Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

miércoles, 28 de febrero de 2018

COFRE CULTURAL CASTELLANO

Numerología de las tradiciones abrahámicas Por Nikos VARDHIKAS (Vers la Tradition) Tomando como base el artículo de R. Guénon "Remarques sur la production des nombres" (La Gnose, Junio Agosto 1910, reimpreso en "Mélanges", 1976, pp. 58-68), podemos establecer para las tradiciones abrahámicas tablas basadas en su concepción de la divinidad y los símbolos dominantes de cada rama (que consideraremos como indicando el método particular de cada tradición), y así concluir en su finalidad. Judaísmo: Divinidad: 1 - Símbolos: 6,7 (estrella de David y menorah) - Finalidad: 7 (6 + 1), 8 Cristianismo: Divinidad: 3 - Símbolos: 4,7 (cruz y crisma, inscritos en un círculo) - Finalidad: 7 (3 + 4), 10 (adición) 12,3 (multiplicación) Islam: Divinidad: 1 - Símbolos: 8,10 (: 2) (dos cuadrados anidados, media luna + estrella) Finalidad: 9,11 (6) Llegamos a las finalidades añadiendo el número de la divinidad con los símbolos de la tradición. El cristianismo es la única tradición para la cual, debido a su divinidad "dinamica" (1 = 3), también es posible multiplicar símbolos y divinidad. El 10 como la finalidad del cristianismo no sólo sale del 7+3, sino también del hecho de que el 4 es el tetraktys, ya que el 3 proviene de la serie 1-2-3 de la Trinidad. Por eso se considera que el propósito dominante del cristianismo es el décimo y no el séptimo. Hemos indicado la manera en que se producen los números, para diferenciar su simbiosis; el cristianismo comparte con el judaísmo un propósito "7", pero se produce de una manera diferente. Utilizando la interpretación de los números del mencionado artículo de Guénon, podemos hacer algunas observaciones. Judaísmo Representa una continuidad notable: 6,7,7,8 entre su método y su fin. La presencia de 7 en las dos "rúbricas" refuerza aún más esta homogeneidad. El judaísmo se presenta como una forma de cubrir todo el mundo manifestado, por lo tanto como una forma natural basada en un método de este mundo, y por lo tanto necesariamente ritual. Parece que es él, más que el Islam que se vuelca al futuro, quien es el más rico en "alabar" y recordar a Dios a quien debemos nuestra existencia. Cristianismo Se basa enteramente en la manifestación de la Palabra en la naturaleza, y es, por lo tanto, un camino del corazón que puede ofrecer un "atajo" para salir del camino completamente natural. (Comienza en 4: el Verbo manifestado; termina en 10: la manifestación total del ser. Su divinidad, el 3, es la divinidad manifestada, aunque no todavía material. Es, por lo tanto, en realidad, la vía "media", como lo es cronológicamente también (1). Su método (el Principio de Creación en éste) parece indicar la participabilidad en lo divino. Si uno admite sólo 6 para el crisma (ponemos 7 porque generalmente está en un círculo), las conclusiones finales no cambian mucho. Por otra parte, si aceptamos la multiplicación símbolos y divinidad, tenemos 4 x 3 = 12 (ciclo completo) y 6 x 3 = 18 = 9 (manifestación material completa - comienzo del Islam) o 7 x 3 = 21 = 3, alcanzar la divinidad (manifestada y no manifiesta, es decir, la divinidad "inteligible", pero no pura no-manifestación). 7 x 3 indica la naturaleza en los tres mundos, es decir, la naturaleza en los tres mundos, es decir el fin de los pequeños misterios. 6 x 3 indica la creación en los tres mundos, es decir, el principio de los pequeños misterios. Con esta multiplicación (= uso del atajo transformador cristiano), el cristianismo sobrevive al Islam en el siglo futuro; de lo contrario, se extingue antes. Por supuesto, como ésta es una forma esotérica, habría sobrevivido de todos modos, pero aquí se nos dice que sólo ella sobrevivirá. Cabe señalar aquí que el Islam considera a Jesús como el profeta que volverá el día del juicio. Islam Desde el principio, uno puede notar una "secuela" en los objetivos de las tres tradiciones: El Islam comienza en el 8 donde termina el judaísmo, pero también en el 10 lugar donde termina el cristianismo. Esta doble salida del Islam sobre los objetivos de los otros dos monoteísmos confirma su carácter como la última religión revelada. La misma conclusión se impone por las dos finalidades del Islam: El 9, que indica la finalización de la creación y un ciclo completo (pero parcial, siendo el ciclo más general simbolizado por el 12). Y el 11, que indica el paso al siguiente ciclo. El método del Islam (final de la Creación y Manifestación total del Ser) parece ser, como su finalidad, un método de conservación hasta el final del ciclo. Es, por lo tanto, el mínimo necesario al final de los tiempos para la "salvación". Islam y cristianismo El hecho de que el 10 del islam esté representado por un semicírculo con su centro, mientras que el décimo cristiano proviene del desarrollo de los tetraktys indica, además, que el islam no constituye, en sentido estricto, una culminación del cristianismo, sino más bien una rectificación (obviamente reductora) de un cristianismo desviado. Cristianismo y Judaísmo Comparten, como método, el 7 (6 + 1) o el 6 según si el crisma está en círculo o no. Esto indica un ordenamiento (ritual?) de la creación, las fuerzas naturales que recuerdan su principio. La judeidad de Jesús y el Antiguo Testamento comúnmente aceptado refuerzan esta conclusión. En sus finalidades, las dos tradiciones comparten el 7 de nuevo, producido de manera diferente (6 + 1,4 + 3). Se trata siempre de ordenar la creación, pero el cristianismo innova recordando la presencia de la divinidad en la creación y lo inverso (deificación), donde el judaísmo se contenta con afirmar que su método es su finalidad: la doxología perpetua. Judaísmo e Islam Se completan en tanto que principio y fin de la creación material y se afirman como vías naturales y devocionales, inaugurando y clausurando la revelación. Si, desde ciertos lados, se puede hablar de continuum, el judaísmo que va de 6 a 8 y el Islam de 8 a 11, no hay que olvidar el terreno cristiano, del 4 (antes, pues, del principio de creación material pues “Antes que Abrahan fuero yo soy”) al 10; el cristianismo constituye así una tradición a la vez de acuerdo con las dos otras y profundamente original en relación con ellas, en cuanto a su método que puede ser "abrupto". Se nos recuerda aquí, por tanto, la posibilidad que el cristianismo nos brinda de superar a la naturaleza, ha existido desde antes de la existencia misma de esta tradición. Las tres tradiciones, en cualquier caso, no parecen estar interesadas en una visión "global" que vaya más allá del mundo, aunque se puede decir que el cristianismo va más "hacia atrás" (antes de la manifestación) y el Islam más "hacia adelante" (después del fin del ciclo). Paradójicamente, es el judaísmo, la primera tradición desde un punto de vista cronológico, la que parece ser la más arraigada en este ciclo. La conclusión más interesante nos parece ser la que se refiere al propósito de las tres ramas abrahámicas. El judaísmo aparece como el que ordena la vida aquí abajo para vivir bien, recordando sus orígenes: el cristianismo propone un camino unitivo: el Islam constituye el viatico mínimo para el más allá. Finalmente, a pesar de nuestra costumbre de hablar del continuum "Judeo-Cristiano", el concepto de judeo-islamismo también debería ser inventado. Entre las dos ramas semíticas del monoteísmo, hay mucha más "continuidad" que el judaísmo y el cristianismo; este último "desarrolla" la enseñanza judía hasta sus límites (cf. Las analogías Génesis/Éxodo con encarnación/resurrección o víspera con María, etc.), pero al hacerlo innova mucho más que el Islam que aparece como un "retorno" al fitrah semítico, simplificando y nivelando, deshaciéndose de las sutilezas "griegas" que también son sinagógales. He aquí lo que Guénon dice sobre los números que nos interesan aquí: 3 Manifestación del Ser-Unidad (1), la única a través del cual podemos concebirlo. 4. Expansión total de la primera manifestación de la Unidad receptora, el Verbo Manifestado, Adam Kadmon, Emanación; de ella derivan todos los otros grados de la manifestación del Ser (1 + 2 + 3 + 3 + 4 = 10). 6 Consecuencia necesaria del ternario (1 + 2 + 3 = 6); punto de partida de la Creación. 7 Símbolo de las fuerzas naturales, Creación revestida de formas. 8. Realización material, límite de la manifestación del Ser, el Mundo material, Equilibrio, límite en las distinciones que creamos entre las cosas. 9 Multiplicidad, jerarquía de los tres mundos. 10 Manifestación total del Ser, pleno desarrollo de la Unidad, la Unidad realizada en la multiplicidad. Podemos elaborar el siguiente esquema, en cuanto a los métodos y propósitos de las tres religiones, teniendo en cuenta que no tiene nada de cronológico: 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 0 0 • • JUDAISMO • 0 0 0 • • • CRISTIANISMO o • o • ISLAM o= método • = finalidad NOTA 1 - Sobre este tema (la vía del medio), ver la discusión entre el emperador Manuel Il Paleólogo y un turco Mudarris, Ankara, en 1390/1 o 1391/2. Edición y traducción de la 7ªme controversia por Théodore Khoury, CERF (Sources: Christiannes Nº115), París 1966. - Artículo*: Zurraquín - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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- 31 Marzo 2018 Convegno: Achimia, Cristianesimo, Qabballah: L'Ars Transmutatoria

- Artículo*: zarziguli@gmail.com (Simmetria) - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
Simmetria - Associazione Culturale

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Le due Vie dei Misteri per l’Opera del vīra

Il Rebis, sintesi dei misteri maschili e femminili, prende corpo con il carattere di doppio unificato nell’Uno. - Artículo*: Mauro Papagni - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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Matgioi : les actes humains - Philosophia Perennis

