Hace ahora unos cinco o seis años, un amigo estaba en un corrillo en el que alguien le preguntó a Arturo Reverter por este blog. Su respuesta fue algo así como “Uf, a veces sí, pero otras veces dice unas cosas que…”. El pasado domingo, Ángel Carrascosa escribía una reseña en su blog (aquí) sobre el reciente concierto de Barenboim con la Filarmónica de Berlín, y en referencia a lo que yo previamente había escrito sobre el resultado de la Segunda de Brahms (aquí), decía lo siguiente “no entiendo cómo un perspicaz pero en ocasiones imprevisible crítico, gran admirador de Barenboim, descalificaba tajantemente esa visión del movimiento inicial” (el subrayado es mío, obviamente). Parece claro que los dos veteranos críticos están diciendo exactamente lo mismo sobre mi persona, con la diferencia de que Ángel lo ha hecho en público. Le repliqué en su blog, no sin cierta dureza, pero ha decidido no publicar mi réplica. Así que le contesto desde aquí. A él y a Reverter. Primero. Existe una circunstancia que se llama “tener criterios propios”. Un buen maestro no es aquel que consigue que quienes con él aprenden terminen pensando y diciendo exactamente lo mismo. A eso se dedicaba la escolástica medieval, por cierto: autoridades indiscutibles cuyas doctrinas había que transmitir siglo tras siglo, sin espacio para decir cosas distintas. Hoy las cosas han cambiado una barbaridad. Como profesor de secundaria que soy, lo tengo clarísimo: me importa un bledo lo que piense cada alumno, lo que me interesa de verdad es que el razonamiento que este exponga en el examen se base en hechos contrastados, adopte diferentes puntos de vista y presente una buena argumentación. Un tal Daniel Barenboim ha escrito algo así como que un buen maestro no es aquel que consigue imitadores, sino el que le da alas a los alumnos para que estos desarrollen sus propias ideas. Pues eso. Segundo. Todos los seres humanos estamos, en nuestros gustos estéticos –o culinarios, o de lo que sea–, condicionados por muchísimas circunstancias y plagados de aparentes incoherencias, incluso de contradicciones. Va con la naturaleza humana. En el campo del gusto musical, nada malo hay en que una cosa nos guste muchísimo más que a la mayoría o, todo lo contrario, la detestemos pese a recibir aplauso unánime. Llamemos a eso manía, limitación, más desarrollada sensibilidad, peculiaridad o como se le quiera llamar. Don Arturo a escrito no pocas peculiaridades a lo largo de su dilatada trayectoria sobre Plácido Domingo, mientras que Don Ángel ha hecho exactamente lo mismo con Dimitri Shostakovich. Y los dos han presentado infinitas argumentaciones para defender su postura, esto es, que esos dos –para mí y para cientos de miles de personas más– gigantescos músicos valen mucho menos de lo que se suele decir. Otra cosa, claro, es que esas argumentaciones hayan convencido a alguien. ¿Hacen bien en defender semejantes posturas? Claro que sí, ya que están plenamente convencidos de ellas. Pero por eso mismo habría que recordarles que las barbaridades de los demás pueden resultar a los ojos de otros melómanos mucho menos llamativas que las de ellos mismos. Artículo*: Fernando López Vargas-Machuca Más info en frasco@menadelpsicologia.com / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas Pueblo #Psicologia #MenadelPsicologia #Clinica #Tradicional #MijasPueblo *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.
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