Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

martes, 1 de septiembre de 2026

Las beguinas: trovadoras del cielo que fecundan la tierra


<h4>Las beguinas fueron unas mujeres libres que, desde el final de la Edad Media, amando, conociendo y sirviendo, dieron un hermoso testimonio de amor con sencillez, valentía y entrega.</h4> <p><span></span></p> <p> </p> <p>Dios sabe cómo tocar las cuerdas del alma. En las beguinas nos muestra la transparente sencillez que concede a muchas personas. ¿Pero, quiénes fueron las beguinas, esas extraordinarias mujeres que hoy estamos empezando a descubrir? Durante los siglos XIII y XIV, sobre todo el primero, se extendieron por Europa, crecieron por millares creando un modo de vida atípico que, en general, no sería entendido, antes bien, objeto de burlas calumniado y perseguido.</p> <p>Y, sobre todo, ¿qué pueden enseñarnos hoy? ¿Qué podemos aprender de ellas? ¿Estamos necesitados de su ejemplo? ¿Podemos imitar, adaptado a nuestro tiempo, su singular modo de vida? Silvia Bara, autora a la que me referiré luego, considera que «siguen teniendo mucho que aportar en nuestros días, y, por ello, vale la pena visibilizarlas».</p> <p>Ellas mismas responden a mi pregunta del inicio, como se recoge en unos versos de los <i>Dichos del alma</i> (siglo XIII), de los que destaco:</p> <p>«¿Sabéis a qué llamo Beguinaje? / Conciencia atenta, / buen y devoto afecto, / retirar su corazón de toda mala hierba, / que tanto daña al espíritu, / para <i>sentir a Dios</i> en oración».</p> <p>Afortunadamente disponemos en nuestro idioma de algunos libros excelentes, que enseguida indicaré. Pero a las beguinas hay que leerlas, dejarse fascinar por la belleza y el atrevimiento de su estilo, que vertía en sus lenguas vernáculas las figuras de la poesía trovadoresca tornándolas metáforas del más puro amor divino. Fueron herederas, además, de la mística del amor que desarrollaron los cistercienses y les influyeron mucho los comentarios al <a href="https://elhombreylodivino.com/decir-el-amor-del-cantar-de-los-cantares/"><i>Cantar de los Cantares.</i></a></p> <p>Las beguinas fueron mujeres libres. Decididas a vivir según el Evangelio, no ingresaban en ninguna orden religiosa (al menos al principio y mientras no se las obligó a ello), no hacían votos, no se casaban para no estar sometidas al varón. Trabajaban para mantenerse, vivían solas o en comunidades más o menos grandes, siempre en las ciudades para atender a los pobres, cuidar de los enfermos y los moribundos, ayudar también a enterrarlos, y enseñar a quienes lo necesitaban. Integraron en su vida la acción y la contemplación, pues oraban temprano y al atardecer. Solían elegir a una superiora o maestra, a la que llamaban Marta, por servir a todas las demás. También tenían como modelo, junto con María, a María Magdalena, que ya fue considerada, desde el siglo III, «apóstol de apóstoles».</p> <p>Fueron llamadas «mujeres religiosas» o «benignas», y ciertamente lo eran. Entendieron que el amor nace de la libertad y hace posible la más alta libertad. Mujeres de deseo, valientes, entregadas, que tuvieron experiencia de lo que llamamos Dios, pues su sabiduría no la obtuvieron de los libros, ni de los sermones que frecuentaban: era una misma cosa con ese gustar y saborear el beso de su Amado.</p> <div style="width:718px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/09/128729705_newproject-47.jpg" alt="" width="708" height="443"><p>Imagen de una beguina de «Des dodes dantz», impreso por Matthäus Brandis en Lübeck en 1489.</p></div> <p>Por desgracia, ese torrente de libertad y verdadero espíritu no pudo encontrar en su época las condiciones favorables. Bien que ellas entendían y aceptaban las dificultades y la persecución, el daño que supuso su condena y final supresión, yo así lo entiendo, nos hizo daño a todos. No me detendré en ello, pero sí diré que causa enorme pena la lectura del decreto <i>Cum de quibusdam mulieribus</i> del Concilio de Vienne (1311-1312), por sus vaguedades, imprecisiones e inexactitudes. No obstante, como se lee en el mismo decreto, se decidió «prohibir perpetuamente su estado de vida y abolirlo por completo de la Iglesia de Dios», ordenando abandonarlo «bajo pena de excomunión».