Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

domingo, 28 de agosto de 2016

La Luna Tzade

Jeroglíficamente, la tsade expresa las mismas ideas de la teth (arc. 9), sobre todo la idea de término, meta, fin. Por lo tanto constituye un signo final y determinativo que se relaciona con las ideas de límite, de escisión, de solución, etc. La tsade, letra simple, corresponde al signo zodiacal Libra. RELACIONES: JEROGLÍFICO PRIMITIVO: Un techo ASTRONOMÍA: Libra MES: Enero LETRA HEBRAICA: Tsade (simple) SIGNIFICADOS: EL CAOS EL CUERPO MATERIAL Y SUS PASIONES LA MATERIA Acabamos de recorrer los escalones que el espíritu desciende en su caída en la materia. Estamos ya en el fin: el espíritu se halla totalmente materializado (es precisamente lo que nos enseña la lámina 18). Un campo débilmente iluminado por la luna. La luz, símbolo del alma, se proyecta ahora indirectamente, lo que nos enseña que el mundo material se halla iluminado por reflejo. El campo se halla limitado por dos torres, que sirven de mojones. De la luna se desprenden gotas de sangre. El mundo material es la meta final hacia la cual tiende el espíritu. Nada puede descender de más allá, es lo que indican las torres. Las gotas de sangre representan el descenso del espíritu en la materia. Un sendero rociado por gotas de sangre se pierde en el horizonte. En el trayecto un perro y un lobo aúllan a la luna. Un cangrejo sale del agua y trepa entre los dos animales. La introducción del espíritu en la materia representa una caída tan considerable que todo conspira para aumentarla. Los espíritus serviles (perros), las larvas feroces (lobos) y los elementales rampantes (cangrejos) vigilan la caída del alma en la materia para ensayar de oprimirla todavía más. 1° Final de la materialización divina. Punto final de la involución: EL CAOS 2º Final de la materialización adámica: EL CUERPO MATERIAL Y SUS PASIONES 3° Final de la materialización física: LA MATERIA Con el tercer septenario termina la “involución”, es decir el descenso del espíritu en la materia. Las tres últimas cartas del Tarot nos indicarán de qué manera las fuerzas emanadas progresivamente volverán a su principio común mediante la “evolución”. LOS FILTROS Y LOS SORTILEGIOS Justitia – Mysterium – Canes Abordamos ahora el abuso más criminal que pueda hacerse de las ciencias mágicas: la magia, o más bien la brujería envenenadora. Debe comprenderse que esto lo escribimos, no para enseñar sino para prevenir. Si la justicia humana, al perseguir a los adeptos, no lo hubiera hecho nada más que contra los nigromantes y brujos o hechiceros envenenadores, es cierto, como ya lo hemos advertido, que sus rigores habrían sido excesivas contra semejantes malvados. Sin embargo, no hay que creer que el poder de vida y de muerte que pertenece secretamente al mago, haya sido siempre ejercido para satisfacer alguna cobarde venganza, o una concupiscencia más cobarde todavía. En la Edad Media como en el mundo antiguo, las asociaciones mágicas han, con frecuencia, fulminado o hecho perecer lentamente a los reveladores o profanadores de los misterios, y cuando la espada mágica debía abstenerse de funcionar, cuando la efusión de sangre era de temer entonces el agua Toffana, los ramilletes perfumados y las camisas de Nessus y otros instrumentos de muerte, más desconocidos y más extraños, servían para ejecutar más pronto o más tarde la terrible sentencia de los jueces francos. Ya hemos dicho que existe en Magia un grande e indecible arcano, que no se comunica jamás entre adeptos, y que, sobre todo, es preciso impedir a todo trance que los profanos lo adivinen; cualquiera que en otro tiempo revelara, o lo hiciera descubrir a los demás por imprudentes revelaciones, la clave de ese arcano supremo, era condenado inmediatamente a muerte y obligado, con frecuencia, a ser él mismo el ejecutor de la sentencia. La famosa comida profética de Cazotte, escrita. por Laharpe, no ha sido aún comprendida; y Laharpe al narrarla, ha cedido al deseo, bastante natural por cierto, de maravillar a sus lectores ampliando los detalles. Todos los hombres presentes en esa comida, con excepción de Laharpe, eran iniciados y reveladores, o por lo