
<p>LA ROSACRUZ Y EL REGRESO A ÍTACA DE ODISEO</p>
<p>Dada la actualidad que gracias al cine ha recobrado la Odisea, y para contestar algunas preguntas al respecto de considerar o no a esta obra como poseedora de enseñanzas iniciáticas transmitidas por medio del relato mítico, añado a continuación un texto que toma como referencia el prólogo que escribí a la publicación de la obra <em>Aurea Catena Homeri.</em></p>
<p><em>Aurea Catena Homeri</em> o <em>La Naturaleza Desvelada</em> es de autor anónimo y fue publicada en alemán por primera vez en Leipzig en 1723 a cargo de Antón Josef Kirchweger al que muchos consideran su verdadero autor, y que dice de sí mismo ser miembro de la orden <em>La Rosa Cruz de Oro</em>. Desde ese momento ha sido considerado un texto indispensable para el estudio y comprensión de la alquimia y valorado como una fuente de conocimiento cosmogónico por pensadores de la talla de Goethe además de haber tenido una enorme influencia en la literatura alquímica posterior.</p>
<p>Recordemos que Goethe (1749-1832) en su obra poética inconclusa <em>Los Misterios,</em> habla del vínculo de lo material, la cruz, y lo espiritual, la rosa, que se unen para dar nacimiento a una nueva vida mística y sagrada. En este mismo poema, el filósofo alemán narra también un viaje en el que un “hermano” de nombre Marcos encuentra un monasterio pedido en el que habitan doce sabios guiados por un maestro espiritual llamado el Abuelo <em>Humanus</em>, y que representan cada uno de ellos todas las filosofías y religiones que ha conocido la humanidad.</p>
<p>Años después, en 1757 se publicó <em>Aurea Catena</em> en latín y en 1757 en francés y, curiosamente, su misterioso autor afirma en el prefacio que “la escribo en una lengua extranjera”. La obra se desarrolla tomando como base explicativa de la creación diez anillos, inspirados en los círculos pitagóricos, que van desde el primero llamado <em>caos confusum,</em> hasta el décimo, la <em>quintaesencia universalis.</em></p>
<p>A la hora de valorar este extenso y sorprendente trabajo vamos a empezar analizando su título. <em>Aurea</em> sin duda alude a la realización de la obra, es decir, a la obtención del “oro de los filósofos”. Este objetivo, para algunos real, para otros solamente simbólico, muestra al oro como la materia perfecta inalterable producto de la obra de la naturaleza que el alquimista imita en su laboratorio. Desde la perspectiva espiritual, la transmutación de la materia prima en oro mostraría, en paralelo, los sucesivos pasos de perfección espiritual que culminaría en la iluminación. Recordemos que el oro sería para los alquimistas la forma coagulada de la luz solar, así como la plata lo sería de la luz que viene de la luna. Del mismo modo, el mercurio sería la coagulación de la energía del planeta Mercurio, el hierro de la energía de Marte, el plomo de la de Saturno, etc. A su vez, los rosacruces, como médicos y alquimistas, sabían bien de la presencia en el cuerpo de esas energías “planetarias” de modo que, mediante el estudio de la naturaleza y funciones de los minerales mencionados, podían acceder al conocimiento y función de la presencia de esas energías en el cuerpo humano. Consideraban pues que en cada uno de nosotros habitaba la energía de Venus, de Júpiter, étc, lo cual era la base del entendimiento de la astrología, pues si por ejemplo la Luna se movía en el cielo, también movía la energía del cuerpo que le era afín y a la que estaba vinculada.</p>
<p><em>Catena,</em> se refiere a los referidos círculos que, engarzados entre sí, conducen a la creación desde el caos primigenio hasta la quintaesencia universal, otra forma de referirse al logro final de la obra alquímica. Sin embargo, este concepto de cadena, dentro de la tradición iniciática, alude también a la cadena de transmisión de conocimiento de índole espiritual que va de un maestro a otro y que lo legitima en su función. Dentro de la tradición sufí, a esta cadena se la denomina <em>silsila</em> y el gran maestro sufí Ibn Arabi trata en extensión este tema en su obra <em>Los engarces de la sabiduría.