Les actes que les hommes commettent dans les limites de leur responsabilité, mais dans la pleine connaissance humaine, ne peuvent pas être considérés seulement comme des faits matériels apportant une modification temporaire à un ordre physique essentiellement passager lui-même. Ils ne sont pas seulement aussi des effets réfléchis de la volonté humaine, et capables de fournir des conséquences morales, et de causer un trouble ou une amélioration dans les fonctions sociales ou dans les rapports entre les (...) - Tradition chinoise / Kundalini / kundalini, Silburn, Abhinavagupta, Shivaïsme du Cachemire / Xivaísmo de Caxemira / Shivaismo de Caxemira / Kashmir Shaivism - Artículo*: Cardoso de Castro - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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di FRANCESCO SPAGNAoriginariamente pubblicato sul profilo Academia.edu dell’autore. « Nessuno conosce le strade del vento e del caribù. » (Proverbio chipewayan) In antropologia, come nelle favole, parlare di animali è un modo traslato di parlare di faccende umane. Gli animali ci offrono un’infinità di metafore. Travestendoci nella pelle di un animale, guardiamo all’umanità dal di fuori, da un punto prospettico esterno. Viviamo in un universo immaginario di animali umanizzati e di umani animalizzati. La linea di confine tra umanità e animalità può essere labile, indefinita o al contrario molto rimarcata o enfatizzata. Su questo tema, che appare universale, le differenze culturali sono notevoli. Lo scopo di questo articolo è introdurre alla visione dell’animalità (e del rapporto tra umanità/animalità) presso le culture native dell’America subartica. Le tradizioni culturali aborigene di questo ambiente sono infatti un interessante esempio di cosmovisione fortemente centrata sulla sfera animale e sulle sue simbologie. Rèmi Mathieu, con un’espressione particolarmente felice, ha definito l’orso nelle rappresentazioni asiatiche come un piège à symbole, una trappola di simboli (MATHIEU R. 1984:12). L’orso non è unico in questo genere e l’America subartica mostra non solo la pregnanza di questo ordine di significazioni ma anche la loro relativa intraducibilità rispetto alle nostre categorie di pensiero. Con le favole di Esopo, come faceva giustamente osservare Gregory Bateson, il pensiero occidentale ha imboccato una sua strada particolare, che ci ha portato fino a Disneyland. Presso le tradizioni sciamaniche è diverso: gli animali non sono semplicemente creature euristiche, sono artefici e fondatori del significato. Emily Carr, “Big Eagle”. Tre antropologie Possiamo individuare tre diversi approcci antropologici a questo tema. Lévi-Strauss, ne Il pensiero selvaggio (LÉVI-STRAUSS C. 1964 [1962]), approfondì in modo originale e innovativo l’analisi del rapporto tra animalità e umanità, concentrandosi sul piano mentale e simbolico. La conclusione – divenuta un classico – fu che gli animali, per gli umani, sono anche “buoni da pensare”: che siano istrici, cavalli o uccelli, le loro caratteristiche si prestano per elaborare sistemi concettuali e classificatori. Gli animali, secondo Lévi-Strauss, si offrono al pensiero umano come fossero categorie filosofiche. Nel folto delle foreste amazzoniche come nei deserti australiani, il pensiero astratto viene universalmente esercitato. Più prosaicamente, oltre vent’anni dopo l’opera di Lévi-Strauss, Marvin Harris scrisse il suo “Good to eat”: buono da mangiare (HARRIS M. 1990 [1985]). Sebbene si tratti di un divertente e istruttivo libro sulle consuetudini alimentari, il riferimento/confronto con la posizione di Lévi-Strauss è evidente. Lo stomaco collettivo è prioritario, secondo Harris, alla mentalità collettiva. La relazione tra umanità e animalità, concepita principalmente sul versante edule, viene risolta nei termini di un rapporto costi/benefici. Una forma di riduzionismo scientifico, che lascia come presupposto implicito la capacità dell’antropologo occidentale di interpretare e spiegare razionalmente le pratiche degli altri. Interessante e innovativa mi sembra la più recente posizione di Tim Ingold. Antropologo scozzese, che per anni ha condiviso la vita con i pastori di renne lapponi della Finlandia, ha inaugurato una nuova impostazione di ricerca con la pubblicazione del libro collettivo What is an animal, del 1988. L’obiettivo di questo testo è stato su due fronti: da un lato riaprire la domanda sullo status di “animale”, che non è più l’automaton aristotelico o l’organismo/congegno cartesiano, ma – nelle parole di Brian Goodwin – “un centro di potere immanente, autogenerantesi e creativo” (INGOLD T. ed. 1988: 2). Dall’altra parte, osservare dove effettivamente passa la linea di demarcazione tra le categorie di umanità e animalità nelle diverse culture. Ingold fa tesoro del pensiero dei pionieri dell’ecologia sistemica, come Jacob Von Uexküll e Gregory Bateson. La riconsiderazione di Bateson sul totemismo – interpretabile come dispositivo pedagogico, sapienziale o religioso, che postula la corrispondenza tra la sfera umana e quella animale, con particolare riferimento alla famiglia (BATESON G. 1984: 189-90) – risulta estremamente importante ai fini del nostro discorso. Se di solito si considera come tipicamente umana la creazione dei significati – la “produzione del senso” – questa prospettiva nel totemismo si rovescia, perché sono gli animali, nei miti totemici, a creare il mondo anche per l’uomo. Sono loro, come sottolinea Ingold, che definiscono il “disegno” della società umana e del suo ordine, sono loro a esserne responsabili. All’inverso, nella nostra concezione corrente, è l’uomo che deve amministrare gli animali, sfruttandoli come risorsa, prendendosi carico della loro sopravvivenza, o la responsabilità della loro estinzione (INGOLD T. ed. 1988: 12). George Catlin, “Medicine Man, Performing his Mysteries over a Dying Man”, Blackfoot/Siksika. Totemismo e sciamanismo Totemismo e sciamanismo nel subartico canadese sono legati a doppio filo. La stessa parola totem, oltre a essere diventata una categoria generalizzante dell’antropologia, è un termine derivato dalla lingua algonchina che significa “clan”. Makwa nin’dodem significa: “Orso è il mio clan”, intendendo sia una dimensione sociale – il clan familiare, che poteva essere trasmesso in linea materna o paterna, a seconda dei gruppi – sia una dimensione spirituale. L’appartenenza al clan viene tuttora rimarcata nelle cerimonie di iniziazione sciamanica. Il legame con l’animale non è mai semplicemente nominale o “araldico”. Impegna la persona in un esercizio costante di empatia – o di ricerca intellettuale – nei confronti del proprio animale. A maggior ragione se si tratta di un totem segreto e personale, ricevuto in sogno o durante la ricerca di Visione. Negli ultimi decenni, i fili della tradizione sciamanica si sono riannodati ed essa si è riattivata in modo inedito e interessante. La ricerca dottorale che ho svolto nell’area dei Grandi Laghi – verso la metà degli anni novanta – si è orientata proprio attorno alle nuove forme di trasmissione dell’eredità sciamanica (SPAGNA F. – LANOUE G. 2000). L’animale, in questo sistema di pensiero, è concepito come aiutante o come messaggero. Nella cerimonia della Tenda Tremante, un rituale divinatorio un tempo molto comune nel Canada subartico, lo sciamano chiamava a raccolta diversi aiutanti animali, impersonandone le voci e il carattere. Gli animali evocati portavano notizie e messaggi per il gruppo che assisteva al rito. Nelle iniziazioni della Capanna di Medicina, o Midewiwin – una sorta di accademia sciamanica attualmente praticata nella regione dei Grandi Laghi – la presenza degli spiriti animali, degli emblemi totemici e delle loro simbologie è preponderante. Ossa, penne, pellicce, squame, denti, artigli sono entità vive, irradianti. Potentemente simboliche e magicamente trasformative. Gli animali, di qualunque specie, sono considerati esseri spirituali. Si potrebbe dire ancora più spirituali degli umani, appartenendo alla natura selvaggia, intesa come luogo di purezza. Lontana dalla sporcizia e dal disordine contaminante dei villaggi. Gli umani si distinguono per la versatilità. Per la sacra follia, impersonata dal Trickster. Per la dimensione mediana che occupano, fisicamente, tra terra e cielo: capaci di saltare, di strisciare o di nuotare come tanti altri animali, e soprattutto di permanere in posizione eretta. Senza per questo attribuirsi alcuna superiorità, piuttosto una responsabilità, a ricambiare i doni portati dagli altri esseri e dalla natura in generale. L’animale cacciato, nell’ideologia sciamanica, si offre spontaneamente al cacciatore come dono, o perché impietosito. L’offerta rituale di tabacco – e tutto il cerimonialismo di caccia – sono interpretabili come forme di reciprocità tra la sfera umana e quella animale. [cfr. MACULOTTI, Il Sacro Cerchio del Cosmo nella visione olistico-biocentrica dei Nativi Americani e La tradizione orale delle “Big Stories” come fondamento della legge delle popolazioni native del Canada] Évariste-Vital Luminais. Non è immediato comprendere questa ideologia, se pensiamo alle dure condizioni ambientali del subartico. Il cacciatore che porta al villaggio una grossa preda – che sia un alce, un orso o un caribù – la distribuisce equamente nella comunità. Egli porta cibo in abbondanza per tutti, si organizza una festa. La fortuna a caccia è però alterna, gli spostamenti degli animali sono imprevedibili. In un ecosistema a delicato equilibrio, come quello del subartico, la carestia è sempre possibile. Basta poco perché un branco di caribù si renda invisibile, introvabile nelle vastità della tundra. Eppure non sono queste difficili condizioni a discriminare una precisa tendenza culturale: spiritualizzare gli animali. Otto animali ci aiuteranno a comprendere il pensiero dei nativi del subartico: il caribù, il salmone, il castoro, la lontra, l’orso, il rospo, il lupo e il corvo. Tutti animali fortemente spiritualizzati: ma non sono certo gli unici! Altre serie potrebbero essere ugualmente considerate, ad esempio: alce, lince, ghiottone, porcospino, picchio, topo muschiato, cigno, trota. Il caribù e il salmone sono fondamentali per l’alimentazione e per la stessa vita nel subartico. L’orso è “buono da mangiare”, ma non fondamentale. Il corvo e il rospo non sono commestibili, o sono reputati “non buoni”, come il lupo, la lontra e il castoro. Anche se, in tempi di carestia, tutto può andare. Napatchie Ashoona (Inuit), “A shaman transforming into a caribou”. Caribù Mi trovavo in un accampamento estivo degli Innu di Maliotenam, in Quebec. Una donna stava trafficando, su un bancone di lavoro, con un pezzo di carne di caribù. Separò dal resto una scapola, la ripulì e poi la gettò sui rami di un pino, appena dietro di lei. “Perché non se la prendano i cani”, disse. Si trattava, pensai, di un gesto minimo di sacri-ficio, nel senso di “render sacro”. I cani, portandola in giro e rosicchiando la scapola, avrebbero dissacrato lo spirito del caribù. La cura per le ossa di caribù è un gesto rituale che in queste zone attraversa i millenni. L’antica scapulimanzia Innu era praticata al tempo dei primi missionari. Frank Goldsmith Speck la descrisse minuziosamente all’inizio del Novecento, e altrettanto fece Adrian Tanner, nella seconda metà del secolo. Si fa passare una scapola di caribù sopra una fiammella, annerendola e arrostendola leggermente. Le macchie, le crepe e gli annerimenti formano un codice cifrato, o una mappa. La mappa del futuro territorio di caccia, dove altri caribù potranno essere trovati. Mentre gli sciamani Innu erano impegnati a decodificare le loro mappe d’osso annerito, gli antropologi si impegnarono a loro volta a decodificare il fenomeno. Negli anni sessanta l’antropologo Omar Kayaam Moore propose una curiosa interpretazione: si trattava a suo parere di dispositivi random. Le mappe/scapole innu, tracciando percorsi puramente casuali – secondo questo modello di spiegazione razionalistica – avrebbero indebolito le abitudini dei cacciatori a battere sempre determinati territori di caccia, aumentando così le possibilità di incontro con l’altra serie di eventi imprevedibili: i percorsi dei caribù (MOORE O. K. in VAYDA ed. 1969: 121-128). L’ipotesi è in sé interessante, presupponendo da una parte un antropologo in grado di capire e spiegare quello che realmente succede, dall’altra i nativi selvaggi che non sanno quello che fanno, anche se lo fanno bene. Vanno comunque considerati anche altri aspetti. La scapulimanzia è un rituale divinatorio molto antico: alcuni reperti conservati al Royal Ontario Museum di Toronto lo testimoniano nella Cina del 14° secolo a.C.. In secondo luogo, presso i gruppi amerindiani del subartico, la scapola di caribù non era la sola a essere utilizzata: scapole di porcospino, di lepre, l’osso pelvico del castoro, le scapole e l’osso del ginocchio dell’orso erano ugualmente utilizzate dagli Innu per la divinazione. Infine, in tempi più recenti Adrian Tanner ha osservato che i Cree del lago Mistassini, in Quebec, praticavano la scapulimanzia per sapere quando sarebbe arrivato l’aereo con i rifornimenti (TANNER A. 1979: 119). Spostandoci a ovest della Baia di Hudson, in area athapaska, troviamo altri complessi mitico-rituali legati al caribù. Il mito del Signore dei Caribù (e, più in generale, dei Signori della Selvaggina) è diffuso in tutta l’area subartica. La versione chipewayan fu raccolta da Kaj Birket-Smith negli anni venti. Il protagonista è figlio dell’unione tra una donna e un maschio di caribù, è dunque un essere per metà umano e per metà caribù. Vive parte della sua vita tra gli umani, ma essi lo maltrattano. Si reca dunque a vivere definitivamente tra i caribù. Continuerà però a mantenere rapporti con gli umani. Se chiamato con il rito sciamanico, manderà in dono i caribù ai cacciatori (BIRKET-SMITH K. 1930). I Cree della Baia di James concepiscono la caccia al caribù in modo molto particolare. Tutti gli animali sono per loro “persone” e il caribù, così importante per la sopravvivenza degli umani, è considerato miichim, “persona-cibo”. Il suo concedersi come cibo agli umani è considerato un atto d’amore. La caccia viene rappresentata come un gioco amoroso, fatto di atteggiamenti seduttivi e di “avances”. Il caribù fa le prime mosse, mostrandosi, palesandosi a poco a poco, e dunque è al cacciatore prendere l’iniziativa (PRESTON R.1975: 222). Questa forma di intimità tra il cacciatore e la sua preda, viene espressa dai Kutchin (o wich’in) dell’Alaska in termini di affinità interiore e mescolanza corporea: “ogni caribù”, dicono i Kutchin, “possiede dentro di sé un pezzetto di cuore umano. Ogni persona umana possiede dentro di sé un pezzetto di cuore di caribù” (SLOBODIN R. in HELM J. ed. 1981: 526). In Canada orientale ritroviamo, espresso in altre forme, lo stesso ordine di concetti. Presso i Cree del Quebec, nel mito “L’uomo che sposò la ragazza caribù” il giovane cacciatore protagonista vede una donna bellissima laddove i suoi compagni vedono una femmina di caribù. Ammaliato da questa sua visione, il cacciatore decide di sposare la ragazza-caribù. Andrà a vivere presso la sua famiglia, al villaggio dei caribù, e anche questi gli appariranno nelle sembianze di esseri umani (TANNER A.1979: 136). Le ricerche compiute da Tanner tra gli Innu del Quebec e del Labrador hanno fatto emergere le tracce di un antico e importante culto femminile legato al caribù. Il rito veniva compiuto durante una particolare notte d’inverno, nella quale una pelle di questo animale veniva preparata e decorata con tinte vegetali, e poi esposta – all’entrata della tenda – al primo raggio di sole dell’alba, come offerta allo spirito di Donna Caribù. La pelle poi veniva subito riavvolta e conservata con cura in un posto segreto (TANNER A. 1984: 91 e s.). Robert Davidson, “Salmon Transformation Mask”. Salmone Sulla spiritualità del salmone e sulla sacralità dei suoi luoghi di riproduzione si è creata una curiosa – e forse unica – forma di coincidenza culturale. Tanto che questi luoghi, siano essi lungo i fiumi che dall’Artico sfociano nel Pacifico o nell’Atlantico, vengono oggi chiamati ufficialmente “santuari”. Il salmone ha rappresentato una fondamentale risorsa alimentare per i popoli nativi canadesi, sia sul versante orientale, lungo gli affluenti del canale di San Lorenzo, sia sul versante occidentale, lungo il fiume Fraser, i salmoni hanno sempre saziato i popoli della Bassa Cordigliera alaskana. Le popolazioni della Costa di Nord Ovest, appena sotto il limite del subartico, si sono sedentarizzate – elaborando società complesse e stratificate – proprio in corrispondenza dei luoghi