Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

martes, 19 de diciembre de 2017

Bibliotecas de islas utópicas - Letra Viva. Una Utopía Hermética

BIBLIOTECAS DE ISLAS UTÓPICAS Todo me gustaba aquí menos yo. La isla, aunque parecía pequeña, abundaba en todo y no se veía ni un palmo de tierra que no estuviera cultivado y explotado por el hombre. No ocultaré su emplazamiento, que pude averiguar poco después. Juan Valentín Andreae, Cristianópolis. Atentos al experto consejo hermético El camino más seguro será (…) que te embarques en tu nave, la cual lleva como marca distintiva el signo de Cáncer, que zarpes por ti mismo en condiciones favorables rumbo a Cristianópolis y que allí investigues todo con mucho cuidado y en el temor de Dios (1), hemos puesto proa a la isla antártica de Cafarsalama (2) y hemos anclado en su mejor fondeadero. Tras alcanzar la orilla con un bote sin apenas dificultades –lo cual nos ha resultado sorprendente, como si fuese algo que ya venía dado–, han acudido a nuestro encuentro unas gentes amables que han reconocido nuestro santo y seña y han accedido a guiarnos hasta el corazón de la esplendente capital de la República Cristianopolitana, una ciudadela inexpugnable protegida por la muralla de la ciudad y varios otros muros concéntricos amén de cuatro baluartes, ocho poderosas torres y dieciséis torreones menores (3). A la llegada a la ciudadela no hemos dejado de saludar a los príncipes de la República reiterando el gesto de nuestros predecesores, y hemos contemplado la estructura de esa magnífica construcción simbólica y sus salas. Pude ver 12 [salas], todas abovedadas, de 33 pasos de ancho, 33 de largo y sólo 12 de alto, destinadas a guardar material de la república. En la primera estaba la biblioteca, de una capacidad enorme, con las obras de incontables genios distribuidas por clases y materias. Para gran sorpresa mía, estaba allí casi todo lo que nosotros hemos dado por perdido (4). Nuestros acompañantes nos han instruido en el uso que hacen los cristianopolitanos de la inmensa colección de volúmenes que acoge su ciudad, que por ser una biblioteca universal brinda acomodo a todas las posibilidades que han coagulado en forma escrita en todas las lenguas del mundo, desde lo más sublime hasta lo más abyecto; y de cómo sólo se decantan por los libros de la Ciencia Sagrada, teniendo a los demás por naderías. Hay hombres y mujeres que se dan mucho a la lectura para, inmunizados con esta medicina, no sentir admiración por la locuacidad humana. Hasta escriben libros, no por hambre de fama, sino para difundir, si acaso, la fe cristiana, ridiculizar al mundo y combatir a Satanás. El deseo de todos es saber lo mucho que no sabemos aspirando a la verdadera ciencia y desdeñando la vana jactancia del ingenio humano (5). Otros dicen que para leer tienen bastante con el libro de este universo, y muchos aseguran que dentro de sí mismos encuentran más y averiguan mejor los orígenes de todas las artes que en montañas enteras de libros (6). Y este coro en el que cada cual desarrolla su meditación y se abisma en el Misterio con los vehículos que le son más afines, todo ello en perfecta armonía, propaga sus acordes a los cuatro vientos como una señal protectora que guía a quienes, navegando entre brumas, desean alcanzar el puerto deseado de la Utopía. Taprobana es el lugar donde concluye el periplo de Rafael Hitlodeo (7) por la isla de Utopía y al que arriba el anónimo Almirante genovés de La Ciudad del Sol tras dar la vuelta al mundo (8). El geógrafo griego Megástenes relata en su obra Indika, compuesta hacia finales del siglo IV a.C., que Taprobana está separada de la India por un río, que a sus habitantes se les llama Palaigonoi (9) y que en esta isla se produce más oro y grandes perlas que en el continente. En el mapamundi que dibuja Claudio Ptolomeo en el siglo II a.C. se atribuye el topónimo Taprobana a lo que hoy conocemos como Ceilán o Sri Lanka. El nombre de Taprobana es una versión occidentalizada del cingalés Tambapanni con el que se denominaba antiguamente a la isla. Significa “manos (pani) de color rojo (tamba)”, y alude a “la playa de color cobre en la que desembarcaron sus primeros pobladores o, al menos, aquellos que le dieron