Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

jueves, 2 de abril de 2026

Eucaristía castellana



Cena del Señor

 

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Misa de San Gregorio,
Maestro Manzanillo (c. 1500)

Hace unas semanas intervine en unas jornadas sobre La muerte de Jesús organizadas por el Instituto Bíblico y Oriental y el Instituto San Pío X en el Centro Universitario La Salle Madrid. El coordinador, mi amigo el Hno. José Andrés Sánchez Abarrio, quería que explicase mi experiencia de traducir la Rythmica oratio de Dom Arnulfo de Lovaina para la edición española de Heridas que sanan de Erik Varden.

Aún a riesgo de repetirme quise insistir en que, como traductor, mi tarea había consistido en un proceso también de contemplación. Dom Arnulfo contemplaba a Jesús en la Cruz recién muerto. El poema meditaba esa mirada con las herramientas poéticas de su tradición cisterciense. Dom Erik miraba de nuevo al Crucificado leyendo el poema del abad neerlandés a través de sus propias meditaciones. Esa lectura vuelta escritura de otra lectura me obligó a alzar la mirada al Texto original que cuelga sufriente de la Cruz. He buscado interrogarme en los términos en que se ha encarnado para mí esa larga Tradición enriquecida.

Suele manosearse el adagio italiano que contrapone traduttore/traditore. En su reciente conferencia «En alabanza de la traducción» Dom Erik asumía, en cambio, otro término para describir la tarea de la traducción: la «trashumancia». El traductor acompaña los textos a través de caminos que dirigen los rebaños de las palabras a otros pastos, de una a otra lengua.

El término «traditore» no debería usarse entonces en el sentido de «traidor», sino en el de aquel «que entrega», que transmite, por quien «trashuma» el original. El traductor «lleva» o «guía» de un texto a otro como un don, como el pastor que pastorea un rebaño de palabras que no es suyo, pero del que debe responder.

El traductor es un lector. Escribe leyendo. Su lectura es una escritura. Una escritura interpuesta, ciertamente. Su interpretación aspira a ser (re)creación, una creación en segundo grado, como un subíndice.

Al final de mi intervención resalté que, del esfuerzo de realizar esta traducción, ha dejado la huella más honda el entramado de vista y oído que el poema me ha exigido. Como dice el propio Dom Erik en su libro: “El imperativo de la fe no es solo un mandamiento de oír y obedecer. Un creyente también debe aprender a ver y reconocer”. 

La poesía «creyente» es así música y mirada. En ella se despliega un paisaje sentimental con que la imaginación cristaliza sus impulsos más elementales. El mío es el de un gótico tardío y un barroco anticipado. Son los Cristos de Alejandro de Vahía, por ejemplo, o los de Alonso de Berruguete, Diego de Siloé o los maestros castellanos que desembocan en la escuela de escultura del siglo XVII con Gregorio Hernández a la cabeza. O hasta el Cristo de Velázquez. Como lo son también las lamentaciones de Marbrianus de Orto o de Tomás de Luis de VictoriaOjo y oído entonan entonces un canto que se debe seguir con el entendimiento y con la voluntad porque ambos reposan en el regazo de la memoria. 

Por todo ello quizás acabé recitando en La Salle Madrid esta quintilla de José Jiménez Lozano, con cuyo protagonista, de un modo íntimo, me he sentido identificado como traductor. 


Amanecer monástico

 

Gorrioncillo en la ventana gótica,

amanecer de invierno.

Están al solillo, oyen maitines

y se alegran. Monjes grises

de observación perfecta.

***

Hace unos meses visité el Museo Lázaro Galdiano al que hacía muchísimos años que no había vuelto. Quedé de nuevo prendado de la pintura española de finales del siglo XV y principios del siglo XVI, tan desconocida y silenciosa. Con sus rasgos flamígeros me confirmó que no andaba desencaminado fundiendo el horizonte de Dom Arnulfo con el verso castellano de mi memoria.

