
<p style="text-align:justify;"></p><div style="clear:both;text-align:center;"><a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgoqOBDilq3GFMTp6JT_NLPH-zLClBK01CL_VIJA7rGRyKF1LO3_U5drouIv14EhWvK_zmKT0fyM5KQexc7yhHzl_38R8MyXf1K0S2I9UlVhlAIlf7kVNYDgHpXoctdSNrycbEuOKHskHAbhS4TTjy8nT7vqYMtc47lZcL7NdgDLcSHpfBNyfzV19qm-nXF/s1600/image.png" style="margin-left:1em;margin-right:1em;"><img alt="" height="344" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgoqOBDilq3GFMTp6JT_NLPH-zLClBK01CL_VIJA7rGRyKF1LO3_U5drouIv14EhWvK_zmKT0fyM5KQexc7yhHzl_38R8MyXf1K0S2I9UlVhlAIlf7kVNYDgHpXoctdSNrycbEuOKHskHAbhS4TTjy8nT7vqYMtc47lZcL7NdgDLcSHpfBNyfzV19qm-nXF/w640-h344/image.png" width="640"></a></div><br>Antes de los tiempos, Dios emanó seres espirituales para su propia gloria, en su inmensidad divina. Estos seres debían ejercer un culto determinado por la Divinidad mediante leyes, preceptos y mandatos eternos.<p></p><p style="text-align:justify;">Eran, por tanto, libres y distintos a su Creador; no se les podía negar el libre albedrío con que habían sido creados sin destruir en ellos la facultad, propiedad, virtud espiritual y personal necesarias para actuar acertadamente dentro de los límites del ejercicio de su poder. Precisamente dentro de estos límites, los primeros seres espirituales debían rendir culto a Aquel de quien habían emanado. Estos primeros seres no podían negar ni ignorar las convenciones estipuladas por el Creador al proporcionarles las leyes, preceptos y mandatos, pues su creación se basaba exclusivamente en dichas convenciones.</p><p style="text-align:justify;">Cabría preguntarse qué eran estos primeros seres antes de su emanación divina, si existían o no. Existían en el seno de la Divinidad, pero sin acción, pensamiento ni entendimiento propio, únicamente podían actuar y sentir por voluntad del ser superior que les contenía y en el que todo se movía.</p><p style="text-align:justify;">Aunque no puede decirse que esto sea verdaderamente existir, esta existencia en Dios es absolutamente imprescindible pues constituye la inmensidad del poder divino. Dios no podría ser el padre y señor de todas las cosas si en Él no existiera una fuente innata e inagotable de seres, a los que hace emanar por su única voluntad y a su conveniencia. Gracias a esta infinita multitud de emanaciones de seres espirituales de su interior recibe el nombre de Creador y su obra se denomina creación divina, espiritual y animal, espiritual temporal.</p><p style="text-align:justify;">Los primeros espíritus emanados del seno de la Divinidad se distinguían entre ellos por sus virtudes, poderes y nombres. Ocupaban la inmensa circunferencia divina denominada vulgarmente Dominación, que lleva su número denario según la siguiente figura: c, y donde todo espíritu superior 10, mayor 8, inferior y menor 4 debía actuar y obrar para mayor gloria del Creador.</p><p style="text-align:justify;">Su demostración o número evidencia que su emanación procede realmente de la cuádruple esencia divina. Los nombres de estas cuatro clases de espíritus eran más poderosos que los que damos ordinariamente a Querubines, Serafines, Arcángeles y Ángeles, emancipados más tarde. Como ya hemos dicho, estas cuatro primeras condiciones de seres espirituales poseían, además, parte de la dominación divina: un poder superior, mayor, inferior o menor, por el que conocían todo lo que podía existir y todo lo que se incluía en los seres espirituales que aún no habían salido del seno de la Divinidad.</p><p style="text-align:justify;">¿Cómo podían conocer cosas que no existían aún de modo individual fuera del seno del Creador?. Porque estos primeros seres emanados del primer círculo, denominado misteriosamente círculo denario, podían leer de manera clara y cierta lo que ocurría en la Divinidad, así como todo lo contenido en ella.</p><p style="text-align:justify;">No debe existir duda alguna sobre lo que acabo de decir, en el convencimiento de que corresponde exclusivamente al espíritu leer, ver y concebir el espíritu.</p><p style="text-align:justify;">Estos primeros seres tenían un conocimiento perfecto de todas las acciones divinas, pues habían emanado del seno del Creador para admirar todas las operaciones divinas de la manifestación de Su gloria.