su primer nombre y que pertenecían a la corte del príncipe indio Vijaya”, primer rey de Sri Lanka (10). Una antigua leyenda oriental cuenta que esta isla –en la que Campanella sitúa la Ciudad del Sol– es la tierra que habitaron Adán y Eva tras su expulsión del Paraíso (11). Marco Polo explica, en su Libro de las Maravillas, que la tumba de Adán se encuentra en la cima de un monte de Taprobana al que los portugueses bautizarían siglos más tarde, precisamente, con el nombre de “Pico de Adán” (12), y que los sarracenos dicen que allí permanece la escudilla, los dientes y los cabellos de Adán, pero que esto no es cierto porque la Santa Iglesia dice que los restos están en otro lugar del mundo (13). El Gran Kan envió en 1284 una gran embajada al rey de ‘Seilán’ porque “convenía que él tuviera” esas cosas que pertenecieron a Adán y se “empeñaron tanto, que obtuvieron dos dientes molares, unos pocos cabellos y la escudilla, de pórfido verde”, reliquias que recibió el Gran Kan con “gran alegría, fiesta y reverencia”. La escudilla, concluye Marco Polo, es verdaderamente milagrosa porque cualquier alimento que en ella se deposite, aunque sea una cantidad ínfima, es suficiente para alimentar a cinco hombres (14). De la tumba de Adán también habla René Guénon relacionándola con la leyenda árabe según la cual la Gran Pirámide de Gizeh es la tumba del profeta Enoch (Seyidna Idris), o sea el lugar en que ha quedado depositada su ciencia (15), mientras que la segunda pirámide es la tumba de su maestro Seyidna Shîth, es decir de Seth, el tercer hijo de Adán. Añadiremos todavía otra observación: se dice que Idris o Enoch escribió numerosos libros inspirados, después de que el propio Adán y Seth hubiesen escrito otros; estos libros fueron los prototipos de los libros sagrados de los Egipcios, y los Libros herméticos más recientes sólo representan, por decirlo así, una "readaptación", así como también los distintos Libros de Enoch que con este nombre han llegado a nuestros días. Por otra parte, los libros de Adán, Seth y Enoch, como es natural, habían de expresar respectivamente aspectos diferentes del conocimiento tradicional que implicaban una relación más especial con tales o cuales ciencias sagradas, así como ocurre siempre con la enseñanza transmitida por los diversos Profetas. Pudiera ser interesante, en estas condiciones, preguntarse si no habrá algo, en la estructura de las dos Pirámides de que hemos hablado, que corresponda en cierta forma a esas diferencias, en lo que concierne a Enoch y Seth, e incluso también, acaso, si la tercera Pirámide no puede en ese caso tener también alguna relación con Adán, por cuanto, aunque no hemos encontrado en parte alguna ninguna alusión explícita a ello, sería bastante lógico, a fin de cuentas, suponer que ha de completar el ternario de los grandes profetas antediluvianos (16). Taprobana emerge, pues, al igual que todas las islas utópicas, el Egipto de los antiguos o la ciudad de Jerusalén, como un símbolo del Corazón del mundo. Un espacio que atesora la Tradición revelada a nuestros Ancestros y que estos han transmitido a través de una cadena que remonta a los orígenes de la Humanidad. En la isla de la Utopía, cualquiera que sea su demarcación, se conserva la memoria de estas enseñanzas y se actualizan; y ese legado vivo es el fundamento sobre el que se edifica la Ciudad Solar que reconocemos como nuestra Patria intelectual. Explica el Almirante que los regentes de la Ciudad del Sol se atienen a un único libro, llamado Sabiduría, en el que con claridad y concisión extraordinarias están escritas todas las ciencias. Este libro es leído por ellos al pueblo, a la manera de los Pitagóricos (17). El triunviro al que compete el gobierno de “lo concerniente a las artes liberales y mecánicas, las ciencias y sus magistrados, los doctores y las escuelas de las correspondientes disciplinas” ha dispuesto que se adornen los muros circulares de la ciudad a la manera de las páginas de un volumen descomunal. Las pinturas que los decoran en admirable orden representan todas las ciencias. En los muros exteriores del templo y en las cortinas que se bajan cuando el sacerdote habla, a fin de que su voz no se pierda, están dibujadas todas las estrellas (18). En el interior del primer círculo se hallan representadas todas las figuras matemáticas, y en su exterior, “una descripción, íntegra y al mismo tiempo detallada, de toda la tierra”, y de los ritos, leyes, costumbres, orígenes y capacidades de los habitantes de cada provincia así como de sus alfabetos, grafiados “encima del lugar que ocupa el alfabeto de la Ciudad del Sol”. El segundo círculo se encuentra dedicado interiormente a las piedras, minerales y metales, y exteriormente, a la exposición de los mares, ríos, lagos y fuentes de la tierra así como de los vinos, aceites y licores de todas las procedencias, cualidades y propiedades. En la parte interna del tercer círculo se hallan representadas todas las especies de árboles y plantas con indicación de sus semejanzas, propiedades y relaciones de analogía con los cuerpos celestes, los metales, las partes del cuerpo humano; y por fuera, los peces y “todo lo que el mundo de las aguas contiene digno de mención”. En el interior del cuarto círculo se muestran todas las aves y sus cualidades, “incluso el ave Fénix que ellos consideran absolutamente real”, y en la parte externa, todos los reptiles e insectos junto con sus propiedades y venenos. El quinto círculo está todo él dedicado a “los animales más perfectos de la tierra”, siendo su cantidad muy numerosa; entre ellos, múltiples especies de caballos y de otras bellas bestias “ de las cuales nosotros no conocemos ni la milésima parte”. El exterior del sexto círculo está decorado con imágenes de las artes mecánicas, sus instrumentos y sus usos, y su interior, con los retratos de los inventores y legisladores: “Moisés, Osiris, Júpiter, Mercurio, Licurgo, Pompilio, Pitágoras, Zamolhim, Solón, Caronte, Foroneo y otros muchos. Incluso tienen dibujado a Mahoma, pero le consideran como legislador falaz y vil”. Nada nos cuenta el narrador sobre las paredes del séptimo muro, al que imaginamos como una pared desnuda que envuelve y protege a la ciudad y a sus enseñanzas de la mirada de aquellos a quienes sólo mueve la curiosidad y no un noble afán de conocimiento. Por contra, para quien habita en la Ciudad del Sol “hay Maestros dedicados a explicar las pinturas, los cuales acostumbran a los niños a aprender todas las ciencias sin esfuerzo y como jugando” (19). Todo lo que figura pintado en los muros de la Ciudad del Sol está impreso en los libros de Amauroto, la ciudad que acoge al Senado de la isla de Utopía y en la que habitó el navegante Hitlodeo por espacio de cinco años (20). Los Utópicos dividen el día, con la noche, en veinticuatro horas iguales, dedicando seis solamente al trabajo, tres antes del mediodía, terminadas las cuales van a comer; después de la comida y de un reposo de dos horas, dedican tres más al trabajo y las rematan con la cena. Cuentan las horas a partir del mediodía, se acuestan hacia las ocho y reparan sus fuerzas durmiendo ocho horas. Pueden disponer a su albedrío del tiempo comprendido entre las horas de trabajo y las del sueño y comida, pero no de suerte que lo malgasten en excesos u holgazanerías, sino que, libre de su obligación, cada uno, según sus aficiones, se dedique gustoso a otra distinta; muchos consagran estos intervalos al cultivo de las letras (21). Nada apetece tanto a los habitantes de Utopía como “las ocupaciones del espíritu”, por lo que –cuenta Hitlodeo– muestran gran interés en las obras literarias y científicas de los griegos y en los textos de historia y poesía de los latinos que reciben por conducto de sus visitantes, adentrándose en su lectura y estudio tras haber aprendido las lenguas y códigos en que están escritos. En mi cuarto viaje y previendo, no un inmediato regreso sino una larga permanencia entre ellos, había cargado en la nave un mediano fardo de libros. Pude así proporcionarles la mayor parte de las obras de Platón, muchas de Aristóteles y el Tratado de las plantas, de Teofrasto, aunque mutilado en muchos lugares, porque habiéndolo descuidado durante la travesía, cayó sobre él un mono que con sus juegos y piruetas arrancó de acá y allá algunas de sus páginas y las desgarró. De Gramática, poseen únicamente la obra de Lascaris, pues no llevé nada de Teodoro, ni otro diccionario que los de Exiquio y de