
b.
Inicio mi enésimo intento de completar lectura y traducción de las hikam de Ibn Ata Allah.
El impulso de volver a leerlas y estudiarlas con los hermanos me ha llevado a desempolvar la traducción que he comenzado varías veces, acompañado de una explicación de la traducción.
Si Dios quiere, iré colgando en el blog el progreso de tal intento.
Quiera Dios concedernos acceder a las enseñanzas y los estados que estas enseñanzas contienen y que sean motivo para acercarnos a Él.
En el nombre de Dios, el Todo misericordioso, el Muy misericordioso.
-1-
Dijo Ibn Ata Allah, que Dios esté complacido con él:
مِنْ عَلَامَةِ الْاعْتِمَادِ عَلَىَ الْعَمَلِ نُقْصَانُ الْرَّجَاءِ عِنْدَ وُجُوْدِ الْزَّلَلِ
1. Un signo de que te sustentas en las obras es que disminuya tu esperanza cuando se comete un desliz.
En esta primera hikma el Shayj comienza dejando claro una enseñanza básica: esta vía, antes de todo lo demás, debe basarse (‘itimâd) en Dios y no en nuestras propias obras o actos (‘amal, pl. ‘amâl). Quien pone su esperanza y su intención en otro que Dios, aunque sean sus obras religiosos (‘amal), las pone en algo que puede fallar. Corre el riesgo de caer en la desesperanza cuando sus expectativas no se vean cumplidas, cuando lo alcance la adversidad o tenga un desliz (zilzal) por un capricho de su alma.
Es un anuncio de la naturaleza de la vía espiritual. Aunque en este camino existan obras, todo depende de la gracia y favor divinos en último término. Quien confía en sus propios méritos (o se desespera por sus deméritos) para recorrer esta vía, caerá fácilmente en la desesperación ante las dificultades y pruebas. Quien se apoya en Dios, conocedor de su propia impotencia y su necesidad absoluta de Él, sufrirá las pruebas consciente de Quien las pone y quien libra de ellas..
إِرَادَتُكَ الْتَّجْرِيْد مَعَ إِقَامَةِ الْلَّهُ إِيَّاكَ فِيْ الْأَسْبَابِ مِنَ الْشَّهْوَةِ الْخَفِيَّةِ وَإِرَادَتُكَ الْأَسْبَابَ مَعَ إِقَامَةِ الْلَّهُ إِيَّاكَ فِيْ الْتَّجْرِيْدِ انْحِطَاطٌ عَنِ الْهِمَّةِ الْعَلِيَّةِ
2. Que desees del desprendimiento cuando Dios te impone acudir a los medios no es más que un sutil capricho. Que desees los medios cuando Dios te impone el desprendimiento es muestra de que careces de una aspiración elevada.
El desprendimiento (taŷrīd) es un término técnico que indica el abandono de los medios mundanos (sabab, pl. asbâb) como el trabajo, la familia, los deberes y necesidades individuales y sociales, remitiéndose solamente a Dios. En determinadas circunstancias, este puede ser un medio o una forma de vida para acercarse a Dios. Ibn Ata Allah, dentro del contexto de la vía shadhilí, lanza esta advertencia a quien desea buscar a Dios. Tan peligroso es estar apegado a los medios cuando Dios te ha impuesto el desprendimiento, como acogerte al desprendimiento cuando te ha impuesto usar esos medios.
Si Dios te ha puesto en un estado tal que debes acudir a la causalidad y los medios de vida (asbâb), debes tener cuidado, no vaya que el deseo de renunciar no sea simplemente fruto del deseo oculto (šahwa jafiyya) de tu alma o para conseguir otra cosa de este mundo. Por eso el šayj Abu Madyan dijo: “Desprenderse de este mundo para obtener este mundo es peor que dedicarse a él”. Esta es una trampa sutil que indica la falta de madurez espiritual y el sometimiento a los caprichos (shahwa) del alma.