</p><p style="text-align:justify;">¿Conservaron estos primeros espíritus divinos su primitivo estado de virtud y poderes divinos tras su pecado?. Sí, lo conservaron por la inmutabilidad de los designios del Padre Eterno, pues si el Creador hubiese retirado todas las virtudes y poderes otorgados a los primeros espíritus, habría evitado cualquier acción de vida buena o mala, así como toda manifestación de gloria, justicia y poder divino de estos espíritus prevaricadores. Algunos opinan que el Creador debía haber previsto que estos primeros espíritus faltarían a las leyes, preceptos y mandatos que habían recibido, y que, por tanto, le correspondía a él cuidar de que los respetaran. Mi respuesta es la siguiente: aunque el Creador previera la soberbia ambición de estos espíritus, no podría haber reprimido y detenido sus pensamientos criminales sin privarles de la actuación particular e innata en ellos, pues fueron creados para actuar según su propia voluntad y como segunda causa espiritual, según el plan que Él mismo les trazó. El Creador no interviene en modo alguno en las segundas causas espirituales, sean buenas o malas, pues la existencia de los seres espirituales se apoya y fundamenta en leyes inalterables. Así, el Creador permite que cada ser espiritual actúe libremente según su propia voluntad y determinación; la confirmación de esto podemos verla todos los días.</p><p style="text-align:justify;">A la pregunta de qué tipo de prevaricación cometieron estos espíritus para que el Creador empleara la ley divina contra ellos, yo contestaría que estos espíritus fueron creados únicamente para actuar como causas segundas, y en ningún caso para utilizar sus poderes sobre las causas primeras o la acción misma de la Divinidad. Eran agentes secundarios; por lo tanto, sólo debían ambicionar sus poderes, virtudes y operaciones segundas, y no intentar en modo alguno anticiparse al pensamiento del Creador en ninguna operación divina, ya fuera pasada, presente o futura. Su crimen fue, en primer lugar, intentar condenar la eternidad divina en sus operaciones de creación; en segundo lugar, intentar limitar la Omnipotencia divina en estas mismas operaciones; en tercer lugar, desear en su pensamiento espiritual ser Creadores de causas terceras y cuartas, aun cuando sabían que eran innatas a la omnipotencia del Creador, lo que se denomina cuádruple esencia divina.</p><p style="text-align:justify;">¿Cómo podían condenar la eternidad divina?.</p><p style="text-align:justify;">Otorgando al Padre Eterno una emanación igual a la suya; considerando al Creador un ser similar a ellos, nacido de criaturas espirituales que dependerían inmediatamente de sí mismas, tal como ellas dependían de aquel de quien habían emanado. He aquí lo que denominamos el principio del mal espiritual, pues cualquier mal pensamiento concebido por el espíritu es siempre criminal ante el Creador, aun cuando no lo lleve a cabo de manera efectiva.</p><p style="text-align:justify;">Para castigar esta voluntad criminal los espíritus fueron arrojados por el único poder del Creador a lugares de sumisión, privación y miseria impura contrarios a su ser espiritual, que era puro y simple por su emanación, como se explicará a continuación.</p><p style="text-align:justify;">Cuando estos primeros espíritus concibieron pensamientos criminales, el Creador aplicó la ley sobre su inalterabilidad, creando este universo físico de apariencia material para que fuera su lugar fijo de actuación y obra, privándoles de toda su malicia. En ningún caso debe incluirse en esta creación material al hombre o menor actualmente en la superficie terrestre; el hombre no debía hacer uso alguno de esta materia aparente, pues había sido emanado y emancipado por el Creador sólo para que dominara sobre todos los seres emanados y emancipados con él. La creación del hombre fue posterior a la formación de este universo por la Omnipotencia divina como asilo para los primeros espíritus perversos y límite para sus malas obras, que no prevalecerán jamás contra las leyes del orden impuesto por el Creador en su creación universal. El hombre tenía las mismas virtudes y poderes que los primeros espíritus y, aunque fue emanado después que ellos, se convirtió en su superior y mayor gracias a su estado de gloria y a la fuerza del mandato recibido del Creador. Conocía perfectamente la necesidad de la creación universal, conocía también la utilidad y santidad de su propia emanación espiritual, así como la forma gloriosa de la que había sido revestido para actuar según su voluntad sobre formas corporales activas y pasivas. En este estado, debía manifestar todos sus poderes frente a la creación universal, general y particular para mayor gloria del Creador.</p><p style="text-align:justify;">Dividiremos el universo en tres partes para que nuestros émulos comprendan toda su capacidad de acciones espirituales: 1o el universo, que consiste en una circunferencia en la que se incluyen el general y el particular; 2o la tierra o parte general de la que emanan todos los alimentos necesarios para el particular; 3o el particular, formado por todos los habitantes de los cuerpos celestes y terrestres. He aquí nuestra división de la creación universal para que nuestros émulos puedan conocer y actuar individualmente y en conocimiento de causa sobre cada una de estas tres partes.