Dioscórides. Estiman mucho los libros de Plutarco y les deleita el donaire e ironía de Luciano. De los poetas conocen a Aristófanes, Homero, Eurípides y Sófocles, en las pequeñas ediciones de Aldo, y de los historiadores, a Tucidides, Herodoto y Herodiano. De Medicina, llevó consigo mi compañero Tricio Apinato algunos opúsculos de Hipócrates y la Microtecnia de Galeno, obras que aprecian en sumo grado, pues aunque no hay pueblo en el mundo que menos necesite del arte médica, tiénenla en gran predicamento, como que la cuentan entre las más útiles y hermosas partes de la filosofía y escrutan con su ayuda los secretos de la naturaleza... (22) Los Utópicos aprovechan los inventos del papel y de la imprenta para difundir ediciones extensas de los libros que han llegado hasta ellos, según nos confía el cronista portugués. Movidos por estas revelaciones, nosotros hemos ido a visitarles recientemente tras la lectura de Utopía, y nos han informado de que su fondo de títulos se ha acrecentado con obras que contienen sus propias meditaciones acerca del Misterio inefable al que reconocen como la única Realidad, totalmente análogas a los de sus predecesores en la vía del Conocimiento. Sus imprentas no cesan de trabajar, produciendo a cada poco un bello volumen de lenguaje profundo y ameno, ornado por cuidados grabados e imágenes excelentes. La isla de Bensalem está situada en un lugar incierto de los Mares del Sur que el protagonista de Nueva Atlántida alcanza tras una navegación en extremo azarosa (23). Un alto dignatario de esta tierra le explica que sus habitantes son adeptos de la tradición judeocristiana, que ésta llegó a la isla prodigiosamente por medio de un arca flotante en la cual San Bartolomé había depositado un libro con los textos del Antiguo y el Nuevo Testamento, y que tal hecho quedó rubricado por la aparición de una gran señal en el cielo (“vieron en el mar, a unas cuantas leguas de distancia, un gran pilar de luz, no puntiagudo sino en forma de una columna o cilindro, que subía del mar hasta una gran altura hacia los cielos; y en lo alto se veía una gran cruz de luz, aún más brillante y resplandeciente que el cuerpo del pilar”) (24). Los gobernantes cristianos de la nación afirman que sus leyes quedaron fijadas mil novecientos años atrás por el venerado rey Saloma (25), quien dispuso asimismo la creación e institución de una orden o sociedad, que llamamos la Casa de Salomón, a nuestro juicio, la más noble de las funciones que han existido en la tierra y el faro de este reino. Está dedicada al estudio de las obras y criaturas de Dios (26). Cada doce años, el reino hace zarpar dos naves con una comisión de tres hermanos de la Casa de Salomón en cada una, a los cuales se encomienda como única misión traernos informes del estado y asuntos de los países que se les señalaba, sobre todo de las ciencias, artes, fabricaciones, invenciones y descubrimientos de todo el mundo. Teniendo también el encargo de traernos libros, instrumentos y modelos de todas clases, todo ello “sólo por adquirir la primera creación de Dios, que fue la luz; para tener conocimiento, como os digo, del desarrollo de todas las partes del mundo” (27). El objeto de la fundación de la Casa de Salomón es el conocimiento de las causas y secretas nociones de las cosas y el engrandecimiento de los límites de la mente humana para la realización de todas las cosas posibles (28) por medio de la experimentación. Para ello hay, en esta casa, cuevas de distintas profundidades en las que se llevan a cabo coagulaciones y refrigeraciones de cuerpos y se producen artificialmente nuevos metales útiles para curar las enfermedades y alargar la edad; hoyos donde se depositan cementos porcelanosos y abonos que hacen la tierra más fértil; torres para la observación de meteoros; lagos de agua salada y dulce y estanques en los que se transforman unas aguas en otras; rocas marinas, bahías, cataratas y fuertes corrientes de aire; fuentes y manantiales con soluciones de todas las sales y minerales (29); grandes y espaciosos edificios en los que se imitan las precipitaciones, los truenos y los relámpagos; cámaras de aire de distintas cualidades salutíferas; baños para la cura de muy variadas afecciones; huertos y jardines