Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

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Ansiedad / Angustia
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Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
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La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
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Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

viernes, 17 de abril de 2026

SEMINARIO: Lo popular y lo sagrado


PRESENTACIÓN

Hoy vamos a tratar de un tema para mi apasionante que surge a partir de la siguiente pregunta: ¿Existe algún vestigio de lo sagrado en la tradición popular?

PASTORETS

Porque si bien se dice que las tradiciones populares son manifestaciones creadas por el pueblo y que con ellas se festeja a sí mismo, parece evidente que en el corazón de esas celebraciones palpita algo mucho más antiguo y más profundo, algo primordial: restos de mitos y cultos pasados, es decir un eco de lo sagrado.

Recordemos, por ejemplo, el mito de Zeus y Metis, la hija de Océano. Zeus, después de seducirla y cuando empezaba a tener problemas con Hera, engañó a Metis y conociendo su capacidad para metamorfosearse, la desafió respecto a cuántas formas podía tomar, al final le preguntó si podía convertirse en gota de agua. Y Metis, ya harta, se convirtió en gota de agua cosa que Zeus aprovecho para tragársela… Imposible no pensar en el cuento para niños del “Gato con Botas”.

También tenemos esta imagen dels Pastorets que, antes de convertirse en una obra de teatro para niños, formaba parte de los dramas sacros que se representaban en los atrios de las iglesias por Navidad.

Si este eco original de lo sagrado ha persistido a lo largo de los siglos es porque si se dramatiza un mito o un ritual sagrado está menos expuesto a ser mal interpretado que cuando se presenta en forma de enunciado.

En cualquier tradición hay siempre dos dimensiones, que son como dos caras de la misma moneda, es decir, que deberían ir unidas

  • Una exterior: las normas, las enseñanzas escritas, las imágenes representativas, lo público, en definitiva, lo exotérico.
  • Y otra interior: lo que no puede explicarse con la razón sino solo sugerirse, vivirse o transmitirse de maestro a discípulo, lo esotérico.

Lo exotérico es la base para la comprensión de lo esotérico, mientras que sin lo esotérico lo exotérico se convierte en un cadáver sin vida, en letra muerta

Un versículo del MR (XXI, 17) lo muestra claramente:

Examinados desde fuera, los rosetones de las catedrales sólo dejan ver su osamenta, pero, vistos desde dentro, su resplandor ilumina al creyente. Así, la palabra de vida oída desde fuera sólo deja ver el hueso de la verdad, mientras que esta misma palabra percibida desde dentro hace saborear la médula nutritiva del creador de todas las cosas…

Existe una historia del Buda Shakyamuni que también se refiere a estos dos aspectos: Un día al final de uno de sus sermones el Buda mostró una flor a sus discípulos y solo uno sonrió. Y entonces el Buda dijo: lo que se puede enseñar con palabras, ya os lo he enseñado, lo que no, solo este discípulo lo ha comprendido.

Esa dimensión interior se da a conocer, primero a través de la transmisión, por la tradición oral, y finalmente bajo el velo de los símbolos y los ritos que son como puentes o estados intermedios.

Y aquí quisiera detenerme un momento, pues el símbolo como el mito no se entienden con la mente porque no construyen significado y además son polisémicos, por eso se entienden con otro sentido: la intuición del corazón.

No basta con decir que el sol simboliza a Dios, que es verdad, pues el sol da la vida, y Dios da la vida, pero aquí acaba la historia. Solo cuando esa vida, que es Dios, se ilumina en nuestra propia existencia, el símbolo cobra sentido, se vuelve realidad experimentada. Por eso en El Mensaje Reencontrado se dice: “Cuando el símbolo es una realidad, es imposible descubrirlo sin la ayuda de Dios”. (II, 44)

Cattiaux decía que, en el fondo, todos los símbolos se refieren a una sola realidad: la regeneración del Adán primero, creado a imagen y semejanza de Dios. En el camino, o en la caída, ese hombre perdió su semejanza, una sombra luminosa, la misma con la que el Espíritu Santo cubrió a María, y la tarea de la búsqueda consiste en recuperarla.

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Todos los símbolos, todos los ritos, todas las fiestas apuntan a este mismo fin: la reunión de imagen y semblanza explicado bajo multitud de lenguajes: el hombre y la mujer, el cielo y la tierra, o la unión de la humanidad y la divinidad y eso es, exactamente lo sagrado.

