CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS E INICIACIÓN En el mes de junio, dentro del año litúrgico católico, se destaca la solemnidad del culto al Sagrado Corazón de Jesús, con cierto realce en nuestro país, pues fue aquí que por primera vez el gobierno de una nación – en este caso, el liderado por el presidente Gabriel García Moreno – consiga que las autoridades religiosas, luego el Senado y a la Cámara de Diputados, mediante decretos, consagren al país a dicha devoción, en otras palabras, convertir al Ecuador en la “República del Santísimo Corazón de Jesús”. Las corrientes clericales de todo tipo nos han presentado esta iniciativa como una reacción piadosa de García Moreno e inspirada de “lo alto” para contrarrestar la creciente secularización de la sociedad ecuatoriana; en realidad no fue más que una de los varias tentativas promovidas por la Compañía de Jesús para materializar un proyecto teológico-político de gran alcance, mediante la manipulación política de este culto. Este plan consistía en establecer un “Reino social de Cristo” a nivel planetario, cuyo trasfondo era traspasar la potestad jurídica de toda comunidad política a la Iglesia católica, es decir, al pontífice y, claro está, fungía como intermediara en esta operación la orden ignaciana. Esta aspiración güelfa se la impulsaba desde el siglo XVII, tanto es así, que en el s. XVIII, las coronas española, portuguesa y francesa juzgan a la Compañía como una amenaza política justamente por varios intentos para deslegitimarlas, siendo uno de éstos, mediante la distorsión de la devoción que estamos tratando. (Para quienes les interese profundizar estas maniobras pluriseculares por parte de los jesuitas, consultar las documentadísimas obras de Daniel Menozzi: Sacro Cuore. Un culto tra devozione interiore e restaurazione cristiana della societá. Viella s.r.l., Roma, 2001 y Da Cristo Re alla cittá degli uomini. Editrice Morcelliana, Brescia, 2019.) A partir de la década de los sesenta del s. XIX, quien renueva las directrices de este proyecto teocrático es el jesuita francés Ramiere a través de varias publicaciones y asociaciones creadas ad hoc, pero es Víctor Drevon –otro jesuita- el que conduce a otro nivel este designio, ya que junto con el barón español-ruso Alexis de Sarachaga (1840-1918), reconocido hermetista-ocultista cristiano, fundan en Paray-le-Monial un centro de estudios denominado Hiéron du Val d’Or y sus objetivos principales son: 1) Demostrar los orígenes lejanos del cristianismo, el cual se remonta a la Atlántida. 2) Reconstituir esta tradición sacra venida de ese hogar primitivo, apelando a la gnosis, a la hermenéutica y la cábala cristiana. 3) Anunciar y preparar, para el año 2000, el reinado político y social del Cristo-Rey. 4) Enseñar el nombre sagrado de Aor-Agni (Luz-Fuego), clave de todo conocimiento. Llama la atención que esta organización “católica” de contenidos y actividades paródicas alarmantes, recibió apoyo directo por parte de las altas esferas del Vaticano, incluido el papa León XIII, quien no tuvo empacho en agraciarla con la Orden de Pio IX y, al barón de Sarachaga, a más de dos breves para encorajarle en su tarea, la misma autoridad espiritual le nominó Comendador de la Orden Constantiniana… En cuanto a la veracidad de las doctrinas difundidas por este centro, basta recordar las polémicas protagonizadas por Guénon y el director de la revista Atlantis,Paul Le Cour (continuador de la escuela pseudoesotérica-ocultista del barón de Sarachaga y uno de los pioneros en la difusión de la New Age), especialmente sobre “esa estrafalaria asociación verbal”, como la define Guénon, al burdo sincretismo ínsito en el nombre “sagrado” Aor-Agni… Con la muerte de Sarachaga y de varios personajes de su entorno, el Hiéron du Val d’Or queda bajo la dirección de los esposos Noaillat, quienes darán una orientación más ortodoxa, al ir paulatinamente desprendiéndose de las