</p> <p>En 1310 fue quemada en París Margarita Porete. Pero ya antes muchas veces debieron las beguinas adoptar la vida religiosa, ingresando en un convento o vinculándose a las Órdenes terciarias, para evitar ser molestadas o perseguidas.</p> <p>Cierto que esa persecución no fue tan radical como a veces se ha creído, y así lo demuestran investigaciones recientes. En el primer tercio del siglo XIII las beguinas contaron, por poner un solo ejemplo, con la aprobación y protección del Papa Gregorio XI. Su vinculación, desde el principio, con las órdenes mendicantes, dominicos y franciscanos, les permitió también, así en Francia, mantenerse después de las condenas. Con la llegada de la <i>Devotio Moderna</i> algunas beguinas se convirtieron en <i>Hermanas de la Vida Común</i>, cuyo fundador (de las <i>Hermanas</i> y <i>Hermanos</i>) fue Geert Groote (1340-1384).</p> <blockquote><p>Las beguinas fueron mujeres libres. Decididas a vivir según el Evangelio, no ingresaban en ninguna orden religiosa (al menos al principio y mientras no se las obligó a ello), no hacían votos, no se casaban para no estar sometidas al varón.</p></blockquote> <p>Por lo demás, hubo beguinas en Alemania hasta la reforma de Lutero, y en Bélgica incluso hasta nuestros días. ¿Acaso podrá morir un impulso tan poderoso?</p> <p>Muy recientemente se ha publicado el libro de Silvia Bara Bancel:<a href="https://verbodivino.es/Libro/7039/saber-a-dios"><i> Saber a Dios: Beguinas, maestras y místicas en la Edad Media</i></a>, Verbo Divino, 2026. De él tomo muchos datos e ideas. Y hay otros libros excelentes. Recomiendo, aunque puede estar agotado, el de Georgette Épiney-Burgard y Émilie Zum Brunn: <i>Mujeres trovadoras de Dios. Una tradición silenciada de la Europa medieval</i>, Paidós, 1998, que comienza dedicando dos capítulos a Hildegard von Bingen; el de Prado Pérez de Madrid: <i>El beso de Dios. Las beguinas y la espiritualidad del Amado y los cuidados</i>, San Pablo, 2023. El libro permite acceder a las canciones de la propia Prado y su disco <i>Trovadoras del Amor</i>, que recomiendo; de María Toscano y Germán Ancochea, aunque no trate solo de las beguinas: <i>Mujeres en busca del Amado</i>, Obelisco, 2003; de Victoria Cirlot y Blanca Garí: <i>La mirada interior. Mística femenina en la Edad Media</i>, Siruela (3ª), 2025, que añade, a las beguinas tratadas, a Juliana de Norwich, Margarita de Oingt, Hildegarda de Bingen y Ángela de Foligno. No he podido leer aún el libro de María Cristina Inogés Sanz: <i>Beguinas. Memoria herida</i>, PPC, 2021. Por último, un abanico más amplio, con varios autores, en edición de Pablo Beneito: <i>Mujeres de luz: La mística femenina, lo femenino en la mística</i>, Trotta, 2001.</p> <p>Mi primer acercamiento serio a estas mujeres y a sus sorprendentes escritos, hace unos siete años, fue la doble lectura del libro de Matilde de Magdeburgo: <i>La luz que fluye de la divinidad</i>. Primero en su versión latina, que es posterior, y luego en la alemana, traducida por Almudena Otero (por cierto, ambas con significativas diferencias). Esta última la leí en edición digital, por lo que no cito las páginas. Todo el capítulo IV de la versión latina lo podemos leer como un hermoso comentario al <i>Cantar de los Cantares</i>, donde Matilde recrea las expresiones del texto sagrado.</p> <blockquote> <p>Margarita Porete coincide con Eckhart en la importancia del desasimiento y en la necesidad de obrar sin porqué (<i>sans nul pourquoi</i>, <i>âne warumbe</i>, respectivamente) en pos del puro amor que nos lleva desnudos a la desnuda divinidad.</p> </blockquote> <p>En <i>La luz que fluye</i> se dice lo mismo que en el sermón 52 (sobre la pobreza) del maestro Eckhart: que esta enseñanza procede directamente del corazón de Dios y solo quien la reciba de ese mismo corazón podrá entenderla. Cito a Eckhart:</p> <p>«Quien no comprenda este discurso no debe afligirse en su corazón. Pues mientras el hombre no se haga semejante a esta verdad, no la entenderá; porque es una verdad que está muy por encima de cualquier especulación, pues es venida directamente del corazón de Dios» (me baso en las traducciones tanto de Amador Vega como de Bernard McGinn).