Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

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La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
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Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

viernes, 9 de octubre de 2026

Contra Evolucionismo – Ciencia, Mecanicismo y Orden


<p><em>Sancta Maria, Sedes Sapientiae, ora pro nobis.</em></p> <p>Hoy en día con todo lo que se sabe sobre biología, es completamente licito preguntarse si la evolución es verdaderamente una teoría científica, o una ideología. Y decimos esto ultimo por que sus partidarios se comportan de forma aislada y en ciertos casos imposibilitados de entender las cosas más allá de esto, por ende, nos enfrentamos a un sistema cerrado de ideas, que de no estar sujeto al mundo científico ( o cientificista) podríamos decir que estamos ante una secta.</p> <p>En el siguiente extracto, el Dr Wolfgang Smith<a href="https://unamiradaaltiempo.wordpress.com/#_ftn1">[1]</a> nos hace una disertación en la cual expone claramente por que la evolución no es una teoría, y como, ha causa de su nacimiento en medio del pensamiento mecanicista del siglo XIX, en su pretensión termina desafiando todo orden en la creación</p> <p><strong>Entre la ciencia y la ideología</strong></p> <p><em>&lt;&lt;Se ha dicho lo suficiente para demostrar que la doctrina de la evolución no es de ninguna manera la teoría científica bien fundada que generalmente se considera. Es cierto que se han presentado multitud de hechos en apoyo de la tesis darwinista; sin embargo, desde el principio, no pocos científicos y pensadores, incluidos algunos de los exponentes más prominentes de la evolución, han reconocido la debilidad del argumento empírico. Así, Darwin, por ejemplo, fue bastante cauteloso al expresar sus puntos de vista. “El propio Darwin nunca afirmó proporcionar pruebas de la evolución o del origen de las especies”, admite el artículo de la Britannica; “lo que sí afirmó fue que si la evolución ha ocurrido, una serie de hechos que de otro modo serían inexplicables se explican fácilmente”. Y Haeckel, el teórico continental y renombrado divulgador de la evolución, llegó a escribir (a un amigo científico) que «no se puede imaginar nada más absurdo, nada que indique más claramente una total falta de comprensión de nuestra teoría, que exigir que se fundamente en evidencia experimental». Ahora bien, es dudoso que los empiristas británicos hubieran estado de acuerdo con su colega continental en ese punto. Sin embargo, es evidente que, en ambos bandos, la teoría se propuso en gran medida sobre bases a priori, y que cualesquiera que hayan sido los factores principales que motivaron e impulsaron el movimiento evolucionista, la balanza se inclinó a su favor, no por ninguna evidencia concluyente, sino por consideraciones racionales e ideológicas de diversa índole. Dampier, por ejemplo, un acérrimo evolucionista, lo admite cuando escribe:</em></p> <p><em>Haeckel y otros materialistas, y en su séquito filósofos y teóricos políticos teutónicos, se unieron para crear ese darwinismo que hizo que muchos de sus seguidores fueran más darwinistas que el propio Darwin… Los hombres aceptaron la selección natural como una causa probada y adecuada de la evolución y el origen de las especies. El darwinismo dejó de fue una teoría científica tentativa y se convirtió en una filosofía, casi una religión.</em></p> <p><em>Dejando de lado ciertas implicaciones interesantes contenidas en estas observaciones, está claro, en cualquier caso, que la teoría de la evolución fue una doctrina oportuna y que algunas de las principales corrientes del pensamiento europeo habían preparado de antemano las condiciones que favorecían su recepción. Como observa Hossein Nasr, otro historiador de la ciencia:</em></p> <p><em>Rara vez, de hecho, una teoría relacionada con una ciencia en particular ha tenido una aceptación tan amplia, quizás porque la teoría de la evolución en sí misma, en lugar de ser una teoría científica que se popularizó, comenzó como una tendencia general que entró en el dominio de la biología. Por esta misma razón, pronto ganó aceptación más como un dogma que como una hipótesis científica útil.</em></p> <p><em>Ciertamente, el carácter dogmático o a priori de la doctrina sigue sin ser reconocido en gran medida, e incluso en los círculos científicos aún se cree ampliamente que la evolución ha sido verificada empíricamente más allá de toda duda razonable. Y, sin embargo, sorprendentemente, lo contrario también se admite con bastante frecuencia. Como lo expresó un destacado biólogo francés (después de informarnos que “nunca hemos estado presentes, ni siquiera en pequeña medida, en un fenómeno auténtico de la evolución”):</em></p> <p><em>Creo firmemente —porque no veo forma de hacer lo contrario— que los mamíferos provienen de los lagartos, y los lagartos de los peces; pero cuando declaro y cuando pienso tal cosa, trato de no evitar ver su indigesta enormidad y prefiero dejar vago el origen de estas escandalosas metamorfosis en lugar de añadir a su improbabilidad el de una interpretación ridícula.