menos, profanadores de misterios. Cazotte, más elevado que todos ellos en la escala de la iniciación, les pronunció su decreto de muerte en nombre del iluminismo, y ese decreto fue diversamente, pero rigurosamente ejecutado, como otros decretos semejantes lo habían sido muchos años y muchos siglos antes contra el abate de Villars, Urbano Grandier, y tantos otros, y los filósofos revolucionarios perecieron, como también debían perecer Cagliostro, abandonado en las prisiones de la inquisición, la banda mística de Catalina de Theos, el imprudente Schroepffer, forzado a matarse en medio de sus triunfos mágicos y de la admiración universal, el desertor Kotzebüe, apuñalado por Carl Sand y tantos otros, cuyos cadáveres han sido hallados sin que se supiera la causa de su muerte súbita y sangrienta. Fresca está todavía la memoria de la extraña alocución que dirigió al mismo Cazotte, al condenarle a muerte, el presidente del Tribunal revolucionario, su colega y comiciado. El nudo terrible del drama del 93, está todavía oculto en el santuario más oscuro de las sociedades secretas; a los adeptos de buena fe que querían emancipar a los pueblos, otros adeptos de una secta opuesta y que estaban ligados a más antiguas tradiciones, les hicieron una oposición terrible por medios análogos a los de sus adversarios, e hicieron imposible la práctica del gran arcano, al desenmascarar la teoría. La muchedumbre no comprendió nada, pero desconfió de todos y cayó, por descorazonamiento, más bajo de lo que habían querido llevarla. El gran arcano permaneció más desconocido que nunca. Únicamente los adeptos, neutralizados los unos por los otros, no pudieron ejercer el poder, ni para dominar a los demás, ni para librarse ellos mismos; se condenaron, pues, mutuamente como traidores y se entregaron los unos a los otros al exilio, al suicidio, al puñal y al cadalso. Se me preguntará tal vez, si peligros tan terribles amenazan todavía en nuestros días, sea a los intrusos del santuario oculto a los reveladores del arcano. ¿Por qué he de responder yo a la incredulidad de los curiosos? Si me expongo a una muerte violenta por instruirlos, no me salvarán ciertamente; si tienen miedo por sí mismos, que se abstengan de toda investigación imprudente; he aquí todo lo que puedo decirles. Volvamos a la magia envenenadora. Alejandro Dumas, en su novela El conde de Montecristo, ha revelado algunas de las prácticas de esta ciencia funesta. No repetiremos de él las tristes teorías del crimen, cómo se envenenan las plantas, no diremos cómo, por medio de unciones venenosas, se envenenan las paredes de las casas y el aire respirable por medio de fumigaciones que requieren que el observador emplee la careta de vidrio de Santa Cruz; dejaremos a la antigua Canidia sus misterios y no busquemos tampoco, hasta qué punto los ritos infernales de Sagane han perfeccionado el arte de Locusta. Se escribían recetas para envenenar y las disfrazaban bajo términos técnicos de alquimia, y en más de un libro antiguo, sedicente hermético, el secreto de la pólvora de proyección no es otro que el de la pólvora de sucesión. En el gran grimorio se encuentra aún una de esas recetas menos disfrazadas que las demás, pero titulada únicamente, medio de hacer el oro; Juan Bautista Porta, en su Magia Natural, da una receta del veneno de los Borgia; pero, como puede suponerse, se burla de su público y no divulga la verdad, demasiado peligrosa en semejante materia. Eran los polvos de la receta de Porta los que las brujas de la Edad Media pretendían recibir en el aquelarre y que expedían a gran precio a la ignorancia o al odio. Es por la tradición de semejantes misterios como ellas sembraban el espanto en los campos y hacían sus sortilegios. El hechicero o la hechicera eran casi siempre una especie de sapos humanos, hinchados de inveterados rencores; eran pobres, estaban rechazados de todos y, por consecuencia, odiaban. El temor que inspiraban era su consuelo y su venganza; envenenados ellos mismos por una sociedad de la que no habían conocido más que los desperdicios y los vicios, envenenan a su vez a aquellos que eran bastante débiles para tenerlos y vengaban en la juventud y en la belleza su