con frutales en los que preparan jugos y se ensayan variadas clases de injertos y modulaciones de la floración y la maduración; parques y corrales con todo tipo de animales terrestres y pájaros, con los que se experimenta para esclarecer el origen de las dolencias de los cuerpos, la regulación de su crecimiento y la robustez, el sexo y la fertilidad de los individuos, entre otras muchas cosas; acuarios de peces y criaderos de gusanos; y fábricas de alimentos y bebidas, dispensarios, farmacias, gabinetes de artes diversas, tiendas para artículos de uso corriente o no, hornos, grandes laboratorios de óptica, cámaras sonoras, numerosas colecciones (de piedras preciosas, cristales, fósiles y tierras raras), factorías para la elaboración de perfumes y confites, talleres de construcción de máquinas e instrumentos, aulas dedicadas a las ciencias matemáticas y a la astronomía y teatros de magia (30). Pero, ¡ay!, mucho nos tememos que esta ingente labor, que no dudamos que el sabio rey fundador auspiciara por las más altas razones, haya defraudado las esperanzas que se habían depositado en este proyecto –del que nos parece encontrar un eco en los Manfiestos Rosacruces (31)–, y que pueda haber acabado, en su desarrollo indefinido, por secuestrar completamente a los incansables laborantes distrayéndolos del propósito último de toda su experimentación (32): la contemplación de la Cosmogonía como medio de vivenciar en su corazón la actualidad del Ser Universal y su origen supraesencial, así como la adscripción y pertenencia de su ser microcósmico a ese Misterio inefable, sin dualidad. El cosmos está pues sometido a Dios, el hombre al cosmos, los seres sin razón al hombre: Dios, él, está por encima de todos los seres y vela sobre todos. La energías son como los rayos de Dios, las fuerzas de la naturaleza como los rayos del cosmos, las artes y las ciencias como los rayos del hombre. La energías actúan a través del cosmos y alcanzan al hombre por los canales físicos del mundo; las fuerzas de la naturaleza actúan por medio de los elementos, los hombres a través de las artes y las ciencias (33). Notas 1 Cita de Juan Valentín Andreae extraída del volumen Entre el No Ser y el Ser. Antología para hamacados. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017. 2 “Está situada en el Antártico, a 10 grados del polo hundido, a 20 del Equinoccio, bajo el punto 12 de Tauro, pues de los escrúpulos nunca daré cuenta. Es de forma triangular, con un ámbito de unos 30.000 pasos. Rica en campos de cereales y pastos, regada por ríos y fuentes, adornada por bosques y viñedos, llena de animales, es como un epítome de toda la tierra. Creerías que el cielo ha desposado a la tierra y que cohabitan aquí en paz perpetua”. Juan Valentín Andreae, Cristianópolis. Ed. Akal, Los Berrocales del Jarama (Madrid), 1996. 3 Ver Juan Valentín Andreae, op. cit. 4 Ibid. 5 Ibid. 6 Ibid. 7 Navegante portugués y narrador del libro segundo de la obra Utopía, de Tomás Moro. Ver: Federico González, Las Utopías Renacentistas. Esoterismo y Símbolo. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016. 8 Tomaso Campanella, La Ciudad del Sol. En: Utopías del Renacimiento. Traducción de Agustín Millares y Agustín Mateos. Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1973. 9 En griego, παλαί (palai) quiere decir “antiguo, viejo” y γονεῖς (goneis) significa “padres”, por lo cual palaigonoi sería un apelativo de los Ancestros. 10 Lola Ballesteros, La sepultura de Adán en Ceilán, según leyendas recogidas por Umberto Eco. Del blog In Fieri. Como las cerezas, que unas tiran de otras, http://ift.tt/2kMsnlN. 11 Significativamente, “el significado literal del nombre Adán es ‘rojo’, siendo precisamente la tradición atlante la de la raza roja”. Ver: René Guénon, Formas Tradicionales y Ciclos Cósmicos. Traducción de Francisco Gutiérrez. Ed. Obelisco, Barcelona, 1984. 