Walter Otto escribía lo siguiente en relación a los que criticaban el antropomorfismo de los mitos y que parece adecuado en este contexto: La encarnación, el milagro que se produce en la divinidad misma, es el camino de toda Revelación genuina. Y añadía: “Se trata de un teomorfismo y no de un antropormorfismo” y citaba la famosa frase de Goethe: “El Dios se había hecho hombre para elevar al hombre y convertirlo en Dios”.

También en el Mensaje Reencontrado se dice lo mismo con distintas palabras: “La revelación de nuestro Señor de luz y de vida es la base de todas las religiones y todas las filosofías”. (XIII, 18)

El fin de todas las filosofías y religiones es es la adquisición del cuerpo glorioso, o la regeneración del primer Adán.

A partir de aquí podemos preguntamos: ¿cómo se expresa todo esto en lo popular?

Los que han tenido una experiencia directa de lo sagrado—los profetas, los sabios, los místicos— son los creadores de los mitos y los ritos para expresar lo que han visto y al mismo tiempo para velarlo al mundo profano. Pero ni los mitos, ni los ritos, ni los símbolos son un fin en sí mismos: son una ayuda para el recuerdo, para despertar a lo sagrado.

Con el paso del tiempo, esas expresiones cuyo origen es sagrado, se popularizan, se adaptan, y devienen manifestaciones de la cultura popular: canciones, danzas, leyendas, que, ciertamente, guardan algo de su origen.

Podría decirse que lo popular es como un espejo que refleja —a veces de forma simplificada o incluso deformada— una sabiduría mucho más antigua y profunda. Y esta actualización de la memoria de lo sagrado, es el rasgo que confiere importancia a la tradición popular.

La manera más simple y ordenada para estudiar esta pervivencia de lo sagrado en lo popular será hacerlo a partir del movimiento del sol, del año, porque este círculo no es solo una medida cronológica; es un anillo misterioso en el que se engarzan las etapas tanto de la vida natural como la de regeneración y que comporta el nacimiento, la muerte y la resurrección

FOTO KAIROS

Los antiguos distinguían entre dos formas de tiempo:

  • Kronos, el tiempo lineal, repetitivo, que lo devora todo.
  • Kairos, la ocasión, el tiempo sagrado, ese instante eterno en el que todo y el Todo están presentes.

Las fiestas populares conectan con este último tiempo. Cada vez que, gracias a una fiesta, o a una costumbre, se revive un mito del origen, se abre una ventana a ese Kairos, a ese instante sagrado y eterno. A aquello que en los cuentos se expresa por “Había una vez…”, entonces, en este momento se produce una magia invisible que puede transportar a los que participan, al origen de sí mismos y al recuerdo de quiénes son en realidad.

Las fiestas llamadas populares son oportunidades para que la manifestación sensible de lo verdadero, de lo sagrado, cobre vida en lo visible y en lo presente. Salustio, un filósofo neoplatónico del s. V, decía lo siguiente de los mitos: esto no ha sucedido nunca, pero siempre es, porque se trata del acontecer divino en su repetido retorno.

Decíamos que muchos de los rituales, leyendas y figuras de la tradición popular provienen de mitos, cultos y misterios sagrados de la antigüedad, muchas veces recogidos por el cristianismo y transformados. Pero, lo que parece evidente es que todos ellos se refieren tanto a la naturaleza como al logos divino, que, según Heráclito, yace en cada ser en espera de su despertar. Los podríamos llamar también los misterios de la muerte y la multiplicación, pues, como se dice en el Evangelio de Juan:

Os aseguro que el grano de trigo que cae en la tierra y no muere, permanece solo, en cambio, si muere, da mucho fruto (12, 24)

FOTO OSIRIS

Uno de los mitos más antiguos proviene de Egipto y es mito de Isis y Osiris, Plutarco lo relata en su obra. Narra cómo Set asesina a su hermano Osiris, y dispersa su cuerpo. Isis, su también hermana y esposa fiel, busca y reúne los restos de Osiris y lo resucita Entonces los dos engendrarán a Horus, quien luego vengará a su padre, mientras Osiris se convierte en juez del inframundo. En sus misterios se representaba la muerte y la resurrección del dios personificado por el neófito o el faraón.