vejez maldita y su imperdonable fealdad. Sólo la operación de esas malvadas obras y el cumplimiento de esos repugnantes misterios, constituían y confirmaban los que entonces se llamaba pacto con mal espíritu. Es cierto que el operador debía pertenecer en alma y cuerpo al mal, y que merecía con justo título la reprobación universal e irrevocable manifestada por la alegoría del infierno. Que las almas humanas hayan descendido a ese grado de perversidad y de demencia, no debe asombramos, pero si afligirnos: ¿el abismo de los infiernos no demuestra ser por antítesis, la elevación y la grandeza del cielo? En el Norte, donde los instintos están más comprimidos y son más vivaces; en Italia, en donde las pasiones son más expansivas y más ardientes, se temen todavía los sortilegios y el mal de ojo; en Nápoles no se afronta impunemente la jettatura, y aun se reconoce en ciertos signos exteriores a los seres que desdichadamente están dotados de ese poder. Para garantirse contra ella, es preciso llevar encima cuernos —dicen los expertos— y el pueblo, que todo lo toma el pie de la letra, se apresura a adornarse con ellos, sin pensar más en el sentido de esta alegoría. Los cuernos, atributos de Júpiter Ammon, de Baco y de Moisés, son el símbolo del poder moral o del entusiasmo, y los magos quieren decir que, para evitar la jettatura, es necesario dominar con una gran audacia, por un gran entusiasmo o por un gran pensamiento la corriente fatal de los instintos. Así es como casi todas las supersticiones populares son interpretaciones profanas de algún axioma o de algún maravilloso arcano de la sabiduría oculta. Pitágoras, al escribir sus admirables símbolos, ¿no ha legado a los sabios una filosofía perfecta y al vulgo una nueva serie de vanas observancias y de prácticas ridículas? Así, cuando decía: «No recojáis lo que cae de la mesa, no cortéis los árboles del gran camino, no matéis a la serpiente que han caído en vuestro cercado. ¿No ofrecía bajo transparentes alegorías los preceptos de la caridad, sea social, sea particular? Y cuando decía: No te mires al espejo a la luz de la antorcha. ¿No era un modo ingenioso de enseñar el verdadero conocimiento del sí mismo, que no podría existir con las luces ficticias y los prejuicios de los sistemas? Lo propio sucede con los demás preceptos de Pitágoras que, como se sabe, fueron seguidos al pie de la letra por una muchedumbre de discípulos imbéciles, hasta el punto de que en las observancias supersticiosas de nuestras provincias hay un gran número de ellas que se remontan a la inteligencia primitiva de los símbolos de Pitágoras. Superstición, procede de una palabra latina que significa sobrevivir. Es el signo que sobrevive al pensamiento; es el cadáver de una práctica religiosa. La superstición es a la iniciación lo que la idea del diablo es a la de Dios. Es en este sentido como el culto de las imágenes está prohibido y como el dogma más santo en su concepción primera puede convenirse en supersticioso e impío cuando se ha perdido la inspiración y el espíritu. Entonces es cuando la religión, siempre una como la razón suprema, cambia de vestiduras y abandona los antiguos ritos a la codicia y a la farsa de los sacerdotes convertidos, metamorfoseados, por su maldad y su ignorancia, en charlatanes y juglares. Pueden compararse con las supersticiones los emblemas y los caracteres mágicos, cuyo sentido no es comprendido ya, y que se graban al azar sobre amuletos y talismanes. Las imágenes mágicas de los antiguos eran pantáculos, es decir, síntesis cabalísticas. La rueda de Pitágoras es un pantáculo análogo al de las ruedas de Ezequiel, y ambas figuras son los mismos secretos e idéntica filosofía, es la llave de todos los pantáculos y ya hemos hablado de ello. Los cuatro animales, mejor, las esfinges de cuatro cabezas del mismo profeta son idénticas a un admirable símbolo indio, del cual publicamos el grabado, y que se refiere a la ciencia del gran arcano. San Juan, en su Apocalipsis, ha copiado y ampliado a Ezequiel, y todas las figuras monstruosas de este libro maravilloso son otros tantos pantáculos mágicos, de los cuales, los cabalistas encuentran fácilmente la clave. Pero los