</em></p> <p><em>En otras palabras, lo que este científico nos dice es que, a pesar de la “enormidad indigesta” de la afirmación transformista y del hecho de que “nunca hemos estado presentes, ni siquiera en pequeña medida, en un fenómeno auténtico de la evolución”, acepta la doctrina por razones a priori (“porque no veo otra manera de hacerlo”).</em></p> <p><em>La posición cuasi oficial, por otro lado, omite toda referencia a una enormidad indigesta y simplemente sostiene que la doctrina ha logrado explicar de manera perfectamente satisfactoria una serie de fenómenos “de otro modo inexplicables”. Pero, aparte de la dificultad intrínseca de determinar cuándo un fenómeno dado es “de otro modo inexplicable” —un asunto que ya hemos comentado—, esta afirmación adolece de otro problema Lejos de poder explicar fácilmente multitud de hechos, el evolucionista se ve obligado a estipular innumerables hipótesis ad hoc para salvar su teoría. Ya hemos encontrado varios ejemplos que ilustran este punto: la falta de fósiles precámbricos y la escasez general de eslabones de conexión; los dilemas asociados con la recapitulación; la ausencia de órganos nacientes; los datos de precipitación sanguínea «repletos de absurdidades» (Dewar); y la estabilidad experimentalmente constatada de los organismos actuales como último obstáculo. Ahora bien, en cada caso, el evolucionista ha podido responder con alguna hipótesis especial, y por lo general, de hecho, con una considerable colección de tales teorías. Ante la estabilidad observada de las formas vivas, por ejemplo, se puede decir que el lapso de tiempo o el número de generaciones en cuestión es demasiado pequeño para permitir la manifestación de transformaciones evolutivas, o que la especie en cuestión ha llegado a una etapa en la que tales transformaciones ya no pueden ocurrir. Pero, aunque hay poca evidencia que respalde tales estipulaciones y no existe acuerdo entre los expertos sobre cuáles son correctas, uno cree, no obstante, que debe haber en cualquier caso alguna explicación legítima de los hechos desfavorables que salvaguarde la teoría. Y aquí nuevamente se manifiesta la naturaleza apriorística de la doctrina. Así, cuando se trata de la interminable multiplicación de hipótesis ad hoc, el evolucionista no percibe esto como un caso de petición de principio, simplemente porque su principio principal nunca está realmente sujeto a cuestionamiento en primer lugar: la evolución es en efecto un hecho consumado, y no para comprender Esto demuestra “una total falta de comprensión de nuestra teoría”, como dijo Haeckel hace mucho tiempo&gt;&gt;.</em></p> <p></p> <figure><img width="1536" height="1023" src="https://unamiradaaltiempo.wordpress.com/wp-content/uploads/2026/10/image-2.png" alt=""></figure> <p>Solo para sumar un comentario, el problema fundamental que nos presenta el Dr. Smith no es simplemente el de la evolución como teoría biológica, sino el de la transformación de una hipótesis científica en una concepción general de la realidad.</p> <p>Conviene detenerse en este punto. Una teoría científica puede ser discutida, modificada e incluso abandonada cuando los hechos contradicen sus presupuestos. Pero cuando una determinada explicación comienza a ser aceptada antes de que los hechos la hayan establecido suficientemente, la relación entre la teoría y la evidencia comienza a invertirse; ya no es la realidad la que determina la teoría, sino que la teoría comienza a determinar la manera en que se interpreta la realidad.</p> <p>Cuando una explicación deja de presentarse como una hipótesis susceptible de ser examinada y comienza a convertirse en el marco obligatorio dentro del cual deben interpretarse todos los hechos, hemos cruzado una frontera. Ya no estamos simplemente ante una teoría científica:, estamos entonces ante un paradigma filosófico, y si su formulación se considera axioma entonces estamos ante el cietificismo.</p> <p>Y quizá sea precisamente esta la cuestión que más interesa a una crítica cristiana del evolucionismo. El problema no consiste en negar que existan cambios, adaptaciones o transformaciones dentro del mundo viviente. <strong>El problema consiste en preguntar si tales procesos son suficientes para explicar la existencia misma de los seres, el orden de la naturaleza y, sobre todo, la aparición del hombre.</strong></p> <p><strong>La ciencia describe no prescribe</strong></p> <p><em>&lt;&lt;La ciencia puede describir procesos. Pero cuando se pretende convertir la descripción de esos procesos en una explicación última del ser, la cuestión deja de pertenecer exclusivamente al laboratorio y entra necesariamente en el terreno de la filosofía.