De pronto uno se encuentra perdido..., no sabe muy bien por donde ir, cómo proceder... , miramos todo en rededor y nuestra atención se activa especialmente, ...se dice que hay que perderse para encontrarse. BOSQUE-SELVA El simbolismo del bosque es análogo al de la selva y se refiere a un estado del alma correspondiente a los de esos elementos geográficos que se caracterizan por su impenetrabilidad, adustez y donde es fácil perderse, tal el alma en el variado peregrinar de la existencia. Lo intrincado de las formas de árboles, plantas, hojas y ramas constituye una red en la que el hombre puede sentirse atrapado, sin encontrar una salida a los miedos y angustias producidos por estar desamparado dentro de bosques o selvas sin solucionar sus más elementales problemáticas. Bosque y selva sin embargo se diferencian en fauna y flora sin que los peligros enunciados arriba cesen para aquéllos que son víctimas de estas simbólicas. No obstante tanto en los bosques como en las selvas existen abras y claros donde poder reposar momentáneamente y ver la inmensa majestad del cielo. En muchas sociedades estos espacios son tomados como lugares de culto tal cual lo hacían las mujeres que en la Edad Media y en la época de la Inquisición la religión denominaba brujas. Incluso en ellos se han erigido templos. Salir de estos accidentes es análogo a partir del laberinto y encontrar el camino de vuelta a nuestra mansión de la que no hemos salido nada más que de modo aparente. Es sabido que los bosques han sido habitados desde siempre por espíritus que aparecen en la leyenda de muchísimos pueblos; es la foresta, escenario donde se desarrollan muchas de estas acciones míticas y el permanente asombro que provocan. Lo mismo es válido para la selva y las emanaciones de su propia naturaleza las que suelen ser tomadas como narcóticas y mágicas. Los gnomos, los silfos, las ondinas y las salamandras son habitantes de las espesuras y allí permanecen vivos. Dante coloca al alma en el comienzo del recorrido de la Divina Comedia, en una selva oscura donde la suya estaba perdida. A veces en el bosque también se dejan oír las cigarras. CIGARRAS Se cuenta que, en otros tiempos, las cigarras eran hombres de esos que existieron antes de las Musas, pero que, al nacer éstas y aparecer el canto, algunos de ellos quedaron embelesados de gozo hasta tal punto que se pusieron a cantar sin acordarse de comer ni beber, y en ese olvido se murieron. De ellos se originó, después, la raza de las cigarras, que recibieron de las Musas ese don de no necesitar alimento alguno desde que nacen y, sin comer ni beber, no dejar de cantar hasta que mueren, y, después de esto, el de ir a las Musas a anunciarles quién de los de aquí abajo honra a cada una de ellas. En efecto, a Terpsícore le cuentan quiénes de ellos la honran en las danzas, y hacen así que los mire con mejores ojos; a Erato le dicen quiénes la honran en el amor, y de semejante manera a todas las otras, según la especie de honor propio a cada una. Pero es a la mayor, Calíope, y a la que va detrás de ella, Urania, a quienes anuncian los que pasan la vida en la filosofía y honran la música. Precisamente éstas, por ser de entre las Musas las que tienen que ver con el cielo y con los discursos divinos y humanos, son también las que dejan oír la voz más bella. De mucho hay, pues, que hablar, en lugar de sestear, al mediodía. (Platón, Fedro). (Entradas del Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos de Federico González Frías)
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