</p> <p>Enrique de Halle, dominico y confesor de Matilde afirmó: «Lo que está escrito en el libro ha brotado de la Divinidad viva en el corazón de la hermana Matilde y es contado aquí de forma enteramente fiable» (cf. <i>Mujeres trovadoras</i>…, pág. 75). Y la propia Matilde: «No quiero y no puedo escribir nada, si no es viéndolo con los ojos de mi alma y oyéndolo con los oídos de mi espíritu eterno, y sintiendo en todos los miembros de mi cuerpo la fuerza del Espíritu Santo» (pág. 80 de la edición latina).</p> <p>Me parece interesante recordar, y lo tomo de Silvia Bara, que en tiempos del Maestro Eckhart había unas 230 beguinas viviendo cerca del convento de los dominicos de Colonia. Y, sin duda, pudieron escuchar muchas prédicas del maestro, quien, a su vez, también leyó a Matilde y a Hadewijch.</p> <p>Luego leí <i>El espejo de las almas simples</i>, de Margarita Porete, que me impresionó por su radicalidad y sinceridad. Y a continuación textos admirables de Hadewijch de Amberes, traducidos por María Tabuyo (<i>El lenguaje del deseo</i>, Trota 1999), así como el bello libro de Beatriz de Nazaret: <i>Los siete modos de Amor</i>, Olañeta, 2010. De Beatriz quiero destacar la importancia del deseo, un deseo que es «ferviente», «apremiante», incluso «demente», especialmente aludido en los tres primeros modos de amor; el deseo como ascesis suprema. Del deseo dirá Hadewijch de Amberes que «es la virtud que nos hace libres».</p> <blockquote><p>La <i>Regla</i> establece diversas normas de vida, costumbres, tiempos de oración (como ya dijimos, de madrugada y a la noche), también algunos ritos propios, y se cierra con un relato alegórico, inspirado, como nos dice Silvia Bara, en el <i>Roman de la Rose</i>.</p></blockquote> <p>Margarita Porete coincide con Eckhart en la importancia del desasimiento y en la necesidad de obrar sin porqué (<i>sans nul pourquoi</i>, <i>âne warumbe</i>, respectivamente) en pos del puro amor que nos lleva desnudos a la desnuda divinidad.</p> <p>Hubo otras importantes beguinas, como María de Oignies (que antes había estado casada) y autoras de gran similitud y hondura, como la benedictina y precursora Hildegard von Bingen (s. XII) o como la reclusa Juliana de Norwich (s. XIV). Mujeres de extraordinarias visiones y revelaciones.</p> <div style="width:405px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/09/Kloesterle_Bad_Cannstadt.jpg" alt="" width="395" height="493"><p>Un beguinato en Alemania.</p></div> <p>Imposible tratar adecuadamente de todas ellas. Me limitaré a fijarme en Matilde y copiar algunas citas suyas, al hilo de nuestro desarrollo.</p> <p>En la <i>Regla de los auténticos amantes</i> (<i>Règle des fins amans</i>), traducida del francés medieval por Silvia Bara, leemos: «Auténtico amante designa a aquellos y aquellas que aman a Dios con autenticidad (<i>finement</i>)». Y esta autenticidad quiere decir amarlo «de todo corazón y con todas nuestras fuerzas […] ¡Y es una maravilla! Así nos amó Él». Para las beguinas, pobreza, pureza, humildad y amor constituyen los cuatro pilares de la Orden de los auténticos amantes.</p> <p>La <i>Regla</i> menciona los doce signos por los que se conoce al verdadero amante. Entre ellos, «pensar con frecuencia y atentamente en su Amigo», «escuchar con gusto» su palabra, «estar dispuesto a hacer todo aquello que quiere y manda el Amigo, de [todo] corazón…» y «recibir devotamente las joyas que su Amigo envía, que son pobrezas, dificultades, enfermedades y tribulaciones».</p> <p>Las beguinas, almas empapadas de la plenitud divina, sabían que poseían estos doce signos, por tenerlos «espiritualmente», a ejemplo de María Magdalena, y por eso mismo confiaban recibir de su Amigo «las doce alegrías». Entre ellas, ser «amigas íntimas de Jesucristo», «tesoreras de su gracia», ser guardadas por Dios, con «sus corazones iluminados por la gracia», el saberse, en fin, herederas del Paraíso y dignas de la Misericordia divina.