Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

martes, 13 de agosto de 2019

Escolios a un texto implícito 22 (Nicolás Gómez Dávila)

— Se comenzó llamando democráticas las instituciones liberales, y se concluyó llamando liberales las servidumbres democráticas. — Nada es suficientemente importante para que no importe como está escrito. — Las autobiografías interesantes podrían abundar si escribir la verdad no fuese problema estético. — La vida es un combate cotidiano contra la estupidez propia. — En las ciencias humanas sólo se debe generalizar para individualizar mejor. — El amor utiliza el vocabulario del sexo para escribir un texto ininteligible al sexo solo. — Cuidémonos de llamar “aceptar la vida” aceptar sin resistencia lo que degrada. — La mentalidad moderna es hija del orgullo humano inflado por la propaganda comercial. — Creer que una verdad patente, claramente expresada, ha de convencer, no es más que prejuicio ingenuo. — Los problemas básicos de una época nunca han sido el tema de sus grandes obras literarias. Sólo la literatura efímera es “expresión de la sociedad”. — Proletario consciente en el vocabulario marxista significa pueblo convertido a los ideales burgueses. — No tengo pretensiones a la originalidad: el lugar común, si es viejo, me basta. — La “explicación” consiste finalmente en asimilar un misterio insólito a un misterio familiar. — Tan solo para defender nuestras convicciones subalternas poseemos abundantes argumentos. — Más que lo que dice, al imbécil lo delata su dicción. — El moderno conoce cada día más al mundo y menos al hombre. — La sinceridad, si no es en confesión sacramental, es factor de desmoralización. — Pedirle al estado lo que sólo deber hacer la sociedad es el error de la izquierda. — Nada suscita más desdén recíproco que la diferencia de diversiones. — El maquinismo embrutece porque le hace creer al hombre que vive en un universo inteligible. — No se suele llegar a conclusiones sino desatendiendo objeciones. — Del tedio cotidiano sólo nos rescatan lo impalpable, lo invisible, lo inefable. — El filósofo se desequilibra fácilmente; sólo el moralista no suele perder el juicio. — Las almas que el cristianismo no poda nunca maduran. — Lo vago y lo preciso, en el universo, no son zonas bien o mal conocidas, sino zonas de estructura diversa. La zona, por ejemplo, donde la buena voluntad basta, y la zona donde sólo el acierto cuenta. — Las palabras son las verdaderas aventuras del auténtico escritor. — Una reforma de la sociedad sólo puede esperarse de las contradicciones entre las insensateces humanas. — Hacer lo que debemos hacer es el contenido de la Tradición. — El que no busca a Dios en el fondo de su alma, no encuentra allí sino fango. — La “liberación sexual” le permite al hombre moderno desentenderse de los múltiples tabús de otra índole que lo gobiernan. — El que se empeña en refutar argumentos imbéciles acaba haciéndolo con razones estúpidas. — No ha nacido escritor que no haya escrito demasiado. — El clero moderno afirma que el cristianismo pretende resolver los problemas terrestres –confundiéndolo así con la utopía. — Un simple arrebato de impaciencia suele suprimir pronto la distancia entre la utopía y el asesinato. — El hombre es animal educable, siempre que no caiga en manos de pedagogos progresistas. — Los lugares comunes de la tradición occidental son la pauta que no engaña en las ciencias humanas. — Todo hombre vive su vida como un animal sitiado. — Las filosofías comienzan en filosofía y acaban en retórica. — Siendo diálogo la filosofía, no hay razón para suponer que el último que opinó sea el que tiene la razón. — La vocación auténtica se vuelve indiferente a su fracaso o a su éxito. — El individualismo es cuna de la vulgaridad. — Lo más irónico en la historia es que prever sea tan difícil y haber previsto tan obvio. — Las intuiciones del filósofo a veces nos deslumbran; frente a sus raciocinios nos erizamos de objeciones. — La estupidez se apropia con facilidad diabólica lo que la ciencia inventa. — Donde la igualdad deja que la libertad entre, la desigualdad se le desliza. — El sociólogo nunca sabe, al manipular sus estadísticas, dónde importa la cifra relativa y dónde la cifra absoluta. — Donde el comunismo triunfa, el silencio cae con ruido de trampa que se cierra. — Conocer bien un episodio histórico consiste en no observarlo a través de prejuicios democráticos. — Entre los elegidos por el sufragio popular sólo son respetables los imbéciles, porque el hombre inteligente tuvo que mentir para ser elegido. — El hombre no tiene la misma densidad en toda época. — El vicio que aqueja a la derecha es el cinismo, y a la izquierda la mentira. — Saber no resuelve sino problemas subalternos, pero aprender protege