di risalita del salmone, che offrivano una costante e abbondante risorsa alimentare. I salmoni americani non hanno mangiato, come i loro parenti europei dei miti celtici e delle leggende gallesi, la nocciòla della conoscenza. Tuttavia, forme di cerimonialismo per i loro resti vengono osservate presso molti popoli nativi del subartico canadese. La preghiera ai salmoni dei Kwakiutl, raccolta da Franz Boas negli anni venti, sprizza di sincero entusiasmo, assieme a un profondo sentimento di rispetto per questo animale. Esempio di un’ideologia di caccia che innanzitutto esalta il dono che gli animali, con il loro nutrimento, portano agli umani. Un dono inseparabile dalla loro stessa benedizione (BOAS F. 1930: 206-207; COMBA E. ed. 2001): « Siamo venuti per incontrarti vivo, Nuotatore. Non pensare male di quello che ti ho fatto, amico Nuotatore, perché questo è il motivo per cui sei venuto, affinché io ti cogliessi con la fiocina, affinché io ti mangiassi, Essere Soprannaturale, tu, Donatore di Lunga Vita, tu Nuotatore. Ora proteggici, (me) e mia moglie, affinché possiamo rimanere in salute, affinché non vi siano difficoltà per noi nell’ottenere quello che desideriamo da te, Donna-Che-Produce-Ricchezze. Adesso chiama, dopo di te, tuo padre e tua madre e gli zii e le zie e i fratelli maggiori e le sorelle, che vengano anch’essi da me, voi Nuotatori, voi Saziatori. » Robert Davidson, “Beaver”, 1969. Castoro Le informazioni mancanti sul cerimonialismo del castoro nelle tradizioni native canadesi sono di per sé molto significative: il castoro ha seriamente rischiato l’estinzione, a causa di una caccia intensiva e mirata, attuata secondo un modello europeo e a profitto di un incipiente processo diglobalizzazione. La moda europea, nel 16° e 17° secolo, prevedeva copricapi di pelliccia di castoro,che sostituivano i vecchi cappelli di feltro. Fu questa una della ragioni principali che spinse i commercianti della Nouvelle France a inviare i propri voyageurs e coureurs de bois alla ricerca delle pregiate pellicce. L’incontro e la collaborazione pacifica tra cacciatori di pellicce francesi e nativi algonchini fece la storia della civilizzazione canadese (TRIGGER B. 1985; SPAGNA F. 2002). Il prezzo da pagare fu però caro. Le malattie portate dagli europei – soprattutto il vaiolo – alle quali gli indigeni non erano immunizzati, si diffusero lungo i corsi d’acqua, portate dagli animali, e sterminarono intere popolazioni. L’imposizione di un sistema di caccia basato sull’accumulo e sul profitto alterò irrimediabilmente gli ecosistemi naturali e le relazioni comunitarie tra i gruppi nativi. La pelliccia di castoro divenne, nel 18° secolo, una sorta di moneta locale. Con l’istituzione della Compagnia della Baia di Hudson inglese e poi della rivale americana North West Company la caccia al castori e agli altri animali da pelliccia assunse proporzioni industriali. Secondo fonti storiche, nei primi anni Venti dell’Ottocento lungo i fiumi Churchill e Nelson i castori erano estinti e gli altri animali da pelliccia quasi scomparsi ( MARTIN C. 1978; LEACOCK E. 1954). In precedenza, quando la caccia faceva ancora parte di un sistema integrato con l’ambiente, il castoro aveva un ruolo particolare. Dalle sue ghiandole si secerneva un particolare olio, che veniva cosparso sulle trappole per allontanare da esse l’odore umano e attirare gli animali. Con gli incisivi di castoro si fabbricavano raschietti per la concia delle pelli. Dalle poche e lacunose informazioni appare comunque che anche il castoro, prima del 17° secolo, era un animale fortemente spiritualizzato. Tra i reperti della cultura Blackduck – localizzata nella regione dei Grandi Laghi e del Manitoba meridionale, in un periodo, il Woodland terminale, corrispondente all’incirca al nostro Medioevo – vi sono amuleti di pietra a forma di castoro. L’antico cerimonialismo per il castoro può avere avuto un’intensità simile a quello per l’orso. Se si risale indietro con le fonti, si trovano notizie di crani di castoro appesi agli alberi, o di rituali compiuti sulla sua pelliccia. In un mito di fondazione della cerimonia della Tenda Tremante, tra i Cree orientali, troviamo un curioso passaggio relativo a una trasgressione alimentare compiuta dal protagonista, che aveva dato da mangiare carne di castoro ai suoi bambini, perdendo così la sua fortuna a caccia (FLANNERY R. – CHAMBERS M.E. 1985: 12-13). L’industriosità del castoro, la sua vita societaria e la sua intelligenza colpirono le menti dei nativi come quelle degli europei. Il castoro abita il suo ambiente, costruendosi ripari che rassomigliano a piccoli villaggi. La metafora umanizzante prodotta da questo animale è fortissima. Secondo un mito anishinabe, i castori discendono direttamente da un’antica famiglia indiana (BROWN J. –BRIGHTMAN R. 1988: 121). Secondo i Cree di Missinippi, i castori erano da considerarsi “più saggi” degli umani.. Molto interessante a questo proposito un mito Nez Percé, citato da Lévi Strauss (LÉVI STRAUSS C. 1993: 109-110), nel quale un castoro-trickster, come un piccolo Prometeo, ruba il fuoco: « Al tempo in cui gli animali e gli alberi parlavano, soltanto le Conifere possedevano il fuoco. Durante un inverno particolarmente rigido tutti gli esseri viventi rischiarono di morire di freddo. Mentre i Pini erano radunati attorno a un bel fuoco, Castoro ne rubò un tizzone e lo distribuì agli altri alberi. Da quella volta si poté fare il fuoco sfregando due pezzi di legno uno contro l’altro. » The American Beaver and his Works è il titolo di un’opera pubblicata nell’Ottocento dal celebre antropologo Lewis Henry Morgan, uno dei primi ricercatori sul terreno in area canadese (MORGAN L. H. [1868] 1970). Anche Alfred Irwing Hallowell, nel sua opera dedicata al cerimonialismo dell’orso, paragonò il livello di intelligenza del castoro a quello del grizzly, tra i più alti nella scala animale (HALLOWELL A. I. 1926: 149). Un racconto sullo spirito cannibale Windigo, che ho raccolto in una riserva anishinabe non distante dal lago Superiore riassume, significativamente, il tema dell’umanità del castoro con quello della umana follia: « Un tempo vi era un cacciatore particolarmente bravo a prendere castori. Riusciva a cacciarne in gran quantità. In realtà non faceva altro, nella vita, che uccidere castori, passava così tutto il suo tempo. Non parlava che di castori. Un giorno entrò nel suo villaggio e non vide esseri umani, ma castori. Vide una famiglia di castori in un villaggio di castori, e cominciò a ucciderli e a mangiarli. Era la sua famiglia che stava uccidendo e divorando. Era stato posseduto dal Windigo. » [cfr. MACULOTTI, La psicosi nella visione sciamanica degli Algonchini: Il Windigo e MOLLAR, Jack Fiddler, l’ultimo cacciatore di Wendigo] Abraham Anghik Ruben (Inuit), “Shaman Transforming into Polar Bear”. Orso Sugli aspetti umani dell’orso, sulla sua intelligenza e sul suo particolarissimo carattere, vi è – nelle tradizioni native del subartico canadese come in tutta l’area circumboreale – una sovrabbondanza di miti, leggende, simbologie, rappresentazioni le più svariate, canti, proverbi, indovinelli. Si dice che il grizzly sia in grado di escogitare astuzie per confondere i cacciatori, ripercorrendo a ritroso le sue stesse orme per poi attenderli al varco nascosto in un cespuglio. Sembra che l’orso polare sia consapevole del fatto che il suo naso nero risalta a distanza nelle bianche distese del pak, e dunque mentre caccia le foche ha l’accuratezza di coprirselo con una zampa. La capacità di mantenere a lungo la posizione eretta rende l’orso particolarmente affine agli umani, anche sul piano simbolico. Osservando l’interno delle tane degli orsi, si possono vedere giacigli preparati con cura, separati per il maschio e per la femmina. Si dice che la madre orsa, quando allatta i suoi cuccioli, emette un basso brontolio che assomiglia a una ninnananna. Tanto che alcuni, tra le mille derivazioni dalla radice indoeuropea bher, annoverano anche “berçeuse” (SHEPARD P. – SAUNDERS B. 1985). Il tema mitico della madre orsa è senza dubbio il più importante e fondamentale. La ricerche che ho compiuto sulle simbologie dell’orso – in particolare nell’America subartica e in generale in tutta l’area circumboreale – mi hanno portato a considerare la centralità degli elementi femminili in questo complesso mitico-rituale (SPAGNA F. 1998: 217-246). Molti studiosi di storia delle religioni, non senza fondamento si sono lasciati tentare a vedere nel culto circumboreale dell’orso una delle più antiche forme di religiosità elaborate da Homo Sapiens. Sulla venerazione dell’orso presso i Neanderthal e sull’esistenza di santuari per le ossa si è a lungo dibattuto. Le statuette devozionali della cultura Vinča, rinvenute nella ex-Yugoslavia, risalgono ad almeno 7000 anni fa (GIMBUTAS M. 1990: 116). Appendere il cranio dell’orso agli alberi, dipingerlo di ocra rossa, trattare ritualmente la pelliccia, le zampe, gli artigli i denti o gli organi interni, organizzare feste collettive durante le quali la carne dell’orso viene consumata ritualmente, o riti sciamanici di iniziazione centrati su simboli dell’orso, sono tutti tratti culturali diffusi tra i popoli nordici, dai Lapponi della Scandinavia agli Irochesi (HALLOWELL A. I. 1926). Lungo l’area subartica circumboreale sono individuabili almeno quattro distinti “centri” del culto dell’orso: uno in Siberia occidentale, nella terra dei Mansi-Shanti. Un secondo tra i popoli dell’estremo oriente siberiano e gli Ainu dell’isola di Hokkaido. Un terzo nell’area dello Yukon e della Costa di Nord Ovest, tra i Tlingit o gli Tsimsyan. Un quarto nell’area dello Scudo canadese e in particolare presso gli Anishinabe del lago Superiore. Sul piano mitico, il tema dei fanciulli rapiti e ospitati nella tana di un orso – considerabile come mito di fondazione del culto dell’orso – riunifica tutta l’area circumboreale in un unico complesso di varianti che si intrecciano e si sovrappongono. Nell’area dello Yukon è una ragazza che va in sposa a un orso, e sono predominanti i temi della femminilità e della maternità. Nella variante Tsimsyan, la protagonista viene accolta al villaggio degli orsi e preparata al matrimonio attraverso una cerimonia evidentemente iniziatica, nella quale le viene fatta indossare una pelliccia d’orso (MCCLELLAN C. 1973 – BARBEAU M. 1945). Nelle versioni del Canada orientale le capacità sciamaniche dell’orso sono molto in risalto. L’orso fa comparire cibo abbondante nella tana, oppure usa i suoi poteri per cancellare magicamente la memoria umana del ragazzo e sviare i tentativi compiuti dal padre per recuperarlo. Insegna al ragazzino elaborate istruzioni rituali, o gli lascia una sua zampa come amuleto. Tornato al suo villaggio, il protagonista diverrà un grande cacciatore, avendo ereditato dall’animale il potere sciamanico (BARRIAULT 1972; BARNOUW 1977; TANNER 1979; SCOTT C. 1993). Nelle cerimonie di iniziazione della Capanna di Medicina (Midewiwin), Orso è tra i principali spiriti tutelari. Le affinità rituali tra il culto circumboreale dell’orso e le cerimonie Midewiwin del lago Superiore saldano in modo indubitabile il complesso dei riti di caccia con quello sciamanico (SPAGNA F. 1998). Dalla taiga siberiana alle woodlands canadesi, sciamani orsi e orsi sciamani si scambiano continuamente le parti. Lontra Robert Davidson, “Otter”. A fianco dell’orso, a portare il dono sciamanico della Vita nella tradizione Midewiwin, appare la lontra. Con agilità ed eleganza, la lontra si muove indifferentemente sott’acqua e sulla terra. Integra dunque due mondi – terrestre e acquatico – di solito considerati in opposizione. Quest’agile e guizzante metafora ci porta un elemento nuovo: il gioco. La lontra è un animale molto giocoso, il suo latrato ricorda una allegra risata. Gli sciamani la hanno scelta a simbolo della gioia di vivere, della giocosità, della speranza di felicità e della continuità della vita nell’oltremondo (HARRISON J.1989: 90). Le borse di medicina ottenute con una intera pelliccia di lontra, finemente decorata e munita di sonagli, costituiscono il principale corredo iniziatico Midewiwin. Un mito di creazione Quando apparve il primo raggio di luce – raccontano i Cree – Madre Terra partorì i primi spiriti del mondo. Il primo figlio fu Biney-sih, l’Uccello Tuono. Appare come folgore nella sua eterna lotta con il Serpente delle Acque. Il secondo figlio fu Oma-ka-ki, il rospo. Aiuta con i sui poteri sciamanici gli altri animali. Il terzo figlio fu l’Uomo Soprannaturale – il trickster – Wi-sa-key-jak, con il potere di trasformarsi in qualsiasi cosa. Il quarto figlio fu Ma-hi-gan, il lupo, compagno del trickster. Compaiono in questo mito due esseri soprannaturali – la principale divinità celeste e il trickster – e due animali “comuni”. Sorprende il ruolo così importante attribuito al rospo. In realtà, anche in alcuni codici Midewiwin – pittografie su corteccia di betulla – appare il rospo come portatore di poteri sciamanici. Il lupo è fratello dell’uomo. La metafora dell’homo hominis lupus, per i popoli del subartico, è esattamente invertita. I lupi sono gregari, ma anche solitari, proprio come gli umani. Diversi miti sottolineano questo rapporto di fratellanza. Per gli Anishinabe, un tempo uomini e lupi vivevano insieme, poi si divisero: in mezzo rimase il cane. Il lupo, come l’uomo, è cacciatore. I Chipewayan vedevano il loro stile di vita – cacciatori di caribù – riflesso in quello dei lupi. Il lupo suscita teorie sulla rinascita: lupi che rinascono umani e umani che rinascono lupi. Il ritorno dei lupi nelle foreste canadesi è stato interpretato, da un leader spirituale anishinabe, come segno della recente ripresa di vigore delle comunità native americane. Abraham Anghik Ruben, “Shaman With Raven Helpers”. Corvo Il corvo, Dotson’, è il principale animale al quale i Koyukon dell’Alaska rivolgono le loro preghiere. Come l’aquila e molti altri uccelli, il corvo è aiutante sciamanico, e soprattutto messaggero. Nell’area alaskana – e su ambedue i versanti dello stretto di Bering – Corvo è il Trickster. Eroe culturale che crea, ricrea e trasforma il mondo. Ma anche spirito della contraddizione, “clown onnipotente, truffatore benevolo, buffone, divinità” (NELSON R. 1983: 17). Nel mito Koyukon del Furto del Sole, Corvo si trasforma in ago di pino, si fa inghiottire da una donna che lo partorisce in forma d’uomo. Abbastanza grande per giocare, va a srotolare la coperta nella quale il sole era stato nascosto, e così il mondo poté avere la luce. In conclusione, il tema della metamorfosi e della alterazione percettiva – caribù visti come donne, orsi visti come sposi e sciamani, parenti visti come castori – è sicuramente centrale nelle rappresentazioni di questi popoli. Metamorfosi che si coniuga alla visione sciamanica: la principale via spirituale dei popoli del subartico. Il tempo mitico – il tempo in cui gli animali erano umani e gli umani animali, in cui gli animali parlavano agli umani e gli umani agli animali – è un tempo vivente, che scorre al di sotto o intorno al tempo attuale. Esso è considerato, dai tradizionalisti nativi, più reale del tempo reale. È il tempo attuale, il tempo quotidiano e secolarizzato a essere, a loro parere, frutto di una distorsione percettiva. Il tempo mitico, per le culture del subartico, rappresenta il principale riferimento assiomatico: morale e valoriale. Le storie raccontate. Idee per una continua ridefinizione del posto dell’uomo nella natura? Bibliografia delle opere citate: BARBEAU Marius, 1945, Bear Mother, “Journal of American Folklore”, 59. BARNOUW Victor, 1977, Wisconsin Chippewa Myths & Tales and their Relation to Chippewa Life, University of Wisconsin Press, Madison. BARRIAULT Yvette, 1972, Mythes et rites chez les indien Montagnais, La Société Historique de laCôte Nord, Québec. BATESON Gregory, 1984 [1979], Mente e natura. Un’unità necessaria, Adelphi, Milano [ed. orig. Mind and Nature. A Necessary Unity]. BIRKET-SMITH Kaj, 1930, Contributions to Chipewyan Ethnology. 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Religious Ideology and Mode of Production of Mistassini Cree Hunters, St. Martin Press, New York. TANNER Adrian, 1984, Notes on the Ceremonial Hide, “Papers of the 15th Algonquian Conference”, W. Cowan (ed.), Carleton University, Ottawa, pp. 91-105. TRIGGER Bruce, 1985, Natives and Newcomers: Canada ‘Heroic Age’ Reconsidered, Mc Gill University Press, Kingston and Montreal. - Artículo*: Marco Maculotti - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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Our existence is self-evident, because we shine by our own light of pure self-awareness