En una de sus salas topé con un prodigio de precisión teológica y de sencillez visionaria. El cuadro del Maestro Manzanillo «Misa de San Gregorio» (c. 1500) retomaba un tema iconográfico que se había extendido desde el Norte de Europa a partir de mediados del siglo XIV. En defensa del dogma de la «presencia real» en la Eucaristía, las biografías medievales del Papa monje relataban un milagro sucedido durante una de sus celebraciones. Con diversas variantes, la leyenda recogía la aparición de Cristo como «varón de dolores» ante la incredulidad manifestada por uno de los diáconos presentes. A este motivo central acompañaban otros secundarios, ya fuera una corte de ángeles, ya fueran los «arma Christi» o instrumentos de la Pasión.

De la tabla del Maestro Manzanillo, como digo, me maravilla la integridad de la composición que acumula sin amontonar detalles iconográficos y teológicos. Sin sobrecargar la composición, el autor logra su máximo de nitidez.

Como en la Noche de la Última Cena, trece son los personajes de este óleo dispuesto en forma trinitaria. Rodean siete ángeles y cinco hombres a Nuestro Señor que, como Él, se representan de medio cuerpo. Más que sostenerlo, los ángeles lo atienden. Los celebrantes miran hacia Él menos uno. Quien está de espaldas no alza la cabeza, como si fuera Judas. Con la mitra papal retirada a un lado, san Gregorio representa a san Pedro.

El milagro sucede en el momento mismo de la consagración. Empequeñecido, el Papa alza el pan, mientras el cáliz sobresale por encima de su cabeza en la dirección del costado traspasado que Jesucristo señala abriéndolo. La centralidad de los símbolos eucarísticos refuerza la «literalidad» de su Pasión, Muerte y Resurrección.

Los ángeles le presentan, como una ofrenda, de izquierda a derecha y de abajo arriba, los instrumentos de sus padecimientos: la columna donde lo ataron, los azotes, la corona de espina, los clavos de la Cruz, la esponja clavada en un palo con una vinagrera, la lanza con que el centurión le atravesó, los alicates y la escalera empleados para su Descendimiento…

La liturgia es el memorial presente de una realidad escatológica. Jesucristo está saliendo del sepulcro para hacerse presente sobre el altar. Lo envuelve un nimbo dorado y bermejo, como el manto sellado por un broche en que se graba el ardiente amor de su Sagrado Corazón. Su testimonio profético – su martirio – da cuenta, así, de su sacerdocio y de su realeza.

Hay un último detalle que me conmueve aún más. Con los rasgos estilizados característicos de la pintura alemana y flamenca, el rostro del Redentor adopta el aire de una dulzura aliviada. El «Varón de Dolores» que Pilatos presentó al pueblo («Ecce Homo») resplandece aquí y ahora («hic et nunc»). Con la muerte ha vencido también el dolor. No los ha negado, sino que los ha transfigurado con su Resurrección.

Según nos recuerda Erik Varden, los Padres de la Iglesia llamaban a este estado charmolupē, una tristeza-alegría de la que nacen lágrimas de lamento y de gozo. Como al cierre de sus meditaciones sobre el poema de Dom Arnulfo, también podrían aplicarse a la enseñanza del Maestro Manzanillo estas palabras suyas: A medida que empezamos a aprender este nuevo modo de vivir, descubrimos que nuestras lágrimas pueden coexistir con una alegría profunda del corazón.

***


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Tu experiencia primaria


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La mayoría de las personas sienten que ser un cuerpo es su experiencia más fundamental y que ser consciente es una facultad que ellas, como este cuerpo, poseen. En este ensayo, descubriremos que nuestra experiencia es todo lo contrario. Ser consciente es tu experiencia más fundamental y, como esta conciencia, el cuerpo es algo que tienes o experimentas. Tu experiencia primaria no es la experiencia de ser un cuerpo. Tu experiencia primaria es la de ser consciente. En otras palabras, eres consciente antes de ser consciente de ser un cuerpo o de tener un cuerpo. Reconocer que, en lo más profundo de tu ser...