</p><p style="text-align:justify;">Adán, en su primer estado de gloria, fue el verdadero émulo del Creador.</p><p style="text-align:justify;">Como espíritu puro, leía abiertamente los pensamientos y actuaciones divinas.</p><p style="text-align:justify;">El Creador le hizo discernir los tres principios que componían el universo; para ello le dijo: “Ordena a todos los animales activos y pasivos, y te obedecerán”.</p><p style="text-align:justify;">Adán realizó lo que el Creador le había dicho, pudo constatar que su poder era grande y aprendió a conocer una parte del todo que compone el universo. Esta parte es lo que denominamos el particular, formado por todo ser activo y pasivo que habita desde la superficie terrestre y su centro, hasta el centro celestial denominado misteriosamente cielo de Saturno.</p><p style="text-align:justify;">Después, el Creador dijo a Su criatura: “Ordena al general o la tierra, y te obedecerá”. Adán lo hizo, y pudo darse cuenta que su poder era grande y llegó a entender el segundo todo que compone el universo. Tras estas dos operaciones, el Creador dijo a Su criatura: “Ordena a todo el universo creado, y todos sus habitantes te obedecerán”. Adán volvió a poner en práctica la palabra del Padre Eterno, y gracias a esta tercera operación aprendió a reconocer la creación universal.</p><p style="text-align:justify;">Adán, habiendo actuado y manifestado su voluntad según deseaba su Creador, recibió el nombre augusto de Hombre Dios de la tierra universal, pues su descendencia debía ser divina, no carnal. Es importante señalar que en la primera operación Adán recibió la ley; en la segunda, el precepto; y en la tercera, el mandato. Gracias a estos tres tipos de operaciones, vemosclaramente los límites de los poderes, virtudes y fuerzas que el Creador otorgó a Su criatura, así como aquellos prescritos a los primeros espíritus perversos.</p><p style="text-align:justify;">El Creador, viendo a Su criatura satisfecha con esas virtudes, fuerzas y poderes innatos que podía utilizar a voluntad, la dejó a su libre albedrío, emancipándola con esta libertad de la inmensidad divina, de modo que gozase de manera particular y personal, en el presente y en el futuro, durante una eternidad inalterable, siempre y cuando se comportase según la voluntad del Creador.</p><p style="text-align:justify;">Adán, abandonado a su libre albedrío, reflexionó sobre el gran poder manifestado en sus tres primeras operaciones. Su trabajo le parecía similar en importancia al del Creador. Sin embargo, de modo independiente no podía profundizar completamente en estas tres primeras operaciones ni en las del Creador, y la preocupación empezó a apoderarse de él. Sólo podía leer en la omnipotencia divina con el consentimiento del Creador, tal como estipulaban las órdenes que Éste le había proporcionado antes de otorgarle libre voluntad: que ejerciera su poder sobre todo lo que estaba bajo su dominio. Las reflexiones de Adán, así como su deseo de leer en el poder divino, llegaron sin dilación a conocimiento de los seres perversos que denominamos demonios malos. En cuanto Adán concibió este pensamiento se le apareció uno de los principales espíritus perversos revestido de cuerpo glorioso, y aproximándose a él le dijo: “¿Qué más deseas saber del omnipotente Creador?, ¿No te ha igualado a él mediante la virtud y la omnipotencia que te ha otorgado?. Actúa según tu propia voluntad innata, y obra como ser libre, bien sobre la Divinidad, bien sobre toda la creación universal sometida a tu mandato. Así te convencerás de que tu omnipotencia no difiere en nada de la del Creador.</p><p style="text-align:justify;">Descubrirás que eres, además de creador de poderes particulares, creador de poderes universales, pues se te comunicó que de ti nacería la descendencia de Dios. Todas estas cosas las he sabido del Creador, y te hablo por Él y en su nombre.”</p><p style="text-align:justify;">Ante este discurso del espíritu demoníaco, Adán permaneció como paralizado, sintió nacer en él un violento desconcierto y entró en éxtasis.</p><p style="text-align:justify;">Mientras se encontraba en este estado, el espíritu maligno le insinuó su poder demoníaco. Adán volvió de su éxtasis espiritual animal sin liberarse de la influencia negativa del demonio, decidiendo utilizar la ciencia demoníaca en vez de la ciencia divina que le había entregado el Creador para someter a todos los seres inferiores a él. Rechazó así totalmente su propio pensamiento espiritual divino, para utilizar únicamente lo que le sugirió el espíritu maligno.