</em></p> <p><em>Por la naturaleza del caso, la doctrina de la evolución no puede establecerse sobre bases empíricas; y, del mismo modo, también es en cierto sentido “infalsificable”, como han señalado algunos filósofos de la ciencia contemporáneos. Esta es a la vez su fortaleza y su debilidad: “su fortaleza como dogma y su debilidad como verdad científica”, declara Bounoure</em></p> <p><em>No es casualidad que el darwinismo se estableciera en un momento en que la cosmovisión newtoniana había alcanzado el cenit de su influencia. Existe una conexión evidente entre ambas doctrinas, ya que bajo las premisas newtonianas el darwinismo, de alguna forma, se vuelve prácticamente ineludible. En un universo que responde a la concepción de un sistema mecánico cerrado, las posibilidades se reducen enormemente. Además, si se asume, como se asumió desde el principio, que la Tierra misma surgió en algún momento remoto,  apenas queda otra manera de explicar la génesis de la vida y el origen de las especies que no sea en términos transformistas. Bajo tales auspicios, los “medios para hacer otra cosa” no están a mano</em></p> <p><em>En lo que respecta al clima general de creencia científica, parece que esta situación no ha cambiado significativamente desde el triunfo inicial del darwinismo. Por otro lado, cabe señalar que con el colapso del atomismo riguroso y el determinismo laplaciano asociado, la noción de un universo mecánico ha perdido su sanción científica. Ahora se sabe que incluso un mecanismo de relojería real se basa meramente en leyes estadísticas. El mundo real resulta, por lo tanto, estar mucho menos rígidamente limitado por nuestras concepciones físicas de lo que se había imaginado anteriormente, un hecho que se cumple especialmente “en lo pequeño”. En un sentido muy real, parece que la Naturaleza es mucho más misteriosa en su funcionamiento de lo que el siglo XIX había llegado a suponer. Los avances de la física han traído para iluminar límites hasta ahora insospechados relacionados con la explicación de los fenómenos naturales en términos de cualquier mecanismo físico concebible. De hecho, ahora hay fuertes razones para sospechar que las “leyes ordinarias de la física” no se aplican a las formas altamente estructuradas de la materia que se encuentran dentro del núcleo de una célula viva.</em></p> <p><em>Nos referimos especialmente a esas moléculas gigantescas dentro de los cromosomas —los genes— que controlan toda la estructura y el funcionamiento del organismo. Ahora bien, desde un punto de vista físico, lo que diferencia principalmente a estas sustancias de las formas inanimadas de materia es su aperiodicidad básica. Se asemejan así a una pintura elaborada en la que cada pincelada de color juega un papel especial, en contraste con la materia inorgánica, que podría compararse con un gran trozo de papel tapiz, en el que un patrón simple se repite una y otra vez. Ahora bien, dado que las leyes ordinarias de la física —las leyes que normalmente probamos y utilizamos— son inherentemente estadísticas, su aplicabilidad en el caso de los sólidos depende de la periodicidad. Por analogía, se aplican al papel tapiz en contraposición a la pintura. Por lo tanto, “de todo lo que hemos aprendido sobre la estructura de la materia viva”, escribe Schrödinger, “debemos estar preparados para encontrarla funcionando de una manera que no puede reducirse a las leyes ordinarias”.</em></p> <p></p> <p><em> Esto no quiere decir que no existan leyes, o que no existan leyes físicas, operativas dentro de la biosfera. Dondequiera que haya vida, hay orden; y, de hecho, un grado de orden que supera con creces cualquier cosa que se pueda encontrar en el reino inorgánico. El problema fundamental, de hecho, con el que todo organismo vivo debe lidiar, es mantener este tremendo orden frente al desorden ambiental; y se podría añadir que todos los mecanismos vitales aparentemente se han instituido solo para el cumplimiento de esta tarea. Además, el orden orgánico se distingue, no solo en grado, medido en términos de “entropía negativa”, sino en tipo: es lo que Schrödinger llama “orden a partir del orden”, en contraposición al “orden a partir del desorden”. Y sin duda, esta diferencia es de consecuencias de gran alcance. Cuandose trata de la misteriosa cosa llamada vida, incluso en sus manifestaciones más simples, uno se enfrenta a una imagen completamente nueva.</em></p> <p><em>Una característica especialmente notable de los organismos vivos es lo que podría denominarse la primacía del todo. Ahora bien, un todo es algo que exhibe una multiplicidad de partes. La mente analítica tiene, además, la tendencia a reducir el todo a sus partes, o en otras palabras, a concebir el todo como un mero agregado o suma de sus constituyentes. Cabe señalar que este punto de vista es totalmente característico del atomismo y de la física clásica en general.  