del tedio. — Los que reemplazan la “letra” del cristianismo por su “espíritu” generalmente lo convierten en una pamplinada socio-económica. — Humanidad es lo que elaboraron en la animalidad del hombre la reticencia y el pudor. — Nada inquieta más al incrédulo inteligente que el católico inteligente. — El realismo de la fotografía es falso: omite en la representación del objeto su pasado, su trascendencia, su futuro. — La perfecta transparencia de un texto es, sin más, una delicia suficiente. — Nuestra vida es anécdota que esconde nuestra personalidad verdadera. — Hablar sobre Dios es presuntuoso, no hablar de Dios es imbécil. — Las personas sin imaginación nos congelan el alma. — El espectáculo de un fracaso es tal vez menos melancólico que el de un triunfo. — Ciertas ideas sólo son claras formuladas, pero otras sólo son claras aludidas. — Al repudiar los ritos, el hombre se reduce a animal que copula y come. — El hombre moderno no defiende enérgicamente sino su derecho a la crápula. — La objeción del reaccionario no se discute, se desdeña. — En materia religiosa la trivialidad de las objeciones suele ser más obvia que la fragilidad de las pruebas. — Cuando los elegidos en una elección popular no pertenecen a los estratos intelectuales, morales, sociales, más bajos de la nación, podemos asegurar que subrepticios mecanismos anti-democráticos han interferido el funcionamiento normal del sufragio. — Al estallar una revolución, los apetitos se ponen al servicio de ideales; al triunfar la revolución, los ideales se ponen al servicio de apetitos. — Entre las causas de una revolución y su realización en hechos se insertan ideologías que acaban determinando el curso y hasta la naturaleza de los acontecimientos. Las “ideas” no “causan” las revoluciones, pero las encauzan. — Los que defienden las revoluciones citan discursos; los que las acusan citan hechos. — La falsificación del pasado es la manera como la izquierda ha pretendido elaborar el futuro. — “Tener sentido” es atributo irreductible, inanalizable, último, de ciertas presentaciones. — La sensibilidad es brújula menos susceptible de enloquecerse y de desorientar que la “razón”. — El día se compone de sus momentos de silencio. Lo demás es tiempo perdido. — El hombre solamente es importante si es verdad que un Dios ha muerto por él. — El afán moderno de originalidad le hace creer al artista mediocre que en simplemente diferir consiste el secreto de la originalidad. — No todos los vencidos son decentes, pero todos los decentes resultan vencidos. — Aun los gobernantes más austeros acaban asistiendo al circo para complacer a la muchedumbre. — Todo en la historia comienza antes de donde creemos que comienza, y termina después de donde creemos que termina. — Desigualdad e igualdad son tesis que conviene defender alternativamente, a contrapelo del clima social que impere. — Ni declaración de derechos humanos, ni proclamación de constituciones, ni apelación a un derecho natural, protegen contra la arbitrariedad del estado. Sólo es barrera al despotismo el derecho consuetudinario. — Sus prejuicios no embrutecen sino al que los cree conclusiones. — De soberanía de la ley sólo se puede hablar donde la función del legislador se reduzca a consultar el consenso consuetudinario a la luz de la ética. — Las grandes teorías históricas se vuelven útiles cuando renuncian a querer explicar todo. — La comprensión de lo individual y la comprensión de lo general se condicionan en historia recíprocamente. — No hay ciencia humana tan exacta que el historiador no necesite corregirla y adaptarla para poderla utilizar. — Al hombre no lo educa el conocimiento de las cosas sino el conocimiento del hombre. — La patanería intelectual es el defecto que en este siglo menos sabemos evitar. — Determinar cuál es la causa y cuál el efecto suele ser en historia problema insoluble. — El hombre nunca calcula el precio de cualquier comodidad que conquista. — No hay casualidad en historia que no se supedite a la casualidad de las circunstancias. — La noción de determinismo ha ejercido un terrorismo corruptor de la faena filosófica. — Sólo se puede releer al que sugiere más de lo que expresa. — Nadie ignora que los acontecimientos históricos se componen de cuatro factores: necesidad, casualidad, espontaneidad, libertad. Sin embargo rara es la escuela historiográfica que no pretende reducirlos a uno solo. — “Necesidad histórica” suele ser meramente nombre de la estupidez humana. — El espectáculo de la humanidad no adquiere cierta dignidad sino gracias a la deformación a que el tiempo lo somete en la historia. — El político nunca dice lo que cree cierto, sino lo que juzga eficaz. — Más que del inquietante espectáculo de la injusticia triunfante, es del contraste