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El Misterio del Getsemaní


Requiem… Non nobis

Uno de los momentos más acongojantes y terribles es aquel en que Nuestro Señor se retira a la gruta en el jardín del Getsemaní a orar, justo antes de la traición de Judas y el prendimiento por parte de los judíos.

Es un instante terrible en que el temor, el estrés y la incertidumbre batallan contra el amor redentor. Es el instante descrito en los Evangelios y que es clave para entender, entre otras cosas, lo grande de la Redención, la importancia de la Iglesia y la maravilla de su nacimiento. ¿Quién, en sus ínfulas de fundar una religión o institución poderosa, narraría los momentos de angustia y dificultad de su figura emblemática e importante? Si se leen con detenimiento biografías, comentarios, leyendas e historias de personajes fundadores de instituciones de poder, en ninguna se habla de los momentos difíciles y de humillación de los mismos. Solo en el Evangelio se muestra el poder y la grandeza, y a su vez la humildad de Nuestro Señor, referente al misterioso momento de Getsemaní, donde Nuestro Señor se presenta tan solo como un hombre.

El P. J. Miguel García Pérez nos dice <<Es difícil admitir que este relato no testimonie un acontecimiento histórico cuando es tan contrario a la presentación que se ha hecho de Jesús antes del inicio de la historia de la Pasión. ¿Quién podía atreverse a describir de este modo al Maestro si esa circunstancia no hubiese sido verdadera?>>[1].

Es que la angustia de muerte que vive Nuestro Señor ha tocado incluso a judíos que han salido de la perfidia y, penetrando en el misterio de la Pasión, se han convertido, como en el caso de Alfonso de Ratisbona, u otros que, desde mi punto de vista, están cerca de convertirse, como el autor de la siguiente cita <<Acosado por una angustia de muerte, permanece en vela. No se puede leer esta narración evangélica sin sentir emoción… Aquí hay un hombre que tiembla por su vida. Precisamente en esta hora de angustia es cuando Jesús nos resulta más cercano>>[2].

Y este mismo autor, que insisto ha de estar cerca de su conversión, si es que ya no dio el paso, plantea una duda que nos trae aquí, a esta entrada. Dice <<Ora Jesús en esta angustia mortal y, al hacerlo, repite un fragmento de la oración que enseñó a sus discípulos: “hágase tu voluntad”… pero si en realidad ellos son Uno [Cristo y Dios Padre], ¿cómo podría existir alguna discrepancia entre el deseo de Jesús y la voluntad de Dios?>>[3].

El abismo de la misericordia

Entre estudiosos se ha planteado el cuestionamiento de si Jesús fue o no escuchado en su oración por Dios Padre, incluso con la insinuación de que con esto se demostraría que no era Hijo de Dios. Y esto parece agudizarse cuando lo que nos dicen los sinópticos en Mt 26, 36-46; Mc 14, 32-42; Lc 22, 39-46 se compara con lo expuesto en la carta a los Hebreos (Heb 5, 7-8).

El asunto estriba en si la oración de Jesús era, en definitiva, para no tener que pasar por el tormento de la Pasión. Y es en esto donde radica el punto central. Una de las cosas que se dice en las Sagradas Escrituras es la orden de Jesús a los tres discípulos cercanos —Pedro, Juan y Santiago— de orar para no caer en tentación, tentación a la cual sucumbieron. Entonces aquí se plantea si la oración de Nuestro Señor, en realidad, era para vencer la tentación y no para que el Padre le ayudase a pasar por encima de la prueba señalada.

Como los Padres de la Iglesia y tantos santos nos enseñan, Cristo nació para morir, expresado de forma poética en himnos y antífonas como Vexilla Regis o Crudelis Herodes, Deum. Esto es importante recordarlo, pues nuestro Salvador vino con un objetivo claro, reconociendo cuál sería su suplicio, lo cual repite en más de una ocasión en los Evangelios.

