Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

viernes, 21 de abril de 2017

Miguel de Molinos

Tradicion: Cristianismo Contemplación Misticismo tags: Miguel de Molinos Hijo de Pedro Molinos y de Ana María Zuxia, Miguel de Molinos nació en la calle Mayor de la localidad turolense de Muniesa en 1628. De los dieciocho años a los treinta y cuatro se estableció en Valencia, donde estudiaría en el Colegio de San Pablo de los jesuitas. Allí se doctoró en Teología y se ordenó sacerdote. Fue beneficiado de la iglesia de San Andrés de Valencia, beneficio instituido por su compatriota de Muniesa Bernardo de Murcia, a la muerte de su anterior titular Juan Cabañero. En 1649 recibe la orden del subdiaconado, en 1651 es diácono y al año siguiente presbítero. Oposita entre 1655 y 1660 en dos ocasiones a la penitenciaría del colegio del Corpus Christi fundado por San Juan de Ribera, fracasando en ambas. Aunque era tratado como doctor, no esta claro donde consiguió el mencionado título. En 1662 lo encontramos inscrito en la Cofradía Escuela de Cristo, que fomentaba la reflexión espiritual. La Diputación del Reino de Valencia le encargó patrocinar en Roma la beatificación del venerable Francisco Jerónimo Simón, y por otra parte para sustituir al Arzobispo de Valencia en la visita Ad Limina; y en Roma se quedó después de haber llevado a cabo su misión. Logró en breve tiempo adquirir una notable influencia en el ambiente romano, en la corte pontificia y sobre el mismo papa Inocencio XI. Se estableció finalmente en la iglesia agustina de San Alfonso de Roma, donde obtuvo una fama extraordinaria como predicador y director espiritual y consiguió con ello gran valimiento entre personalidades destacadas, que fueron sus fieles adeptos. Se le reputaba como un gran ascético, como un iluminado. Fue recibido por personalidades de la talla del general de los jesuitas Paolo Oliva, por mediación de la Escuela de Cristo, con la que había tenido contacto en Valencia. Incluso tuvo intercambio espistolar con la reina Cristina de Suecia y desarrolló una amistad con el papa Inocencio XI. Huésped del papa en el Vaticano, Miguel de Molinos vio elevado a la púrpura a uno de sus primeros seguidores, el oratoriano Pier Matteo Petrucci, obispo de Iesi. Su "Guía espiritual", con el significativo subtítulo "Que desembaraza al alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la interior paz" se publicó en italiano (Roma, 1675). El éxito de la "Guía espiritual" es enorme, apareciendo hasta 8 ediciones en el período 1675-85, tres de ellas en España, y traduciéndose luego al francés, holandés, inglés y alemán. En esta obra Molinos expone el mejor camino para llegar a Dios; el último objetivo es el amor de Dios, para el cual el alma no ha de hacer nada: ha de estar pura y sin pecado, aligerada de toda preocupación o meditación, quieta. Dios hará lo demás. Esto produce un vacío espiritual, una nada, como el camino más corto para llegar a Dios. Estas doctrinas son curiosamente muy cercanas al budismo y a su búsqueda del nirvana, lo que no escapó a Pierre Bayle (considerado un antecedente de la Ilustración), en su "Dictionnaire Historique et Critique" (1697), donde realiza una descalificación del pensamiento oriental sobre la base de homologarlo al quietismo. Molinos escribió además "La devoción de la buena muerte" (Valencia, 1662), publicada bajo el seudónimo de Juan Bautista Catalá, y "Tratado de la comunión cotidiana". Las primeras escaramuzas con la Inquisición se produjeron en 1678. Las críticas venían especialmente por parte de los jesuitas Gotardo Bell’Uomo y Paolo Segneri. La palabra clave en el subtítulo y, a la postre, clave en la polémica teológica que conducirá al proceso inquisitorial, es el término "contemplación". Pues Molinos se adhiere con ella a la tradición espiritual mística, la misma que siguieron Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz. La contemplación designa a la vez dos vertientes: por una parte, el objetivo de la unión mística, y, por otra, el método para alcanzarla. En ese método los conceptos preferidos de Molinos son la aniquilación, el recogimiento, la muerte mística, la oración de quietud; en fin, la suspensión de la palabra, del entendimiento. Pues bien, esa contemplación es la que cae bajo la sospecha teológica. Fruto de ellas es la redacción por Molinos de su "Defensa de la contemplación", obra redactada hacia 1679-80 pero que ya no verá la luz. Los ataques de tales jesuitas se incluyeron en el Índice de libros prohibidos de 1681. La "Guía espiritual" fue denunciada por el cardenal D'Estrées (embajador en Roma del rey de Francia Luis XIV), que anteriormente había sido su amigo. El Cardenal Albizzi, dos años antes de ser detenido Molinos, entrega un informe al Santo Oficio, sobre el movimiento quietista en Italia, en el mismo ya aparece el nombre de Miguel de Molinos. Miguel de