cristianos, habiendo desdeñado la ciencia con el deseo de ampliar la fe, quisieron ocultar más tarde los orígenes de su dogma y condenaron al fuego todos los libros de cábala y de magia. Anular los originales es dar una especie de originalidad a las copias y, sin duda, lo sabia San Pablo perfectamente cuando, con las intenciones más loables sin duda, cumplía su auto de fe científico, en Efeso. Así es cómo seis siglos más tarde el creyente Omar debía sacrificar a la originalidad del Corán la biblioteca de Alejandría, ¿quién sabe si en el porvenir, un futuro apóstol no quiera incendiar nuestros Museos literarios y confiscar la imprenta en beneficio de algún apasionamiento religioso y de alguna leyenda nuevamente acreditada? El estudio de los talismanes y de los pantáculos es una de las más curiosas ramas de la magia y está ligada a la numismática histórica. Existen talismanes indios, egipcios y griegos, medallas cabalísticas procedentes de hebreos, antiguos y modernos, abraxas gnósticos, amuletos bizantinos, monedas ocultas en usos entre los miembros de Sociedades secretas y llamadas, a veces, retoños del sabbat, medallas de los templarios y alhajas de los francmasones. Goglenius en su Tratado de las maravillas de la Naturaleza, describe los talismanes de Salomón y los del rabino Chael. El dibujo de alguno de ellos, de una mayoría también y de los más antiguos, fue grabado en los calendarios mágicos de Tycho-Brahe y de Duchenteau, y deben de estar reproducidos en totalidad o en parte en los fastos iniciativos de M. Ragon, vasto y sabio trabajo que recomendamos a nuestros lectores. FILTROS Y MAGNETISMO Viajemos ahora por Tesalia, por el país de los encantamientos. Fue aquí en donde Apuleyo se vio engañado, como los compañeros de Ulises, y en donde sufrió una vergonzosa metamorfosis. Aquí todo es mágico, los pájaros que vuelan, los insectos que zumban en la hierba; y también las plantas, los árboles y hasta las flores; aquí se Componen a la luz de la luna los venenos que inspiran el amor; aquí las estrigas componen los encantos que las hacen jóvenes y bellas como las Chantas. ¡Hombres jóvenes, guardaos! El arte de los envenenamientos de la razón o de los filtros, parece, en efecto, según las tradiciones, haberse desarrollado con más lujo en Tesalia que en otras partes, su eflorescencia venenosa; pero allí también el magnetismo desempeñó un papel más importante, porque las plantas excitantes o narcóticas, las sustancias animales maleficiadas y enfermizas, producían todos los efectos de los encantamientos, es decir, sacrificios por parte de las hechiceras y por las palabras que pronunciaban al preparar sus filtros y sus bebedizos. Las sustancias excitantes y aquellas que contienen mayor cantidad de fósforo, son naturalmente afrodisíacas. Todo lo que obra vivamente sobre el sistema nervioso, puede determinar la sobreexcitación pasional, y si una voluntad hábil y perseverante sabe dirigir e influenciar esas disposiciones naturales, se servirá de las pasiones de los demás en provecho de las suyas, y reducirá y obligará a las personas más fieras a convertirse, en un tiempo determinado, en instrumento de placeres. He aquí, primero, cuáles son las prácticas del enemigo: Aquel que quiera hacerse amar (atribuimos a un hombre solamente todas estas maniobras ilegítimas, no suponiendo que una mujer tenga de ellas necesidad), debe, en primer término, hacerse advertir y producir una impresión cualquiera en la imaginación de la persona que codicia. Que le cause admiración, asombro, terror y un horror también si no tiene otro recurso; pero le es preciso, a cualquier precio, que por ella salga del rango de los hombres ordinarios y que ocupe, de grado o por fuerza, un lugar en sus recuerdos, en sus aprensiones y aun en sus sueños. Los Lovelaces no son ciertamente el ideal confesado de las Clarisas; pero ellas piensan sin cesar en ellos pasa reprobarlos, pasa maldecirlos, para compadecerse de sus víctimas, para desear su conversión y su arrepentimiento. Luego quisieran regenerarlos por la abnegación y el perdón; después, la vanidad secreta les dice que sería hermoso fijas el amor de un Lovelace amarle y resistirle al decir que quisiera