto, como muchos de ellos han pretendido a lo largo de la historia, nuestra realidad, finalidad y sentido como seres conscientes de ser sentientes. Comenzaré con el biólogo y ganador dos veces del premio Pulitzer Edward Osborne Wilson. En su libro The Meaning of Human Existence (2014), él se pregunta: ¿Qué nos enseña la historia sobre nuestra especie? Él se refiere no a la historia de los relatos cosmológicos de las religiones, o de las ideologías políticas dogmáticas, sino a la historia que nos proporcionan las ciencias. A través del código de valores científico[1] por medio del cual la ciencia ha contribuido eficazmente a ampliar nuestra comprensión de la naturaleza, responde ante dicha pregunta: «Como especie hemos surgido por azar y por necesidad, somos una especie más entre las millones de otras especies presentes en la biósfera terrestre. No hay prueba alguna de una gracia que descienda luminosa sobre nosotros desde el exterior, ni tampoco un destino o un propósito demostrables que se nos hayan asignado, ni ninguna segunda vida esperándonos al final de la actual. Estamos al parecer completamente solos. Y eso en mi opinión es algo genial»[2], pues nos posibilita para crear nuestro propio significado. ¿Cuál es entonces el significado de la existencia humana? Para Edward O. Wilson dicha respuesta es la epopeya de nuestra especie: «Somos una obra en proceso de elaboración», la cual comenzó con la evolución y la prehistoria biológicas, continuó con la historia documentada, y ahora es también aquello en lo que elegiremos convertirnos, y que avanza más y más rápido, día tras día, hacia un futuro indefinido[3]. Para Wilson esta epopeya que somos se ha manifestado a lo largo de la historia por medio de nuestra misma inestabilidad como especie emocional, la cual es a la vez la esencia de nuestro carácter como humanos y el recurso de nuestra creatividad, por medio de la cual podremos seguir entendiéndonos e interpretándonos a nosotros mismos tanto evolutiva como psicológicamente, sin querer pretender con ello, como en épocas anteriores, domesticarnos[4]. «¿Por qué vivimos?» es el título de uno de los libros del reconocido antropólogo francés Marc Augé, en el que trata de responder al por qué de la necesidad de una antropología. Para él los seres humanos en la actualidad «somos un poco como esos personajes de dibujos animados que llevados por su arrebato, no se dan cuenta que desaparece el suelo bajo sus pies y continúan corriendo en el vacío, por el efecto de su propio impulso, hasta que bajan la cabeza, descubren el vacío y caen en picado»[5]. Los filósofos son quienes han llamado nuestra atención sobre el auge del silencio, especialmente en Occidente, entendido ese silencio como el final de los mitos de origen, y el final de los grandes relatos[6]. Existe hambre de realidad (o de sentido), tal como se puede constatar sobre el terreno de la difusión de las teorías que han acompañado el último medio siglo: la hermenéutica de Gadamer en su relación con Heidegger; el postmodernismo de Lyotard; el deconstruccionismo de Derrida; el énfasis sobre el deseo disidente de Deleuze y Guattari; la ecuación entre saber y poder del primer Foucault; el neo-pragmatismo y la ironía de Rorty; y las últimas versiones de la idea de «modernidad líquida» de Bauman[7]: Cada una de ellas ha puesto en discusión las verdades religiosas y relatos cosmológicos que se consideran dogmáticamente absolutas y auto-evidentes, no sólo para criticarlas, sino para indicarlas como simples interpretaciones sobre algunos momentos de nuestra historia, que a la vez deben ser re-interpretadas, pues la grandeza humana reside justamente en su capacidad de interpretar una y otra vez la realidad. El historiador israelí Yuval Noah Harari en su último libro 21 Lecciones para el Siglo XXI, llama «época de