ideas pseudoesotéricas del barón y su énfasis en la misión política-religiosa de este centro, al procurar retomar la doctrina católica sobre el Reino de Dios que debe ser buscado al interior nuestro, y particularmente en nuestro corazón. En este ambiente nace la revista Regnabit, dirigida por el padre Anizan, de los Oblatos de María Inmaculada -quien frecuentaba el centro Paray-Le-Monial-, con el objetivo de recuperar toda la riqueza dogmática, simbólica, litúrgica, etc., que comporta el culto al Sagrado Corazón de Jesús y, demostrar que éste es una Revelación dirigida al Intelecto y no al sentimiento, un vínculo entre el Intelecto y el pensamiento, y por tanto, superar la degradación de las corrientes devocionales, sentimentales o individualistas imperantes en el catolicismo. Gracias a la invitación de su amigo Charbonneau-Lasay, Guénon colaborará en esta revista a partir del 1925 hasta 1927, y será la oportunidad para dar a conocer en los ambientes católicos la doctrina sobre la Tradición primordial, la importancia del conocimiento simbólico y, obviamente, apoyado en este último, la estrecha relación entre la concepción tradicional del “Centro” y el Sagrado Corazón de Jesús. Vale anotar que Guénon no se refirió o relacionó, en sus escritos para Regnabit,a la Iglesia de Oriente u ortodoxa - especialmente su vía hesicasta - con el culto al Sagrado Corazón, pues ciertas similitudes de su simbolismo con la teología o mística oriental son conocidas en Occidente desde los años veinte del siglo pasado (gracias a los estudios de Vyseslavcev y Hausherr), principalmente por el rol central que desempeña en esta tradición la conocida oración del corazón. Es posible que el metafísico francés en ese entonces no haya tenido mucho conocimiento de la teología mística ortodoxa y de su parte interior, el hesicasmo; más bien el interés de Guénon y Charbonneau-Lasay parece que iban por el despertar de ciertas organizaciones herméticas/iniciáticas con raigambre medieval, es decir, sin salirse del esoterismo cristiano occidental. Sin embargo, a mediados de los años treinta, en las cartas dirigidas a su corresponsal rumano Vasile Lovinescu, como también en un artículo enviado a Michael Avramescu para ser publicado en la revista Memra, se encuentra la preocupación por parte de Guénon por descubrir sí existió o subsiste una cadena iniciática en la Iglesia ortodoxa, como por ejemplo, en la comunidad de monjes ortodoxos del Monte Athos. Lamentablemente las indagaciones no tuvieron ningún resultado, pues el mismo Lovinescu, al poco tiempo de su vista a dicho Monte, se adhirió al Islam y alcanzó en él sus aspiraciones iniciáticas. De todos modos, se advierte en Guénon nunca dejó de interesarse por este asunto, lastimosamente es a pocos años antes de su fallecimiento cuando empieza a recibir informaciones más concretas sobre el particular, fundamentalmente por parte de los rumanos Valsan y Avramescu, y de su coterráneo Jean Tourniac. Este conocimiento sale a relucir en la coyuntura de su rompimiento con Schuon, debido al artículo publicado por el suizo sobre los Misterios crísticos (1948). Como es sabido, la tesis de Schuon es que en el cristianismo, específicamente en los sacramentos del bautismo y la confirmación, subyace un carácter iniciático indeleble, por lo tanto, todos los que profesamos esta fe, al recibir dichos sacramentos ipso facto nos convertimos en “iniciados”, sin importar sí tenemos conciencia o no de este estado, por lo cual no sería necesario buscar otro tipo de iniciación… A continuación, Guénon rebate estas afirmaciones en su artículo Cristianismo e Iniciación, pero lo que nos interesa en este momento, es la referencia directa en éste sobre la existencia de una iniciación en las Iglesias de Oriente, esencialmente en el hesicasmo, y se mantendría hasta ese entonces gracias a una cadena iniciática ininterrumpida. Curiosamente, en otra polémica en el año de 1965, pero