In a comment on one of my recent articles, Uḷḷadu Nāṟpadu: Tamil text, transliteration and translation, a friend called Sanjay wrote: The mind knows that the chair is a chair, an object of wood, etc., but this is not what the chair actually is. If we analyse a little deeper, both the chair and the wood are ideas in our mind, and we have no way of proving to ourself that any chair or wood actually exists independent of our ideas of them. Hence Bhagavan says that the whole world is nothing but ideas or thoughts, as for example in the fourth and fourteenth paragraphs of Nan Yar?: Except thoughts [or ideas], there is separately no such thing as ‘world’. What is called the world is only thought. Referring to this, another friend using the pseudonym ‘ādhāra’ wrote a comment saying: However, Bhagavan did not say that we as an ego are excluded from the “world”. On the contrary it is said that we are part of the world in waking and dreaming. So we can conclude that we too are only an idea or a thought or a projection. We definitely do not even have proof/evidence that we exist independent of our idea of that. Therefore we cannot reasonable/well-founded have to presume that we are more than an idea. There is no evidence to support this thesis. Nevertheless we can put our trust in Bhagavan Ramana because he inspires confidence and looks trustworthy. To follow Bhagavan’s teaching is even urgently necessary. The following is my reply to this: Ādhāra, as you say, the ego is only an idea or thought, but of all thoughts it is the first and the root, because it is the one thought that projects and perceives all other thoughts, so it is the only thought that is aware of anything, and hence it is quite different to all other thoughts. However to say that we as the ego are part of the world in waking and dreaming is not entirely correct, so it is necessary to consider a little more deeply the relationship between the ego and whatever world it perceives. The ego can never rise or stand without projecting and perceiving a world, and when it does so it always experiences itself as a body, which is a part of the world that it perceives. However, though it is always aware of itself as a body, it is not actually that body, because in its present dream (the one that now seems to be its waking state) it is aware of itself as this body, whereas in other dreams it is aware of itself as other bodies. Therefore the ego is a confused mixture of awareness (cit) and a body, which is non-aware (jaḍa), and hence it is called cit-jaḍa-granthi, the knot (granthi) formed by the entanglement of what is aware and what is not aware. However, though it seems to be both awareness and a body, it is actually neither. That is, it is not the real awareness (sat-cit), nor is it an insentient body, so it is just a spurious entity that rises between them, so to speak, and usurps the properties of both as if they were its own, as Bhagavan points out in verse 24 of Uḷḷadu Nāṟpadu: சடவுடனா னென்னாது சச்சித் துதியா துடலளவா நானொன் றுதிக்கு — மிடையிலிது சிச்சடக்கி ரந்திபந்தஞ் சீவனுட்ப மெய்யகந்தை யிச்சமு சாரமன மெண். jaḍavuḍaṉā ṉeṉṉādu saccit tudiyā duḍalaḷavā nāṉoṉ ḏṟudikku — miḍaiyilitu ciccaḍakki ranthibandhañ jīvaṉuṭpa meyyahandai yiccamu sāramaṉa meṇ. பதச்சேதம்: சட உடல் ‘நான்’ என்னாது; சத்சித் உதியாது; உடல் அளவா ‘நான்’ ஒன்று உதிக்கும் இடையில். இது சித்சடக்கிரந்தி, பந்தம், சீவன், நுட்ப மெய், அகந்தை, இச் சமுசாரம், மனம்; எண். Padacchēdam (word-separation): jaḍa uḍal ‘nāṉ’ eṉṉādu; sat-cit udiyādu; uḍal aḷavā ‘nāṉ’ oṉḏṟu udikkum iḍaiyil. idu cit-jaḍa-giranthi, bandham, jīvaṉ, nuṭpa mey, ahandai, i-c-samusāram, maṉam; eṇ. அன்வயம்: சட உடல் ‘நான்’ என்னாது; சத்சித் உதியாது; இடையில் உடல் அளவா ‘நான்’ ஒன்று உதிக்கும். இது சித்சடக்கிரந்தி, பந்தம், சீவன், நுட்ப மெய், அகந்தை, இச் சமுசாரம், மனம்; எண். Anvayam (words rearranged in natural prose order): jaḍa uḍal ‘nāṉ’ eṉṉādu; sat-cit udiyādu; iḍaiyil uḍal aḷavā ‘nāṉ’ oṉḏṟu udikkum. idu cit-jaḍa-giranthi, bandham, jīvaṉ, nuṭpa mey, ahandai, i-c-samusāram, maṉam; eṇ. English translation: The insentient body does not say ‘I’; being-awareness does not rise; in between one thing, ‘I’, rises as the extent of the body. Know that this is the awareness-insentience-knot, bondage, the soul, the subtle body, the ego, this wandering and the mind. Explanatory paraphrase: The jaḍa [insentient] body does not say ‘I’; sat-cit [being-awareness] does not rise; [but] in between [these two] one thing [called] ‘I’ rises as the extent of the body. Know that this [the spurious adjunct-mixed self-awareness that rises as ‘I am this body’] is cit-jaḍa-granthi [the knot (granthi) formed by the entanglement of awareness (cit) with an insentient (jaḍa) body, binding them together as if they were one], bandha [bondage], jīva [life or soul], the subtle body, ahandai [the ego], this saṁsāra [wandering, revolving, perpetual movement, restless activity, worldly existence or the cycle of birth and death] and manam [the mind]. Therefore as he points out in verse 25, the ego is just a formless phantom that seems to exist only when it projects and perceives itself as the form of a body. Hence it is not actually part of the world, though it seems to be a body, which is a part of the world, but is the ādhāra (support, foundation or container) of the world. However, though it is the ādhāra for everything else, it is not the ultimate ādhāra, because it itself could not seem to exist, nor could it support and contain the seeming existence of everything else, if it were not itself supported by and contained within what alone actually exists, namely pure self-awareness, which is what Bhagavan refers to in verse 24 as sat-cit, and which is our real nature (ātma-svarūpa). This is explained by him in verse 7 of Uḷḷadu Nāṟpadu, in which what he refers to as ‘அறிவு’ (aṟivu), which means awareness, is the ego, because it alone is the awareness that is aware of the world and that arises and subsides (appears and disappears) along with it, whereas what he refers to as ‘பூன்றம் ஆம் பொருள்’ (pūṉḏṟam ām poruḷ), ‘the substance, which is the whole’, is pure self-awareness, because pure self-awareness alone is ‘உலகு அறிவு தோன்றி மறைதற்கு இடன் ஆய் தோன்றி மறையாது ஒளிரும் அஃது’ (ulahu aṟivu tōṉḏṟi maṟaidaṟku iḍaṉāy tōṉḏṟi maṟaiyādu oḷirum aḵdu), ‘that which shines without appearing or disappearing as the iḍaṉ [place, space, expanse, location, site or ground] for the appearing and disappearing of the world and [that] awareness [the ego]’: உலகறிவு மொன்றா யுதித்தொடுங்கு மேனு முலகறிவு தன்னா லொளிரு — முலகறிவு தோன்றிமறை தற்கிடனாய்த் தோன்றிமறை யாதொளிரும் பூன்றமா மஃதே பொருள். ulahaṟivu moṉḏṟā yudittoḍuṅgu mēṉu mulahaṟivu taṉṉā loḷiru — mulahaṟivu tōṉḏṟimaṟai daṟkiḍaṉāyt tōṉḏṟimaṟai yādoḷirum pūṉḏṟamā maḵdē poruḷ. பதச்சேதம்: உலகு அறிவும் ஒன்றாய் உதித்து ஒடுங்கும் ஏனும், உலகு அறிவு தன்னால் ஒளிரும். உலகு அறிவு தோன்றி மறைதற்கு இடன் ஆய் தோன்றி மறையாது ஒளிரும் பூன்றம் ஆம் அஃதே பொருள். Padacchēdam (word-separation): ulahu aṟivum oṉḏṟāy udittu oḍuṅgum ēṉum, ulahu aṟivu-taṉṉāl oḷirum. ulahu aṟivu tōṉḏṟi maṟaidaṟku iḍaṉ-āy tōṉḏṟi maṟaiyādu oḷirum pūṉḏṟam ām aḵdē poruḷ. அன்வயம்: உலகு அறிவும் ஒன்றாய் உதித்து ஒடுங்கும் ஏனும், உலகு அறிவு தன்னால் ஒளிரும். உலகு அறிவு தோன்றி மறைதற்கு இடன் ஆய் தோன்றி மறையாது ஒளிரும் அஃதே பூன்றம் ஆம் பொருள். Anvayam (words rearranged in natural prose order): ulahu aṟivum oṉḏṟāy udittu oḍuṅgum ēṉum, ulahu aṟivu-taṉṉāl oḷirum. ulahu aṟivu tōṉḏṟi maṟaidaṟku iḍaṉ-āy tōṉḏṟi maṟaiyādu oḷirum aḵdē pūṉḏṟam ām poruḷ. English translation: Though the world and awareness arise and subside simultaneously, the world shines by awareness. Only that which shines without appearing or disappearing as the place for the appearing and disappearing of the world and awareness is the substance, which is the whole. Explanatory paraphrase: Though the world and awareness [the awareness that perceives the world, namely the ego or mind] arise and subside simultaneously, the world shines by [that rising and subsiding] awareness [the ego]. Only that which shines without appearing or disappearing as the place [space, expanse, location, site or ground] for the appearing and disappearing of the world and [that] awareness is poruḷ [the real substance or vastu], which is pūṉḏṟam [the infinite whole or pūrṇa]. The ego, which is the transitory and hence unreal awareness that perceives the world, is what we seem to be, whereas pure self-awareness, which is the permanent and hence real awareness that is aware of nothing other than itself, is what we actually are, and though as this ego we are just a thought, which appears and disappears like every other thought, as we actually are we are not a thought but that which always exists and shines without ever appearing or disappearing. Though we now seem to be this ego, we are aware of our existence even in its absence, as in sleep, so your claim that ‘We definitely do not even have proof/evidence that we exist independent of our idea of that’ is not correct. Our own awareness of our existence in sleep is clear proof of the fact that we exist independent of the ego or any other thought or idea. Therefore we do not need to have faith or confidence in Bhagavan’s teachings in order to know that we exist independent of the ego, because the ego is something that appears and disappears, whereas we exist and are aware of our existence whether it appears or disappears. The ego is not real, nor is anything else that appears and disappears, because though they seem to exist, they do not actually exist. We, on the other hand, must actually exist, because if we did not actually exist we could not be aware of our existence. The ego seems to exist and to be aware of its own existence because it usurps our self-awareness and claims it as if it were its own. Therefore it does not shine by its own light, but only by the light that it borrows from ourself, whereas we shine by our own light of pure self-awareness, because we shine even in sleep, in the absence of everything else. This is why Bhagavan says in the seventh paragraph of Nāṉ Yār?: ‘யதார்த்தமா யுள்ளது ஆத்மசொரூப மொன்றே’ (yathārtham-āy uḷḷadu ātma-sorūpam oṉḏṟē), ‘What actually exists is only ātma-svarūpa [the ‘own form’ or real nature of oneself]’. And as he explains in verse 23 of Upadēśa Undiyār: உள்ள துணர வுணர்வுவே றின்மையி னுள்ள துணர்வாகு முந்தீபற வுணர்வேநா மாயுள முந்தீபற. uḷḷa duṇara vuṇarvuvē ṟiṉmaiyi ṉuḷḷa duṇarvāhu mundīpaṟa vuṇarvēnā māyuḷa mundīpaṟa. பதச்சேதம்: உள்ளது உணர உணர்வு வேறு இன்மையின், உள்ளது உணர்வு ஆகும். உணர்வே நாமாய் உளம். Padacchēdam (word-separation): uḷḷadu uṇara uṇarvu vēṟu iṉmaiyiṉ, uḷḷadu uṇarvu āhum. uṇarvē nām-āy uḷam. அன்வயம்: உள்ளது உணர வேறு உணர்வு இன்மையின், உள்ளது உணர்வு ஆகும். உணர்வே நாமாய் உளம். Anvayam (words rearranged in natural prose order): uḷḷadu uṇara vēṟu uṇarvu iṉmaiyiṉ, uḷḷadu uṇarvu āhum. uṇarvē nām-āy uḷam. English translation: Because of the non-existence of [any] awareness other [than what exists] to be aware of what exists, what exists (uḷḷadu) is awareness (uṇarvu). Awareness alone exists as we. Therefore our real nature (which alone is what we experience in sleep) is not only what actually exists but also what is actually aware — that is, it is what is aware of what actually exists (rather than of what merely seems to exist). What distinguishes our real nature (ātma-svarūpa) from our ego is that our real nature is what actually exists (uḷḷadu), which is aware of nothing other than itself, whereas our ego is just a transitory appearance, which is always aware of things that seem to be other than itself. In order to know that our own existence is real and not mere a thought, we do not need to have confidence in Bhagavan and his teachings, because we know from our own experience that we exist in sleep, even though neither the ego nor any other thought exist in that state. Therefore even if we did not have confidence or trust in Bhagavan, we should be able to understand why we need to try to investigate ourself and thereby find out what we actually are. However, when we try to investigate ourself we will find that we face a huge amount of resistance, because we instinctively recognise that self-investigation threatens our very existence as this ego, so as this ego we have strong desires and attachments, which impel us to cling to things other than ourself. Therefore to investigate ourself keenly enough to eradicate the ego requires intense love and steadfast perseverance, and for this we do need deep confidence and firm trust in Bhagavan and his teachings. However such confidence and trust will grow naturally in our hearts the more deeply we study, reflect upon and practise his teachings. Confidence based on mere blind belief will not be strong enough to support us in this path till its very end, so the confidence we require must be born of clear understanding of his teachings and the underlying logic that holds them together as a coherent whole, and must be nurtured and nourished by the inner clarity of mind and heart that can be developed only by persistent practice of looking within ourself in order to see what we actually are. - Artículo*: Michael James - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
In a comment on one of my recent articles, Uḷḷadu Nāṟpadu : Tamil text, transliteration and translation , a friend called Sanjay wrote: Th...