Y aquí volvemos a lo que decíamos, la oración de Nuestro Señor es para vencer la tentación a la cual estaba haciendo frente, es decir, abandonar su misión, la obra de la Redención. <<Llama la atención el contraste entre Jesús, que ora con intensidad al Padre y lucha para vencer la tentación, y los discípulos dormidos, como dominados por una inconsciencia e insensibilidad ante los acontecimientos dramáticos que comienzan a cumplirse delante de sus ojos. De hecho, tanto Marcos como Mateo insisten en la llamada reiterada del Señor a la vigilancia y a la oración para no caer en la tentación>>.

Y es importante poner esto en contexto al compararlo con el comportamiento de los apóstoles, porque nos permite dilucidar el problema. Los apóstoles no fueron fuertes en la oración y cayeron ante la tentación todos huyeron; solo uno estuvo cerca, pero con miedo; incluso el mayor de los apóstoles negó a Nuestro Señor. Es importante destacar que en Lucas es el mismo Jesús quien, pendiente de la oración, resiste la tentación de oponerse a la voluntad del Padre y, por ello, propone a los discípulos su experiencia.

Jesús sabe bien lo que debe hacer; para eso vino. Y, siendo hombre, lo ha aceptado; pero, siendo hombre, vive también nuestras debilidades. No puede sustraerse a ellas; por tanto, apela al Padre y a la poderosa arma de la oración para poder cumplir la misión de la misericordia, que es tan grande como el temor y la muerte misma.

Siendo tan solo un gran hombre

En estos temas, las críticas de aquellos que ignoran la teología, e incluso la lógica, cayendo en los más flagrantes sofismas, tienden a moverse entre el nefasto monofisismo; que pretende solo la grandeza del aspecto divino de Cristo,  y el nestorianismo más rancio, que solo acepta la parte humana de Nuestro Señor. Y es el primero el que parece imponerse en el punto que tratamos. La interrogante de cómo Dios Padre no escuchó a Jesús se usa para desacreditar el aspecto divino de la segunda Persona de la Trinidad, buscando dejar a Cristo como un simple hombre, incluso haciendo uso indebido de lo que se nos dice en la carta a los Hebreos (Heb 5, 7-8).

Es que la falta de teología y de lógica lleva incluso a conclusiones tan absurdas como las de algunos que afirman que Cristo no murió en la cruz y que pasó sus últimos días viviendo en Cachemira. No me pregunte cómo se llega a semejante conclusión.

El asunto está en que <<En efecto, la oración de Jesús, su relación explícita con el Padre será el instrumento potente para vencer su pánico al sufrimiento y adherirse a su designio. En la experiencia de la oración, la agonía y el sufrimiento quedan en un segundo plano frente a la relación con el Padre. Esta relación, afirmada y vivida conscientemente, dominará a lo largo de la Pasión. En ningún momento se concibe solo. El aceptar el sufrimiento y la muerte no es el resultado de su propia fuerza o de su voluntad decidida, sino de la relación vivida con el Padre>>.

Con esto descubrimos una dimensión más profunda del misterio de Getsemaní, la relación de Jesús con el Padre se convierte, entonces, en motor y camino para cumplir la anhelada misión. Es importante tener presente la naturaleza humana de Jesús.

Jesucristo es una sola Persona divina con dos naturalezas, humana y divina. En Getsemaní, el sufrimiento que experimenta pertenece solo a su naturaleza humana, pues la divina es impasible y no puede sufrir. Ahora bien, esa naturaleza humana es perfecta y sin pecado, no está manchada por el pecado original ni por ningún desorden interior. Por eso, lejos de disminuir su sufrimiento, lo hace más intenso, ya que percibe con total claridad el mal y sus consecuencias. El Hijo es quien sufre verdaderamente, pero lo hace según la humanidad que ha asumido. Esto me trae a la mente lo que comentaba en sus visiones la beata Catalina Emmerick: <<Me pareció que la voluntad divina del Hijo se retiraba al Padre, para dejar caer sobre su humanidad todos los padecimientos que la voluntad humana de Jesús pedía a su Padre que alejara de Él>>. Y este es el asunto Dios, que se expone solo como humano; se nos dice que Él se hizo esclavo por nuestra salvación, y es en Getsemaní donde se ilustra esto.