amarle enrojece, renuncia a ello mil veces y no le ama sino mil veces más; después, cuando llega el momento supremo, se olvida de resistirle. Si los ángeles fueran tan mujeres como los representa el misticismo moderno, Jehová habría obrado como padre bien prudente y bien sabio cuando puso a Satán a la puerta del cielo. Una gran decepción pasa el amor propio de las mujeres honradas, es la de encontrar bueno e irreprochable el fondo del hombre de que se habían enamorado, cuando le habían considerado como un bandido. El ángel entonces abandona al buen hombre con desprecio diciéndole: ¡Tú no eres el diablo! Imitad al diablo lo más perfectamente posible, vosotros los que queráis seducir a un ángel. No se le permite nada a un hombre virtuoso. ¿Por quién, en efecto, este hombre nos toma?, dice las mujeres. ¿Se cree que no hay quien tengan peores costumbres que él? Se le perdona todo a un libertino, ¿qué queréis esperar de semejante ser? El papel del hombre de grandes principios y de un carácter rígido, no puede ser una potencia más que cerca de mujeres que no han tenido nunca necesidad de seducir; todas las demás, sin excepción, adoran a los malos sujetos. Sucede todo lo contrario en los hombres, y es este contraste el que hace del pudor el dote de las mujeres: es en ellas la primera y la más natural de las coqueterías. Uno de los médicos más distinguidos y unos de los más amables sabios de Londres, el Dr. Ashburner, me contaba en el año último, que uno de sus clientes, saliendo de la casa de una gran dama, le había dicho un día: “Acabo de recibir un extraño cumplido. La marquesa de *** me ha dicho mirándome de frente Caballero vos no me haréis bajar los ojos con vuestra terrible mirada porque tenéis los ojos de Satán.Y bien le respondió el doctor sonriendo. ¿Vos os habréis arrojado inmediatamente a su cuello y la habréis besado? No; yo me quedé asombrado ante tan brusco apóstrofe. Pues bien, querido mío, no volváis a su casa: habéis perdido la idea que ella tenía de vos y os odiará.” Se dice ordinariamente que los oficios de verdugo se transmiten de padres a hijos. ¿Los verdugos tienen, pues, hijos? Sin duda, puesto que no carecen nunca de mujeres. Marat tenía una querida, por la que era tiernamente amado él, el horrible leproso; pero también era el terrible Marat, que hacía temblar a todo el mundo. Podría decirse que el amor, sobre todo en la mujer, es una verdadera alucinación. En defecto de otro motivo insensato, se determinaría con frecuencia por el absurdo. ¿Enamorase la Gioconda de un mono? ¡Qué horror! Pues bien, si es un horror ¿por qué no hacerlo? ¡Es tan agradable hacer de rey en cuanto hay un pequeño horror! Dado este conocimiento transcendental de la mujer, hay una segunda maniobra pasa operar, pasa atraer su atención; esta maniobra es la de no preocuparse de un modo que humille su amor propio, tratándola como a una niña y no dejando ni siquiera entrever la idea de hacerle el amor. Entonces los papeles se cambiarán: ella os iniciará en los secretos que las mujeres se reservan, ellas se vestirá y se desnudará delante de vosotros, diciéndoos cosas como está: Entre mujeres ,entre antiguos amigos, no os temo, vos no sois un hombre para mí, etc.,. Después ella observará vuestras miradas, y si las encuentra calmadas, indiferentes, se sentirá ultrajada; se acercará a vos con un pretexto cualquiera os alisará lo cabellos dejará que su peinador se entreabra… Aún se ha visto en semejantes circunstancias arriesgar ellas mismas un asalto; pero, por curiosidad, por impaciencia, porque se sienten irritadas. Un mago que tenga ánimo no tiene necesidad de otros filtros que éstos; dispone también de palabras persuasivas de soplos magnéticos de contactos ligeros, pero voluptuosos, con una especie de hipocresía, como si no pensara en ello Los que dan bebedizos deben ser viejos tontos feos impotentes Y entonces ¿para qué los filtros? Todo hombre que es verdaderamente un hombre, tiene siempre a su disposición los medios pasa hacerse amar, siempre que no trate de ocupar una plaza ya tomada. Sería soberanamente antidiestro el intentar la conquista de una joven casada por amor, durante las primeras dulzuras de su luna de miel, o