Osiris, el logos o la simiente divina que yace en cada ser, se despierta y resucita gracias a la ayuda de la diosa Isis. En las tumbas egipcias, han aparecido las llamadas camas de Osiris o Osiris vegetantes, que eran unas estructuras de madera con la silueta de Osiris que se llenaba de tierra y donde se plantaban simientes de trigo que en la oscuridad y humedad de la tumba han aparecido germinadas. Imposible encontrar un símbolo mejor para representar la resurrección.

Otro mito muy conocido es el que relata el rapto de Perséfone por Plutón, dios del inframundo, y su posterior vuelva al Olimpo gracias a Démeter, su madre. En Grecia, se celebraban los misterios de Eleusis, en los que se celebraba la bajada de Perséfone a los infiernos y su vuelta anual al Olimpo. Aparentemente, como sucede en el mito de Osiris, se trataría de la celebración del ciclo agrícola en el que la semilla muere y germina, cosa que sucede tanto en la naturaleza exterior como en el interior del ser humano, de modo que podría decirse que la naturaleza exterior es el símbolo de la interioridad.

Hipolito de Roma explicaba que en el momento culminante, en medio de la oscuridad aparecía una luz súbita y se mostraba una espiga dorada a los iniciados llena de nuevos granos. Esto lo es misterioso y también lo sagrado.

DIONISOS

Otro culto importante es el que tiene como protagonista a Dioniso, dios del vino y de los misterios, uno de los pocos dioses, junto con Osiris y Jesucristo, que mueren y resucitan. Conocemos sus fiestas en las que la locura imperaba y las ménades y las bacantes despedazaban a quienes encontraban a su paso, pero quizá desconozcamos la historia de Dioniso y los Titanes, central en los misterios órficos que narra cómo los Titanes, celosos de Zeus, desmembraron y comieron partes del joven Dioniso, menos su corazón,  pero Zeus después de resucitar a Dioniso, los fulminó con un rayo, y de la mezcla de su sangre y las cenizas de los Titanes nació la humanidad, con una naturaleza dual, divina y terrenal. Este relato fue la base de la idea órfica del cuerpo como prisión del alma.

Esta parte divina enterrada ha de ser liberada por el Dionisos resucitado y que habita en los cielos. Por eso Olimpiodoro (s. V), un filósofo neoplatónico de Alejandría, escribió lo siguiente respecto a ello:

A la manera de Koré o Perséfone el alma (o la semilla divina) baja a la encarnación, a la manera de Dionisos está dividida en cada ser humano, a la manera de Prometeo y los Titanes permanece encadenada a un cuerpo, del que se libra a la manera de Hércules, gracias a las fuerzas que ha recogido filosofando gracias a Apolo y Atenea y finalmente (como Perséfone) vuelve a su origen con Deméter.

Es innegable que esta misma estructura se encuentra en el cristianismo con la pasión, muerte, resurrección de Cristo y su multiplicación en los apóstoles.

Un padre de la Iglesia llamado Nicolas Cabasilas decía que toda la sabiduría oculta en la liturgia sería como la representación de un único cuerpo que era la vida del Salvador y que, al igual que las cuatro estaciones dividen el año, la vida de Jesucristo se divide en cuatro etapas que aparecen reflejadas en las imágenes del Tetramorfos.

IMAGEN DEL TETRAMORFOS

La primera, representada por Lucas, el toro, representa a un becerro que mama del pecho de su madre, Isis; la segunda Marcos, el león que ruge en el desierto representando el periodo de la predicación, la tercera Juan, el águila, la ascensión a los cielos y por último Mateo el ángel o el hombre regenerado.

A otro nivel, pero con el mismo simbolismo sería el camino del héroe, puesto al día por Joseph Campbell y que se repite en los cuentos infantiles tradicionales. Consta también de cuatro etapas que Campbell explica como la salida, el bosque o el infierno, la expiación o el crecimiento y la vuelta a casa con lo adquirido. El héroe no es quien gana todas las batallas sino el que es capaz de bajar a los infiernos, o entrar en el bosque, y salir con vida de ellos.

La naturaleza exterior nos muestra este proceso con los cambios de cada estación, darse cuenta de ello obliga a contemplar el tiempo de otra forma, pero a estas alturas no se le hace ningún caso.

