LA BIBLIOTECA Y PINACOTECA DIVINA La caverna es el lugar de las iniciaciones, ora asimilada al corazón humano, ora a la base de su columna vertebral. Simbolismo vinculado al de la montaña en cuyo interior se encuentra (1). En esa cueva o caverna del corazón en el interior de la montaña, llena de piedras preciosas esperando ser descubiertas, es donde está mi morada. Esa es mi casa, por allí es por donde camino, de estancia en estancia, entrando y saliendo de ellas, mundos dentro de mundos; bajo dos escalones que vuelvo a subir, y otro más, para llegar a una puerta al final de un pasillo que se abre a un espacio otro, y van apareciendo los libros que descubro de nuevo, que me llevan por senderos de la Memoria donde recuerdo el pasado y el futuro, mi origen y destino, que se conjugan en el ahora que siempre es, el presente, sin antes ni después, pues todo se escribe, pinta o traza permanentemente en el alma del iniciado. Obra ordenada por una Inteligencia Viva conforme al dictado de la Sabiduría, o sea, del Verbo espermático que a perpetuidad la fecunda haciendo posible la revelación del Pensamiento de Quién se inventa o se piensa a sí mismo, “invisible como la noche e impalpable como el viento”, “que tiene todo en sí”, pues es “el que está junto a todo, y junto al cual está todo, Señor del Cerca y junto”. De la Nada, del Misterio Insondable, el Dios Desconocido, un punto de Luz que se proyecta cual rayo vertical hasta su límite atravesando todos los planos y mundos que el crea, cuyas posibilidades expansivas se expresan horizontalmente hasta los confines del espacio y el tiempo que él fija en cruz, es decir la creación de un mundo signado por el número cuatro. Todo está escrito en ese espacio dibujado y pintado, medido y pesado, ordenado por una Inteligencia que a partir de un gesto primordial, de una primera determinación, que es ahora, fijada en un punto, traza un circulo marcando los límites de su manifestación. Y todo sucede en el corazón del hombre, en su interior, cual libro abierto donde la pluma divina escribe la totalidad de lo manifestado, un mundo, un Cosmos, pues “hay otros mundos pero están en éste”. Lugar de iniciaciones, sacrifico, entrega, muerte, y de una resurrección liberadora. Dice Federico González en su Diccionario de símbolos del Tarot que, El mundo, para muchas tradiciones, está equiparado a un libro donde la pluma divina escribe, o pinta, constantemente la totalidad de lo manifestado. Este libro de la vida es el texto sagrado y sapiencial por excelencia, imagen paradigmática de cualquier escritura y de todo libro, revelado o no. El Creador ordena a los escribanos celestes el ejecutar cada parte de la obra que él dirige en relación a los ritmos, secuencias y conjuntos armónicos que en sí mismo organiza. Su lenguaje es necesariamente poético en cuanto rítmico, y profético por su desarrollo. En el Libro de la Vida están escritos todos los nombres y por lo tanto aquéllos que pueblan el universo, por más pequeños o insignificantes que nos parezcan (2). Por lo que: Homologar el universo con una casa de pinturas –al igual que aquélla donde se guardaban los códices–, la biblioteca y pinacoteca divinas, y al hombre como capaz de recrear el canto universal (ser su bardo o ministro), es una explosión de formas y colores, algo deslumbrante (3). Para Federico la construcción de su biblioteca era análoga a la construcción del mundo, del universo, donde todo estaba contenido. Inscripta en nuestra alma está la pinacoteca divina, que vamos descubriendo a medida que abrimos el libro de la Vida allí pintado, dibujado y ordenado acorde a un modelo del que somos receptáculos, intermediarios y mensajeros al vivenciarlo, convirtiéndonos en los transmisores de una realidad siempre presente, que está en permanente creación. Por otra parte y refiriéndose a Sor Juana Inés de la Cruz (4) y su magnífica biblioteca recogida en el claustro de San Jerónimo donde se retiró a vivir, Octavio Paz nos dice que Una biblioteca es el reflejo de su dueño. Pues sí, eso es así. El hombre es lo que conoce. ¿Qué otra cosa podría ser sino la suma de sí mismo? Hijo de Hermes, Federico fue un poeta y gran artista, mago y teúrgo, alquimista, sabio, y como no, gran lector, visionario, hombre refinado y culto, inquieto, incansable