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Rûmî, en Pamplona

Rûmî, en Pamplona Conferencia de Halil Bárcena Conferencia "Rûmî, un místico sufí para el siglo XXI", pronunciada por Halil Bárcena, el día 26 de febrero, en la Biblioteca de Navarra/Nafarroako Liburutegia de la ciudad de Pamplona/Iruñea. https://www.youtube.com/watch?v=KXaF9XNQ3J0&feature=youtu.be - Artículo*: Halil Bárcena - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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Cuando nuestros guías se van

Mahmud Esquivel Baba (ra) "Cuando nuestros guías y aquellos que son apreciados por nosotros se van y desaparecen, no son aniquilados, son como estrellas que se desvanecen a la luz del sol de la realidad". -Hz. Jalaluddin Mevlana Rumi ... “When our guides and those who are cherished by us leave and disappear, they are not annihilated, they are like stars that vanish into the light of the sun of reality.” -Hz. Jalaluddin Mevlana Rumi The Rumi Collection: An Anthology of Translations of Mevlana Jalaluddin Rumi - Artículo*: Sabiduria Sufi - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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Ajahn Brahm-3 de 3-Darle Sentido a la Vida.SubEsp

Si alguien me llama perdedor, voy a decirle:"Sí, es verdad gracias por ese maravilloso galardón y pedazo de alabanza" Yo realmente trato de perder más cosas, así que gracias por llamarme “perdedor". Eso es, en términos monásticos, en realidad es un cumplido. Así que si alguien en la calle te llama "perdedor", significa que tu práctica espiritual va muy bien. "Uno no tiene que cumplir ningún deber, completar algún proyecto, sino simplemente ser" - Artículo*: samsaraexit - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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DIÁLOGOS MÍSTICOS. DEL CIELO Y DEL INFIERNO (Jakob Boehme)