Por tanto, nuestro Salvador conoce bien el dolor humano; conoce bien las consecuencias del pecado y de nuestras faltas. Con esto en mente, nos dice que no va a evitar que pasemos por tormentas en nuestras vidas, pero que con Él y su gracia podemos superarlas. Es tomar nuestra cruz y entregársela a Él para que la bendiga, y podamos llevarla a su lado. Tenemos su consuelo y su gracia; con esto podemos vencer en la prueba.

Por contraparte, aquellos que creen en el no-dios, es decir, ateos, agnósticos, así como paganos y herejes, se encuentran solos, están ante la nada. Allí el sufrimiento y la adversidad se hacen desesperantes, mientras que para un cristiano se convierten en la oportunidad de ofrecer un sacrificio reparador que, ofrecido en la Cruz de Nuestro Señor, genera grandes gracias y reparaciones. Por el contrario, el sufrimiento sin Dios es desesperante y solo lleva al tánatos, y eso es lo que vemos en nuestra sociedad con la legalización de la eutanasia o el aborto.

Así que, en nuestra condición de humanos con una naturaleza herida, el sufrimiento está presente y debemos enfrentarlo con el uso de la oración y como oportunidad de penitencia. De allí que estas palabras, con las que cerramos, cobran su mayor sentido <<…Como todo hombre piadoso, [Jesús] acude a Dios en este desamparo, que es el más desgarrador de la condición humana. Él era digno de ser escuchado por el que podía librarlo de la muerte, pero debió aprender obediencia en el padecimiento, que culminó en la muerte. Por eso no fue escuchado, como en realidad no será escuchado ningún ser de carne y sangre todos deben realizar este paso amedrentador de la muerte. Por tanto, tenemos descrita […] la solidaridad de Jesús con sus hermanos los hombres: con ellos siente el miedo a la muerte, la necesidad de acogerse ante ella al poder de Dios y al aparente desamparo de no ser escuchado>>[4].

¡Salve Maria!

Jhon Carrera

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[1] (Pérez, 2019) La Pasión de Cristo

[2] (Ben-Chorin, 2003)Hermano Jesús

[3] (Ben-Chorin, 2003)

[4] (Pérez, 2019)

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miércoles, 1 de abril de 2026

LA ESPADA DEL VERBO. Francisco Ariza


 

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El Cristo del Apocalipsis. Vitral de la Sainte Chapelle. París


León de Judá es uno de los nombres del Cristo de la Segunda Venida, sugerida ya en Lucas (12:49):

"¡He venido a traer fuego a este mundo, y ojalá estuviera ya ardiendo!”

Naturalmente incendiarlo con el fuego de la palabra salida del Verbo. Asimismo, en Mateo (10: 34-36) leemos estas otras palabras que a muchos pueden extrañarles por la imagen que se han formado de un Jesús edulcorado, cuando es todo lo contrario, un guerrero que lucha contra la maldad de este mundo y las tinieblas que nublan el corazón de los hombres:

No crean que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz, sino espada”.

(Esa “paz a los hombres de buena voluntad” de que se habla en el evangelio de Lucas, 2:14, viene posteriormente, como consecuencia de una victoria sobre esas tinieblas).

El testimonio de Cristo está prefigurado también por los profetas del Antiguo Testamento:

“El Mesías venidero golpea la tierra con la vara de su boca.” (Isaías 11:4).

"¿No es mi palabra como fuego -declara el Señor- y como martillo que desmenuza la roca?" (Jeremías 23:29).

“El siervo del Señor dice: ‘Hizo de mi boca una espada afilada.’" (Isaías 49:2).

Testimonios estos últimos anunciados también por Juan en el Apocalipsis (19:15).y que siguen a la “Gran Tribulación”[1], ese período anterior a la Segunda Venida:

"De su boca saldrá una espada afilada con la que derribará a las naciones".

