Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

En la pira sagrada - Letra Viva. Una Utopía Hermética

EN LA PIRA SAGRADA "El hombre sufre sólo porque se toma en serio lo que los dioses hacen por diversión". Alan Watts El mito de Ganimedes cuenta que su belleza era tal que enamoró al mismísimo Zeus. Éste se convirtió en águila para así raptarlo, llevárselo al Olimpo y que sirviera como copero a los dioses, dándoles de beber néctar y ambrosía. ¿Qué simboliza la belleza de Ganimedes que lo hizo digno de ascender al país de los inmortales? Afirma Platón que "la Belleza es el reflejo de la Verdad", de manera que para lograr esta belleza en el alma debe operarse un proceso de purificación que vaya despejando toda ilusión y toda ignorancia, para así contemplar y encarnar la Verdad y emprender el ascenso a los Cielos o estados superiores del Ser. Esta Belleza es el despertar de la "Inteligencia del Corazón". El Viaje iniciático nos convoca a este trabajo interno de depuración alquímica y a recorrer los misterios del Ser, asidos al Centro o Eje inmutable, para, finalmente, alcanzar la liberación total por la Salida. La iniciación es inconcebible sin la Tradición, que la hace posible a través de sus Símbolos, Ritos y Mitos. Se sirve el iniciado en esta travesía de dos vehículos esenciales: el pensamiento y la Palabra. Las Sagradas Escrituras nos recuerdan que primero fue la Palabra, y a partir de la Palabra, Dios creó todo. Es con el poder de la Palabra que la iniciación se hace en el alma. A partir de ella todo se ordena y todo se realiza. La lengua conforma la inteligencia; conjuga, articula, nombra. Selecciona, compone, da sentido a todo lo cognoscible. También es la memoria de lo inteligible y sin memoria nada somos, es decir, nos vemos reducidos a la nada, a la pérdida del sentido, a la imposibilidad de la sabiduría (1). De igual modo resulta esencial invocar a los dioses para ser guiado en todo momento en esta sagrada Aventura, queriendo destacar a Hermes, el Escriba Divino, que irá grabando en el alma cada aspecto de la Verdad y la constante intuición de lo Metafísico, pues es menester la presencia de un elemento “no humano”, y tal es en efecto el carácter de la influencia espiritual cuya transmisión constituye la iniciación propiamente dicha (2). El Fuego arquetípico irá cociendo esta Obra interna de purificación que nos va abriendo paso a la Visión sagrada. En el mito de Deméter se cuenta que la reina Metanira, esposa de Céleo (rey de Eleusis, lugar donde la propia diosa enseñó a los hombres la iniciación en los Misterios), encargó a Deméter que fuera la nodriza de su hijo Demofonte y que lo hiciese inmortal. Para ello, la diosa lo ungía con ambrosía y le soplaba dulcemente, meciéndolo en su regazo; por las noches lo ponía al fuego para que se quemase lentamente lo que tenía de mortal. Ello se vio truncado por la propia madre ya que, una noche, al ver a su hijo en el fuego, se asustó y gritó llena de pavor. Deméter, al ver la incomprensión de la reina, se enfadó y desistió de tal empresa. Algunas versiones dicen que Demofonte murió consumido por el fuego tras ser arrojado por la diosa, y otras que vivió desde entonces como simple mortal. Este proceso de quemar en el fuego lentamente lo que el alma tiene de mortal es el símbolo de las pequeñas muertes diarias en el iniciado, que van jalonando el camino de ascenso hacia la inmortalidad. Pero, como nos muestra este mito, el trabajo iniciático puede verse trastabillado por innumerables peligros, y especial trasiego puede implicar lo lunar y la travesía de las aguas inferiores, esto es, el mundo de lo yetsirático, zona peligrosísima esta, la de las primeras intuiciones, azotada por ciertos vientos de locura y el canto de las sirenas, deidades de las aguas inferiores, que amenazan con hacer zozobrar a la nave de nuestro viaje interno. Es el pálido mundo lunar, área de profundas confusiones, donde se definen los autoengaños. Fantasmas y elementales; larvas y formaciones. Mensajes incipientes y contradictorios (3). Como en los 12 trabajos de Heracles, el iniciado debe ir encarando y superando cada prueba, lidiando con las partes inferiores del alma, habiéndolas reconocido primero, ubicándolas, no negándolas, sí transmutándolas. Va puliendo la piedra bruta, rectificando y perseverando, cincelando así al Niño Alquímico. La vía iniciática devuelve el alma a su Origen divino y restituye la Visión sagrada del mundo. Y ese Fuego que permite quemar todas esas ilusiones y distracciones de las que se nutre el Adversario y que dificultan el trabajo, está estrechamente vinculado a la Espada de Marte –dios de la guerra y símbolo del Rigor–, merced a la cual se mantiene la guardia, evitando que no se vean malogrados los frutos de este camino de Conocimiento. Y así, este desarrollo será realizado gradualmente, haciendo pasar al ser, de escalón en escalón, a través de los diferentes grados de la jerarquía iniciática, para conducirle a la meta final de la “Liberación” o de la ”Identidad Suprema" (4). Como Heracles en su segundo trabajo cuando corta las cabezas de la hidra, la vía iniciática es el arte sagrado de ir muriendo a todos esos personajes o egos que se van reproduciendo; y tan pronto liquidas a uno, brotan dos o tres de un cariz más escurridizo e indetectable, en su incansable servicio al Adversario. La amenaza es constante en estos tiempos. En la