esta vez entre Michel Valsan y Marco Pallis, donde se vuelve a tratar el tema de la iniciación en las Iglesias de Oriente, ya que el segundo publicó un artículo sobre la rasgadura del Velo del Templo, en la tónica de Schuon, al interpretar este evento evangélico como la confirmación de la ausencia en el cristianismo de una separación entre el dominio del exoterismo y esoterismo, es decir, no existe la necesidad de un rito iniciático y la vinculación a una cadena de esta naturaleza, ya que con los sacramentos religiosos es suficiente. La respuesta de Valsan no se hizo esperar, al refutar una a una las tesis de Pallis, fundamentándose en Simeón el Nuevo Teólogo, conocido santo hesicasta del s. X y XI, por medio de la doctrina de la “caducidad” del bautismo, de la existencia de ritos especiales como la imposición de las manos, otros donde se ingieren bebidas benditas, unciones de óleos sagrados, etc., realizados por un padre espiritual, que no necesariamente procede de las jerarquías eclesiásticas, pero quien es el que transfiere, mediante tales ritos, el Espíritu Santo. En resumen, de lo que aquí se trata es de ritos diferentes a los sacramentos ordinarios y, por supuesto, de la transmisión de una “influencia espiritual” (para quien desee profundizar esta discusión, ver: Michel Valsan: Sufismo ed Esicasmo. Edizioni Mediterranee, 2000). Otro punto muy interesante de esta polémica, es la noticia que da Valsan sobre la existencia de un cenáculo de oración en Bucarest, vinculado a la tradición ortodoxa, denominado la Zarza ardiente. Este grupo nace en 1939-40, formado por laicos y sacerdotes, con el objetivo de profundizar el conocimiento de la tradición espiritual de la Iglesia de Oriente y su oración del corazón, recorriendo la vía hesicasta. Su centro de “operaciones” fue el Monasterio de Antim, el monasterio de Todos los Santos. Se convirtió en su padre espiritual un monje ruso llamado Padre Iván Kulygin, el “peregrino extranjero”, que huía de la Armada Roja y consiguió refugiarse en 1943 en el Monasterio de Cernica, cerca de Bucarest. Según las investigaciones realizadas por Valsan (expuestas en libro antes citado), especialmente por la información y confirmación proporcionada por Anton Dumitriu y monseñor Andrei Scrima, ambos miembros del mentado grupo, la Zarza ardiente sería una organización esotérica vinculada a una cadena iniciática de orden hesicasta. Dejaremos a un lado los testimonios aportados por Dumitriu, pues resultó ser un personaje poco confiable, por lo que nos centraremos en las contribuciones de Mons. Scrima (Para comprender el entorno y los distintos personajes que han sido parte de este renacimiento hesicasta y guenoniano en Rumania, consultar la imprescindible obra del profesor Claudio Mutti: Eliade, Valsan, Geticus e Gli Altri. Edizioni all’insegna del Veltro. 1999) El destino del cenáculo de la Zarza ardiente fue trágico. En 1946 el padre Iván será arrestado por los soviéticos y en 1947 condenado a 10 años de trabajos forzados, por lo que será transferido a la Unión Soviética, donde se perdió todo rastro de él. Posteriormente en 1958, el gobierno de Rumanía - ya bajo la órbita comunista- dicta orden de prisión para todos los miembros de la Zarza ardiente, pues son acusados de ser una “organización clandestina, que desarrolla actividades hostiles al orden socialista de Estado”; por lo que casi todos terminan en los calabozos de su país, de los cuales pocos sobrevivirán a sus condenas. El único miembro que pudo escapar de la persecución fue el fino teólogo Andre Scrima, quien se encontraba en ese entonces en la India, debido a que se ganó una beca de estudios concedida por el mismísimo presidente hindú Radhakrishnan, quien quedó sorprendido por los amplios conocimientos de la doctrina hindú y el dominio del sanscrito de este joven monje ortodoxo. Luego de años de estudios en Europa y el cercano Oriente, su fama de gran teólogo