Después de los teosofistas –que no tendrán nunca antagonista más declarado que él- Guénon se dedica sin miramientos a los propagandistas de un “Vedanta occidentalizado” (la mayoría, sea dicho de paso, nativos de Bengala ). Comentando la fundación por Râm Mohun Roy (1772-1833) –aquel al que se ha llamado “el padre de la India moderna- del Brahmo Samaj o “Iglesia hindú reformada”, nota que “esa fue, de hecho, la primera tentativa por hacer del Brâhmanismo una religión en el sentido occidental de la palabra”. Ahora bien, aunque desde esa época, mucha agua a corrido entre las orillas del Ganges, se constata que esta voluntad de transformar el hinduismo en “religión” (y en religión militante ) persiste, aunque bajo formas modificadas, en la India de hoy en dia. En los tiempos del Raj británico, se trataba de realizar una improbable síntesis entre la filosofía de la luces, un cierto protestantismo moralizante y el brâhman impersonal del Vêdânta, y un tal sincretismo, nebuloso y hostil a la casta brahmánica, hacía más bien el juego al colonizador. En nuestros dias, es sobre fondo xenófobo y de nacionalismo exarcebado que prosigue el proyecto de imponer una “religión hindú” capaz, no solamente de concurrencia, sino de excluir al islamismo y al cristianismo, religiones extranjeras. Sin embargo, el espíritu antitradicional desde un punto de vista guenoniano, es el mismo, y bien ingénuos son aquellos que confunden el Sanâtana Dharma auténtico con este tradicionalismo crispado o este falso “retorno a la Tradición” que encarna sucesivamente, y con diferentes contorsiones, el Arya Samaj, la Hindú Mahasabhâ, el RSS u otros movimientos políticos más recientes. Otro hindú occidentalizado del que Guénon soportaba mal la tendencia al proselitismo y la vulgarización: Vivekânanda (1863-1902), “discípulo del ilustre Râmakrishna, pero infiel a sus enseñanzas”: es un veredicto demasiado grave si se rememora el lazo espiritual del todo privilegiado que ha unido a estos dos yoguis. Guénon dirá mejor otro dia : “Vivekânanada habría podido ser un hombre muy remarcable si hubiera asumido una función conveniente a su naturaleza de Kshatriya, pero el rol intelectual y espiritual de un Brâhman ciertamente no estaba hecho para él”. Sin embargo, ¿no es reducir un poco demasiado al personaje? A parte de sus conferencias y de sus escritos que se resienten del estilo humanitario y progresista de la época, Vivekânanda era un ser de fuego, dotado de un carisma extraordinario. Y ya que Guénon convenía que el temperamento “Kshatriya” era el predominante en los occidentales, ¿un tal maestro no les hubiera sido perfectamente apropiado? Sobre sus contemporáneos hindúes más célebres Guénon poco se equivocó. De entrada, percibió la autenticidad de Ramana Maharshi. Estimó a Tilak (1856-1920), que compartía con él la certeza de un origen “ártico” del Vêda y hacía de la Bhagavad-Gita una lectura netamente más “viril” que Gandhi. El pensamiento de Krishnamurti, incluso después de desvincularse, no sin coraje, de la Sociedad Teosófica, no podía seducirle (y menos aún si lo hubiera conocido en sus últimos desarrollos ): en principio, porque en su deseo arisco de partir en búsqueda de la verdad, repudia violentamente todas las tradiciones, tirando por así decir “al bebé junto con el agua del baño”; igualmente, y como nada nuevo hay bajo el sol, lo que encuentra de la tradición y como a pesar de ella, es más budista que hindú, yendo en un sentido desestructurante y disolvente poco simpático a Guénon. Por último, porque es fuertemente psicológico, a tal punto que podría preguntarse si Krishnamurti no pertenece más a la historia de la psicología que a la de la espiritualidad. Pues, Guénon aborrecía todo “psicologismo” aplicado al dominio metafísico o simbólico. En cuanto a Aurobindo, la apreciación de Guénon fue bastante cambiante, muy favorable al principio, más reticente al final (y sin duda fue francamente reprobadora después de la muerte del maestro y con respecto a la “Madre” y hacia aquellos que pretendían prolongar su enseñanza ). El “evolucionismo” de Aurobindo, siendo más luminoso que el de Nietzsche y más inteligente que el de Teilhard de Chardin, no era menos conciliable, para Guénon, con la auténtica doctrina de los ciclos cósmicos. Enfin, la terminología pesada y enrevesada que el sabio de Pondichéry creyó bueno reinventar para exponer concepciones a menudo tradicionales, no podía más que molestar a Guénon, tan riguroso y tan neto en cuanto al vocabulario. En el fondo, Aurobindo, ¿no habrá sido el primer hindú en crear un “sistema filosófico”, lo cual no eran por cierto los darshanas antes de él ? Esta marca de individualismo explicaría la atracción que ejerce sobre los intelectuales occidentales, además del aspecto “progresista”, a los cuales ellos son generalmente sensibles. Pero, por otro lado, se observará que, desde la muerte de Aurobindo (que se produjo el mismo año que la de Ramana Maharshi, último gran sabio tradicional de la India (25), ningún esfuerzo especulativo de envergadura ha aparecido en ese país. Y ese “estancamiento” espiritual, sobre el cual volveremos, no nos deja de inquietar. Link a articulo original Tradicionalismo Hinduismo René Guénon Pierre Feuga - Artículo*: Tradición Perenne - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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