mitología griega, Tánatos era hijo de Nix, la Noche, y hermano gemelo de Hipnos, el Sueño. Era la representación de la muerte no violenta, de la muerte dulce. Una criatura de una oscuridad escalofriante, usualmente representada como un joven alado con una antorcha encendida en la mano que se le apaga o se le cae. Se le representaba también como un joven con una mariposa o una corona. La muerte violenta era el dominio de sus hermanas amantes de la sangre: las Keres, asiduas al campo de batalla. Quizás en ocasiones toque invocar a Tánatos para que se operen esas pequeñas muertes internas, pero según sea la dimensión de la cizaña que amenaza a este trabajo, puede que toque invocar a Marte y a las Keres y así barrer de una violenta sacudida lo que está obstruyendo el paso. Estas muertes pueden experimentarse como un desgarro doloroso o desde la paz que procura la rendición profunda, en el silencio más interno del alma. La liberación es siempre un fruto delicioso como el néctar y ambrosía del que se alimentan los dioses. La iniciación es un trabajo de despeje. Como su propia raíz indica, algo despejado es algo libre de espejos. En este juego de espejos que es la realidad aparente de lo tangible, en indefinida mutación, se traza el camino que de ser atravesado conduce hacia la Liberación. Ubicado en el Centro Solar, el iniciado asiste imperturbable a lo que acontece en el Cosmos, sin afectarse por lo perecedero, porque sabe de su irrealidad. Más allá del Sol, se ingresa en el país de los inmortales, donde todas las ideas arquetípicas resplandecen en permanente estado de Gracia. La iniciación es la deificación del Hombre. El iniciado recupera esta memoria y se convierte en un símbolo vivo del Espíritu. Pero, el Espíritu, cuando se quiere dar a conocer, no lo hace a través de lo pomposo y ceremonial, ni de nada que venga del exterior sino que lo realiza por medio del silencio interno y de lo innombrable, como una fuerza que brota de lo más profundo y se expande por todo nuestro ser, iluminándolo interiormente y ordenándolo conforme a su arquetipo eterno. Lo verdaderamente universal, lo supremo, no tiene dimensiones, ni está sujeto a ningún tipo de ley terrestre y humana. Anida oculto y secreto en el corazón de los seres, que sin él carecerían de toda realidad, al igual que la circunferencia no existiría sin el punto (5). El iniciado se deja fecundar por la diosa Inteligencia. La etimología de inteligencia procede del latín inter legere, que significa: leer dentro. Alude a la capacidad de leer en los misterios del Ser y ritmarse con los designios del Cielo, para poder ir más allá de éste, incluso de su Principio, y abismarse en el ámbito de la Metafísica, del No Ser, vacuidad de donde todo procede y a donde todo retorna. Es gracias a la Inteligencia del Corazón que se puede residir en el Centro inmutable y alcanzar la conciencia de Unidad, que la estrella Polar simboliza. Las Musas son las inspiradoras de la poesía y de todas las artes, entendidas como expresión de la Inteligencia. Además se las asocia con Apolo, dios de la luz inteligible, que residiendo simbólicamente en el referido Centro solar desde el que se divisa toda Verdad, conecta directamente a través del eje del mundo con el Centro Polar. La iniciación promueve la ausencia total de deseos y posesiones mentales; es la entrega completa al Plan Divino, siendo el único propósito de existencia ser uno con el Pensamiento de Dios. El iniciado es un leño que se entrega por completo al Fuego sagrado para ser uno con la Voluntad del Principio. Los frutos de la iniciación son la Memoria en el Corazón del Ser, donde reina la conciencia de Unidad y la presencia del Principio. Hermes es la deidad motriz que despeja los velos de la ignorancia y el olvido y nos abre las puertas de la iniciación porque, en tanto que mensajero de los dioses, nos guía a los planos superiores del Ser y de lo supraindividual. René Guénon, en El Esoterismo de Dante, nos dice que "los Cielos son los estados superiores del ser" y que la iniciación verdadera es "una toma de posesión consciente de los estados superiores". La iniciación hermética es el recorrido del alma de la mano de Hermes rumbo a la Patria Celeste, a través de los Símbolos, pues todo símbolo nos lleva de la periferia al Centro y de éste a su Salida. ¡Oh esplendor de mi Dios, por quien he visto el gran triunfo del reino inmarcesible, ayúdame a decir cómo lo he visto! Arriba hay una luz que hace visible el Creador a aquella criatura que no halla sin su vista paz posible; y se despliega en circular figura, tan amplia que en su gran circunferencia el sol se ceñiría con holgura, volcando al Primer Móvil su efulgencia, el cual, al tiempo que la luz divina, recibe de él virtud, vida y potencia (6). Notas 1 Federico González Frías, En el Útero del Cosmos, DVD, Barcelona, 2007. 2 René Guénon, Apercepciones sobre la Iniciación. Ed. Sanz y Torres, Madrid, 2006. 3 Federico González Frías, En el Útero del Cosmos, DVD, Barcelona, 2007. 4 René Guénon, Apercepciones sobre la Iniciación. Ed. Sanz y Torres, Madrid, 2006. 5 Federico González y colaboradores, Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha, Acápite "Lo más pequeño es lo más poderoso". Symbolos nº 25-26, Barcelona, 2003. 6 Dante Alighieri, La Divina Comedia. Editorial Alianza, Madrid, 1995. - Artículo*: Letra Viva. 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