IMAGEN DE LoS CUATRO puntos vernales

Hay cuatro momentos en el año que marcan la relación entre lo sagrado y lo popular: los dos solsticios y los dos equinoccios.

En la celebración de los solsticios se honra el fuego. En el de invierno, se honra el fuego escondido en el hogar o en el interior más profundo del ser humano. En verano, su manifestación exterior, el regreso de este fuego a su patria celestial, las hogueras, los cohetes y la alegría de la obra completada.

En los equinoccios se honra sobre todo a la tierra y a las influencias celestes, el agua y el aire, que permiten que la simiente muera, se disuelva, germine y de fruto. En el equinoccio de otoño se siembra y en el de primavera se manifiesta lo que contenía esta simiente.

En otoño se celebran las fiestas de las vírgenes y los ángeles que representan que influencia del cielo. En primavera, el éter, o el céfiro, el viento primaveral, hace que toda la tierra florezca, por eso, en Eleusis en estas épocas se celebraban los Misterios mayores y los menores.

 

SOLSTICIO DE INVIERNO

NATALIS SOLIS INVITUS

Empezaremos por el invierno, cuando la oscuridad es más profunda, pues es entonces cuando la nueva luz puede verse. Por eso, en el solsticio de invierno se celebraba la fiesta del Natalis Solis Invictus, un sol que, después de disminuir durante seis meses, renace como una promesa de la vida nueva.

El cristianismo adaptó esta fiesta a la Navidad, la primera manifestación de la luz en medio de las tinieblas tanto exteriores como interiores. El nacimiento del niño dios dentro de una cueva o en un pesebre, un lugar donde comen los animales, es un ejemplo. Es el momento en el que confluyen los dos tiempos para que dios pueda humanizarse y el hombre acabe divinizándose.

La iconografía del nacimiento con el asno, el buey y el Niño Dios recuerdan la triple regeneración del ser humano, el asno con la cruz en su cerviz, simboliza el cuerpo, el buey con sus cuernos, el espíritu, y el Niño sol es el nous o el vínculo que los une.

Eso está representado también por la adoración de los Magos y sus obsequios; oro para el cuerpo, incienso para el espíritu y mirra para el sentido/alma o nous.

IMAGEN PASTORS

Una de las festividades navideñas más populares es la misa del Gallo, también llamado el Oficio de los pastores, pues fueron los primeros en reconocer y adorar al niño. Antes del Evangelio, una voz vibrante dentro de la iglesia gritaba “Jesús ha nacido”. Todos dudaban hasta que un pastor, con la voz entrecortada, confirmaba la nueva. Decía que lo había visto y que era tan brillante como un sol. Había una gran alegría entre los demás pastores que cantaban y bailaban en atrio de la iglesia.

Imposible no recordar el momento central de los misterios eleusinos cuando en medio de la noche, en el Telesterion se encendían las antorchas y se proclamaba a gritos; “Nuestra Señora ha engendrado un niño santo. Brimo ha engendrado a Brimo, es decir, la Fuerte ha engendrado al Fuerte·y toda la asamblea expresaba su alegría con bailes y cantos.

En cuanto a los pastores, Raimon Arola escribió un artículo en el que los identificaba con las fueras naturales del alma del mundo, o los ángeles, a partir de la siguiente cita de Orígenes:“Es necesario encontrar el sentido más misterioso: diría que es necesario ver en estos pastores a los ángeles encargados de gobernar las actuaciones de los hombres. Cada ángel asegura su vigilancia y vela noche y día”.

Y Arola añadía:

Los pastores simbolizan a los ángeles encargados de las naciones, de las siete naciones paganas, es decir, las fuerzas naturales que gobiernan el mundo, que cuando reconocen al niño divino son una luz creadora, mientras que de otro modo son una oscuridad destructora (los planetas, el alma del mundo).

La tradición popular también dice lo mismo:

Els pastors de la muntanya / son com els angels del cel, / i quan va parir Maria / ells hi van ésser els primers.

Los pastores, al igual que los faunos y los sátiros simbolizan las fuerzas celestes. En la mitología griega, el dios Pan, el Todo, era su padre, se representaba medio hombre y medio macho cabrío. Quizá por eso los pastores adoran al niño Dios con un carnero en sus espaldas, este carnero simboliza la fuerza vegetativa y primaveral de Aries que se ha encarnado en el niño dios.