desconcierto» a nuestra época actual en la que los relatos antiguos se han desplomado y no ha surgido uno nuevo capaz de dar certeza al sentido de la existencia humana. Sin embargo cada uno de nosotros cuándo nos preguntamos por el sentido de nuestra vida tenemos en nuestra mente la idea de un relato: «Los homo sapiens somos animales que contamos relatos, que pensamos en relatos y que creemos que nuestro propio universo funciona como un relato, lleno de héroes y villanos, conflictos y resoluciones, momentos culminantes y finales felices»[8]. Cuando buscamos el sentido de la vida queremos un relato que explique de qué va la realidad y cuál es mi papel concreto en el drama cósmico. Aunque un buen relato ha de otorgarme un papel y extenderse más allá de mis horizontes, no tiene por qué ser verdadero. Un relato puede ser pura ficción, y aun así darme una identidad y hacer que sienta que mi vida tiene sentido. «De hecho, hasta donde llega nuestro conocimiento científico, ninguno de los miles de relatos que las diferentes culturas, religiones y tribus han inventado a lo largo de la historia es cierto. Todos son sólo invenciones humanas. Si buscamos el sentido real de la vida y a cambio obtenemos un relato, debemos saber que es la respuesta equivocada. Los detalles exactos en realidad no importan. Cualquier relato es erróneo, simplemente por ser un relato. El universo no funciona como un relato»[9]. La gente pregunta: «¿Quién soy?», y espera que se le cuente un relato. Lo primero que hemos de saber de nosotros es que no somos un relato[10]. El universo no tiene guion, de manera que nos corresponde a los humanos escribirlo, y esa es nuestra vocación y el sentido de nuestras vidas. El famoso físico teórico Lawrence Krauss, en el prefacio a su libro A Universe from Nothing (Un Universo de la Nada), del año 2012, explica que la finalidad de su libro es querer responder una pregunta: «¿Por qué hay algo en vez de nada?» Dicha pregunta durante más de dos mil años se ha presentado como un desafío a la afirmación de que nuestro universo -que contiene un vasto complejo de estrellas, galaxias, humanos y quién sabe qué más-, podría haber surgido sin responder a un diseño, intención o propósito deliberado[11]. Sin embargo, «el tapiz que la ciencia teje al describir la evolución de nuestro universo es mucho más rico y fascinante que todas las imágenes, (relatos, mitos), o las historias imaginativas que los humanos han inventado. La naturaleza plantea sorpresas que superan con mucho las que puede generar la imaginación humana»[12]. Harari considera que es muy difícil observar la verdad sobre nosotros mismos, incluso si llegásemos a atisbarla inmediatamente la distorsionaríamos para convertirla en algún relato con héroes, villanos y enemigos[13]. Los humanos hemos conquistado el mundo gracias a nuestra capacidad de crear relatos ficticios y de creérnoslos. Incluso hemos generado conflictos, miseria, caos, hambre, persecuciones por defenderlos e imponerlos a los otros. Por tanto, somos bastante torpes a la hora de conocer la diferencia entre la ficción y la realidad[14]. Para el filósofo canadiense Jean Grondin la pregunta más íntima de la razón humana es la que se planteó Kant: «¿Qué me es lícito esperar?»[15] O dicho de manera inversa «¿Se nos está permitido no esperar?» Esta pregunta es tal vez la más íntima porque como especie somos los únicos seres conocidos conscientes de nuestra finitud: nacer, crecer, conocerse, confrontarse, soñar, ilusionarse, amar, competir, creer, dudar, envejecer, despedirse; y por último fenecer. Por ello para Grondin articular el sentido de la vida es siempre un riesgo, una aventura, y sería un contrasentido querer establecer certidumbres o seguridades. La incertidumbre pareciese ser el modo por medio del cual la vida humana se trasciende a sí