</em> Dentro de la tradición esotérica e iniciática de Occidente, este concepto es también básico a la hora de comprender la transmisión de una enseñanza ya que es la garantía que concede a lo enseñado un nivel y un valor acorde a la Tradición sin añadidos espurios. En realidad, la “cadena” es la prueba con la que el autor nos informa de que su conocimiento bebe en fuentes tradicionales. La Tradición sería la cadena principal a la que se engarzan diferentes linajes de verdaderos maestros que son los que a su vez “enganchan” a sus discípulos a esa estructura espiritual llamada Tradición de modo que, a través de ese enganche, pueden acceder a la energía y conocimientos propios de la Tradición.</p>
<p><em>Homeri,</em> de Homero,es un término que genera muchas incógnitas ya que sin duda se refiere a Homero, el autor de la <em>Ilíada</em> y la <em>Odisea.</em> No obstante, el nombre de Homero, etimológicamente, significa “garantía”, lo cual nos refiere de nuevo a lo anteriormente explicado. Así mismo, las dos obras antes mencionadas que se le atribuyen—incluso se duda de la existencia real de Homero y se cree que pudo ser el nombre de un colectivo o que son varios autores los que están detrás de estos textos—, tienen una lectura en clave iniciática que revelan las vicisitudes y dificultades a las que se enfrentan los que deciden iniciar la aventura de alcanzar la obra y que son representados metafóricamente por Odiseo. Son veinte años los que el héroe pasa lejos de su reino, diez luchando en la guerra de Troya narrada en la Ilíada, y otros diez los que tarda en regresar a su hogar en el periplo que describe la Odisea. Recordemos sus múltiples hazañas que van desde devolver a Criseida a su padre, concertar el combate entre Paris y Menelao, acudir en embajada para convencer a Aquiles a que sume de nuevo al combate, ganar la carrera— ayudado por Atenea— por la crátera de plata, atrapar al vidente Héleno, o ingeniar el engaño del famoso caballo de Troya, sin olvidar que, enfrentándose a Ajax, hereda las armas de Aquiles, entre otras importantes intervenciones suyas fundamentales en el desarrollo de la guerra. Sus aventuras en la Odisea no son menores: convence a sus compañeros de que dejen de comer el loto que los adormece y confunde, deja ciego al cíclope Polifemo, logra no ser seducido por el canto de las sirenas, vence la tentación de beber de la copa de Circe, consigue liberarse del cautiverio de Calipso y, por fin, llega a Ítaca en donde, con ayuda de su hijo y la de un porquero y un boyero, mata a los pretendientes de su esposa Penélope y recobra su trono.</p>
<p>Dada la influencia que los relatos de Homero tuvieron en Europa a partir del Renacimiento y, dada la simbología presente en ambos, no nos resulta extraño que el anónimo autor de la <em>Aurea Catena</em> incluyera a Homero en el título con el fin de poner en evidencia una referencia literaria llena de elementos míticos plenos de significados y que, en definitiva, muestran sucesivas “pruebas iniciáticas” que permitirán templar el carácter del héroe y desarrollar sus valores y virtudes.</p>
<p>Si Hércules es el hijo de un dios, Zeus, y en su “viaje” debe superar los doce trabajos que ha de cumplir, Odiseo es un mortal y su retorno a Ítaca está dentro de un contexto más “humano”, más realizable a pesar de que los desafíos puedan ser mayores. Hércules expía su culpa por haber matado—sin ser consciente de ello— a su familia; Odiseo nunca la perdió y va de regreso a su encuentro: son dos formas de entender y abordar “el viaje del héroe” en el sentido de valorar y afrontar el tránsito por la vida en el entendimiento de recuperar algo propio perdido y que le ha sido arrebatado.</p>
<p><em>El SIETE Y EL DIEZ</em></p>