viajero y buscador, amante de la Sabiduría, y en su biblioteca, a la que solía llamar “La Academia”, se encuentra todo el saber recogido en los libros que fue adquiriendo a través de su vida. Amante de la Belleza en todas sus expresiones, atesoraba en su casa colecciones enteras de arte de todos los pueblos que visitaba y cuyas culturas conocía a fondo. No había tema que no conociese, al igual que todos los libros que conforman su extensa biblioteca en la que no hay ninguno que no hubiera leído, o hecho algún apunte al margen de página o colocado una marca para encontrar con prontitud dónde y en qué lugar de ese texto había leído tal o cual tema, una idea, que en realidad recordaba de manera asombrosa. Había ordenado su biblioteca por grandes temas, y en el centro sobre una mesa, Hermes presidiendo aquel palacio de la Sabiduría, saliendo del soplo de un hado, con báculo en mano, señalando el cielo. Su escritorio no tenía lugar fijo pues solía cambiarlo según crecía este recinto sagrado, “lugar donde se ocultan tesoros”. Aunque muy rara vez se sentaba en él para escribir o leer; más bien, allí, en los varios cajoncitos estaban guardadas cajitas con tesoros simbólicos que iba ordenando a manera de talismanes y objetos mágicos, cartas, escritos, notas, apuntes, muchas veces en pedacitos de papel o servilletas en los que había recogido una idea, una chispa, un recuerdo salido de su pensamiento cuando en sus viajes o en su vida cotidiana solía parar en algún café, o en cualquier lugar, y raptado en la contemplación de todo lo que le rodeaba, anotaba en lo que tenía a la mano la audición del soplo de Hermes. Pero este recinto sagrado, esta pinacoteca divina, tiene una estructura que una vez aprehendida o conocida se hace más fácil su tránsito y el encuentro con el objeto de su búsqueda. Y como son siempre estas cosas –estos encuentros mágicos–, debemos estar atentos a las señales pues muchas veces los hados nos conducen a un lugar, a una estantería y el ojo se fija en un libro que a lo mejor no es el que buscábamos pero al abrirlo, allí en esa página, en una frase, o en un capítulo, está el punto de partida o el hallazgo de nuestra búsqueda. “A vuelo de pájaro” y dando saltos prodigiosos, omitiendo comentar largas estanterías de autores, sus escritos y libros de Arte –pues, en verdad, se necesitarían muchas páginas, casi un libro, para hablar con propiedad de esta Biblioteca–, recorremos los largos y bellos anaqueles hechos de maderas preciosas, de cedro y caoba, donde están colocados con gran cuidado todos los autores que aquí se reúnen; daremos sólo una pincelada avivando la memoria de los caminos por donde más de una vez se ha transitado, sumergiéndonos en otros mundos matizados por la luz que los ilumina, escuchado melodías sutiles en tonos diversos, que en su conjunto componen una gran sinfonía de acordes y conjunciones, que no son sino estados de la conciencia que se despiertan, liberándonos de nuestras cadenas y limitaciones –en realidad, de la ignorancia–, que impiden el transito hacia las posibilidades superiores del Ser y la recepción de la intuición intelectual-espiritual en la copa vacía del corazón; mas raptada el alma por un daimon intermediario se encumbra por los cielos de las Ideas donde nos conjuntamos con los dioses inmortales. Conformada por dos grandes aulas que se comunican en su centro, abrimos la puerta a este recinto sagrado que es la biblioteca de Federico, cuajadas sus paredes de libros y algunos objetos de arte simbólicos, cuales piedras preciosas que destellan luz. Frente a nosotros nos encontramos con los Griegos. Cuántas veces hemos acudido a ellos en este camino de largo estudio, vivificando la cosmogonía inspirada por las Musas, a las que Hesíodo invoca al principio de su Teogonía, y, raptada el alma por los mitos cantados por Homero en sus grandes epopeyas recupera el recuerdo y la vivencia de su Historia Sagrada; sin olvidar los maravillosos Himnos Homéricos que nos han abierto la brecha hacia las ideas de lo que los dioses expresan. Allí, a la par, están los filósofos antiguos, neopitagóricos y platónicos, Jámblico, Porfirio, Plotino y Apolodoro; y un poco más adelante, el mismo Platón, cuyos diálogos nos han iniciado en el conocimiento de tantas