llegó a oídos del patriarca Athenágoras, quien le nombró su representante personal en el Concilio Vaticano II, por lo tanto fue elevado a la categoría de Archimandrita; igualmente, era reconocida su valía intelectual por varias prestantes figuras en occidente, entre ellas, Mircea Eliade, quién le invitó para que dicte cátedra por algunos años en la Universidad de Chicago. En 1958, el padre Scrima publica un artículo: L’avenement philocalique dans l’Othodoxie Roumaine, donde hace referencia a la existencia y las actividades del grupo la Zarza ardiente¸ aun cuando se desmarca de las concepciones tradicionales de Guénon y niega cualquier clase de iniciación secreta en ese grupo y en el hesicasmo, como también la existencia de la diferencia entre exoterismo y esoterismo, pero reconoce que la “bendición de gracia” es similar, pero no idéntica, a una iniciación virtual. Las razones para esta ambigua actitud se desconocen, pero hay que esperar hasta 1996, a 4 años de su muerte, la publicación de su libro: El tiempo de la Zarza Ardiente. El maestro espiritual en la tradición oriental (manejamos la versión italiana: L’accompagnamento spiritual. Edizioni Qiqajon. 2018), en el que retoma la historia del mencionado grupo y esta vez, mediante un método hermenéutico, dilucida párrafo por párrafo una carta del padre Iván - que dejó como herencia a los principales miembros de la Zarza -, entre los más interesantes: confirma que la bendición, de la que hablaba el padre Iván, es un rito de transmisión, es decir de iniciación espiritual, y que está dada como núcleo de una potencialidad que debe ser desarrollada, actualizada, por intermedio de la oración del corazón y el don de lágrima, actuando ambas, como un segundo bautismo. Igualmente, la existencia de una cadena iniciática, cuyo representante era el padre Iván, pues fue el “custodio de la herencia”, el “centinela de la tradición espiritual”, y, además, tuvo “el don de poder transmitir la bendición a otros”, es decir, “la transmisión de la bendición - de la iniciación- mediante la imposición de las manos”. En cuanto a uno de los temas más controversiales de Guénon, el de los Centros sagrados, el padre Scrima comenta la “existencia de algún tipo de topología de la ocultación: son lugares, centros en los cuales la tradición tiene sus fuentes, con custodios, centinelas vigilantes, hombres investidos de una especial responsabilidad: lugares celosamente custodiados”. A continuación describe esta “cartografía subterránea de la tradición”, que no solo es una peregrinación interior, sino también una exterior que debe ser recorrida, “encontrando los lugares custodiados por los antiguos padres: las ermitas, sus montes, en rincones escondidos a los ojos del mundo. […] el testimonio de una símil región que integra a la ortodoxia (en sentido exterior) con aquella que llamaré tradición oriental, extendiéndose hasta las fronteras –todavía en sentido exterior- del Asia.” Sobre este límite geográfico tradicional, mencionamos arriba la predilección del padre Scrima por la tradición Hindú… En fin, el monseñor no solo reconoce la autoridad de Guénon, sino que emplea su terminología característica cuando expresa sus ideas sobre el tema espinoso - ya que sus lectores eran teólogos ortodoxos y católicos - sobre la iniciación. Es así que la única crítica que dirige al maestro francés es haber negado o minimizado la capacidad iniciática dentro de la Iglesia ortodoxa. Como podemos observar, Guénon no estuvo para nada desacertado al interesarse por la riqueza espiritual que subyace en el culto al Sagrado Corazón de Jesús y luego por la atención prestada a la posibilidad de la existencia en el s. XX de una cadena iniciática activa en la Iglesia ortodoxa, en su práctica hesicasta. En este desierto espiritual que vivimos los hispanoamericanos, aún más nosotros los ecuatorianos, esta devoción nos abre ciertas posibilidades para vislumbrar la existencia