En el contexto del esoterismo cristiano, la espada está representando a la propia doctrina plasmada en el Evangelio Eterno, por eso la “espada afilada” tiene el sentido de destruir el mal y el de otorgar la vida espiritual.

Ese “don” está presente también en la espada del Grial, “excalibur”, la que vence a nuestros “enemigos internos” y nos pone "contra la pared", haciéndonos conscientes de los límites de lo humano para concebir lo suprahumano; la espada que, como el fulgor del rayo, posee el poder fecundador de las energías de los mundos superiores. No en vano “excalibur” es una contracción de ex caelo boreo: “del cielo boreal”, o sea “del cielo polar”, lo cual la asimila al Eje del Mundo que comunica el Cielo con la Tierra.

Por eso el proceso de transmutación y sublimación alquímica se “consuma” recibiendo en el corazón el fuego sutilísimo del Espíritu, que abre la vía a los viajes celestes en dirección al Empíreo, el “Habitáculo de Dios”, la Ciudad Celeste. Empíreo quiere decir “ígneo”, al que Dante describe como un:

“cielo inflamado por el ardor de su fuego, no porque exista allí un fuego o calor material, sino por el fuego espiritual, que es el Amor santo o Caridad”. (Epístola a Cangrande della Scala, XIII, 67-68).

Nada tienen que ver estas manifestaciones de “una realidad otra” con el reino de “este mundo”, a cuyo mando, parafraseando a Shakespeare, está “un idiota, lleno de ruido y furia”.

De ahí palabras de Cristo dichas ante Poncio Pilatos momentos antes de comenzar su pasión y muerte en la cruz, y recogidas por Juan:

“Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí. Pilatos entonces le dijo: ¿Así que tú eres Rey? Jesús respondió: Tú dices que soy Rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. Y entonces Pilatos le pregunta: ‘¿Qué es la Verdad’?“ (18: 33-38).

“Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. Esto es lo que significa ser hermanos en el Espíritu, aquellos que al contrario de Pilatos (el indiferente “que se lava las manos”) no se preguntan “¿Qué es la Verdad?” Han vuelto a nacer en y con ella, pues un intenso trabajo consigo mismos les ha hecho reconocerla en su interiorFrancisco Ariza


[1] Gran Tribulación: Período tras el cual los “justos del mundo” serán sublimados en la Jerusalén Celeste, participando de esos “nuevos cielos y nueva tierra” del próximo Manvantara, o ciclo de la nueva humanidad.

 

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Did Rome’s First Empress Kill for Power?


Dear Classical Wisdom Reader,

Who was Livia Drusilla, really?

To some, she was the very embodiment of Roman virtue: a devoted wife, a dignified matron, the steady hand beside the Roman Emperor Augustus as he reshaped the ancient world. The First Empress...

But to others, especially the historians who wrote long after her death, Livia was something else entirely.

Something darker...

She was depicted as a schemer, a manipulator, a woman who, if the rumors are to be believed, cleared a path to power not with speeches or alliances, but with death.

Ancient writers like Tacitus and Cassius Dio painted her as the ultimate “evil stepmother,” a figure so ambitious that she would stop at nothing to see her son rise to the top.

And curiously, or perhaps suspiciously, those who stood in his way had an unfortunate habit of dying young.

Coincidence? Or conspiracy?

Livia’s story is one of those histories where fact is far more interesting than fiction, yet figuring out what is the truth is not an easy task. Her legacy has been shaped by the powerful forces of bias and propaganda.

Was she a loyal partner who helped build an empire?

Or a master strategist who ensured her dynasty would endure, no matter the cost?

This is what we are trying to figure out...

Today, Classical Wisdom Members can enjoy part one of our deep dive into the life of Livia. We’ll look at her story as well as the evidence both for... and against...her role in the many convenient and untimely deaths that paved the way for her dear Tiberius to come to power.

Read on and decide if the First Empress was a hero or a villain...