cosas, pero sobre todo en las ideas más profundas acerca del Amor y la Belleza transmitidas por la sabia de Mantinea, Diótima, maestra de Sócrates en las cosas del Amor, misterios éstos vinculados con el “fuego más sutil”, interno, relacionado con el Espíritu. Y Plutarco, Herodoto, Heráclito y Demócrito y los antiguos Órficos, y sus cantos mágico-teúrgicos que no hemos dejado de vivificar en cualquier momento de nuestro recorrido iniciático; y Pitágoras, incansable viajero, y gran sintetizador de tradiciones muy arcaicas cuyas enseñanzas se centran en el código numérico, y su escuela de pensamiento en Crotona. Y los Egipcios y Thot, el escriba divino e Isis, Osiris y su hijo Horus, Seth y Neftis y su hijo Anubis; los Caldeos y los Gnósticos, y los tratados acerca de la Utopía, la isla en medio de las aguas, hacia donde se dirige nuestra barca. Y los latinos: comenzando con Virgilio –guía de Dante en la Divina Comedia–, y su extraordinaria epopeya, la Eneida, que nos ha conducido, a la par de Eneas, por todo tipo de aventuras, hallazgos, alegrías y tristezas guiándonos al encuentro con la Sibila de Cumas; y Ovidio y su Metamorfosis, Horacio, Apuleyo y su Asno de Oro, Plinio el Viejo y Cicerón. Y el magnánimo Proclo gran teúrgo, –discípulo de Plutarco, Siriano y Asclepigenia–, que gobernó la Academia durante 40 años dejándonos su Teología Platónica y los Comentarios a ciertos diálogos de Platón. Llegado el final de esta repisa, el Corpus Hermeticum, presidido por Thot, el dios egipcio y escriba divino, y el Tres veces Grande, Hermes, nombre griego de nuestro dios civilizador y transmisor de la Sabiduría perenne –presente en todas las tradiciones con distintos nombres–, traductor e intérprete divino, psicopompo y guía imprescindible en el viaje que efectúa el alma a través de las aguas, dador de la palabra y la Vida a los hombres; el Arte egipcio y los bellísimos libros de Athanasius Kircher, jesuita alemán y personaje clave del siglo XVII por su interés en mantener viva la memoria de la antigua tradición egipcia, caldea, órfica, pitagórica, china, precolombina con sus escritos acompañados de magníficas ilustraciones, grabados y dibujos, algunos verdaderamente muy curiosos. Inmediatamente, a la derecha de este primer salón, en una larga estantería del medio, se asienta Ananda Coomaraswamy, a la par de Karl Kerényi, Walter Otto, Mircea Eliade y Jung. A partir de aquí, empiezan tres extensas repisas consagradas a René Guenón, maestro de Federico y al que dedicó dos volúmenes de la Revista Symbolos, Arte, Cultura, Gnosis, dirigida por él. Aquí están todos los escritos y estudios de este gran metafísico francés del siglo XX, al que Federico nos ha introducido, y del que hemos bebido la doctrina y el rigor intelectual necesario para la comprensión de las Ideas y la Metafísica. Grandes espacios dejó Federico dedicados al Simbolismo en general y a la Mitología de todos los pueblos. Diccionarios, tratados y libros de Arte que hablan a través de la imagen y escritos de nuestra verdadera historia, atemporal. Y el tema de la Cábala hebrea y los libros sagrados de esta gran tradición Judía: el Sefer Yetzirah, el Bahir, el Zohar, el Talmud, espacio que fue creciendo nutridamente de autores, rabinos y sus alumnos que escribieron sobre el tema, mientras escribía con Mireia Valls los dos magníficos libros que abarcan esta tradición: Presencia Viva de la Cábala y Presencia Viva de la Cábala II. La Cábala Cristiana. Entroncamos con la sección dedicada a la Masonería, las colecciones de Villard de Honnecourt, las enciclopedias y diccionarios, y una larga lista de autores sobre el tema en castellano, inglés y francés, los bellísimos libros de arte dedicados a los Cuadros de Logia, los mandiles, joyería y toda su simbólica. Y las colecciones de escritos sobre la Magia y la Alquimia y los extensos tratados de autores y sus crípticos textos e imágenes; y un poco más adelante la estantería dedicada a la Filosofía, la Astronomía, Astrología, Aritmética, Geometría, los tratados de Música, Amuletos, el Tarot, Brujería, Bestiarios y las colecciones de libros sobre los Jardines Herméticos, sorprendentes por su belleza y simbólica: los de Florencia, Inglaterra, Francia, España, y las repisas dedicadas a las Plantas Sagradas