De igual forma, cuando Dios te facilita el desprendimiento, es decir, dispone para ti el abandono de los medios y la causalidad, seguir apegado a ellos es una prueba de que se carece de una aspiración elevada (himma ‘aliyya). Este concepto, el de la himma, el de la aspiración o propósito, es un asunto central en el sufismo. Esta aspiración (himma) es la fuerza y energía que pones para perseguir un propósito. Aunque cuidado, la cuestión no es que la vía sea como tú quieres o imaginas que sea, sino que, como dice la siguiente hikma:
سَوَابِقُ الْهِمَمِ لَا تَخْرِقُ أَسْوَارَ الْأَقْدَارِ
3. Las proyecciones de tus propósitos no pueden derribar los muros del Decreto.
Tus propósitos (himam), aquello que te afanas en conseguir porque es el objeto de tu preocupación (hamm), lo es porque tiene una resonancia en tu interior. Esa preocupación, si la examinas con atención, comprobarás que tiene un núcleo que puede ser una necesidad muy legítima, pero viene rodeada de toda una serie accesorios y envoltorios, de expectativas (sawâbiq), que son las que generan esa preocupación y que a veces llegan hasta la angustia.
Esas expectativas son como flechas, que no pueden agrietar los muros del decreto divino. Aunque este mundo nos insista en que “si quieres, puedes”, que todo es posible si un alma lo desea gracias a su tecnología, su progreso y poder; que si algo no ocurre es porque no se tiene el conocimiento, la destreza, el poder o los recursos suficientes, quien quiere recorrer el camino espiritual (tarîqa), debe ser consciente que en el fondo no ocurre más que aquello que el decreto divino ha permitido. Pero somos pertinaces creyentes en nuestro mérito y por eso da el siguiente consejo:
أَرِحْ نَفْسَكَ مِنَ الْتَّدْبِيرِ فَمَا قَامَ بِهِ غَيْرُكَ عَنْكَ لَاتَقُمْ بِهِ لِنَفْسِكَ
4. Abandona la planificación de tu alma, puesto que de lo que otro ya ha dispuesto, no te debes ocupar tú.
La planificación (tadbîr), tal como lo define y expone el autor en una obra dedicada a esto de forma exclusiva, el Tanwīr fī isqāt al-tadbīr (Sobre el abandono de sí mismo), es tu propia elección e iniciativa, tu planificación. Aquí el Shayj nos aconseja dejar atrás nuestra propia elección y planificación de aquello que Dios ya se encarga. Él es el que impone Su mejor criterio, por mucho que te empeñes en llevar la contraria. Imponer el propio criterio sólo indica tu ignorancia de la realidad y sólo conlleva sufrimiento para el alma. Cuando eres consciente de que Dios “es el que sostiene a cada ser según lo que le corresponde” (13.33), eres capaz de abandonarte a Su hacer y comprender Su obrar.
No está llamando a una aceptación pasiva, ni a que dejes de recurrir a los medios habituales si es lo que Él ha dispuesto para ti, sino al abandono de un plan propio. No desperdicies tus energías, pues:
اجْتِهَادُكَ فِيْمَا ضَمِنَ لَكَ وَتَقْصِيْرُكَ فِيْمَا طَلَبَ مِنْكَ دَلِيْلٌ عَلَىَ انْطِمَاسِ الْبَصِيْرَةِ مِنْكَ
5. Tu esfuerzo por aquello que ya te ha garantizado y tu negligencia ante aquello que se te exige, son prueba de la cortedad de tu visión interior.