de una Clarisa que tuviera ya un Lovelace, que la hace muy desgraciada o el que se reprocha amargamente el amor. No hablaremos aquí de las abominaciones de la magia negra con motivo de los filtros; hemos terminado ya con las cocinas de Canidia. Puede verse en las Epodas de Horacio, como esa abominable bruja de Roma componía sus venenos y se puede por los sacrificios y los encantamientos de amor, volver a leer las églogas de Teócrito y de Virgilio, donde las ceremonias de este género de obras mágicas están minuciosamente descritas. No transcribiremos aquí las recetas de los grimorios, ni del Pequeño Alberto, que todo el mundo puede consultar Todas estas diferentes practicas tienden al magnetismo, o a la magia envenenadora y son: o ingenuas o criminales. Los bebedizos que turban el espíritu y turban la razón pueden asegurar el imperio, ya conquistado, por una voluntad perversa y así es como la emperatriz Cesonia fijó, según dicen, el amor feroz de Calígula. El ácido prúsico es el más terrible agente de esos envenenamientos del pensamiento. Por esto es por lo que hay que guardarse de todas las destilaciones que tengan sabor a almendras amargas, alejar de la alcoba los laureles-almendras y las daturas, los jabones y las leches de almendras, y en general, todas las composiciones de perfumería en que domine el olor de almendra, especialmente si su acción sobre el cerebro estuviera secundada por la del ámbar. Disminuir la acción de la inteligencia, es aumentar otro tanto las fuerzas de una pasión insensata. El amor, tal y como quieran inspirarlo los malhechores de que aquí hablamos, sería un verdadero envilecimiento y la más vergonzosa de todas las servidumbres morales. Cuanto más se enerva a un esclavo, más incapaz se le hace de su manumisión y aquí está verdaderamente el secreto de la magia de Apuleyo y de los bebedizos de Circe. El uso del tabaco, sea rapé, sea de fumar, es un auxiliar peligroso de los filtros estupefacientes y de, los envenenamientos de la razón. La nicotina, como es sabido, no es un veneno menos violento que el ácido prúsico, y se encuentra en mayor cantidad en el tabaco que ese ácido en las almendras. La absorción de una voluntad por otra, cambia con frecuencia toda una serie de destinos y no es solamente por nosotros mismos por quienes debemos velar, sino también por nuestras relaciones y por aprender a diferenciar la atmósferas puras de las impuras; porque los verdaderos filtros, los filtros más peligrosos son invisibles; son las corrientes de luz vital radiante que, mezclándose y cambiándose, producen la atracciones y las simpatías, como las experiencias magnéticas no dejan lugar a duda. Se ha hablado en la historia de la Iglesia de un heresiarca llamado Marcos que volvía locas a todas las mujeres sobre quienes soplaba; pero, su poder fue destruido por una valerosa cristiana que sopló sobre él primero, diciéndole: ¡Que Dios te juzgue! El cura Gaufredy, que fue quemado por brujo, pretendía que se enamoraban de él todas las mujeres a quienes soplaba. El asaz célebre P. Girard, jesuita, fue acusado por la señorita Cadiere, su penitente, de haberla hecho perder completamente el juicio soplando sobre ella. Necesitaba esta excusa para atenuar el horror y el ridículo de sus acusaciones contra ese Padre, cuya culpabilidad no pudo nunca ser probada del todo, pero que de buen grado o de mala voluntad, había ciertamente inspirado una vergonzosa pasión a esa mísera criatura. Habiéndose quedado viuda en 16… la señora Ranfaing dice Don Calmet en su Tratado sobre las apariciones fué solicitada en matrimonio por un médico llamado Poirot. No habiendo sido escuchado en sus solicitudes, le dio, en primer término, filtros para hacerse amar, lo que causó graves trastornos en la salud de la señorita Ranfaing. Posteriormente cosas tan extraordinarias ocurrieron a la citada dama, que se le creyó poseída y los médicos, declarándose impotentes pasa reconocer su estado, la recomendaron a los exorcismos de la Iglesia. Más tarde, por orden de M. de Porcelets, obispo de Toul, se le nombraron por exorcista a M. Viardin, doctor en teología, consejero de Estado del duque de Lorena, a un jesuita y a un capuchino; pero