Molinos fue apresado por corchetes del Santo Oficio junto con algunos de sus discípulos el 18 de julio de 1685. Además de los jesuitas, solicitó también el arresto Luis XIV, por mediación del cardenal César d'Estrées, que había sido amigo de Molinos. La noticia conmociona a la sociedad italiana, y en gran medida a la europea, teniendo un especial eco en el seno del pietismo alemán. El proceso fue lento, por la imposibilidad de conseguir pruebas de las presuntas desviaciones doctrinales del sacerdote español a través del examen de su libro. La suerte está prácticamente echada cuando se han acumulado 263 proposiciones condenatorias. Luego éstas quedarán resumidas en 68 proposiciones, que son las definitivas, las recogidas por el decreto del Santo Oficio y ratificadas solemnemente por la bula papal Caelestis Pastor de 20 de noviembre de 1687. Bajo tortura, Molinos confesó cualquier cosa que le imputaban, por lo que terminó siendo acusado de actos de inmoralidad. Se desconoce el contenido de las actas de su absurdo proceso porque funcionarios de la Inquisición las destruyeron un siglo después (a fines del siglo XVIII), para evitar que cayeran en manos de los franceses. Algunas de las confesiones que extrajeron los inquisidores bajo tortura podrían estar enumeradas en un escrito del obispo de Téano, Giuseppe Maria Giberti, que en 1687 escribió en su Ragguaglio della pessima vita di Michele Molinos: No observaba el ayuno ni viernes ni sábado ni día de vigilia ni de cuaresma, sino que siempre comía carne, y el pez era sólo para aguzarse el apetito, juntamente con la carne. Haber tenido durante dieciocho años continuos comercio con una mujer (ésta también del Santo Oficio, y que cada mañana la hacía comunicar). Que para conseguir la libido, se hacía servir en la mesa y desnudarse a más mujeres desnudas, y otra veces estaba presente para ver mujeres y hombres desnudos entrelazarse juntos y relacionarse. De haber sido más veces sodomizado (acto que él decía que no era pecado porque no estaba escrito en el Decálogo, lo mismo que decía del bestialismo). Obispo Giberti (Nápoles), 1687 Pero si uno se toma la molestia de leer esas proposiciones (las 263 y las 68) –hoy asequibles en la edición de F. Trinidad de 1983 de la Defensa de la contemplación que las incluye en apéndice– comprobará que los contenidos teológicos son bastante pobres. El argumento más reiterado es el de la inmoralidad, el de la incitación al pecado, entendiendo muy a menudo implícita o explícitamente por tal pecado la conducta sexual. Como se ve, la obsesión sexual preside una vez más las condenas inquisitoriales. En realidad, la lógica de esta derivación es bastante clara: se acusa a Molinos de promover una espiritualidad que dejaría en suspenso, en virtud de la apelación a la quietud, la responsabilidad moral; de ahí, la derivación hacia la irresponsabilidad moral, que conduce, entre otros, al pecado de contenido sexual. A partir de la condena molinosismo y quietismo tienden a ser utilizados como sinónimos, incluso en las actas de la inquisición (según recoge Henry C. Lea). Pero no es sencillo entender la virulencia de la persecución a Molinos. Al condenarle no sólo se arremetía contra el quietismo, sino contra la mística en general. Nos encontramos además con entremezclados intereses políticos que planeaban sobre la Roma del momento: por una parte su amigo el prologuista de la Guía, Fray Juan de Santa María, defendía las pretensiones austriacas a la corona española; por otra, el denunciante ante el Santo Oficio, Cardenal d'Estrées, era representante personal de Luis XVI. En suma: intereses políticos, alejamiento de una ortodoxia que parecía poner en peligro una estructura eclesial que se sentía amenazada, al no dejar papel alguno entre el orador y el objeto de la experiencia mística, rivalidades de jesuitas y domínicos contra carmelitas, etc., están detrás de la condena de Molinos. El 13 de septiembre de ese año, Molinos abjuró de sus errores en la iglesia de Santa María sopra Minerva. Fue condenado "por inmoralidad y heterodoxia" a estar permanentemente vestido con un hábito penitencial, a recitar diariamente un Credo y un tercio del Rosario, a confesarse cuatro veces al año y a reclusión perpetua. Su amigo el papa Inocencio XI ratificó la sentencia el 20 de noviembre de 1687 con la bula Coelestis pastor (como se ha dicho ya). No obstante, tuvo varios partidarios inmediatamente, uno de los primeros fue el oratoriano Pier Matteo Petrucci, que defendió el sistema de Molinos en la obra "De la contemplación mística adquirida" (Iesi, 1681). Nueve años después, Molinos fue trasladado de la mazmorra a un monasterio en Roma, donde murió el 28 de diciembre de 1696. Cristianismo Misticismo Contemplación - Artículo*: Juan Pablo Benito - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
 

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