All the best,

Anya Leonard

Founder and Director
Classical Wisdom

P.S. History rarely hands us clear answers, especially when power, family, and ambition collide at the highest level.

What really happened inside Rome’s first imperial household? Why did so many promising heirs never reach the throne? And how much of what we “know” has been shaped by rumor, resentment, and historians writing long after the fact?

If you aren’t a member already, make sure to join to discover the full story of Livia Drusilla, part One today:

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Livia Drusilla: “Mother of the Country” or “Evil Stepmother”?

By Mary Naples, author of Unsung Heroes: Women of the Ancient World

A blight upon the nation as a mother, a blight upon the house of Caesar as a stepmother.”

Tacitus, Annals 1.10.5

Livia Drusilla (58 BCE–29 CE) was portrayed as the quintessential Roman matrona (mother)—modest, devoted, and virtuous. This image shaped imperial propaganda and earned her an extraordinary amount of public statuary as well as a considerable cult following during her lifetime, particularly in the Greek East, where she was worshipped as a goddess.

Moreover, she received unprecedented public honors, including the honorific title Augusta, significant financial independence, and awarded sacrosanctitas (inviolability) with privileges equivalent to those of the highly revered Vestal Virgins.

Considering the numerous accolades she achieved during her significant lifetime, many of her contemporaries might have been surprised to learn that Livia’s sterling reputation has become tarnished over the years.

Ancient historians, such as Tacitus, Suetonius, and Cassius Dio depicted Livia as a ruthless, power-hungry schemer, reflecting a common narrative of powerful women in antiquity. But more than that, they also accused her of poisoning potential successors to ensure that her son Tiberius would become emperor.

Indeed, it is regrettable that each time a successor emerged, he eventually met an untimely and tragic end. Was this serendipity merely a coincidence, or could someone have intervened to bring about the demise of these successors?

Although it remains impossible to definitively prove or disprove instances of poisoning in antiquity—a challenge that persists even today–perhaps by looking at the series of premature deaths among Augustus’s potential heirs we can separate fact from fiction and understand if Livia had a hand in poisoning any of them as the ancients so assiduously report…

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Once puertas hacia la liberación


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Sea cual sea nuestra cultura o la educación que hayamos recibido, todos hemos sido reducidos y embotados por la sociedad, que nos ha convertido en estas cosas pequeñas, limitadas y perecederas llamadas seres humanos; cosas separadas, solitarias, llenas de toda clase de miedos, encerradas en la prisión de nuestros condicionamientos. Por lo que parece, tenemos ante nosotros varias rutas de escape, como puedan ser el trabajo duro, el entretenimiento, las compras, el sexo, las drogas o la espiritualidad. Nos imaginamos que no existe ningún medio de liberarnos simple y directamente de nuestra prisión...

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LA PROFESIÓN SANITARIA DEBE ATENERSE A LO CIENTÍFICO MÁS QUE A LO PROTOCOLIZADO


La profesión sanitaria en la actualidad se atiene a cumplir con los protocolos que las farmacéuticas les diseñan, y, con ello, está perdiendo toda su esencia profesional, perdiendo la capacidad de conocimiento de los pacientes y de la interlocución con los mismos, ya que, desarrollan la profesión basándose de forma casi robótica con los protocolos instalados por los políticos a través de las multinacionales farmacéuticas, eludiendo con ello una de las bases de la profesión sanitaria, como es la investigación científica.

Recientemente estamos viendo que un determinado número de personas padecen la enfermedad de la covid persistente, y la profesión sanitaria es incapaz de dar una repuesta a esos enfermos, porque, en realidad no investiga las causas de la misma.

La covid persistente, no se debe como causa principal, a que hayan tenido covid por un test de PCR que no sirve para diagnosticar una enfermedad, y, con toda probabilidad, ni tan siquiera habrían tenido covid. Pero lo que si es cierto, es que con una muy alta probabilidad esas personas se hayan vacunado más de una vez de la covid, luego, lo primero, que tendría que hacer la profesión sanitaria es hacer la estadística de cuantos de esos pacientes, se han vacunado, con el fin de estudiar los efectos adversos y los cambios en biología molecular y genética, que han ocasionado la enfermedad.