Aunque no te lo parezca, Dios se encarga de mucho de lo que te afanas por conseguir, incluso antes de que fueses consciente de ello. Te ha dado la vida sin que participases en ello; te ha permitido creer en el Él; te ha dotado de ciertas cualidades para sobrevivir, etc. Todas son muestras de Su gracia y munificencia. En cambio, tú escatimas en aquello que te pide, que es tu lealtad, tu obediencia, tu reverencia, tu servidumbre… Esto lo que demuestra es tu falta de visión interior (basîra), tu capacidad para leer entrelíneas y ver la realidad de las cosas. Porque en ese sentido:
لَا يَكُنْ تَأَخُّرُ أَمَدَ الْعَطَاءِ مَعَ الْإِلْحَاحِ فِيْ الْدُّعَاءِ مَوْجِبَاً لِيَأْسِكَ فَهُوَ ضَمِنَ لَكَ الْإِجَابَةَ فِيْمَا يَخْتَارُهُ لَكَ لَا فِيِمَا تَخْتَارُ لِنَفْسِكَ وَفِيْ الْوَقْتِ الَّذِيْ يُرِيْدُ لَا فِيْ الْوَقْتِ الَّذِيْ تُرِيْدُ
6. No desesperes porque se demore la respuesta a las peticiones que acompañan a tus insistentes actos de obediencia. Él te ha garantizado la respuesta, pero de la forma que Él ha elegido, no lo que tú has elegido, y en el momento que Él considere oportuno, no en el que tú lo consideres.
Existe el riesgo de que tus obras (‘amal) y obediencia (‘atâ`) las veas como una especie de transacción: tanto trabajas, tanto obtienes, o al menos esperas que por ellas, recibirás un pago o una recompensa. El autor lanza aquí una advertencia: hay que tener cuidado, pues esto no se trata de una transacción comercial o un trabajo. Dios ha prometido dar respuesta a tus peticiones (du’a), especialmente a la del oprimido y la del siervo obediente (2:186, 7.55), pero eso no significa que sea como tú esperas. Él decide el cómo y el cuándo responde a las peticiones que acompañan a tales actos de obediencia. Esa es su parte y el que desea llegar a Dios (murîd) debe saber que no puede comprarlas. Aunque sus obras fuesen las más perfectas, sigue estando a merced de Su decisión, tal y como indica el ejemplo profético.
Y esto tiene su sabiduría: lo que se pretende es que conozcas tu precariedad y tu necesidad ante Él. Es una forma de reconocimiento de la Unidad Divina a través de la visión de la autoría divina de todo acto. Solo Dios es quien tiene la Voluntad (al-Murîd) y Autosuficiencia (al-Ganî) absolutas. El resto necesitamos de Su provisión, que nos ha garantizado, pero en el momento en que sea adecuado según Su criterio.
لا يُشَكِّكَنّكَ فِيْ الْوَعْدِ عَدَمْ وُقُوْعِ المَوْعُوْدِ وَإِنْ تَعَيَّنَ زَمَنُهُ لِئَلَّا يَكُوْنَ ذَلِكَ قَدْحَاً فِيْ بَصِيْرَتِكَ وَإِخْمَادَاً لِنُوْرِ سَرِيْرَتِكَ
7. No dudes de la promesa porque no acontezca lo prometido, pues puede que se haya pospuesto su momento porque podría entorpecer tu visión interior y oscurecer la luz de tu interior.
Dice el comentario de Ibn ‘Abbad, que Dios esté complacido con él, que el que la promesa de Dios (wa’ad) — de la que Él ha dicho que es verdadera, y que aquello que promete se cumple (13.31)— no acontezca, no debe ser motivo para que dudes de ella, ni pierdas la confianza.
A veces, en el camino espiritual, se produce una parada o no se cumplen con una expectativas, o que ocurra una circunstancia que te lleve a la duda (shakk) o a que se enfríe tu aspiración. Si Él ha decidido que en ese momento no ocurra aquello que esperabas es porque, conocedor del corazón y alma humana, sabe mejor cómo y cuándo debe ocurrir. Puede que si ocurre tal y como tú deseas, eso dañe tu visión interior (basîra) o extinga la luz de interior (nur sarirati-ka). Mejor tener paciencia y perseverar, pues puede que:
إِذَا فَتَحَ لَكَ وِجْهَةً مِنَ الْتَّعَرُّفِ فَلَا تُبَالِ مَعَهَا إِنَّ قَلَّ عَمَلُكَ فَإِنَّهُ ما فتَحَهَا لَكَ إِلَا وَهُوَ يُرِيْدُ أَنْ يَتَعَرَّفَ إِلَيْكَ أَلَمْ تَعْلَمْ أَنَّ الْتَّعَرُّفَ هُوَ مُوْرِدُهُ عَلَيْكَ وَالْأَعْمَالَ أَنْتَ مُهْدِيْهَا إِلَيْهِ وَأَيْنَ مَا تُهْدِيْهِ إِلَيْهِ مِمَّا هُوَمُوْرِدُهُ عَلَيْكَ
8. Si te facilita una forma de conocerLo, que no te importe que tus obras sean pocas, puesto que si Él la ha posibilitado es porque quiere que Le conozcas. ¿Acaso no te das cuenta que esa forma de concocerLe es algo que te ha hecho llegar desde Él y que tus obras son solo una ofrenda por tu parte? ¿Acaso tiene comparación lo que le ofreces con lo que Él te concede?