</p> <p>La <i>Regla</i> establece diversas normas de vida, costumbres, tiempos de oración (como ya dijimos, de madrugada y a la noche), también algunos ritos propios, y se cierra con un relato alegórico, inspirado, como nos dice Silvia Bara, en el <i>Roman de la Rose</i>.</p> <p>«Corazones ardientes, completamente encendidos y prendidos de Dios», como se lee al final de la <i>Regla</i>, porque ellas, como un buen fuego, iluminan y calientan; son humildes, como la ceniza, y su carbón, que es «la verdadera esperanza», se mantiene encendido. Recuerdo ahora a un maestro sufí contemporáneo que decía que luz y fuego forman parte de una misma realidad: La luz (<i>nûr</i>) es un fuego (<i>nâr</i>) que no quema, y el fuego es una luz abrasadora.</p> <p>Saciados y ebrios quedan los amantes, los fieles de amor. Han existido en todo tiempo y lugar. El mundo, lo mundano, no los conoce, por eso los ignora o los desprecia. Quienes han vivido esa experiencia no pueden olvidarla. Anhelan siempre el beso primero y, pacientes, saben esperarlo. Enseñan, porque lo han experimentado. Nadie puede juzgarlos, porque ellos tampoco juzgan. Son verdadera luz y verdadera sal para todos los que buscan belleza y sentido.</p> <p>En las beguinas el mar sin orillas de la Divinidad se convierte en el alma en un hontanar sin fondo. Lo que une a Matilde de Magdeburgo con Margarita Porete, Beatriz de Nazaret y Hadewijch de Amberes es el tema del retorno del alma a su verdadera naturaleza original, a lo que en el sufismo se denomina la <i>fitra</i>.</p> <p>Matilde fue muy apreciada en los círculos de los <i>Amigos de Dios</i>, que tenían su centro en Basilea y en la Renania del siglo XIV. Uno de sus miembros, el sacerdote secular Enrique de Nördlingen tradujo en dos años la obra del medio bajo alemán al medio alto alemán. Escribió recomendándola a Margarita Ebner: «Es el alemán más maravilloso y el fruto del amor más perfectamente apaciguante que jamás he leído en lengua alemana» (cf. <i>Mujeres trovadoras</i>…, pág. 77).</p> <p>Matilde estaba convencida de que, cuando el alma llega a la perfecta humildad, es elevada al tercer cielo, donde recibe la luz verdadera; entonces dicen los sentidos: «Nuestra Señora, el alma, ha dormido desde niña. Ahora se ha despertado en la luz del amor manifiesto». En esta luz ella ve a su alrededor cómo es aquello que se le muestra y qué es aquello que se le dice. «Entonces ve de verdad y reconoce cómo Dios es todo en todo».</p> <p>En Matilde, el alma es como un espejo en que Dios se refleja. Y el amanecer, como «el momento del rocío luminoso», «de la íntima devoción que toca interiormente” (pág. 198 de la edición latina).</p> <p>El beso del espíritu se da y recibe en el corazón (cf. pág. 197), por eso el alma exclama en un intercambio admirable: «Te vistes con mi alma y tú eres el manto inmediato con el que ella se reviste…» (pág. 208).</p> <blockquote><p>En las beguinas el mar sin orillas de la Divinidad se convierte en el alma en un hontanar sin fondo. Lo que une a Matilde de Magdeburgo con Margarita Porete, Beatriz de Nazaret y Hadewijch de Amberes es el tema del retorno del alma a su verdadera naturaleza original, a lo que en el sufismo se denomina la <i>fitra</i>.</p></blockquote> <p>«Cuando Dios lleva al alma indigente a ese sublime lugar que carece de fondo, queda absorta y se olvida de todas las pequeñeces…» (pág. 211), porque Matilde habla de un amor que brota «desde lo hondo de sus entrañas» (pág. 218). Es entonces cuando la amada puede afirmar, recordando al <i>Cantar de los Cantares</i> y, en concreto, I, 6: «… porque he visto con ojos iluminados morando en mi corazón al que ama mi alma» (pág. 231).</p> <p>La luz del amor se expresa en estas líneas que resumen todo el libro:</p> <p>«¡Oh caridad!, qué dilatada es tu luz en el alma, qué ardiente tu resplandor, cuán maravillosamente incomprensible, cuán múltiple tu sabiduría, cuán presuroso tu don, qué fuerte tu vínculo, qué perfecta tu esencia, qué dulce tu efusión, cuán grande la naturaleza de tus riquezas, qué ocupación tan fiel, qué santo tu discernimiento. Cuando enriqueces al alma de todas estas cosas y la colmas de tu deidad, eres para ella fuente de gozo y resplandor» (pág. 218).