Pero con la llegada de la teoría cuántica, la imagen comenzó a cambiar «La física moderna nos ha enseñado», escribió Planck en 1929, «que la naturaleza de cualquier sistema no puede descubrirse dividiéndolo en sus partes componentes y estudiando cada parte por separado, puesto que tal método a menudo implica la pérdida de propiedades importantes del sistema».36 Y a medida que se pasa de las estructuras inorgánicas a las vivas, este principio adquiere una importancia primordial. Así, en el ámbito biológico, se llega de hecho a la antítesis misma de la hipótesis mecanicista: aquí no es el todo el que deriva de las partes, sino que son las partes las que derivan su existencia (como partes) del todo dado.</em></p> <p><em>El organismo, por supuesto, es divisible en innumerables componentes; pero, sin embargo, es claramente un solo organismo, que ejemplifica una forma básica. Sabemos, además, que esta forma está inscrita en el núcleo de cada célula mediante el código genético, y que desde estos centros controla todos los aspectos de la vida. Se podría decir que la forma misma es el centro alrededor del cual gira todo, y desde donde a cada estructura orgánica se le otorga su función adecuada.</em></p> <p><em>Ahora bien, el gran problema es explicar el origen de esta forma, o si se quiere, de este orden estupendo. La respuesta darwinista, esencialmente, es que el orden surge del desorden, o que el mayor deriva del menor. Dejando de lado la molesta cuestión de cómo las formas orgánicas primitivas pudieron haber surgido de sustancias inorgánicas, el darwinismo sostiene que la transformación de las especies se logra básicamente a través del proceso de reproducción. Por lo tanto, busca explicar el origen de nuevas formas orgánicas a través de un mecanismo biológico cuya función natural es justo la inversa: la preservación, es decir, de la forma dada de la cual también el mecanismo en cuestión deriva toda su fuerza y eficacia. Por nuestra parte, nos resultaría difícil concebir una teoría más directamente contraria a lo que la física y la biología modernas tienen que enseñarnos.&gt;&gt;</em></p> <p>Cerremos esta entrada con un comentario final, el punto decisivo a lo que nos explica el Dr. Smith está en distinguir entre describir un proceso y explicar su fundamento. La evolución puede proponer una sucesión de transformaciones, pero queda abierta la cuestión fundamental: ¿de dónde procede el orden que hace posible el organismo?</p> <p>El darwinismo nació en un contexto intelectual dominado por una imagen mecánica del universo. Si la naturaleza es concebida como un sistema cerrado, regido exclusivamente por mecanismos físicos, la transformación de unas formas en otras aparece casi como una consecuencia necesaria del propio modelo. Pero los desarrollos posteriores de la física mostraron que la naturaleza es mucho más compleja y misteriosa de lo que el mecanicismo del siglo XIX había supuesto.</p> <p>Esto adquiere especial importancia cuando pasamos de la materia inorgánica a la vida. Un organismo no es simplemente una suma de partes, sino que sus partes reciben su función y su sentido precisamente en virtud del todo del que forman parte. La célula, el código genético y la organización del organismo manifiestan una unidad que difícilmente puede comprenderse mediante un simple agregado de elementos independientes.</p> <p>Aquí aparece la dificultad fundamental para el evolucionismo mecanicista y es la de  explicar cómo puede surgir un orden superior a partir de procesos cuya función inmediata parece ser el de conservar un orden ya existente. La reproducción, por ejemplo, conserva y transmite una forma orgánica; pero convertir ese mecanismo en explicación suficiente del origen de nuevas formas deja todavía abierta la cuestión <strong>de dónde procede el orden que el propio mecanismo presupone.</strong></p> <p>El problema, por tanto, no termina con describir la transformación de las especies. La cuestión verdaderamente profunda es anterior ¿cómo aparece el orden de la vida? Y mientras esa pregunta permanezca sin respuesta, convertir la evolución en una explicación universal de la vida supone ir mucho más allá de lo que la simple descripción de los procesos biológicos puede establecer.</p> <p><strong>¡Salve Maria!</strong></p> <p>Jhon Carrera</p> <p>Deja un comentario</p> <hr> <p><a href="https://unamiradaaltiempo.wordpress.com/#_ftnref1">[1]</a> Extracto tomado de (Smith, 2021) Cosmos and Trascendence</p> <p></p> <p><a href="https://unamiradaaltiempo.wordpress.com/2026/10/09/contra-evolucionismo-ciencia-mecanicismo-y-orden/" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p> <p>Más info en https://ift.tt/d1re0Yc / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas. #Menadel #Psicología #Clínica #Tradicional #MijasPueblo</p> <p>*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.</p>

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