en el curso de estos exorcismos, casi todos los religiosos de Nancy, el referido señor obispo, el que lo era de Trípoli, sufragáneo del de Strasburgo y M. de Sancy, siendo éste embajador del muy cristiano rey en Constantinopla y a la sazón padre del Oratorio, Carlos de Lorena, obispo de Verdun, con los doctores de la Sorbona, asistieron a los exorcismos; con frecuencia en hebreo, en griego y en latín, respondiéndoles ella siempre de una manera pertinaz, en esos idiomas, cuando era notorio que apenas sabía leer el latín. Refiere el certificado que otorgó Nicholas de Harlay, muy experto en lengua hebraica, que reconocía que madame Ranfaing estaba realmente poseída, y que le había respondido al solo movimiento de sus labios, sin que él pronunciara palabra alguna, y le había dado muchas pruebas de su posesión. El Sr. Gamier, doctor de la Sorbona, habiéndole también impartido no pocas órdenes en la lengua hebraica, ella le había respondido, pertinazmente, pero en francés, diciéndole que el pacto era de que no hablaría más que en lengua francesa. El demonio había agregado: ¿No es bastante que yo te demuestre que entiendo lo que me dices? El mismo Sr. Gamier, hablándole en griego, puso, por inadvertencia, un caso por otro. La poseída, o mejor dicho el diablo, le dijo: Te has equivocado. El doctor le replicó en griego: Demuéstrame mi error, a lo que el diablo respondió: Conténtate con que yo te indiqué el error; yo no te diré más. El doctor le dijo, siempre en griego, que se callara, y le respondió: Tú me mandas callar y a mí no me da la gana de callarme. Este notable ejemplo de afección histérica, llevado hasta el éxtasis y la demonomanía, por consecuencia de un filtro administrado por un hombre que se creía brujo, demuestra mejor nuestras teorías que cuanto pudiéramos alegar respecto a la omnipotencia de la voluntad y de la imaginación, obrando la una sobre la otra, y a la extraña lucidez de las estáticas o sonámbulas, que entienden la palabra leyéndola en el pensamiento, sin tener necesidad de la ciencia del lenguaje. No pongo ni un instante en duda la sinceridad de los testigos citado por Don Calmet; me asombro únicamente de que hombres tan graves, tan sesudos, no hayan advertido esa dificultad que experimentaba el demonio al hablarles en un idioma extraño a la enferma. Si su interlocutor hubiera sido lo que ellos tomaban por un demonio, habría comprendido, no solamente el griego, sino que lo hubiera hablado. Lo uno no costaría más que lo otro a un espíritu tan sabio como maligno. Don Calmet no se detiene aquí en la historia de madame Ranfaing; refiere toda una serie de asuntos insidiosos y de inducciones poco sesudas por parte de los exorcistas, y otra serie de respuestas, más o menos congruentes, de la pobre enferma, siempre extática o sonámbula. Como era de esperar, el buen Padre no deja de deducir conclusiones luminosas sobre la inteligencia de los asistentes y de que en todo esto debe verse la obra del infierno. ¡Hermosa y sabia conclusión! Lo más serio del asunto es que el médico Poirot fue condenado a juicio como mago; confesó como siempre, en la tortura, y fue quemado. Si hubiera realmente por un filtro cualquiera atentado a la razón de la referida dama, merecía haber sido castigado como envenenador, y esto es todo cuanto podemos decir. Pero los más terribles filtros son las exaltaciones místicas de una devoción mal entendida. ¿Qué impurezas igualarán nunca a las tentaciones de San Antonio y a los tormentos de Santa Teresa de Jesús y de Santa Angela de Foligne? Esta última aplicaba un hierro candente a su sublevada carne y encontraba que el fuego material era de una frescura infinita para sus ocultos ardores. ¿Con qué violencia no solicitaría la naturaleza lo mismo que se rehusaba, y cuál no tendría que ser el esfuerzo de voluntad para resistirla? Por el misticismo es como comenzaron los pretendidos embrujamientos de Magdalena Bavan y de las señoritas de la Palaud y de la Cadiere. El excesivo temor de una cosa la hace casi siempre inevitable. Siguiendo las dos curvas de un circulo, se llega o se encuentra uno en el mismo punto de partida. Nicholas Remigius, juez criminal, en Lorena, que hizo quemar vivas