DIÁLOGOS MÍSTICOS Jakob Boehme DEL CIELO Y DEL INFIERNO UN DIALOGO ENTRE EL ESTUDIANTE JUNIO Y SU MAESTRO TEOFORO El estudiante preguntó a su maestro: — ¿Adónde va el alma cuando el cuerpo muere? Su maestro le respondió: — No tiene necesidad de ir a ninguna parte. iCόmo!— dijo el inquisitivo Junio—, ¿acaso el alma no debe abandonar el cuerpo con la muerte e ir bien al cielo o al infierno? —No tiene por qué ir a parte alguna— replicó el venerable Teόfοrο—; sólo la vida externa mortal, junto con el cuerpo, se separarán del alma. El alma tiene el cielo y el infierno dentro de ella misma con anterioridad, de acuerdo a lo que está escrito: El reino de los cielos no llega con la observación, ni dirá nadie ¡mira aquí!, ¡mira allí!, pues has de saber que el reino de Dios no llega con la observación, ni dirá nadie ¡mira aquí!, o ¡mira allí!, pues has de saber que el reino de Dios está dentro de ti. Y el alma se establecerá sobre aquello que en ti se manifieste, sea el cielo o el infierno. Entonces Junio dijo a su maestro: — Esto resulta difícil de entender ¿Acaso no entra en el cielo o en el infierno igual que un hombre entra en una casa, o igual que se entra en un lugar conocido a través de un agujero o de una ventana? ¿No entra acaso en otro mundo? El maestro habló, y dijo: — No. En verdad que no se da dicha suerte de entrada, por cuanto que el cielo y el infierno están en todas partes, estando coextendidos universalmente. — ¿Cómo es ello posible? — dijo el estudiante—; ¿pueden el cielo y el infierno estar presentes aquí, donde nos sentamos? Y si uno de ellos pudiera estar presente, ¿quieres Hacerme creer que ambos podrían estar aquí juntos? Entonces el maestro habló de la siguiente manera: —He dicho que el cielo está presente en todas partes; y es verdad. Pues Dios está en el ciclo, y Dios está en todas partes. También he dicho que igualmente el infierno debe estar en todas partes, y eso también es verdad. Pues el maligno que es el diablo, está en el infierno; y el mundo entero, como nos ha enseñado al apóstol, reside en el maligno, lo que es tanto como decir que no sólo el diablo está en el mundo, sino que también el mundo está en el diablo. Y si está en el diablo, también estará en el infierno, porque el diablo está en el infierno. Es así que el infierno está en todas partes, al igual que el cielo. Esta es la cosa que habría que probar. El estudiante, asombrado ante esto, dijo: —Te ruego que me ayudes a comprender esto. A lo cual el maestro respondió: —Entiende, pues, lo que es el cielo. No es sino hacer que la voluntad se vuelva hacia el amor de Dios y se introduzca en él. Dondequiera que encuentres a Dios manifestándose en el amor, ahí encontraras el cielo, sin tener que viajar por ello ni un solo paso. Y entiende así también lo que es el infierno, y dónde se encuentra. Te digo que no es sino volver la voluntad hacia la ira de Dios. Dondequiera que la ira de Dios se manifiesta más o menos, ahí ciertamente habrá más o menos infierno, sea cual sea el lugar. Así que son el volverse de la voluntad bien hacía su amor, bien hacia su ira, y de acuerdo a ello estarás en el cielo o en el infierno. Tenlo bien presente. Esto tiene lugar en nuestra vida presente, y es por ello que San Pablo dijo: "Nuestra conversación está en el cielo." Y Cristo dijo también: “mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y las doy la vida eterna; y nadie las arrancará de mi mano." Observad que no digo les daré, tras terminar la vida, sino les doy, es decir, ahora, en el tiempo de esta vida. Y qué otra cosa es el don de Cristo para sus seguidores sino ''una eternidad de vida; lo cual, ciertamente, solo puede tener lugar en el cielo. E igualmente, si ciertamente Cristo está en el cielo, y quienes le siguen en la regeneración están de su mano, entonces ellos están donde esta él, y por tanto no pueden estar fuera del cielo. Más aún nadie será capaz de arrancarlos del cielo, pues es Cristo quien los retiene, y están en su mano a la cual nadie puede resistirse. Todo, por .consiguiente, consiste en volver la voluntad hacia el cielo, o hacerla entrar en el cielo, escuchando la voz de Cristo, conociéndolo y siguiéndolo. E igualmente lo contrario, ¿Comprendes esto? Su estudiante le dijo: —Creo que lo entiendo en parte. Pero, ¿de qué modo tiene lugar esta entrada de la voluntad en el cielo? El maestro le respondió: — Trataré de darte satisfacción en esta pregunta, pero has de estar muy atento a lo que he de decirte. Sabes pues, hijo mío, que cuando el fundamento de la voluntad se entrega a Dios, cae de su propio ser, fuera y más allá de todo fundamento y lugar que puedan ser imaginados, a una cierta sima desconocida en la que sólo se manifiesta Dios, y en la que sólo él obra y tiene voluntad. Entonces se vuelve como nada para sí misma, en cuanto a su obrar y a su voluntad; y así Dios obra y tiene voluntad en ella. Y Dios habita en su resignada voluntad, con lo cual él alma es santificada, y queda lista para entrar en el reposo divino. Ahora bien, en este caso en el que se rompe el cuerpo, el alma es completamente penetrada en su totalidad, pierde su oscuridad, y deviene brillante y reluciente. Esta es la mano de Cristo, por la cual al amor de Dios habita plenamente en el alma y es en ella una luz brillante y reluciente una vida nueva y gloriosa. Entonces el alma está en el cielo, y es un templo del Espíritu Santo, y es ella misma el cielo de Dios, en el que mora. Fíjate bien, ésta es la entrada de la voluntad en el cielo; y así es como tiene lugar. Ten a bien, señor, proseguir—dijo el estudiante—, y permíteme saber qué le ocurre en el otro lado. El maestro dijo: —El alma está divinizada, como ves, está en la mano de Cristo, esto es, en el cielo, como él mismo nos ha contado; también has escuchado de qué modo viene a suceder esto. Pero el alma no divinizada no quiere llegar durante esta vida a la resignación de su voluntad, ni desea entrar en la voluntad de Dios, sino que persiste en su propia codicia y deseo, en la vanidad y en la falsedad, y es así que entra en la voluntad del diablo. Recibe por tanto en sí misma tan solo la malicia; solo el engaño, el orgullo, la sordidez, la envidia, la cólera, y a ello entrega su voluntad y todo su deseo. Esta es la vanidad de la voluntad; y esta misma vanidad o sombra vana debe de la misma manera manifestarse en el alma, la cual se ha entregado o rendido como su sirviente. En ella debe obrar, igual que el amor de Dios obra en la voluntad regenerada y la penetra completamente, al modo en que el fuego lo hace con el hierro. "Y no le es posible a este alma llegar al reposo divino, pues la ira de Dios se manifiesta en ella, y obra en ella. Ahora bien, cual el cuerpo se separa del alma, la melancolía y la desesperación eternas comienzan, pues encuentra ahora que se ha convertido totalmente en vanidad, una vanidad sumamente vejatoria para sí, y que se ha convertido en una furia trastornante y una abominación autoatormentante. Ahora percibe la decepción de todo lo que anteriormente había deseado. Se siente ciega, desnuda, herida, hambrienta y sedienta, sin las menores perspectivas de liberarse nunca o de obtener siquiera una gota de agua de la vida eterna. Y siente que solo es un diablo para sí misma, su propio ejecutor y torturador; se aterroriza ante su propia forma oscura y horrible, como un gusano deforme y monstruoso, y gustosamente quisiera huir de sí misma si pudiera, pero no puede, pues está encadenada con las cadenas de la naturaleza oscura, en la que se sumió mientras estaba en la carne. Y así, no habiendo aprendido a sumirse en la gracia divina, ni habiéndose acostumbrado a ello, y siendo también poseída fuertemente por la idea de Dios como un Dios airado y celoso, la pobre alma tiene a la vez miedo y vergüenza de introducir su voluntad en Dios, que es el modo de que consiguiera posiblemente la liberación. El alma tiene miedo de ello, confundida por su propia desnudez y monstruosidad, y quisiera por tanto, si fuera posible, ocultarse de la majestad de Dios, y ocultar su forma abominable al ojo de Dios, sumamente santo, pero esto lo quisiera hacer introduciéndose aún más profundamente en la oscuridad, con lo que no entraría en la voluntad de Dios. No podría entrar en el amor, a causa de la voluntad que ha reinado en ella. Pues un alma así está cautiva de la cólera, ella misma no es sino mera cólera habiéndose encerrado ella misma por su falso deseo que se ha despertado en sí misma, y habiéndose así transformado en la naturaleza y peculiaridad de la cólera. "Y puesto que la luz de Dios no brilla en ella, ni la inclina el amor de Dios, el alma es como una gran tiniebla, y como un ansioso dolor ígneo, transportando un infierno dentro de ella, y no siendo capaz de discernir el menor vislumbre de la luz de Dios, o de sentir el menor chispazo de su amor. Reside por tanto en sí misma como en el infierno, y no necesita entrar en el infierno en absoluto, ni ser llevada a él; pues en cualquier lugar en que esté, mientras esté en si misma estará en el infierno. Y aunque viaje lejos, y se separe muchos cientos miles de leguas de su presente lugar con el fin de salir del infierno, aún permanecerá en el dolor y en las tinieblas infernales. —Si esto es así—dijo el estudiante a Teόforo—, ¿cómo es que un alma celestial no percibe perfectamente durante el tiempo de esta vida la luz y el gozo celestiales, y que el alama que carece de Dios en el mundo no siente tampoco aquí el infierno, igual que los perciben y sienten luego? ¿Por qué no habrían ambos de ser percibidos y sentidos tanto en esta vida como en la siguiente, dado que ambos se encuentran en el hombre, y que todo hombre opera siempre uno de ellos como lo has mostrado? A lo cual Teόforo respondió: — El reino de los cielos opera y se manifiesta en lo santos por la fe. Aquellos que llevan a Dios dentro de sí, y que viven de acuerdo a su espíritu, encuentran el reino de Dios en su fe, su voluntad se ha entregado a Dios a causa de esta fe, y se ha hecho divina. En una palabra, dentro de ellos hay una transacción causada por la fe, lo cual les supone la evidencia de los invisibles eternos, y urna gran manifestación en su espíritu de este rcinυ divino que se encuentra dentro de ellos. Pero su vida natural se halla de todos modos circundada de carne y huesos. Y al hallarse así en contrariedad, y colocarse por la Caída en el principio de la ira de Dios, y al estar rodeadas del mundo, que no puede en modo alguno reconciliarse con la fe, estas leales almas se hallan sumamente opuestas a los ataques de este mundo por el que viajan. No pueden ser insensibles al hecho de estar rodeadas de carne y hueso, y de las vanas codicias de este mundo, que no dejan continuamente de penetrar la vida externa y mortal y de tentarlas en múltiples modus, como lo hizo con Cristo. De donde el mundo por una parte, y el diablo por otra, no sin la maldición de la ira de Dios en la carne y en la sangre, penetran y escudriñan concienzudamente la vida. Con ello sucede que el alma se halla a menudo en ansiedad cuando estos tres se echan sobre ella juntos, y cuando el infierno asalta de este modo a la vida, deseando manifestarse en el alma. Pero el alma entonces se sumerge en la esperanza de la gracia de Dios, y se mantiene como una bella rosa en medio de las espinas, hasta que el reino de este mundo se aparta de ella a la muerte del cuerpo. Y entonces al alma se manifiesta por primera vez verdaderamente en el amor de Dios, y en su reino, que es el reino del amor, no teniendo ya en lo sucesivo nada que se lo impida. Pero durante la vida debe caminar con Cristo en este mundo, y entonces Cristo la libera de su propio infierno, penetrándola con su amor, y hallándose a su lado en el infierno del alma por cielo. "Más en cuanto a lo que también dices de que porqué las almas que están sin Dios no sienten el infierno en este mundo, te respondo: lo llevan consigo en sus pervertidas conciencias, pero no lo0 saben, pues el mundo les ha sacado los ojos, y su letal copa las ha sumido igualmente en su sueño, en un sueño sumamente fatal. No obstante, debe reconocerse que los malvados frecuentemente sienten el infierno dentro de ellos durante el tiempo de esta vida mortal, aunque puedan no darse cuenta de la vanidad terrenal que se les adhiere desde fuera, y a causa de los placeres y entretenimientos sensibles con los que están intoxicados. Más aún, ha de advertirse que la vida externa de tales personas tiene, sin embargo, la luz de la naturaleza externa, que rige dicha vida; el dolor del infierno no puede revelarse por tanto, mientras la luz de la naturaleza externa gobierne. Mas cuando el cuerpo muere, de modo que al alma ya no puede seguir gozando de dichos placeres y deleite temporales, ni de la luz de este mundo exterior, que se extingue entonces totalmente para ella, entonces, digo, el alma tiene un hambre y una sed eternas de las vanidades de las que aquí estuvo enamorada, pero no puede alcanzar nada salvo esa falsa voluntad que había impresionado en sí misma mientras estuvo en el cuerpo. Y ahora, mientras que tenía una gran cantidad de su voluntad en esta vida, sin estar no obstante contenta con ello, siente que tiene, tras esta separación hecha con la muerte, poco de ella, lo que crea en ella una sed sempiterna de aquello que no podrá obtener nunca más, lo que la hace estar en una perpetua codicia lujuriosa de la vanidad, de acuerdo a su anterior impresión, y en una continua furia de hambre de toda esa clase de perversiones y lascivias en las que estuvo inmersa cuando se hallaba en la carne. Gustosamente haría más daño todavía, pero al no tener dónde o con qué llevarlo a efecto, sólo lo hace sobre sí misma. Toda transacción es ahora interna, igual que si fuese afuera; así, el alma no divina es atormentada por las furias que están en su propia mente y que ha engendrado ella misma sobre sí misma. Pues verdaderamente se ha convertido en su propio diablo y torturador. Aquello por lo cual pecó aquí, reside todavía con él, en la impresión, cuando la sombra del mundo ha pasado de largo y se ha convertido en su prisión y en su infierno. Pero esta hambre y esta sed infernales no pueden manifestarse plenamente en el alma hasta separarse del alma el cuerpo que suministraba al alma aquello que ésta codiciaba, aquello que codiciaba tanto que la hacía perseguir todas sus ansias. Percibo, pues —dijo Junio a su maestro—, que el alma, habiendo jugado al disoluto junto con el cuerpo en toda voluptuosidad, y habiendo servido a las lascivias de aquél durante esta vida, retiene todavía las mismas inclinaciones y los mismos afectos que antes tenía, aunque ahora ya no tenga ni la oportunidad ni la capacidad de seguir satisfaciéndolas; y que al no poder ser esto, el infierno se abre en dicha alma, infierno que antes había estado cerrado por medio de la vida externa en el cuerpo y por la luz de este mundo. ¿Lo entiendo correctamente? Teóforo dijo: — Lo entiendes correctísimamente. Continua. —Por otro lado —dijo Junio— percibo claramente lo que he oído de que el cielo sólo puede estar en un alma amante, poseída por Dios, y que por tanto ha sometido al cuerpo a la obediencia del espíritu en todas las cosas, y que se ha sumergido perfectamente en la voluntad y en, el amor de Dios. Me resulta evidente que cuando el cuerpo muera, y esta alma sea con ello redimida de la tierra, la vida de Dios, que se encontraba oculta en ella, se desplazará gloriosamente, manifestándose entonces el cielo en consecuencia. No obstante, si no hubiese también un cielo local, no sé dónde colocar la más pequeña parte de la creación, y no digamos lo más grande. Pues ¿dónde podrán residir todos sus habitantes intelectuales? En su propio principio —respondió el maestro—, sea este de la luz o de oscuridad. Pues todo ser intelectual creado permanece en sus hechos y en sus esencias, en sus maravillas y peculiaridades, en su vida e imagen, y ahí contempla y siente a Dios, que está en todas partes, sea en el amor o en la ira. "Si estuviese en el amor de Dios, contemplará a Dios de acuerdo con ello, y lo sentirá pues en el amor. Pero si se ha cautivado a sí mismo en la ira de Dios, sólo puede contemplar a Dios en la naturaleza colérica, no puede percibirlo sino como un espíritu irritado y vengativo. Todos los lugares son iguales para este ser intelectual si se halla en el amor de Dios, y si no está en este amor, todo lugar es igualmente un infierno para él. ¿Qué lugar podría atar a un pensamiento? ¿Qué necesidad tiene un espíritu de comprensión, de mantenerse aquí o ahí, en cuanto a su felicidad o miseria? Verdaderamente, dondequiera que esté, se hallará en el mundo abismal, en el que no hay ni final ni límite. Y, pregunto, ¿adónde podría ir? Pues aunque se alejase mil millas, o mil veces diez mil millas, y diez mil veces esto, más allá de los límites del universo, yendo a los espacios imaginarios del más allá de las estrellas, aún estaría en el mismísimo punto del que partió. Pues Dios es el lugar del espíritu, si es lícito atribuirle un nombre tal que tiene relación con el cuerpo. Y en Dios no hay límite alguno. Tanto lejos como cerca son aquí uno solo. Y sea en su amor o en su cólera, la voluntad abismal del espíritu se halla confinada en su totalidad. Es veloz como el pensamiento, pasando a través de todas las cosas; es mágica, y no pueden admitirla las cosas corporales o externas; habita en sus maravillas, y éstas son su hogar. "Esto es lo que sucede con todo ser intelectual, sea el orden de los ángeles o de las almas humanas. No temas que no vaya a haber lugar para todos, por muchos que sean, y un lugar que sea el más acomodado para ellos, de acuerdo a su elección o determinación, y que puede entonces llamarse su propio hogar. —Ahora —dijo el estudiante— recuerdo, en verdad, que se ha escrito sobre el gran traidor que, tras la muerte, fue a su propio hogar. El maestro dijo a esto: —Lo mismo es cierto de toda alma cuando marcha de esta vida mortal. Y es cierto de la misma manera de todo ángel, o de cualquier espíritu, y ello es necesariamente determinado por su propia elección. Igual que Dios está en todas partes, también sus ángeles están en todas partes, pero cada uno en su propio principio y en su propia peculiaridad, o, si prefieres decirlo así, en su propio lugar. Se admite que la misma esencia de Dios, que para los espíritus es como un lugar, se encuentra en todas partes, pero la apropiación o participación de ésta es diferente para cada uno, de acuerdo a lo que cada uno haya atraído mágicamente en el anhelo de la voluntad. La misma esencia divina que se encuentra arriba con los ángeles de Dios, está también abajo con nosotros, se halla igualmente con ellos, pero en diferentes maneras y en diferentes grados en cuanto a comunicación y participación. "Y lo que he dicho aquí de lo divino debes por igual considerarlo de la participación en la esencia y en la naturaleza diabólicas, que son el poder de las tinieblas, en cuanto a los múltiples modos, grados, y apropiaciones de ellas en la voluntad falsa. En este mundo hay una lucha entre ambos, pero cuando este mundo ha alcanzado el límite en alguien, entonces el principio capta aquello que es lo suyo propio, y así el alma recibe compañeros de acuerdo con ello, esto es, bien ángeles o bien demonios. A esto el estudiante dijo nuevamente: —El cielo y el infierno, por tanto, comienzan en nosotros la lucha en el tiempo de esta vida; mas, estando, Dios mismo también cerca de nosotros, ¿dónde pueden habitar los ángeles y los demonios? El maestro le respondió así: —Ahí donde tú no habitas con tu yo y con tu propia voluntad, ahí habitan contigo los ángeles santos, y en todo tu derredor. Recuerda esto bien. Al contrario, cuando habitas en cuanto a ti mismo, en la búsqueda de ti mismo, y en la autovoluntad, entonces con seguridad que los diablos se hallarán contigo, y tomarán en ti su morada, habitando sobre ti y en todo tu derredor. Que Dios en su misericordia lo impida. —No entiendo esto tan perfectamente bien como desearía —dijo es estudiante—. Hazme el favor de aclarármelo un poco más. El maestro habló, y dijo: —Toma buena nota de lo que voy a decirte. Ahí donde la voluntad de Dios es la que quiere algo, Dios se manifiesta, y en esta misma manifestación de Dios habitan los ángeles. Pero cuando Dios no quiere en una criatura con la voluntad de esa criatura, entonces Dios no se le manifiesta, ni puede hacerlo, sino que reside en sí mismo, sin la cooperación de aquélla, y sin que la criatura esté sujeta a él con humildad. En tal caso es para la criatura un Dios inmanifestado; por tanto los ángeles no habitan con uno, así pues dondequiera que ellos habitan se halla la gloria de Dios, y hacen su gloria. ¿Qué es, entonces, lo que habita en tal criatura? Dios no habita en ella; los ángeles no habitan en ella. El caso es evidentemente, que en dicha alma o criatura su propia voluntad carece de la voluntad de Dios, y ahí reside el diablo, y con el diablo todo lo que carece de Dios y de Cristo. Esta es la verdad; guárdala en tu corazón. El estudiante: —Es posible que pregunte varias cosas impertinentes, pero te ruego, buen señor, tengas paciencia conmigo y compasión de mi ignorancia si te pregunto algo que quizá te parezca ridículo, o algo cuya respuesta no merezca. Pues aún tengo varias preguntas que proponerte, aunque estoy avergonzado de mis propios pensamientos en esta cuestión. El maestro: —Sé llano conmigo y propón todo lo que se encuentra en tu mente. No tengas vergüenza de parecer ridículo, pues preguntando sólo puedes volverte más sabio. El estudiante agradeció a su maestro esta libertad, y le dijo: ¿Cuán separados están el cielo y el infierno? A lo cual éste respondió así: —Tanto como el día y la noche, o tanto como algo y nada. Están uno en el otro, y sin embargo, están a la mayor distancia el uno del otro; no obstante, se causan gozo y pesar el uno del otro. El cielo está a lo largo de todo el mundo, e igualmente fuera del mundo, incluso en cualquier lugar que sea o pueda ser imaginado. Lo llena todo, está dentro de todo, está fuera de todo, lo circunda todo; sin división alguna, sin lugar alguno; obrando por una manifestación divina, y fluyendo universalmente, pero sin salir de sí mismo en lo más mínimo. Pues sólo obra y se revela en sí mismo, siendo uno sólo y sin división alguna. Sólo se evidencia a través de la manifestación de Dios, y nunca en sí mismo solamente. Y en el ser que llega a él, o en el que se manifiesta, ahí también se manifiesta Dios. Pues el cielo no es más que una manifestación o revelación del Eterno, en el cual todo obrar y toda volición se hallan en el amor tranquilo. "De la misma manera el infierno también se encuentra a través del mundo entero, y no habita y opera sino en sí mismo, y en aquello en lo que se manifiestan los cimientos del infierno, a saber, en el ego y en la falsa voluntad. El mundo visible tiene a ambos; y no hay lugar alguno en el que el cielo y el infierno no puedan encontrarse y revelarse. Ahora bien, el hombre, en cuanto a su vida temporal, sólo pertenece al mundo visible, y por lo tanto durante el tiempo de esta vida no ve el mundo espiritual. Pues el mundo externo, con su sustancia, es un cobertor para el mundo espiritual, igual que el cuerpo lo es para al alma. Pero cuando el hombre externo muere, entonces el mundo espiritual, por lo que respecta al alma, que se ha despojado ya de su cobertor, se manifiesta o bien en la luz eterna con los ángeles santos, o en la oscuridad eterna, con los diablos. El estudiante preguntó entonces: — ¿Qué son un ángel o un ser humano, que pueden manifestarse así tanto en el amor de Dios como en su ira, tanto en la luz como en las tinieblas? A lo cual Teόforo respondió: —Ambos vienen del mismo origen; son como pequeñas ramas de la sabiduría divina, de la voluntad divina, brotadas de la palabra divina, y convertidas en objeto del amor divino. Surgen del terreno de la eternidad, en el que manan la luz y las tinieblas; las tinieblas, que consisten en recibir el autodeseo, y la luz, que consiste en tener la misma voluntad que Dios. Pues en la conformidad de la voluntad con la de Dios se halla el cielo, que se da esta voluntad unida a Dios y dondequiera que se da esa voluntad unida a Dios, y su luz no dejará de manifestarse. Pero en la autoatraccíón del deseo del alma, o en la recepción de uno mismo dentro de la volición de cualquier espíritu, sea angélico o humano, la voluntad de Dios opera con dificultad, y no es para dicha alma o espíritu sino tinieblas; no obstante, a partir de esto puede manifestarse la luz. Y estas tinieblas son el infierno del espíritu en el cual se encuentran. Pues el cielo y el infierno no son sino una manifestación de la voluntad divina sea en la luz o en la oscuridad, de acuerdo a las peculiaridades del mundo espiritual. - Artículo*: Zurraquín - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
DIÁLOGOS MÍSTICOS Jakob Boehme DEL CIELO Y DEL INFIERNO UN DIALOGO ENTRE EL ESTUDIANTE JUNIO Y SU MAESTRO TEOFORO El estudiante...

