Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

sábado, 8 de octubre de 2022

La política tradicional ha quedado obsoleta

Con la guerra de la política fiscal estamos viendo cómo tanto el conservadurismo como el progresismo están anclados en los viejos paradigmas de bajar o subir impuestos, en establecer una fiscalidad progresiva o no, siendo todo ello elementos de una política de otros tiempos, y más cuando lo que tenemos delante de nosotros es una crisis energética y económica de alto nivel. Por supuesto que en épocas anteriores mi postura estaba en lo que se consideraba progresismo, como es el que pague más quien más tiene y, en definitiva, en una redistribución de la riqueza. Con el tiempo, y, más después de esta crisis económica, sanitaria, social y política, mi opinión es que el análisis que se debe hacer de la fiscalidad, como de otros elementos de la política, es diferente, y, estando del lado del progresismo, lo que hoy en día se requiere es un cambio de estrategia con el fin de buscar soluciones a los problemas económicos actuales y a conseguir que la mayoría de las personas tengan la posibilidad de vivir mediante la consecución de un trabajo digno. Si nos centramos en la fiscalidad, y con los tiempos que tenemos hoy en día, creo que la disyuntiva “subida o bajada de impuestos” está obsoleta, y que de lo que de verdad se debe hablar es de una redistribución del gasto. En primer lugar, una subida de impuestos a los más ricos no va a tener la efectividad que se pretende, ya que ese sector social es el que tiene más recursos para aplicar la ingeniería financiera en sus beneficios. Por otra parte, en cuanto a esta ingeniería financiera, aún en el caso de que se diesen las circunstancias de demandarla, el Estado tendría que gastar recursos públicos para llevar a cabo los trámites judiciales que ello requiere, entrando en un bucle sempiterno. Además, hay que tener en cuenta que, precisamente, no se distingue este Estado por tener una separación de poderes, por lo que, como mínimo, tendríamos un coste de incremento de gasto público, pudiéndose incluso llegar a que no se recuperase lo demandado. Otro elemento a considerar, sería el hecho de que estaríamos llevando el asunto a unos niveles que nos alejarían de la sostenibilidad entre empresa-trabajadores, de manera que quien realmente se iba a resentir, sería la propia sociedad, con posibles incrementos de paro y, por consiguiente, de gasto social para paliarlo. Entraríamos, pues, en una espiral cada vez más grande de aumento de gasto público, requiriendo con ello el correspondiente incremento de la fiscalidad. Con lo expuesto, mi postura no es que no tengan que pagar más quien más tiene, mi postura es que en estos tiempos de crisis, hay que reciclarse y abandonar los esquemas antiguos de más o menos fiscalidad y, en cambio, preguntarnos ¿realmente esa fiscalidad repercute y soluciona los problemas socioeconómicos de nuestra sociedad? Por ello, esta nueva fiscalidad, en mi opinión debe basarse en dos ejes principales: Más que aumento de fiscalidad, lo que se debería hacer es Redistribuir el Gasto, y lo que expongo vale tanto a nivel estatal como para Euskadi. Redistribución del Gasto basado en el gasto que tenemos actualmente por parte de los políticos, con sus retribuciones, dietas, gastos de representación, etc. Redistribución del Gasto disminuyendo el número de parlamentarios. Redistribución del Gasto donde, y dada la situación de crisis que tenemos, no se incremente el sueldo de los parlamentarios. Redistribución del Gasto disminuyendo el gasto que de nuestros impuestos representa la monarquía. Redistribución del Gasto disminuyendo el incremento que se va a realizar en gasto armamentístico para la OTAN. Redistribución del Gasto disminuyendo determinadas infraestructuras como es el TAV, reconociéndose como se ha reconocido por parte del Estado y del gobierno vasco, que no va a servir para transporte de mercancías. Con este nivel de reducción de gasto en determinadas partidas, se podría perfectamente redistribuirlo aumentando, sin incremento impositivo, el gasto social, el gasto educativo y el gasto sanitario. Trabajar en pro de una política fiscal de consenso con los empresarios, en la que su fiscalidad se incremente no en base a los beneficios, sino en base a la no creación de empleo estable y de calidad. Estando en el sistema liberal en el que estamos, y si no se cambia el mismo, lo que hay que apostar es por llegar a una sostenibilidad entre beneficios empresariales y creación de empleo, de manera que la fiscalidad a los empresarios sea aumentada cuando no se dé incremento de empleo y, en cambio, pueda ser disminuida, siempre que se cree empleo y este sea de calidad. En definitiva, lo importante no es el aumento impositivo a los que más tienen, sino redistribuir el gasto, de modo que se vehiculen partidas presupuestarias para atender las necesidades de la sociedad, y, por otra parte, incidir en el elemento esencial para que las personas puedan desarrollar una vida en condiciones como es el tener un empleo digno. Con ello se fomentaría algo esencial para el progresismo como es la creación de empleo, y, de este modo, se evitarían incrementos de gasto social a través del subvencionismo; los cuales no dejan de ser meros parches sujetos al albur de los cambios políticos. En cierta medida, de esa manera, se evitaría el que se asegure un voto cautivo, elemento que, a mi parecer, no tiene cabida en un sistema verdaderamente democrático. La concepción de que la creación de empleo sea meramente pública mediante el funcionariado no se soporta en ninguna sociedad, ya que entonces no existirían elementos productivos y, por ende, esa sociedad quedaría anquilosada y, en cierta medida, cautiva del poder político del momento. Esto debe consistir en intervenir los sistemas productivos, no desde un punto de vista fiscalizador, para recaudar cuantos más impuestos mejor, (recuerdo que estoy a favor de un sistema impositivo justo, pero en estos momentos hay que readecuarse a la situación real en la que vivimos), sino desde el punto de vista de realizar un ejercicio de sostenibilidad entre empresa y sociedad, de manera que ese intervencionismo favorezca a quien cree empleo estable y de calidad y penalice a quien no lo haga. A fin de cuentas, lo mejor que se le puede ofrecer a una sociedad es el empleo, en condiciones apropiadas, ya que eso hará que consigamos una sociedad más libre y con una mayor capacidad de poder ejercer un libre pensamiento al no estar sujeta a las ataduras de un subvencionismo que, al fin y a la postre, no deja de ser “el estar cautivo del poder instituido”. La apuesta por el empleo digno y de calidad es la mayor apuesta que se puede hacer por el progresismo y, en definitiva, por la sociedad, ya que el empleo crea libertad y, por lo tanto, capacidad de pensamiento libre. Artículo*: Jon Ander Etxebarria Más info en frasco@menadelpsicologia.com / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas Pueblo #Psicologia #MenadelPsicologia #Clinica #Tradicional #MijasPueblo *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.
Hay que reciclarse y abandonar los esquemas antiguos de más o menos fiscalidad preguntándonos ¿realmente esa fiscalidad repercute y soluciona los problemas socioeconómicos de nuestra sociedad?

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