Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

lunes, 10 de mayo de 2021

Psicópatas. Juan Manuel de Prada

Psicópatas Juan Manuel De Prada ANIMALES DE COMPAÑÍA Son muchas las películas y novelas de diverso fuste y pelaje que han popularizado la figura del psicópata, convirtiéndolo en un emblema de nuestra época; y, en ocasiones, en el héroe o antihéroe de un tiempo oscuro que, a la vez que se horroriza, se regodea en su figura, con una fascinación creciente (hasta el extremo de que, en muchas series televisivas recientes, los psicópatas se convierten en personajes diseñados para provocar la ‘empatía’ de las audiencias cretinizadas). Por otro lado, a través de los medios de comunicación, es cada vez más frecuente tropezarnos con casos que hielen la sangre en nuestras venas de psicópatas que perpetran los crímenes más abominables, con pasmosa frialdad, con ensañada premeditación y absoluta falta de remordimiento. La psicopatía no es un trastorno mental (como lo es, por ejemplo, la esquizofrenia), sino un trastorno de la personalidad que no implica necesariamente incurrir en un comportamiento criminal. A los psicópatas la psiquiatría los describe como individuos pragmáticos, manipuladores, mentirosos, egocéntricos, antisociales (pese a gozar con frecuencia de un magnetismo innegable), impulsivos por naturaleza (pero en ningún caso nerviosos), carentes de empatía, irregulares en sus estados de ánimo, con una vida sexual deshilachada y deshumanizada y unas relaciones sentimentales inconsistentes que –en caso de existir– son un cúmulo de fingimientos. El psiquiatra alemán Kurt Schneider, que se dedicó a diseccionar y clasificar las diversas personalidades psicopáticas, destacó que existen psicópatas hipertímicos (es decir, eufóricos e hiperactivos), depresivos, inseguros, fanáticos, necesitados de estima, abúlicos, asténicos… Aunque el elemento unificador de su conducta sea siempre la ausencia completa de sentimiento de culpa o de remordimiento. El análisis de los rasgos de carácter y la descripción de los modelos de conducta propios de la psicopatía nos confronta con una realidad pavorosa. ¿No son, acaso, los rasgos de carácter y los modelos de conducta que nuestra época ha consagrado? ¿No podríamos, acaso, describir a muchos de nuestros políticos y a nuestros ídolos mediáticos (los que mayor aclamación popular provocan) como individuos manipuladores, mentirosos compulsivos y egomaníacos furibundos que disfrazan su odio al género humano con un magnetismo acaramelado? ¿No son las relaciones sexuales despersonalizadas y la falta de vínculos afectivos las propias de la era Tinder? ¿Acaso la hipertimia y la depresión, la inseguridad y el fanatismo, la abulia y la astenia, no son afecciones propias de un tiempo hipertecnologizado en el que la vida ha perdido sustancia y trascendencia? Y, sobre todo, la ausencia completa de culpa o de remordimiento ¿no se ha convertido en la característica más notoria del Homo democraticus, incapaz de hacer un discernimiento moral de sus acciones? El gran inquisidor de Dostoievski lo explicaba maravillosamente bien: «Les permitiremos pecar, ya que son débiles, y por esta concesión nos profesarán un amor infantil. Les diremos que todos los pecados se redimen si se cometen con nuestro permiso. Y ellos nos mirarán como bienhechores, al ver que nos hacemos responsables de sus pecados ante Dios». Hasta el momento no se ha encontrado una cura para el trastorno psicopático, ni tampoco rehabilitación posible. Y, entretanto, los crímenes de naturaleza psicopática son cada vez más frecuentes. Nadie, sin embargo, se atreve a explicar las causas de su proliferación. Y tampoco nos atrevemos a explicar las razones por las que sus crímenes sombríos nos despiertan tanta fascinación. No tenemos valor para designar la enfermedad moral que anida detrás de esa fascinación, ni la causa de la proliferación de las conductas psicopáticas, porque íntimamente sabemos que nuestra época es el vivero perfecto para este tipo de trastorno; porque íntimamente sabemos que tales monstruos –aunque nos repitan hasta la extenuación que están determinados por un código genético que los configura fatalmente– son hijos de un determinado clima social y espiritual. Y ese clima que contribuye a la floración de caracteres psicopáticos es el que promueve nuestra época, con sus nuevas formas de vida desvinculadas y artificiosas, con su abandono de Dios, con su negación de los frenos morales, con su dependencia tecnológica, con su solipsismo incapaz de ver en el prójimo otra cosa que no sea un instrumento para la satisfacción de sus intereses egoístas. Los psicópatas –como el lector hipócrita de Baudelaire– son nuestros semejantes, nuestros hermanos, hijos de las fuentes envenenadas de las que todos bebemos con fruición. Hijos de un tiempo podrido que es el nuestro. La entrada Psicópatas aparece primero en XLSemanal. Artículo*: Juan Manuel De Prada Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas Pueblo (MIJAS NATURAL) *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.
Animales de compañía. 'Psicópatas', por Juan Manuel de Prada

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