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NGC 613 en polvo, estrellas y una supernova | Imagen astronomía diaria - Observatorio

En 2016, el astrónomo aficionado Victor Buso estaba probando una nueva cámara para su telescopio cuando notó la aparición continuada de una extraña mancha luminosa. Tras informar sobre esta insólita observación, se determinó que era la luz de una supernova que comenzaba a hacerse visible en una etapa que nunca antes se había fotografiado ópticamente. Las fotografías del antes y el después del descubrimiento, tomadas aproximadamente con una hora de diferencia, se presentan aquí insertadas en una fotografía de la galaxia espiral NGC 613 tomada por el Telescopio Espacial Hubble. Las observaciones posteriores muestran que SN 2016gkg era seguramente la explosión de una supergigante y que Buso había capturado la escena en que la onda del estallido emergía del núcleo estelar y se abría paso sobre la superficie de la estrella. Dado que los astrónomos han pasado años observando galaxias en busca de supernovas sin ver un evento como este, la probabilidad de una captura como la de Buso es como la de ganar la lotería. - Artículo*: Alex Dantart - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
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Gian Giuseppe Filippi, Il Serpente e la Corda - II Parte - 17. Commento al “Tattvamasi” di Śaṃkarācārya (IV)

Gian Giuseppe Filippi Il Serpente e la Corda I Parte La prima parte de Il Serpente e la Corda si trova nel blog QUI. II Parte Commento al “Tattvamasi” di Śaṃkarācārya II Parte 17. Commento al “Tattvamasi” di Śaṃkarācārya (IV) 56. La conoscenza intesa come strumento dell’azione di conoscere, è applicabile all’intelletto e non al Sé, poiché non esiste uno strumento senza un agente che lo utilizzi. La medesima parola “conoscenza” non può nemmeno essere applicata al Sé quando con essa s’intende l’oggetto dell’azione di conoscere.57. Il Sé non può mai essere conoscibile né può essere indicato direttamente con parole [verbi], essendo, com’è, eternamente immutabile, libero da sofferenza e piacere, e assolutamente Uno. Se si suppone che esista qualcosa che, usando come strumento l’azione conoscitiva, s’appresta a conoscere qualcosa di conoscibile, ossia di un oggetto che alla fine di questo processo d’indagine diventa conosciuto, con questo “qualcosa” si può intendere l’intelletto (buddhi)[1], non certamente l’Ātman. Infatti l’Ātman non è agente, perciò non può essere ridotto a qualcosa che usa uno strumento conoscitivo per conoscere. Se con conoscenza s’intende un’azione volta a conoscere, questo tipo di conoscenza non può dunque essere attribuito all’Ātman. Allo stesso modo in cui non si può attribuire all’Ātman alcuna azione, nemmeno quella conoscitiva, così esso non può essere oggetto di alcuna azione: perciò nemmeno dell’azione di conoscere. L’Ātman perciò non può essere conoscibile né tanto meno conosciuto. Non può essere né soggetto né oggetto di alcun verbo che indichi azione, essendo immutabile, uno e al di là della dualità. Se potesse essere soggetto o oggetto di modificazione, allora non dell’Ātman si tratterebbe, ma dello sperimentatore del saṃsāra come erroneamente sostengono alcuni. 58. Se l’ego fosse il Sé, allora una parola potrebbe descrivere il Sé in senso letterale. Ma secondo la śruti, l’ego non è il Sé, dal momento che è sottoposto a fame ecc. L’ego è il riflesso del Sé nella sfera individuale. Se l’ego fosse identico al Sé, quest’ultimo sarebbe facilmente identificabile tramite una parola corrispondente a un’idea. Perché qualsiasi nome evoca una idea a cui necessariamente corrisponde un oggetto. Come, per esempio, “albero” evoca l’idea di albero che corrisponde effettivamente all’oggetto albero. Ātman o Brahman non sono affatto nomi, né idee o pensieri della mente e neppure oggetti passibili di conoscenza[2]. Perciò ego non può essere considerato un nome per definirli. Infatti, sull’autorità della śruti, l’ego non è il Sé, essendo sottoposto a tutte le limitazioni derivanti dalla sua esistenza empirica, fame, sete, piacere, dolore ecc. 59. Oppositore: D’accordo, ma se le parole “egli conosce” non possono essere usate direttamente in nessun caso, non potranno essere applicate in modo metaforico nemmeno per il Sé. Perciò ora devi spiegare qual è il senso del verbo “egli conosce” [quando è applicato al Sé].60. La śruti perderebbe evidentemente tutta la sua autorevolezza se le sue parole non avessero senso. Ma questo è da respingere. Dovremo, dunque, accettare il significato del verbo “egli conosce” nel suo senso corrente. Dopo che Śaṃkara ha affermato che: 1) il Sé, poiché è puro essere, non è un agente e che perciò non gli si può attribuire l’azione di conoscere; 2) l’intelletto è in grado di agire in quanto sottomesso al divenire, ma, allo stesso tempo, essendo privo di coscienza, non ha la capacità di conoscere; 3) infine, l’ego è pura apparenza, perciò è privo di esistenza (asat) e nemmeno è un agente (akartṛ), l’oppositore del Vedānta si chiede quale mai interpretazione si dovrà dare allora all’affermazione upaniṣadica “egli conosce”. Eppure le Upaniṣad ripetono con fermezza che “egli conosce”, e la loro autorevolezza non può essere messa in discussione. Perciò “egli conosce” dovrà essere inteso nel suo senso primario, cioè secondo l’uso comune e in senso letterale, ossia che l’ego è l’Ātman e, come tale è sia esistente (sat) sia agente (kartṛ). 61. Risposta del vedāntin: Se si accetta la sciocca opinione del popolo ignorante, si arriverà alla conclusione dei cārvāka[3] che sostengono che non c’è altro Sé se non il corpo. Questo sì è da respingere. Se si sostiene che il Sé è l’ego, si arriva a pensare che il Sé è il corpo, poiché l’ego si identifica con il corpo. Qualcuno potrebbe dire che l’uomo comune sa ben distinguere tra l’ e il corpo, in quanto in tutta apparenza è capace di comprendere che le proprie modalità sottili non s’identificano con il corpo stesso. Anzi, soprattutto gli occidentali che considerano l’anima o la mente[4], a seconda delle loro credenze religiose o laiche, come il motore del corpo grosso, sono convinti di saper discriminare tra queste due componenti dell’individuo. Chi la pensa così si illude di discriminare, perché in realtà l’ignorante si identifica esclusivamente al proprio ego e, così facendo, si pone spazialmente nel corpo. Se l’individuo discriminasse effettivamente tra sé stesso e il corpo egli sarebbe capace di liberarsi dalla propria collocazione spaziale nel corpo[5]. Perciò l’uomo ordinario che crede di essere in grado di distinguere tra la propria mente e il corpo, ipotizza semplicemente questa discriminazione con il pensiero, senza riuscire a rendere reale tale distinzione. L’ego e il corpo, in realtà, formano un tutt’uno, come due facce d’uno stesso foglio; perciò chi condivide questo errore confina tutta la sua esistenza al solo corpo[6]. Questa concezione materialistica si basa esclusivamente su un errore di prospettiva dovuto all’ignoranza. Perciò è questa la concezione che deve essere respinta fermamente, e non la ricerca del vero significato della frase “egli conosce”. 62. D’altra parte, se si accetta il punto di vista dei grammatici che non usano mai le forme verbali in modo da separare l’agente dall’azione, allora non sarà mai compreso l’uso upaniṣadico della parola “conoscenza”, come abbiamo sopra segnalato. Lasciando da parte le idee degli ignoranti, si potrebbe allora supporre che il punto di vista dei grammatici, che sono dotti e che conoscono i testi sacri, sia più corretto. Questa correttezza grammaticale li induce a interpretare secondo le regole per le quali ogni verbo è un’azione[7] e che la forma coniugata non è altro se non l’applicazione a un tempo e a una persona del significato del verbo all’infinito. Ciò è errato, perché i grammatici seguono delle regole generali in modo meccanico e sistematico, e tendono a piegare il significato metafisico della śruti a tali regole. Invece il vicāra vedāntico privilegia la ricerca del vero significato del testo anche al di là dei limiti dogmatici della regolarità morfologica, che stanno dalla parte dell’apparenza. Seguendo la linea d’indagine dei grammatici non si potrà mai comprendere il significato delle parole che riguardano la conoscenza[8]. Perciò si dovrà procedere in un altro modo per spiegare cosa la śruti intenda con “egli conosce” e cosa voglia dire con le parole che significano conoscenza (jñāna śabda). 63. L’ignorante prende il riflesso della faccia nello specchio come fosse proprio la faccia, dato che quel riflesso sembra avere la forma della faccia. Per capire come procedere correttamente si dovrà riprendere daccapo l’esempio del riflesso nello specchio. Quando l’ignorante si guarda allo specchio, crede di vedere la sua faccia e non si accorge che si tratta solo d’un riflesso. 64. In realtà, ogni volta che c’è il riflesso d’una cosa, la cosa e il riflesso vengono identificati per mancanza di discriminazione. In questo modo tutti istintivamente dicono che “egli conosce” vuol intendere l’azione impiegata per conoscere.65. Sovrapponendo al Sé una azione che è propriamente una caratteristica dell’intelletto, allora si dice “egli conosce” come fosse “egli fa conoscenza di”, e lo si definisce “conoscitore”. E, sovrapponendo all’intelletto la coscienza, che invece è propria del Sé, si chiama anche la buddhi cosciente e conoscitrice. Il riflesso, si diceva, è erroneamente considerato essere la stessa cosa che si riflette, come nell’esempio della faccia di cui sopra. Allo stesso modo il verbo “egli conosce” considerato come una azione che conduce alla conoscenza di qualcosa, è avventatamente attribuito per errore alla cosa che si riflette, mentre, invece, l’attività è propria solo dell’intelletto. Tuttavia il vero errore (adhyāsa) consiste nel fatto che con “egli conosce” si attribuisce al Sé una attività conoscitiva che è propria della buddhi, sovrapponendo quest’ultimo oggetto coinvolto nell’azione al Sé non agente; e, di converso, s’attribuisce alla buddhi la capacità d’essere cosciente e conoscente, capacità che è della natura del Sé, sovrapponendo il Sé, Coscienza pura, alla buddhi che, invece, è acit. Come si può notare la sovrapposizione è sempre illusoriamente reciproca. 66. Invece la śruti ci insegna che la Coscienza-conoscenza è proprio l’immutabile ed eterna natura del Sé. Di conseguenza questa non può mai essere il risultato di una azione, né da parte del Sé né dall’intelletto, né da null’altro. Śaṃkara ribadisce per l’ennesima volta che con l’affermazione upaniṣadica “egli conosce”, non si vuole attribuire all’Ātman l’azione di conoscere, poiché esso è fuori del dominio dell’azione; e che non si vuole nemmeno attribuire la formula “egli conosce” all’intelletto, poiché esso non è cosciente. Perciò l’azione di conoscere non può essere attribuita a nessuna altra cosa, essere od oggetto. Śaṃkara lo ribadisce prima di elencare tutta una serie di errori d’interpretazione compiuti da altri darśana, dai soliti sofismi dei buddhisti o da altre correnti vedāntiche limitate o deviate: 67. Con l’espressione “egli conosce”, gli ignoranti intendono che sia il Sé sia la buddhi sono gli agenti dell’azione di conoscere, compiendo una sovrapposizione analoga a quella per la quale s’identificano con il loro corpo. Questa interpretazione tipica degli ignoranti è già stata presa in considerazione e parificata di fatto a quella dei cārvāka; si tratta di una posizione che nel linguaggio moderno si definirebbe materialismo “pratico”[9]. 