Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Scorsese crepuscular. Juan Manuel de Prada

Scorsese crepuscular Juan Manuel De Prada Animales de compañía Teníamos muchas ganas de ver El irlandés, la nueva película de Martin Scorsese, que se ha convenido en calificar de su ‘testamento cinematográfico’ (aunque algunos esperamos que el gran maestro concluya todavía unos cuantos ‘testamentos’ más). Scorsese, que hasta en sus películas más deslumbrantes no se privaba de ser un poquito enfático, en El irlandés rehúye todo barroquismo y grandilocuencia, aun a riesgo de que su tono crepuscular pueda exasperar al público más impaciente y netflixero; pero ese tono (que logra, incluso, comunicarse al trío de actores histriónicos que la protagonizan) tal vez sea el logro principal de la película. En cambio, resulta mucho más discutible la elección de los actores, cuyos rostros son rejuvenecidos digitalmente en diversos grados a lo largo de la película, pero cuyos cuerpos pregonan –en sus movimientos lentos y agarrotados, en su propia complexión nada juvenil– su auténtica edad, obligando al espectador a una enojosa suspensión de la incredulidad. También perjudica a la película la escasa presencia femenina; y no digo esto por sumarme al carro facilón del griterío feministoide, sino porque los protagonistas hubiesen ganado en hondura y complejidad confrontados con sus mujeres, que en la película no tienen una presencia distintiva, sino meramente arquetípica. En El irlandés vuelve el maestro italoamericano a transitar por un territorio que le resulta muy familiar y que le he permitido completar algunas de sus obras más imperecederas. Pero, en esta ocasión, el acercamiento al mundo de la mafia que Scorsese nos propone carece de la envoltura mitificadora y electrizante propia de anteriores entregas –pensemos, por ejemplo, en Uno de los nuestros– y opta por un estilo realista y nada rutilante. Scorsese no nos brinda personajes fascinadores y atormentados por pasiones desmesuradas, como ha hecho casi siempre en sus mejores títulos; sino más bien personajes grises, incluso anodinos o estólidos, como el propio protagonista interpretado por Robert de Niro, un camionero reconvertido en matón de la mafia, un ‘mandado’ que procura rehuir siempre los intríngulis morales, para acomodarse a las instrucciones de sus jefes. Tal actitud vital, que le garantiza la supervivencia durante décadas, al final le pasará una factura muy costosa, convirtiéndolo en verdugo de su amigo y, sobre todo, enajenándole el amor de su hija. La película, que abarca más de medio siglo, está contemplada desde la atalaya de la vejez, el sitio donde mora su protagonista, Frank Sheeran, que recapitula ante la cámara los episodios más significativos de su biografía poco ejemplar. Esa recapitulación nos lleva desde sus años mozos hasta sus postrimerías, donde Sheeran, abandonado de todos, se sigue negando a contar los crímenes pretéritos de los que fue autor o testigo, aunque hayan prescrito y las personas afectadas hayan fallecido, fiel al pacto de silencio que rigió su pertenencia a la mafia. Pacto que, sin embargo, infringe ante el sacerdote que acude de vez en cuando a visitarlo en la residencia de ancianos; pues, como siempre ocurre en el cine de Scorsese, la cuestión religiosa resulta crucial. Todo el tramo final de la película es, sin duda alguna, el más verdadero y conmovedor; pues en él Scorsese se despoja de su virtuosismo fílmico, para contar una historia de apariencia poco memorable, cual es la redención secreta de un pecador sin brillo. En otras películas suyas anteriores habíamos asistido a la redención de pecadores frenéticos y hondamente patéticos; en El irlandés Scorsese prueba a hacer algo infinitamente más difícil, que es la redención de un pecador sin conciencia de culpa, un pecador reticente que hubiese preferido no pecar, pero nunca dejó de hacerlo, hasta apurar el cáliz de la ignominia, por lealtad a sus jefes, a sabiendas de que así perdía el amor de su hija (y esa pérdida será su más terrible penitencia, que acata resignadamente). Para quienes hemos formado nuestro gusto cinéfilo en los grandes clásicos, el estreno de esta película crepuscular de Scorsese es una noticia muy grata y remuneradora, pues en ella hemos vuelto a encontrar la asimilación de un legado artístico en peligro de extinción. Pero, tratándose de Scorsese, esta asimilación nada tiene que ver con el pastiche nostálgico o la imitación ombliguista de fórmulas antiguas, sino con una genial transfiguración de las mismas. La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la transmisión del fuego; y Scorsese convierte esa transmisión en un incendio glorioso, porque el combustible de su arte es la genialidad. Una genialidad que, desde la última vuelta del camino, se torna más sabia y aquietada que nunca La entrada Scorsese crepuscular aparece primero en XLSemanal. - Artículo*: Juan Manuel De Prada - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas Pueblo (MIJAS NATURAL) *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
Animales de compañía. 'Scorsese crepuscular', por Juan Manuel de Prada. "La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la transmisión del fuego..."

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