
Se ha dicho que los sabios de este mundo saben muchas cosas, pero no entienden ninguna. Esta afirmación puede parecer excesiva y quizá requiera matices; sin embargo, vuelve a imponerse una distinción fundamental: la que separa este mundo del mundo venidero. Desde esta perspectiva, todo adquiere un sentido distinto del que suele dársenos por supuesto, y lo que parecía conocimiento revela a menudo su fragilidad.
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Olam haZé (עולם הזה), este mundo y Olam haBa (עולם הבא), el mundo venidero, no son dos mundos cronológicos distintos, no va “uno detrás el otro”, sino dos modos de estar en el mundo, de contemplarlo: profanamente o de acuerdo con lo sagrado, vinculados con lo sagrado.
Los sabios de este mundo saben muchas cosas, pero a menudo sus saberes caen muy pronto en la obsolescencia y son sustituidos por otros más actualizados que más tarde o más temprano también acabarán siendo superados. Visto con perspectiva, es difícil fiarse de algo que hoy parece ser verdad, pero que mañana ya no lo será: esa inestabilidad no es un defecto accidental, sino el rasgo propio y característico del mundo profano, de lo que René Guénon llamaba “el reino de la cantidad” en oposición al “reino de a calidad”.
Lo que con pinzas podríamos llamar “sabios del mundo venidero” son también sabios que, aun viviendo en este mundo, están religados a algo que hace que su ciencia no sea caduca: la tradición.
En hebreo “tradición” se dice “cábala”, y existe ciertamente una verdadera tradición cabalística entroncada directamente con la tradición primordial. En esta tradición se distingue entre el Jajam (חכם), el sabio, y el Jajam Lev (חכם לב), el “sabio de corazón”. Veamos qué nos descubre la guematria a propósito de esta diferencia. Para hacerlo, recurriremos a la guematria atbash de Jajam (חכם), 100:
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ח = 60
כ = 30
ם = 10
100
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Se trata exactamente de la guematria Raguil de Jajam Lev (חכם לב), el “sabio de corazón”.
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חכם = 68
לב = 32
100
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El Jajam (חכם) ha alcanzado una cierta sabiduría por su propio esfuerzo: ha estudiado, se ha informado y ha trabajado, mientras que al Jajam Lev (חכם לב), el “sabio de corazón” su sabiduría le ha sido dada.
Como leemos en Éxodo (XXXI-6):
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ובלב כל חכם לב נתתי חכמה
“Y en el corazón de todo sabio de corazón (כל חכם) he puesto sabiduría”.
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Fijémonos en “he puesto”, Natati (נתתי). Su guematria Sderti u ordinal es 68, como la de חכם, “sabio”. Natan (נתן), de la misma raíz, significa “dar, entregar”. Es el verbo que se utiliza para hablar de la entrega de la Torah (Matan Torah). Esto nos permite acariciar una conclusión definitiva: los sabios de este mundo son sabios sin Torah, los sabios del otro mundo son sabios que han recibido Torah.
Y rematémoslo señalando una rareza: Natan (נתן) se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. Dar Torah no empobrece al que la está dando, más bien, si se puede decir, lo enriquece porque en ese acto sagrado dar y recibir no son algo distinto y el que da también está recibiendo.
JULI PERADEJORDI
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