de otras vías de ascesis y contemplación, más cercanas a nuestra realidad e igual de tradicionales. Gracias a esta pequeña investigación, nos ha permitido conocer la existencia, en la Francia del s. XVII, de un método ascético-mystico mediante una oración cordial repetitiva, similar a la hesicasta (cfr. Jean-Marc Boudier, L'ORAISON CORDIALE. Une tradition catholique de l'hésychasme, L’Harmattan, Paris, 2013). Concomitante con este tema, vale la pena estudiar a los padres griegos y a toda esa pléyade de santos y teólogos pertenecientes la tradición ortodoxa, especialmente a los que giran alrededor de la oración del corazón. Recordemos que Guénon consideró muy interesante el libro de Vladimir Lossky, La Teología mística de Oriente. (Editorial Herder. 1982), como también su recomendación en unas cartas a Tourniac: “con relación a un exoterismo para los que quieran permanecer en la tradición cristiana, la ortodoxia representa seguramente la mejor solución, puesto que la validez de sus sacramentos no es puesta en duda por nadie”. Luego de las consecuencias desastrosas del Concilio Vaticano II, esta frase es digna de consideración. Hemos tratado de ser lo más sintéticos posibles, porque este tema del Sagrado Corazón de Jesús da para largo, pero no queremos dejar de mencionar el libro que nos ha servido de guía para esta publicación: el del profesor Enrico Montanari: La Fatica del Cuore. Editoriale Jaca Book SpA. 2003. Hay más bibliografía utilizada, pero no nos parece necesario, por el momento, atosigar más a nuestros posibles lectores con más citas, por esto solo nombraremos para mayor referencia: Marie-France James: Ésotérisme et Christianisme autour de René Guénon, Jean-Pierre Laurant: René Guénon. Esoterismo e Tradizione y otro: Lo Sguardo Esoterico; Salzani et Zoccatelli: Hermétisme et Emblématique du Christ; Zoccatelli: Le liévre qui Rumine; David Bisson: René Guénon. Une politique de l’esprit; Marco Totti: Aspetti Storio-Religiosi del Metodo di Orazione Esicasta; la revista Política Hermetica N° 12. Doctrines de la Race et Tradition. A modo de posdata: así como empezamos este estudio con una perspectiva política relacionada al culto del Sagrado Corazón, queremos cerrarlo con similar enfoque, para comprobar que dicho proyecto teológico-político no es cosa del pasado, al contrario, sigue vigente y promovido por la misma orden sacerdotal, eso sí con diferentes rostros y estrategias, pero sin descuidar la meta a conseguir. En ese sentido, no tiene desperdicio los primeros 13 minutos de la siguiente entrevista realizada al “tradicionalista” ruso Alexandr Dugin, https://www.youtube.com/watch?v=um8Ta0oUwwk&t=394s, quien se ha convertido en el portavoz de estas fuerzas deletéreas dentro de los ambientes nacionalrevolucionarios de Hispanoamérica. Según él, resulta que para formar la identidad de los pueblos de nuestro continente, ¡el papel central lo tiene la Iglesia católica!, y nos recomienda para tal menester, una “teología de los pueblos” - casi similar a su Cuarta Teoría Política -, generada por un círculo de jesuitas argentinos, cercanos a los sacerdotes que rodean a Bergoglio, entre los primeros, el padre Alfredo Sáenz, conocido güelfo de larga data. Esta teología de los pueblos será la encargada de dar una nueva representación de la fe católica y, por otro lado, proporcionará ese toque trascendente que falta a las ideologías políticas modernas, y de esta manera permitirá entrar esta dimensión cristiana trascendente en la vida cultural y social de los pueblos hispanoamericanos. No nos queda más que estar atentos a esta innovadora teología populista, de impronta bergogliana, y con claros designios geopolíticos. Francisco de la Torre Artículo*: Unknown Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas Pueblo (MIJAS NATURAL) *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos
Guénon en Ecuador
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