68. I logici [nayāyka] sostengono che la conoscenza è l’effetto di una causa. Ma essi sono ingannati dalle modificazioni dell’intelletto (vṛtti) che sono chiaramente dei risultati dell’azione e che hanno solo un’apparenza di coscienza.69. Perciò le parole “egli conosce”, l’apparente esperienza di aver prodotto della conoscenza e la memorizzazione di quell’esperienza, dipendono tutte dal fatto che i logici sono incapaci di discriminare tra la Coscienza-conoscenza, il suo riflesso nell’intelletto e l’intelletto stesso.70. Come le modificazioni del riflesso della faccia, condizionate dallo specchio, sono attribuite erroneamente alla faccia stessa, così le modificazioni del riflesso del Sé, condizionate dalla buddhi, sono attribuite erroneamente al Sé.71. Per questa ragione i pensieri dell’intelletto, illuminato dal riflesso del Sé, sembrano dotati della capacità di un’azione cognitiva, come le torce sembrano possedere un’attività illuminante [mentre questa è attribuibile solamente alla natura del fuoco]. I logici sostengono che la conoscenza è il risultato di una causa, ossia che c’è un agente che è la causa di un’azione la quale conduce all’ottenimento della conoscenza. In realtà quello che essi chiamano conoscenza sono soltanto le modificazioni (vṛtti) dell’intelletto e della mente[10]. Quando l’intelletto (buddhi) valuta un oggetto, esso prende la forma dell’oggetto e questa forma intellettuale è poi depositata nella memoria (citta). Queste forme sono dette , modificazioni, o, più letteralmente, vortici mentali. La stessa cosa vale per la mente (manas), i cui pensieri si distinguono da quelli della buddhi perché si rapportano alla sfera emozionale piuttosto che a quella concettuale. Dunque i nayāyka prendono queste modificazioni come fossero conoscenze. Inoltre considerano questi pensieri dell’intelletto e della mente come fossero coscienti, mentre, al contrario sono oggetti di una coscienza parziale che è quella prestata alla buddhi e al manas dal Sé. Il medesimo errore lo compiono anche i pātañjala yogi. Infatti, come vedremo più avanti, “La modificazione mentale, che è prodotto della sua [dell’Ātman] apparizione, è definita come suo anubhava [esperienza intuitiva].”.[11] Ragion per cui Svāmī Satcidānandendra commenta così: “Lo yogin che crede di aver realizzato l’Ātman in una particolare modificazione della mente, o anubhava, non conosce la verità.”[12] La gravità della posizione dello Yoga darśana, rispetto a quella del Nyāya, che è un darśana puramente speculativo, è imputabile al fatto che questa prospettiva è dotata di un metodo. Ciò significa che i pātañjala yogi confondono la conoscenza del Supremo (paravidyā) con la conoscenza non suprema (aparavidyā). Ma ben più grave è la medesima confusione tra i due domini operata da due advaitin, com’è il caso di Maṇḍana Miśra e di Vācaspati Miśra. I nayāyka, riducendo tutta la realtà a un’attività logica, non conoscono altro tipo di conoscenza se non quella sperimentata intellettualmente o mentalmente come frutto di un atto d’indagine. Questa non è conoscenza nel senso proprio del termine, poiché dipende da un’azione della ragione. Se ne ha la riprova constatando che se questa fosse conoscenza nel senso vero del termine, essa sarebbe eternamente presente in chi l’avesse riconosciuta; invece in questo caso l’esperienza dell’atto conoscitivo deve essere ripetutamente richiamata dalla memoria (citta), dove è stata depositata. E di nuovo torniamo a constatare che questa erronea teoria della conoscenza è dovuta alla confusione che i logici fanno tra la Coscienza-conoscenza, il suo riflesso e l’intelletto. Ossia attribuendo a oggetti individuali una capacità conoscitiva, mentre sono solo degli agenti, i nayāyka si comportano esattamente come coloro che assegnano a delle torce accese l’azione di illuminare, quando invece la luce non è un’azione delle torce, ma è la natura stessa del fuoco. 72. I buddhisti sostengono che i pensieri sono auto luminosi e sono dotati di una attività cognitiva e negano l’esistenza di un Testimone che li conosca come oggetti.73. Ora, questa teoria è sostenibile solo se non si riconosce che i pensieri, che sono oggetti privi di coscienza (acit), sono illuminati dal Testimone, totalmente diverso da loro per natura. I buddhisti negano l’esistenza dell’Ātman e quindi, di conseguenza, negano che esso possa essere il Testimone (Sākṣin) degli oggetti manifestati. Devono perciò attribuire una realtà cosciente alle modificazioni intellettuali e mentali. Al tempo stesso, essi conferiscono però a queste modificazioni e agli altri oggetti (dharma) una esistenza priva di essere, tutti travolti in un flusso di divenire peraltro temporalmente discontinuo. Tutta questa serie di assurdità può essere razionalmente sostenuta soltanto se si parte da un principio falso, che, in questo caso, è la negazione del Testimone cosciente, soggiacente a tutta la manifestazione[13]. 74. Né sarà più corretto sostenere che c’è un conoscitore che in continuazione compie l’azione di conoscere le varie modificazioni della mente e che osserva la loro presenza e assenza (sat e asat)[14]. Perché un tale conoscitore, essendo un agente, per la medesima ragione sarebbe anch’esso privo di coscienza come lo sono quelle modificazioni che sta conoscendo e perciò si dovrebbe presumere l’esistenza di un altro ulteriore conoscitore che lo conosca. Non è nemmeno corretta la posizione di certivedāntin come Bhartṛprapañca, che criticano la negazione buddhista del Testimone, considerandolo però come un principio agente. Poiché in tal caso il Testimone agente non potrebbe essere l’Ātman pura Coscienza; allora sarebbe necessaria l’esistenza di un altro Testimone del Testimone e via dicendo, ricadendo così nell’errore logico definito regressus ad infinitum (anavasthāprasaṅga), che è un tipo di dispersione razionale nel molteplice. 75. Saresti in errore anche qualora tu [accettassi che il Testimone sia non agente e differente dalle modificazioni mentali, ma] sostenessi che la conoscenza è possibile [non per mezzo del riflesso, ma] per la semplice contiguità del Testimone alla presenza e all’assenza delle modificazioni. Perché la semplice contiguità del Testimone [senza la mediazione del suo riflesso di coscienza] non sarebbe di alcuna utilità per comprendere quelle modificazioni. Se fosse vero che la sua contiguità potesse rendere cosciente l’intelletto, la stessa contiguità potrebbe rendere cosciente qualsiasi altra cosa. I sāṃkhya sostengono che i puruṣa, pur essendo molteplici (che da sola è chiaramente una affermazione errata), sono di natura completamente distinta da Prakṛti e da tutte le sue produzioni (tattva), ossia dagli oggetti manifestati (e questo è, invece, una affermazione condivisibile). Secondo loro i puruṣa sono i testimoni che illuminano la buddhi e gli altri oggetti senza però che essi si riflettano nei tattva. Questo in quanto il Sāṃkhya, rifiutando la dottrina del riflesso, nega ogni contatto tra i puruṣa, concepiti come le monadi assurdamente “impermeabili” di leibniziana memoria, e le produzioni non coscienti di Prakṛti. Al posto della dottrina del riflesso essi sostengono la dottrina della contiguità o prossimità (sānnidhyavāda). La semplice contiguità del puruṣa sarebbe in grado di influenzare un oggetto trasferendo a quest’ultimo la sua capacità conoscitiva. Questa dottrina presta il fianco a molteplici obiezioni, tra cui, principalmente, quella per la quale la prossimità dipende dalla condizione spaziale. Basta la seguente considerazione su questa teoria, per la quale la trasmissione della capacità cognitiva sarebbe dipendente da tale condizione corporea, per respingere questa tesi definitivamente. Inoltre, se così fosse, la semplice contiguità potrebbe rendere coscienti e conoscenti anche oggetti universalmente riconosciuti dai diversi pramāṇa come non coscienti (acit), quali, per esempio, una pietra o una brocca[15]. Per gentile concessione del Comitato Redazionale Tridaṇḍa del sito Veda Vyāsa Maṇḍala e dell'Autore Il testo si trova al link: http://ift.tt/2CteiEI [1] Oppure, in subordine d’importanza, la mente (manas) o, ancora, le facoltà di senso (jñānendriya). [2] Da ciò deriva che il Sé (Ātman) o l'“Io” maiuscolo, non sono altro che forme convenzionali adottate per indicare la reale natura essenziale che appare illusoriamente come “io” (aham). Similmente Brahman, “Grande”, è soltanto una forma convenzionale per designare l’Esistenza totale o pura Coscienza assoluta. Non essendo nomi, queste designazioni non possono nemmeno essere considerate come fossero simboli; infatti il simbolo deve partecipare parzialmente della natura del simboleggiato. [3] Composto di “cara”, mutevole, e “vāk”, parola: insegnamento o dottrina diveniristica. Antica scuola eterodossa indiana prebuddhista che sostenne un materialismo estremo, basandosi sulla concezione che la percezione sensoriale fosse l’unico pramāṇa veridico. [4] Il materialismo “pratico” che risulta istintivo nei moderni, arriva perfino a confondere la mente con il cervello e i pensieri con i suoi impulsi nervosi. Ossia esso confonde la facoltà con l’organo corrispondente, come se la vista, per esempio, fosse solo il globo oculare. [5] L’unico modo riconosciuto dagli ignoranti (ajñāni) per uscire da questa identificazione (abhimāna) consiste nella morte intesa come caduta del corpo (dehānta). Ma questa “uscita” avviene senza alcuna garanzia di sopravvivenza, ragion per cui quest’ultima diventa articolo di fede per il “credente”, o oggetto di diniego da parte del “non credente”. Il Vedānta, invece, insegna la dottrina dei tre stati di coscienza (trayāvasthāvāda) proprio per indicare altre modalità in cui quotidianamente si sperimenta la disidentificazione dell’ego dal corpo. Nel sogno il jīva non si identifica con il corpo grossolano, ma si “plasma” un corpo sottile a suo piacimento. Nel sonno profondo, poi, non è presente alcun tipo di corpo. Per chi sa discriminare (viveki), il risveglio prova inequivocabilmente che è possibile l’esistenza indipendentemente del corpo. [6] Questa prospettiva erronea porta a pensare che ci sia un’unica vita collegata indissolubilmente al corpo grossolano. Perciò la “resurrezione della carne”, invece di essere considerata correttamente come un’allusione all’assunzione di un nuovo involucro di trasmigrazione, è intesa come se a ritornare in vita fosse il medesimo corpo già morto. [7] Questa affermazione, dal punto di vista gnoseologico, è comunque errata, poiché sono almeno due i verbi che non implicano azione alcuna: essere (as) ed esistere (bhū). [8] Questa affermazione di Śaṃkara sembra davvero denunciare definitivamente, con un anticipo d’un millennio, l’approccio filologico-glottologico degli indologi e sanscritisti accademici. Tra costoro non abbiamo identificato nessuno che abbia davvero capito qualcosa del Vedānta; al contrario, possiamo affermare che coloro che oscuramente hanno presentito qualcosa del suo vero senso, si sono volutamente adoperati per travisarlo. [9] Con materialismo “pratico” non intendiamo riferirci qui alla scuola filosofica cirenaica o edonistica del V-IV sec. a. C., ma più semplicemente al comune sentire dell’uomo moderno, totalmente incapace di qualsiasi speculazione e che si contenta, come massima “astrazione”, al pensiero tecnologico, a quello psicologico e a quello sociologico. Nel materialismo “pratico”, perciò, va anche inserita la teologia cattolica contemporanea in cui non c’è più alcuna traccia di Θεός. [10] Da questo momento in poi nel testo si sussegue una continua menzione delle modificazioni della mente o “mentalizzazioni” e delle modificazioni dell’intelletto o intellezioni. Poiché “mentalizzazioni” nel linguaggio comune ha assunto abusivamente un significato attinente alla “mentalità” piuttosto che alla mente, abbiamo preferito descrivere le attività o modificazioni di mente e intelletto con la parola “pensieri”, per coprire sia il dominio del manas sia della buddhi. [11] Śaṃkara, US XVIII. 201. [12] Svāmī Satcidānandendra, Dottrina e Metodo, cit. p. 135. [13] Ananda Kentish Coomaraswamy è stato senza dubbio una fonte autorevole per quello che si rapporta al simbolismo vedico. Tuttavia, ogni qualvolta egli si sia inoltrato nel dominio della metafisica, ha commesso considerevoli errori di valutazione. Il suo sostegno alla discontinuità del tempo della dottrina buddhista e la conseguente critica a Śaṃkara rilevano dalla sua istintiva attrazione mentale per il theravāda singalese, piuttosto che dalla sua consueta discriminazione d’indagine intellettuale. Cfr. A. K. Coomaraswamy, Time and Eternity, Ascona, Artibus Asiæ Pbls., 1947, pp. 17-19. [14] Per esempio quando si è negli stati di veglia e di sogno, seppure in modi diversi, la mente, il mondo, gli oggetti, lo spazio, il tempo, la quantità appaiono come presenti (sat), mentre nel sonno profondo sono del tutto assenti (asat). [15] Che questi oggetti facciano parte della natura cosciente del Testimone è fuori di dubbio. Ma essi allora devono essere considerati come facenti parte di un tutto e non presi singolarmente. ScienzaSacra - Artículo*: Pietro - Más info en psico@mijasnatural.com / 607725547 MENADEL Psicología Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología) en Mijas y Fuengirola, MIJAS NATURAL *No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí enlazados
Gian Giuseppe Filippi Il Serpente e la Corda I Parte La prima parte de Il Serpente e la Corda si trova nel blog QUI . II Parte ...

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