misma. No obstante, por nuestra bendecida inestabilidad como especie podemos responder a esta paradoja que somos de ser más grandes y a la vez más pequeños que nuestros deseos y posibilidades. Es por ello que el monje benedictino Elmar Salmann afirma sobre el ser humano: «Cada uno puede y debe interpretarse como símbolo, representante de un pasado, de un trasfondo benéfico», de una tradición familiar, cultural, espiritual, histórica, por medio de la cual encontrará el valor para iniciar algo, para proyectar un futuro, para hacerse autoridad, y para favorecer el crecimiento de los otros. «Puedo y debo responder a esto que soy; puedo superar la indolencia; puedo encontrar el coraje de iniciar; de ser padre y madre de mis posibilidades; puedo abandonarme confiadamente al futuro»[16]. Para E. Salmann el ser humano existe sólo en la medida en que se reconoce un ser interpelado: «Te has sido dado en préstamo; te has ofrecido e impuesto; eres libertad concedida, impuesta por ti mismo. Ahora sé tú mismo»[17]. Siguiendo a Yuval Noah Harari, para Salmann el yo no es un personaje cualquiera de un relato que otros han escrito para darme un origen, un proyecto y un fin, sino un ser que debe y puede responder a la ley de la libertad: tener respeto por sí mismo -como ser inteligente y capaz de interpretar e interpretarse-; realizarse, regenerarse siempre de nuevo. En lo más íntimo de nuestra libertad estamos obligados a ser nosotros mismos[18]. Somos el llamado a ser nosotros mismos[19]. Nuestro yo es cons-ciencia (posibilidad de sabiduría), entre libertad e interiorización de un llamado que no viene formulado desde fuera sino desde la realidad que soy, desde la libertad que soy, y que debo todavía ser y desplegar[20]. A modo de ejemplo de esta capacidad que somos de interpretar e interpretarnos la lección número 21 del último libro de Harari se titula: «Meditación. Simplemente, observemos». Después de haber criticado tantos relatos, religiones e ideologías, Harari explica cómo alguien tan escéptico como él es capaz todavía de despertar alegre por las mañanas. Harari no desea indicar una vía salvadora como si de un relato más se tratara, sino simplemente mostrar «los matices que colorean las gafas por medio de los cuales él ve el mundo»[21]. Cuenta Harari, en dicho capítulo, cómo desde adolescente siempre fue un joven muy inquieto y lleno de problemas, el mundo no tenía sentido para él, y no hallaba respuestas a las grandes preguntas que se formulaba acerca de la vida. En particular no comprendía por qué había tanto sufrimiento en el mundo y en su propia existencia, y qué podía hacer al respecto. Todo lo que obtuvo de la gente que lo rodeaba y de los libros que leía y de sus años de universidad eran ficciones complicadas: mitos religiosos sobre dioses y cielos; mitos nacionalistas sobre la patria y su misión histórica; mitos románticos sobre el amor y la aventura, o mitos capitalistas sobre el crecimiento económico, y sobre cómo comprar y consumir cosas para ser feliz[22]. En el año 2000 gracias a un buen amigo suyo fue a un curso de diez días de vipassana. A pesar de sus recelos fue a dicho curso. Comenta: «Lo primero que aprendí al observar mi respiración fue que a pesar de todos los libros que había leído y de todas las clases a las que había asistido en la universidad no sabía nada sobre mi mente y tenía muy poco control sobre ella»[23]. «Creo que aprendí más cosas sobre mí mismo y los humanos en general observando mis sensaciones durante aquellos diez días que lo que había aprendido en toda mi vida hasta ese momento. Y para ello no tuve que aceptar ningún cuento, teoría, o mitología. Sólo tuve que observar la realidad tal como es. Lo más importante de lo que me di cuenta es que el origen profundo de mi sufrimiento se halla en las pautas de mi propia mente: cuando