cultivadas e ingeridas ritualmente por todos los pueblos. Por detrás de las estanterías dedicadas a los Hermética, y cruzando el umbral del aula “norte” de esta gran cueva, que no deja de recordarme a la del mago Próspero descripta por Shakespeare en La Tempestad, nos encontramos con los estudios sobre el Renacimiento y sus representantes más destacados: Pico de la Mirandola, Marsilio Ficino, Giordano Bruno, Tommaso Campanella, en Italia, y en Inglaterra, Shakespeare, y los magos John Dee, Bacon, Tomás Moro, y un largo etc.; Frances Yates y los integrantes del Warburg Institute, los volúmenes escritos por Cristóbal Colón y los Catálogos de la Biblioteca de Hernando Colón, Arias Montano y Alfonso X, el Sabio; los voluminosos libros de De Bry, dedicados a América, Asia y África y aquel sobre la Perspectiva, al lado de Leonado da Vinci, y Obras Maestras de la Iluminación, El Juego Aureo por de Rola y una extraordinaria edición de Francesco Colonna de Hypnerotomachia Poliphili traducido al inglés por Joscelyn Godwin y los Diccionarios de Mitos y el Arte del Renacimiento en general. Frente a su escritorio donde ahora escribo, la colorida colección de la Revista Symbolos: Arte, Cultura, Gnosis y los libros escritos por el mismo Federico, los de Mireia Valls, Francisco Ariza y otros colaboradores de la Revista Symbolos. Habría que afirmar que la Doctrina recogida en todos los libros de Federico: El Simbolismo de la Rueda, El Simbolismo Precolombino, Las Utopías Renacentistas, Hermetismo y Masonería, El Tarot de los Cabalistas, Presencia Viva de la Cábala I y II escrito con Mireia Valls, Simbolismo y Arte, En el Vientre de la Ballena, Esoterismo Siglo XXI, su Antología, el Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, sus obras de teatro, y sus novelas, y especialmente, el número 25-26 de la Revista Symbolos, Introducción a la Ciencia Sagrada, en colaboración con algunos de sus alumnos, son una síntesis de todo el saber contenido en los textos que pueblan esta extensa y magnífica biblioteca, que iba creciendo a la par de sus escritos, y que Federico fue juntando y catalogando a través de toda su vida. El Conocimiento del Ser y su simbólica transmitido a través de las ideas fuerza que estos textos revelan son un vehículo para la realización espiritual efectiva y real. A través de su lectura atenta y concentrada, y guiados por su pluma y su palabra hemos conocido otros mundos desconocidos pero reales viajando por los distintos estados del Ser, acercándonos a la puerta del Misterio Insondable. Arriba del todo, Borges, Joscelyn Godwin, Alan Watts, y hasta abajo, encima del gran libro de las colecciones completas de Antigüedades y Harmonía Macrocosmica de Andreas Cellarius, el Diccionario de la Real Academia de la lengua española, el Websters’ en inglés, el Larousse en francés, y otros más… y los etimológicos en las mismas lenguas. Pasemos rápidamente por la extensa sección dedicada al Hinduismo, Tantrismo, Budismo, Zen, Yoga, Taoísmo, el Vedanta, los Upanishads, Arte del Japón, de la India, de la China, Sudeste Asiático, en la que no nos detendremos por su extensión, seguida por aquella referida al Cristianismo: los Padres de la Iglesia, Santo Tomás, la Sagrada Biblia, los Místicos de Occidente, Escoto Eurígena, Eckhart, Boecio, Pselo, Tauler, Silesio, Nicolás de Cusa, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Dioniso Areopagita, San Ireneo, Dante, Llull, etc., etc., etc. Aquí nada falta ni sobra. Pero no queremos terminar este viaje sin mencionar las largas repisas dedicadas a América, y a todas las culturas que abarcan este gran continente de norte a sur y de este a oeste: desde los esquimales habitantes del Polo Norte, seguidos por los múltiples pueblos que se asentaron en lo que hoy en día es USA, hasta el cono sur en los territorios australes de la Patagonia que hoy en día conforman lo que es Argentina y Chile. Y allí presente el antiguo Perú, y las variadas culturas que luego conformaron el gran imperio Inca, el mundo Aymara y los Chibchas. Y el inmenso territorio que abarca gran parte del sur de este grandísimo continente, donde aún perviven, en las profundas selvas húmedas del Amazonas, las múltiples tribus que han sobrevivido al exterminio devastador de su hábitat por la ambición