12 Se trata del monte Sri Pada, cumbre sagrada para el hinduismo, el budismo y el islam. Según la leyenda, Buda pasó un tiempo en esta montaña dedicado a la contemplación y luego se elevó a los cielos, dejando marcada una huella de su pie en una roca que es visible aún hoy en día. 13 Para la tradición judeocristiana, la tumba de Adán se encuentra en la base del monte en que Cristo fue crucificado (hoy envuelto por los muros y las bóvedas de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén). Su nombre de Gólgota o Calvario alude precisamente a la calavera o cráneo del primer patriarca. “Una versión habitual de esta tradición dice que Sem y Melquisedec viajaron al lugar donde se encontraba el Arca de Noé, recuperaron el cráneo de Adán y fueron guiados por ángeles hasta el Gólgota, que es descrito como una colina con forma calavera en el centro del Mundo, donde también estaba la cabeza de la serpiente del Edén” (de la Wikipedia). 14 Lola Ballesteros, op. cit. 15 “Enoch no murió, sino que fue llevado al cielo; ¿cómo, pues, podría tener tumba? Sin embargo no convendría apresurarse demasiado a hablar aquí, a la manera occidental de ‘leyendas’ desprovistas de fundamento, pues he aquí la explicación que se da de ello: no es el cuerpo de Idris lo que se enterró en la Gran Pirámide, sino su ciencia”. René Guénon, op. cit. 16 Ibid. 17 Tomaso Campanella, op. cit. 18 Ibid. 19 Ibid. 20 Tomás Moro, Utopía. En: Utopías del Renacimiento, op. cit. 21 Ibid. 22 Ibid. 23 “Partimos del Perú, donde habíamos permanecido por espacio de un año, rumbo a China y Japón, cruzando el Mar del Sur. Llevábamos con nosotros comestibles para doce meses y durante más de cinco los vientos del Este, aunque suaves y débiles, nos fueron favorables; pero de pronto el viento cesó estacionándose en el Oriente durante muchos días, de suerte que apenas podíamos avanzar y a veces nos sentíamos tentados de retroceder. Mas repentinamente también, se desencadenó por el Sur tan fuerte vendaval, que a pesar de todos nuestros esfuerzos nos arrastró hacia el norte”. Francis Bacon, Nueva Atlántida. En: Utopías del Renacimiento, ibid. 24 Ibid. 25 Por otro lado, los judíos de Bensalem sostienen “que este pueblo provenía de las generaciones de Abraham, por parte de otro hijo a quienes ellos llaman Nachoran, y que fue Moisés el que ordenó, por una secreta cábala, las leyes que rigen ahora en Bensalem, y que cuando viniera el Mesías a sentarse en el trono de Jerusalén, el rey de Bensalem se sentaría a sus pies mientras que otros reyes habrían de mantenerse a gran distancia”. Ibid. 26 Ibid. 27 Ibid. 28 Ibid. 29 “Y entre éstos tenemos uno de agua a la cual llamamos del Paraíso, porque es un medio soberano para la salud y prolongación de la vida”. Ibid. 30 Ibid. 31 “Durante estos últimos tiempos, por la sabiduría de sus designios y en su gracia singular, Dios ha derramado la bondad de sus dones sobre el género humano con tanta prodigalidad que el conocimiento de la naturaleza, así como el de su Hijo, no ha cesado de aumentar, por lo que podemos enorgullecernos de los tiempos felices que vivimos. No sólo ha sido descubierta la mitad del mundo desconocido y oculto, sino que el Señor también nos ha procurado innumerables obras y criaturas naturales, extrañas y desconocidas hasta ahora. Ha favorecido el nacimiento de espíritus cuya misión fue la de restablecer la dignidad del arte parcialmente manchado e imperfecto, para que el hombre acabe comprendiendo la nobleza y magnificencia que le son propias, su carácter de microcosmos, y la profundidad con que este arte suyo puede penetrar la naturaleza”. De la Fama Fraternitatis (cita de: Textos templarios y rosacruces. Ed. Índigo, Barcelona, 2002). 32 Nos resulta significativo que el relato de la Nueva Atlántida acabe abruptamente –se diría que sin concluir– con esta lacónica frase, al menos en la edición que hemos manejado: “El resto no llegó a completarse”. 33 Pomaindrés, X, 22 (citado por Federico González, Hermetismo y Masonería. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016). - Artículo*: Letra Viva. Una Utopía Hermética - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
BIBLIOTECAS DE ISLAS UTÓPICAS Todo me gustaba aquí menos yo. La isla, aunque parecía pequeña, abundaba en todo y no se veía ni un palmo de tierra que no estuviera cultivado y explotado por el hombre. No ocultaré su emplazamiento, que pude a...

- Enlace a artículo -

Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL.

(No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí presentados)

No hay comentarios:

Publicar un comentario