</p><p style="text-align:justify;">Así, Adán llevó a la práctica el pensamiento demoníaco, realizó una cuarta operación sirviéndose de las poderosas palabras que el Creador le había transmitido para sus tres primeras operaciones, pero rechazando completamente el ceremonial de estas mismas operaciones. En su lugar utilizó el ceremonial y el plan que le había enseñado el demonio, atacando la inmutabilidad del Creador.</p><p style="text-align:justify;">Adán imitó a los primeros espíritus en su propósito de convertirse en creadores, en perjuicio de las leyes prescritas por el Padre Eterno para limitar sus operaciones espirituales divinas. No le correspondía a estos primeros espíritus concebir ni entender la creación, pues no eran más que criaturas de poder. De igual modo, tampoco Adán debía aspirar a esta ambición de creación de seres espirituales insinuada por el demonio.</p><p style="text-align:justify;">Ya saben que, en cuanto dichos demonios o espíritus perversos consideraron poner en práctica una voluntad de emanación semejante a la del Creador, fueron arrojados a las tinieblas por un tiempo infinito, por voluntad inalterable del Creador. Su caída y su castigo demuestran que el Creador no puede ignorar el pensamiento y la voluntad de Su criatura: cualquier pensamiento y voluntad, bueno y malo, es oído directamente por el Creador, quien lo aprueba o lo rechaza. Por lo tanto, es incorrecto decir que el mal procede del Creador, bajo pretexto que todo emana de Él. Del Creador sólo han surgido seres espirituales, buenos, santos y perfectos; ningún mal puede emanar de Él. Se preguntarán de dónde emanan entonces. Mi respuesta es que el mal no se crea, sino que es engendrado por el espíritu. La creación pertenece al Creador, no a la criatura; los malos pensamientos son engendrados por espíritus malos, al igual que los buenos pensamientos son engendrados por espíritus buenos. Le corresponde al hombre rechazar los primeros y admitir los segundos pues, gracias a su libre albedrío, tiene derecho a ser recompensado por sus buenas obras, pero también puede ser privado por un tiempo infinito de sus derechos espirituales.</p><p style="text-align:justify;">Volveré a hablar de dicha misericordia divina más adelante, de momento retomemos la concepción del mal, causado por la mala voluntad del espíritu. La concepción criminal del espíritu, o pensamientos malos, es conocida en el entorno espiritual como intelecto maligno; y la concepción de pensamientos buenos se denomina intelecto bueno. Los espíritus buenos y malos se comunican con el hombre mediante dichos intelectos y su efecto no siempre es el mismo porque el hombre utiliza su libre albedrío para rechazar o aceptar el mal o el bien.</p><p style="text-align:justify;">Denominamos intelecto a esa insinuación buena o mala de los espíritus sobre los seres espirituales. Los espíritus perversos están sometidos a menores que han perdido su poder superior debido a su pecado. Los espíritus buenos también están sometidos al hombre por el poder cuaternario que recibió en su emanación. El Creador anunció al hombre este poder universal diciéndole: “Todo lo he creado para ti; sólo tienes que ordenar y serás obedecido”. Por lo tanto, tanto los espíritus buenos, como los malos están sometidos al menor. Si el hombre hubiese conservado su estado de gracia, habría logrado que los espíritus malignos recibiesen su intelecto bueno y verdadero, tal como éstos le comunicaron y siguen comunicándole su intelecto maligno. Gracias a su poder de mandato, el hombre podría acrecentar más aún su privación, rechazando toda comunicación con ellos. La desigualdad de los cinco dedos de la mano lo ilustra claramente: el dedo corazón simboliza el alma; el pulgar, el espíritu bueno; el índice, el intelecto bueno; y los otros dos dedos, el espíritu e intelecto demoníaco. Esta imagen explica sencillamente que el hombre fue emanado para hacer frente a los demonios malignos, para dominarlos y combatirlos. El poder del hombre era muy superior al del demonio, pues a su ciencia unía la de su compañera y su intelecto, oponiendoasí tres poderes espirituales buenos contra dos poderes demoníacos; esto habría subyugado completamente a quienes profesaban el mal y, consecuentemente, lo habrían destruido.</p><p style="text-align:justify;">Ahí tenemos la demostración de que el origen del mal sólo está en los pensamientos perversos y en la voluntad maligna del espíritu contra las leyes divinas, nunca en el espíritu emanado del Creador, pues en Él no existe la posibilidad del mal. Nace exclusivamente de la disposición y voluntad de sus criaturas. Quienes afirman lo contrario no hablan en conocimiento de causa de lo posible e imposible en la Divinidad. El castigo del Creador a Su criatura es justo, no podemos culparle de la desdicha desencadenada para protegerla de la condena infinita.</p><p style="text-align:justify;"><br></p><div>kjaksnlanlknfoigorignodfn</div>
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