De acuerdo con el lenguaje simbólico del budismo, en cada hombre se ocultan tres especies diferentes de "semillas", a saber:
La Semilla de la Iluminación (naturaleza de Buda).
La Semilla de las buenas acciones.
La Semilla de las malas (incurables) acciones.
En las esferas celestes sólo se encuentran la semilla de la iluminación y la semilla de las buenas acciones. En las esferas infernales y en la esfera de los espíritus hambrientos faltan las semillas de la naturaleza de Buda. Allí solo se encuentran las semillas de las buenas y malas acciones. En la esfera de los hombres, en la esfera de los animales y en la esfera de los demonios se encuentran las tres semillas en determinada proporción. Todas ellas proceden, en mayor o menor medida, de la iluminación.
La importancia de esta representación es enorme.
En virtud de esta interpretación, todo hombre está en situación de alcanzar la completa iluminación y liberación, pues las semillas de la naturaleza de Buda se encuentran en cada uno de ellos. Incluso en la esfera del infierno se pueden manifestar los resultados positivos de las buenas acciones, en el sentido de que pueden guiar al hombre hacia una esfera próxima a la iluminación.
En las tradiciones septentrionales se dice que el Bodhisattva Ksitigarbha hizo una gran promesa. Movido por la compasión hacia todos los seres y cosas, se propuso bajar hasta el infierno para liberar los seres que allí se encontraban. "Si yo no bajo al infierno, ¿quien liberará entonces a las pobres criaturas que allí se encuentran?" (26)
Hui Neng, el gran maestro de la meditación, dijo: "El ser del espíritu es el verdadero Buda; los caminos torcidos y los tres elementos venenosos (ambición, odio y obcecación) son Mara (o sea, encarnación del mal). Iluminados mediante la actitud justa, haremos nacer en nosotros el Buda. Por el contrario, cuando en nuestra naturaleza, como consecuencia de un comportamiento incorrecto, dominan los tres elementos venenosos, estamos dominados por *Mara." (27)
La psicologia occidental distingue diversos grados de conciencia: la subconsciencia y la inconsciencia. Las doctrinas extremo orientales, y de manera especial la budista, coinciden con las teorias occidentales. Sólo la nomenclatura es distinta. Y sin embargo, es un hecho conocido que el hombre es influenciado por su propio cielo o por su propio infierno. Se trata de terrenos que él creo por si mismo y en los que se encuentra. De acuerdo con el estado psíquico en que se halla, puebla su cielo o su infierno con conceptos, creados por él mismo, que parecen seres celestiales o infernales.
Padmasambhava, el gran santo tibetano, dijo: "Los tres mundos son un infierno."(28)
*En el budismo, Mara es la personificación de la tentación, la ilusión y los obstáculos que impiden alcanzar la iluminación, representando las oscuras fuerzas humanas como el deseo, la ira, la codicia y el apego, y también se asocia con la muerte y el renacimiento.
Notas:
26. The Practice of Zen, por Chang Chen-chi. Rider (Londres, 1959), pag. 160.
27. Liu-tsu-ta-shih fa-pao-tan ching (Sutra de Hui Neng), cap II.
28. Cf. Evans-Wentz: Die grosse Befreiung. Barth Verlag (Munich, 1955). pag. 220.
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