<p>Otra referencia clave para abordar la <em>Aurea Catena</em> es el Génesis. Esto se debe a que el factor principal que el autor aborda es el de la creación y el entendimiento de que la naturaleza es el verdadero y único <em>mutus liber</em> que el alquimista debe de aprender a leer. Esta creación parte del Verbo y del aliento de Dios que, condensándose, forman las aguas primordiales que guardan la intención y la inteligencia divinas y en las que reside el Espíritu. Después, a través de un proceso igualmente inteligente, se sucede la creación, tanto de lo invisible no manifestado, como de lo visible ya manifestado. Sin embargo, el Génesis describe este proceso dividido en siete etapas mientras que el <em>Aurea Catena Homeri</em> nos lo muestra en diez. Dentro de la tradición occidental se dice que son siete los estados de la materia con sus diferentes propiedades que, a su vez, fueron representados por las fuerzas características de los siete planetas clásicos: Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno: desde la luz solar a la materia más densa saturnal. En el número diez, tan querido por la escuela pitagórica, están presentes estos siete estados de la materia más tres que pertenecen a lo inmaterial y están más cercanos a lo meramente espiritual; este “tres” es referido en el cristianismo como la Trinidad o aparece también en la Trimurti del hinduismo y, gráficamente, es representado por un triángulo o <em>delta</em>. La suma de Dios Trino, más las siete etapas de la creación del Génesis nos da el diez pitagórico símbolo de plenitud y totalidad. En la doctrina pitagórica de los números, el último número, el diez, era llamado el <em>antichton</em> y <em>tetraktys</em> la figura geométrica triangular formada por diez puntos ordenados en cuatro filas: uno en la primera, dos en la segunda, tres en la tercera y cuatro en la cuarta y última; las dos primeras filas que suman 3—1+2—se referían a la divinidad y, las otras dos que suman 7—3+4—, mostraban la materialidad.</p>
<p>A su vez, el siete se refería a los siete cielos o esferas materiales y, en cambio, podemos ver en esta obra diez “cielos” dibujados como círculos ordenados de arriba hacia abajo ya que, como hemos dicho, el autor muestra la suma de la Trinidad Divina o Dios en expresión, más su creación. En la tradición pitagórica y cristiana, el número 10 es el número perfecto pues es la suma de Dios como Trinidad y su creación de 7 cielos o esferas.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p> A</p>
<figure><a href="https://tradicionoriginal.wordpress.com/wp-content/uploads/2026/07/image.png"><img width="383" height="320" src="https://tradicionoriginal.wordpress.com/wp-content/uploads/2026/07/image.png?w=383" alt=""></a></figure>
<p>B C</p>
<p>La <em>tetraktys</em> pitagórica</p>
<p>En este diseño, aparentemente sencillo, encontramos un gran triángulo A,B y C, que lo contiene todo (el <em>delta)</em>. En él se inscriben 9 triángulos menores más 3 mayores; 10 esferas o puntos de intersección, y 18 líneas conectivas, 9 exteriores y 9 interiores. Sobre este diseño, meditaban y extraían enseñanzas los alumnos de la escuela pitagórica, tanto en lo referido a matemáticas y geometría, como a reflexiones filosóficas y metafísicas.</p>
<p>Además de la referencia pitagórica, en la tradición judaica también está muy presente esta cifra como vemos en el texto cabalístico del <em>Sefer Yetsirá</em> cuando describe los diez <em>sefirot</em> como emanaciones de la creación divina. En este texto se ve como elementos del helenismo, más concretamente del pitagorismo, se introducen en el judaísmo para así dar forma a la cábala que hoy conocemos mediante la incorporación de otros saberes originalmente ajenos, como las ideas tomadas de la astrología presentes en el <em>Sefer Yetsirá,</em> que no formaban parte de su conocimiento tradicional.</p>
<p>Y para finalizar, reparamos en el subtítulo de <em>Naturaleza Desvelada</em> ya que este concepto da a entender como la naturaleza, con sus principios y leyes, es la verdadera y única maestra siempre accesible que enseña solo la verdad. Además, es el auténtico “libro viviente” o “libro mudo” en cuyas páginas, lenguaje y signos, está expresado todo lo creado y que solo el filósofo que sigue la cadena del conocimiento tradicional, es capaz de leer, comprender y desvelar su secreto. Ese secreto antes mencionado de que solo en la cruz puede florecer la rosa y que nuestra que la travesía por la vida, en realidad, es siempre un viaje de regreso a Ítaca.</p>
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