entre la fragilidad terrestre de lo bello y su esencia inmortal en donde nace la esperanza de otra vida. — La retórica cultural reemplaza hoy la retórica patriótica, en las efusivas expectoraciones de los tontos. — Un tacto inteligente puede hacer culminar en perfección del gusto la austeridad que la pobreza impone. — El hombre ya no sabe inventar nada que no sirva para matar mejor o para vulgarizar el mundo un poco más. — Sólo la religión puede ser popular sin ser vulgar. — Su libertad no libera al hombre de la necesidad. Pero la tuerce en imprevisibles consecuencias. — Cambiar un gobierno democrático por otro gobierno democrático se reduce a cambiar los beneficiarios del saqueo. — Es sobre las antinomias de la razón, sobre los escándalos del espíritu, sobre las rupturas del universo, sobre lo que fundo mi esperanza y mi fe. — El estado no se ha portado con discreción y mesura sino bajo la vigilancia celosa de burguesías ricas. — Las verdades subalternas suelen eclipsar las más altas verdades. — Aun cuando lograra realizar sus más atrevidas utopías, el hombre seguiría anhelando transmundanos destinos. — Las dudas no se disipan una a una: se disuelven en un espasmo de luz. — Es ante todo contra lo que el vulgo proclama “natural” contra lo que el alma noble se rebela. — Todo lo eximio en la historia resulta de equilibrios singularmente inestables. Nada dura ciertamente, pero lo mediocre dura más. — Sólo es transparente el diálogo entre dos solitarios. — Formular los problemas de hoy en un vocabulario tradicional los despoja de falsos prestigios. — En los siglos espiritualmente desérticos, sólo cae en cuenta de que el siglo está muriéndose de sed el que aún capta aguas subterráneas. — La libertad no es fruto del orden sólo, es fruto de concesiones mutuas entre el orden y el desorden. — Mis convicciones son las mismas que las de la anciana que reza en el rincón de una iglesia. — La realidad última no es la del objeto que la razón construye, sino la de la voz a que la sensibilidad contesta. — Las ciencias humanas no son propiamente ciencias inexactas, sino ciencias de lo inexacto. — Hablan enfáticamente de “transformación del mundo”, cuando lo más a que pueden pretender es a ciertas remodelaciones sociales secundarias. — Lo que aconseja renunciar a las opiniones progresistas y atrevidas es la inevitabilidad con la cual tarde o temprano el tonto finalmente las adopta. — No viviría ni una fracción de segundo si dejara de sentir el amparo de la existencia de Dios. — No cometo la torpeza de negar los indiscutibles éxitos del arte moderno; pero ante el arte moderno en sí, como ante el arte egipcio o chino, me siento ante un arte exótico. — Después de experimentar en qué consiste una época prácticamente sin religión, el cristianismo aprende a escribir la historia del paganismo con respeto y con simpatía. — Ante el marxismo hay dos actitudes igualmente erróneas: desdeñar lo que enseña, creer lo que promete. — Filosofar es adivinar, sin poder nunca saber si acertamos. — Marxismo y psico-análisis han sido los dos cepos de la inteligencia moderna. — Estado sanamente constituido es aquel donde inmúmeros obstáculos embarazan y estorban la libertad del legislador. — Nuestras repugnancias espontáneas suelen ser más lúcidas que nuestras convicciones razonadas. — “Revolucionario” significa hoy individuo para quien la vulgaridad moderna no está triunfando con suficiente rapidez. — Aun cuando estén llenos de amenazas, no logro ver en los Evangelios sino promesas. — El emburguesamiento de las sociedades comunistas es, irónicamente, la postrer esperanza del hombre moderno. — Una sociedad civilizada necesita que en ella, como en la vieja sociedad cristiana, igualdad y desigualdad permanentemente dialoguen. — La envidia difiere de los demás vicios por la facilidad con que se disfraza de virtud. — La actividad política deja de tentar al escritor inteligente, cuando al fin entiende que no hay texto inteligente que logre tumbar ni a un alcalde de pueblo. — En el hombre inteligente la fe es el único remedio de la angustia. Al tonto lo curan “razón”, “progreso”, alcohol, trabajo. — El placer de adivinar el significado ingenioso de una metáfora pretende reemplazar, en la “poesía” moderna, la misteriosa jubilación del canto. — La fe no es una convicción que poseemos, sino una convicción que nos posee. — La frontera entre la inteligencia y la estupidez es movediza. - Artículo*: Zurraquín - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas Pueblo (MIJAS NATURAL) *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
— Se comenzó llamando democráticas las instituciones liberales, y se concluyó llamando liberales las servidumbres democráticas. ...

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