Si Dios te abre o ilumina (fataha) una forma para conocerLe en un aspecto (wiyha), no debes preguntarte qué has hecho para merecerlo, pues tus obras no son el motivo, ni dejan de serlo, para que Él te provea con tal don. El que te haga conocerlo a través de algo que te ha hecho llegar (wârid) es el mayor regalo que puedes recibir, por encima de cualquier otro. Comparado con eso, cualquier acto que puedas ofrecer, no es más que una ofrenda (hadiya) que Él no necesita pero que te ha exigido.
Aprovecha y agradece lo que te ha concedido, consciente de dónde viene; si no lo aprovechas se marchará y no volverá jamás. Mientras tanto, sigue cuidando del regalo que le ofreces, pues:
تَنَوَّعَتْ أَجْنَاسُ الْأَعْمَالِ لِتَنَوُّعِ وَارِدَاتُ الْأَحْوَالِ
9. Los diferentes tipos de obras varían con las diferentes inspiraciones de los estados.
La inspiración del estado (wârid al-hâl) se refiere a la inspiración que sobreviene (wârid) en un estado (hâl) del alma. Los estados (hâl, pl. ahwâl) son, en el sufismo, las situaciones temporales que el alma atraviesa: son los efectos de las inspiraciones divinas, angelicales, egoístas o satánicas que llegan a la persona. Así, en un momento podrán conllevar una estado de constricción, otro de alegría, otro de abatimiento, otro de exaltación, uno de vergüenza, otro de temor, uno de rebeldía, otro de sumisión, unas veces claridad, otras veces oscuridad,… Estos se acompañan de actos u obras (‘amal): unos de obediencia, otros de rebeldía, unos virtuosos, otros perniciosos, unos rectos, otros corruptos,… Tienen una relación mutua, unas veces los actos causan el estado, otras veces el estado el acto, aunque para el aspirante (murîd) lo importante y lo que debe guiar sus acciones es que:
الْأَعْمَالُ صُوَرٌ قَائِمَةٌ وَأَرْوَاحُهَا وُجُوْدُ سِرِّ الْإِخَلاصِ فِيْهَا
10. Las obras son formas fijas y su espíritu la presencia de la pureza de intención (ijlāṣ) en ellas.
Las obras o actos (‘amal, pl. ‘amâl) son formas que por sí mismas no tienen vida. Lo que les da vida es el espíritu que las anima, que no es otra cosa que la pureza de intención (ijlâs). Y en esto no se refiere solo a los actos de adoración (‘ibâda), sino a todo acto del hombre: lo que los hace cobrar sentido, tener un propósito, es la intención con la que se hacen, según indican las palabras proféticas.
La pureza de intención no es solo la ausencia de pretensión, de hipocresía, de segundas intenciones, sino que es un acto que provenga de un genuino y sincero sentido de complacer a Dios. De igual que la manera que la fe pura (ijlâs) que representa la azora al-Ijlâs (Corán 112), en la que se confiesa que Dios en único, que ni engendra ni ha sido engendrado y no hay nada que se le parezca, la pureza de intención de las las obras es que no haya en ellas otro motivo que complacer a Dios. ¿Y cómo lograrlo, si nuestra alma interfiere continuamente?
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