quiero algo y no ocurre, mi mente reacciona generando sufrimiento»[24]. El filósofo alemán Peter Sloterdijk ha escrito un fascinante libro sobre cómo situarse inteligente e interpelantemente en esta época de desconcierto. Su libro se titula: Has de cambiar tu vida. Sobre Antropotecnia (2009). En dicho libro Sloterdijk cita un célebre pasaje de los ejercicios del filósofo estoico Epicteto: «Mañana cuando salgas todo lo que veas, todo lo que sientas, interrógalo y responde como si se tratara de una pregunta: ¿Qué has visto? ¿Una mujer bella, un hombre bello? Aplica el canon: ¿Pertenece o no pertenece a mi voluntad? No pertenece. ¡Adelante entonces! ¿Qué cosa has visto? Alguien que llora la muerte de su hijo. Aplica el canon: La muerte no pertenece a mi voluntad. ¡Adelante entonces! Encuentras un embajador. Aplica el canon: ¿Pertenece o no pertenece a mi voluntad?». Déjalo ir, no te incumbe. ¡Adelante entonces! Si nos ejercitamos en tal modo, desde la mañana hasta la noche, algo sucederá, incluso entre los dioses. Pero, lamentablemente, no lo hacemos, y nos dejamos atrapar por toda idea, cosa o circunstancia que pasa»[25]. «Adelante entonces», según Peter Sloterdijk, es la clave del trabajo antropotécnico sobre sí mismo del aspirante a la sabiduría, y tiene lugar en la evacuación del espacio interior mediante el desalojo de todo aquello que no nos concierne. Dicho método ha estado presente desde hace milenios en cada una de las grandes culturas que se han percatado de la grandeza o de la miseria que puede llegar a ser el ser humano cuando se interpreta o deja de interpretarse como una cosa consciente de ser sentiente. El diseño de la imagen es de Daniel Ríos para Fenomenología de la Espiritualidad. _________________________ [1] Dicho código está basado en tres principios clave: 1) sigue las pruebas hasta donde te lleven; 2) si uno tiene una teoría, hay que estar dispuesto a intentar demostrar que es falsa, tanto como a probar que es cierta; 3) el árbitro último de la verdad es el experimento, no la comodidad que nos generen nuestras creencias apriorísticas ni la belleza o elegancia que uno adscribe a los propios modelos teóricos: Krauss Lawrence M., Un Universo de la Nada, Pasado y Presente, Barcelona 2013, p. 9-10. [2] Wilson O. Edward., The Meaning of Human Existence, Liveright, New York 2014, p. 63. (La traducción es mía). [3] Cf. Ibid., p. 63. [4] Cf. Ibid., p. 65. [5] Augé Marc, ¿Por qué vivimos? Por una antropología de los fines, Gedisa Editorial, Barcelona 2004, p. 157. [6] Cf. Ibid., p. 157. [7] Bodei Remo, Immaginare altre vite. Realtá, progetti, desideri, Feltrinelli 2013, p. 178. La traducción es mía. [8] Cf. Harari Yuval Noah, 21 lecciones para el siglo XXI, Debate, Barcelona 2018, p., 303. [9] Cf. p. 316. [10] Cf. p. 338. [11] Cf. Krauss Lawrence M., Un Universo de la Nada, Pasado y Presente, Barcelona 2013, p. 8. [12] Ibid., p. 10. [13] Harari Yuval Noah, 21 lecciones para el siglo XXI, Debate, Barcelona 2018, p., 343. [14] Cf. Ibid., p., 343. [15] Grondin Jean, Del sentido de la vida. Un ensayo filosófico, Herder 2005, p. 154. [16] Cf. Salmann Elmar, Presenza di Spirito. Il Cristianesimo come gesto e pensiero, Edizione Messaggero, Padova 2000, p. 27-28. La traducción es mía. [17] Ibid., p. 28-29. [18] Ibid., 28. [19] Idem. [20] Idem. [21] Cf. Harari Yuval Noah, 21 lecciones para el siglo XXI, Debate, Barcelona 2018, p. 347. [22] Cf. Ibid., p. 347. [23] Cf. Ibid., p. 349. [24] Ibid., p. 351. [25] Sloterdijk, Peter, Devi cambiare la tua vita, Raffaello Cortina Editore, Milán 2010, p. 275. La traducción es mía. - Artículo*: Fenomenología de la Espiritualidad - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas Pueblo (MIJAS NATURAL) *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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