Igualmente deberían estudiar la cantidad de efectos adversos graves, y, en ocasiones, hasta fallecimientos, que han generado estas terapias génicas, como son las miocarditis, pericarditis, ictus, trombos y aceleraciones metastásicas de cáncer, especialmente en personas jóvenes.

Otro elemento donde se ve perfectamente la falta de interés científico y si seguimiento de la línea oficial, está en la quimioterapia, donde se siguen los protocolos de las farmacéuticas, como se dice a piñón fijo, abandonando cualquier atisbo de estudiar de forma científica los diversos casos y grados de cánceres que presentan las personas enfermas. Se da la circunstancia, siguiendo a ultranza los protocolos, de casos de cánceres inoperables, y, que después de darles quimio o radio y no conseguir que éstos se reduzcan y de que metastaticen, se les vuelve a volver a dar sesiones de quimio, cuando saben que a esos pacientes lo que hay que ofrecerles es en lo poco que le queda de tiempo una vida digna y con los menores dolores posible.

Otra noticia de los últimos días es la dell fallecimiento, en Francia, de un menor, que habiéndose hecho una herida, fallece en el hospital, por no haberse vacunado del tétanos, lanzándose el oficialismo mediático a destacar que los culpables eran los padres por ser unos antivacunas.

Aquí, lo primero que hay que decir, para analizar todo el contexto, es que el microorganismo del tétano es una bacteria, Clostridium tetanii, la cual es un anaerobio estricto, es decir, que no puede sobrevivir en ambientes con oxígeno.

Que la infección se podría dar en heridas muy profundas y necrosadas, y, siempre que el lugar donde se haya hecho la herida tenga falta de higiene o bien principalmente en zonas con ganado.

Hay que decir, que el tétanos, como otras enfermedades, peste, etc, han disminuido de forma drástica con la higiene, por lo que seguir con el procedimiento de vacunar de forma preventiva, en cuanto hay una herida algo profunda, no procede, ya que con ello nos introducirían la toxina atenuada, cuando no se tiene la certeza de que se tenga tétanos, pero, que si, en un mayor o menor grado, nos producirá los síntomas propios de la toxina, como son los espasmos musculares y la rigidez.

En el caso de heridas simples con la sola aplicación de agua oxigenada u otro desinfectante, es suficiente, ya que, ponemos la herida en modo aerobio, es decir, con oxígeno, y, por lo tanto el microorganismo al ser anaerobio estricto no puede vivir ni desarrollarse.

Si la herida es muy profunda y necrosada, con toda probabilidad necesitaría ir a urgencias, y en ese caso, aunque la intervención quirúrgica fuese menor, se le realizaría la asepsia correspondiente, y, por lo tanto, nuevamente, de tener presencia el microorganismo, este no viviría, al ponerlo en ambiento aerobio, además de no necesitar la inoculación de la toxina atenuada con la vacuna, cuando lo que procede es dar la inmunoglobulina antitetánica correspondiente, por lo que, ¿de quien es la culpa de los padres antivacunas, o de una profesión sanitaria que no aplica la ciencia?

Por todo ello, vemos que la profesión sanitaria está totalmente protocolizada y con total falta de investigación científica, y, mientras sigamos por ese camino, no tendremos una profesión sanitaria de calidad, y, menos, cuando los cargos altos de la profesión sanitaria son políticos, como ejemplo, el “trilero” Presidente del Gobierno, Sr. Sánchez, cuando con su gorra nos dice, para hacerle un “meme” al Presidente de EEUU, Sr, Trump, mercader del globalismo neoliberal capitalista, “hacer grande de nuevo la ciencia”, cuando dedica bastante más porcentaje del PIB a la guerra, que a la ciencia, claro se me olvidaba que es el adalid del “no a la guerra”, aunque parece que es selectivo y, no lo es a todas, por lo que estamos conociendo.

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