a ochocientas mujeres, como brujas, veía la magia por todas partes; esta era su idea fija, su locura. Quería predicar y realizar una cruzada contra los brujos y hechiceros de que creía ver llena a toda Europa, y desesperado de no haber sido creído, bajo palabra, cuando afirmaba que casi todo el mundo era culpable de magia, concluyó por declararse brujo él mismo, y fue quemado a causa de sus propias confesiones. Para preservarse de las malas influencias, la primera condición sería, pues, la de prohibir a la imaginación que se exaltara. Todos los exaltados están más o menos locos, y siempre se domina a un loco tratándole por su locura. Colocaos por encima de todo temor pueril y de deseos vagos; creed en la suprema sabiduría y permaneced convencidos de que esa suprema sabiduría os ha dado la inteligencia como único medio de conocerla, por lo cual no puede tender celadas a vuestra inteligencia y a vuestra razón. Por todas partes veréis a vuestro alrededor efectos proporcionados a las causas; veréis, en suma, el bien de ser más fuerte y más estimado que el mal; porque, ¿podrías suponer en el infinito una sin razón inmensa, cuando existe la razón en lo infinito? La verdad no se oculta a nadie. Dios está visible en sus obras, y no exige a los seres nada que sea contrario a las leyes de la naturaleza, de que El mismo es autor. La fe es la confianza; no en los hombres que os hablan mal de la razón, porque estos son locos o impostores, sino en la eterna razón, que es el verbo divino, esa luz verdadera ofrecida como el sol a la intuición de toda criatura humana que viene al mundo. Si creéis en la razón absoluta y si deseáis más que cualquiera otra cosa la verdad y la justicia, no debéis temer a nadie y amaréis a aquellos que sean dignos de vuestro amor. Vuestra luz natural rechazará instintivamente la de los malvados, porque caerá bajo el dominio de vuestra voluntad. Así, aun las mismas sustancias venenosas que pudieran administraros, no afectarán a vuestra inteligencia. No podrán enfermaros, no podrán haceros criminales. Lo que contribuye al histerismo de las mujeres es su educación floja e hipócrita. Si hicieran más ejercicio, si se les enseñaran las cosas del mundo, más franca y liberalmente que lo que se acostumbra, serían menos caprichosas, menos vanas, menos fútiles, y por consiguiente menos accesibles a las malas seducciones. La debilidad que se atribuye la apariencia de una fuerza. la locura tiene horror a la razón y se complace en todas las exageraciones de la mentira. Curad, pues; primero vuestra inteligencia enferma. La causa de todos los embrujamientos, el veneno de todos los filtros, el poder de todos los hechiceros, están ahí. Cuanto a los narcóticos u otros venenos que os hubieran administrado, es asunto de la medicina y de la justicia; pero no pensamos que semejantes enormidades se produzcan en nuestros días. Los Lovelaces no duermen ya a las Clarisas en otra forma que por medio de galanterías, y los brebajes, como los raptos por hombres enmascarados y las cautividades en subterráneos, no se realizan ya, ni aun siquiera en la moderna novela. Hay, pues, que relegar todo eso al confesionario de los penitentes negros, o a las ruinas del castillo de Udolfo. En la estrella se encuentra la Puerta del Santuario. La vida una “elaboración” del 9 (Manto de Apololonio de Tina, tú en tu iglesia interior). 18 Nombre divino: Tsedek (justo), o Materia universal según Kircher. Designa el elemento del Agua, habitado por las ninfas, cuya inteligencias es Tharsis; gobierna durante el otoño sobre el Occidente u Oeste. La letra Tsade final, forma los elementos, según Kircher. Debo recomendar a mis lectores que reflexionen sobre el experimento de la doble ranura. https://youtu.be/hdqLZk28OiI Aquí ver! Esta información esta hilada de las siguientes Obras: * La cábala tradición secreta de Occidente (Papus) * El Tarot de los Bohemios (Papus) * Dogma y ritual de la alta magia 1 y 2 (Eliphas Levi) * Gematria dogma Kabalistico (Aleister Crowley) Vuestra en la Santa Ciencia Ana Suero Sanz. - Artículo* en Filosofía Oculta - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
 

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