</p> <p>«Seré como rocío que desciende sobre la amada y ella brotará como un lirio». No es nada extraño que, en un hermoso texto de su obra, Matilde pudiera influir en Dante y su Matelda (cf. <i>Purgatorio</i>, XXVIII, 37-47 y 121-133; XXXI, 94-105. Cf. también: <i>Mujeres trovadoras de Dios</i>, pág. 79).</p> <p>Toda esta belleza nos conmueve. Pero omitiríamos algo central, hablando de Matilde, si no mencionáramos la experiencia del alejamiento de Dios, que la beguina entiende, acepta y desea. Lo vio y explicó muy bien Hans Urs von Balthasar, en su introducción a la edición alemana de 1955 del libro de Matilde: lo que esta llamó «la alienación de Dios» se le muestra ahora «como un modo de la propia Luz resplandeciente: el vacío de lo que resplandece». Y más adelante escribe el teólogo: «De este modo, la fórmula de Matilde de los tres estadios del alma corrige la fórmula platónica tradicional de las vías purgativa, iluminativa y unitiva según su experiencia personal: “Está en la naturaleza del amor que el alma fluya primero en la dulzura, luego llega a ser rica de conocimiento, y en tercer lugar exige y desea ser rechazada”» (pág. 37, versión latina).</p> <p>Rainer Maria Rilke escribió a su madre, con ocasión de la Navidad de 1909, deseándole que el ánimo y el valor fluyesen hacia su corazón en paz y plenitud:</p> <p>«Nuestra vida es rápida y breve. Dios es en cambio, lento y sin fin. Por eso siempre surgen momentos donde lo uno no parece compatible con lo otro. Pero nosotros no deberíamos saber cómo se unen, sino solo estar ahí, con el corazón abierto ante el misterio de que lo grandioso encuentre su espacio en lo pequeño y de cómo en la intensidad de nuestra existencia puede condensarse un instante de eternidad que viene a coincidir con la ininterrumpida eternidad de Dios».</p> <p>En el <i>Rig Veda</i> hay un himno (el 10.125) donde la Palabra habla de sí misma y de todo lo demás: «Aunque ellos no lo saben, habitan en mí». Que ese habitar se haga para nosotros consciente y pleno, eso es <i>Ananda</i>, felicidad.</p> <p>Las beguinas hicieron posible este milagro que se produjo en Europa hacia el final de la Edad Media: que unas sencillas mujeres, fuesen cultas y nobles o no, quisieran ser plenamente libres amando, conociendo y sirviendo, y lo lograran dando un testimonio de amor que nada ha podido ni podrá borrar.</p> <p>En el manuscrito de Berna Hs. 679 se recoge un diálogo entre un doctor en teología y una beguina. Esta responde así a las reprensiones de aquel (tomo el fragmento de Silvia Bara, págs. 75-76):</p> <p>«Vosotros dais lecciones, y nosotras elegimos (<i>vous lisiez</i>, <i>et nous eslisons</i>).</p> <p>Vosotros decís, y nosotras hacemos.</p> <p>Vosotros aprendéis, y nosotras tomamos (<i>vous aprenez</i>, <i>et nous prenons</i>).</p> <p>Vosotros masticáis, y nosotras tragamos.</p> <p>Vosotros comerciáis, y nosotras compramos.</p> <p>Vosotros ilumináis, y nosotras ardemos.</p> <p>Vosotros pedís, y nosotras tomamos.</p> <p>Vosotros buscáis, y nosotras encontramos.</p> <p>Vosotros amáis, y nosotras languidecemos.</p> <p>Vosotros languidecéis, y nosotras morimos.</p> <p>Vosotros sembráis, y nosotras cosechamos.</p> <p>Vosotros labráis, y nosotras descansamos.</p> <p>Vosotros adelgazáis, y nosotras engordamos.</p> <p>Vosotros sonáis (producís sonido), y nosotras cantamos.</p> <p>Vosotros cantáis, y nosotras danzamos.</p> <p>Vosotros danzáis, y nosotras destacamos (<i>nous saillons</i>).</p> <p>Vosotros florecéis, nosotras fructificamos.</p> <p>Vosotros probáis, nosotras saboreamos».</p> <p><a href="https://elhombreylodivino.com/las-beguinas-trovadoras-del-cielo/" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p> <p>Más info en https://ift.tt/nA0vFsf / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas. #Menadel #Psicología #Clínica #Tradicional #MijasPueblo</p> <p>*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.</p>

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