desmedida del hombre moderno, libros maravillosos que contienen todo el legado de estas tradiciones, sus mitologías, ritos, su arte y su visión del Universo. Y al fondo del área “este” del salón norte, destaca la gran sección que abarca todo el México antiguo, que con tanto amor Federico fue recopilando y adquiriendo en sus viajes a través de años por toda América y Europa, estudiando en profundidad y transmitiendo en sus escritos, y de viva voz, el saber de estas culturas pudiendo ordenar un universo literario, filosófico y metafísico conformado por los distintos códices mayas, nahuas y aztecas: los libros de pinturas y cantares o poemas de profunda reflexión. También los manuscritos, crónicas y libros en general, documentos originales que recogen la palabra de los sabios y ancianos en su lengua, traducida luego al castellano por lingüistas; y diccionarios de las distintas lenguas que hablaban estos pueblos; relatos y cartas de los conquistadores, cronistas, misioneros y religiosos; ensayos, anales y tratados históricos; textos ilustrados por diversos arqueólogos y antropólogos referentes a sus hallazgos a través de los siglos, y mucho más: obras de arte de la literatura y la épica narrada por los sabios y poetas anterior a la llegada de los españoles a estas tierras y que han sido estudiadas y traducidas al castellano por estudiosos de estas culturas que conforman el gran mosaico de las civilizaciones que se extienden de norte a sur de la América Precolombina (5). Cruzando el patio lleno de olorosas flores donde crece el Fénix llegamos a la parte de la biblioteca dedicada, exclusivamente, a la Tradición Maya, y sus maravillosas y amplias colecciones a las que Federico dedicó, como hemos dicho más arriba, gran atención, tiempo y amor, lugar en el que, en su edad madura, solía pasar la mayor parte del día, cuando no estaba en su casa a la orilla del mar, donde días enteros vivía en la contemplación de la belleza. Siempre hay que detenerse en un punto, dejando que los dioses, los sabios, sacerdotes y poetas de todos los tiempos aquí presentes nos vayan hablando de a poco, abriendo las puertas al Conocimiento del Ser, a través de sus intuiciones espirituales-intelectuales que son nuestros guías en este viaje hacia el Misterio, el Dios Desconocido, oculto en el corazón de cada ser. Y, habiendo puesto en tu pensamiento que no hay nada imposible para ti, considérate inmortal y capaz de comprenderlo todo, todo arte, toda ciencia, el carácter de todo ser viviente. Asciende más alto que toda altura, desciende más bajo que toda profundidad. Reúne en ti mismo las sensaciones de todo lo creado, del fuego y del agua, de lo seco y de lo húmedo, considerando que estás a la vez en todas partes, sobre la tierra, en el mar, en el cielo, imagina que aún no has nacido, que estás en el vientre materno, que eres adolescente, viejo, que estás muerto, que estás más allá de la muerte. Si abarcas con el pensamiento todas esas cosas a la vez, tiempos, lugares, substancias, cualidades, cantidades, puedes comprender a Dios (6). Y con esto en el pensamiento damos fin a este “viaje” por algunas de las estanterías de esta gran Biblioteca. Notas 1 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Caverna-Gruta”. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013. 2 Federico González, Tarot, “Diccionario de símbolos del Tarot”, entrada: “Libro”. mtm editores, Barcelona, 2008. 3 Federico González Frías, Simbolismo Precolombino. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016. 4 “… yo no estudio para escribir, ni menos para enseñar (que fuera en mí desmedida soberbia), sino sólo por ver si con estudiar ignoro menos”. Sor Juana Inés de la Cruz, citado en: Mireia Valls, Mujeres Herméticas, Voces de la Sabiduría en Occidente, cap. VII, mtm editores, Barcelona, 2007. 5 Lucrecia Herrera, Popol Vuh. Las Antiguas Historias del Quiché. ver en anillo de SYMBOLOS la página web: America Indígena http://ift.tt/2kld97S 6 Corpus Hermeticum, cap. XI, extraído de Federico González, Hermetismo y Masonería, Apéndice I, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016. - Artículo*: Letra Viva. Una Utopía Hermética - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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