Según explica Amades en su Costumari, estas fiestas recogen el sentido de: “comunión sagrada familiar entre los presentes y los antepasados, hospedados y residentes en el fuego del hogar”.

Las tradiciones populares contienen y conservan el recuerdo primordial de lo sagrado, del fuego enterrado en la tierra y en el ser humano, el ancestro, y de su despertar luminoso en medio de la más absoluta oscuridad.

IMAGEN TIO

Esto se muestra en el tió, la cepa o el tronco hueco que contiene regalos y que luego se quema en el hogar, y cuyas cenizas se recogen porque tienes virtudes curativas. El árbol de Navidad posee un simbolismo parecido, es un árbol luminoso que se enciende por Navidad. Madera en griego se llama hyle, que también significa materia, es decir, que dentro de la materia o de la madera se encuentra la luz.

En el Evangelio de Tomás se dice:

Yo soy la luz que está sobre todas las cosas.
Yo soy el Todo; de mí salió el Todo y a mí retorna el Todo.
Hended la madera (hyle): allí estoy.
Levantad la piedra y me encontraréis allí.”

La materia es la casa de la luz, aula lucis, como decía el alquimista inglés Eugenio Filaleteo, en la materia reside el fuego, la semilla ancestral que, cuando se enciende, produce la luz. Entonces comienza la Edad de oro, predicha en El Cant de la Sibil.la, aunque para ello, antes tenga que aparecer el Anticristo y el temido juicio final.

A nivel popular esto está recogido en Els Pastorets. Los demonios al enterarse de que va a nacer el Salvador se ponen en pie de guerra y luchan con los ángeles para llevarse todas las almas que puedan al infierno, pues la manifestación del Mesías será el fin de los tiempos predicho por la Sibila.

 

SOLTICIO DE VERANO

El solsticio de verano se celebra seis meses después del de invierno, su fiesta más importante es la de san Juan Bautista, el precursor, el comienzo de un nuevo ciclo. En invierno se celebra la fiesta del otro Juan, el evangelista y tiene que ver con Ianus, el de las dos caras o la puerta que abre y cierra. Según explica Porfirio en El antro de las ninfas”, los dos solsticios representan dos puertas, la puerta de los hombres en verano y la puerta de los dioses en invierno. Los dioses bajan a la encarnación en invierno mientras que los hombres deificados salen de esta encarnación en verano.

Para que la parte divina pueda crecer es necesario que el hombre exterior decrezca desde verano hasta Navidad, como se dice en el Evangelio en relación a Jesús y Juan: “A él le conviene crecer, más a mi menguar”.

En verano se recogen los frutos sembrados en otoño. Antes de la recogida del grano nuevo, se limpiaba todo para que lo nuevo no se mezclara con lo viejo. Recuerda la frase del Evangelio de Mateo: “No se puede echar nuevo vino en los viejos odres” La nueva revelación necesita de nuevas formas. Otra vez, el final de un ciclo.

En relación a este final, hay que recordar las fiestas que se celebran en verano son la fiesta de la Ascensión de Jesucristo a los cielos, el final de la obra de regeneración, y la fiesta de Pentecostés, también llamada la fiesta del Espíritu Santo. En las iglesias se lanzaban pétalos de flores para representar los dones del espíritu, pues en esta fiesta se celebra la transmisión de Cristo a los apóstoles o lo que es lo mismo la multiplicación de la obra alquímica.

CORPUS CHrisTI

Ocho días después de Pentecostés, se celebra el Corpus Christi, primero conocida como el Corpus Dei, la adoración del cuerpo glorioso de Cristo, simbolizado por la hostia santa.

El mismo simbolismo tiene la tradición del Ou com balla, en la fuente de la Catedral de Barcelona se ponía un huevo sobre el surtidor de la de la fuente que bailaba según el chorro de agua. Esta costumbre se celebraba también en los países eslavos y se creía que igual como el sol en esta época danzaba en el cielo, el huevo que simbolizaba el sol danzaba en la tierra.

En la antigüedad, el Corpus Christi era una gran celebración en la que desfilaba una procesión con la custodia bajo palio y era de las pocas ocasiones en las que el baile estaba permitido.

Participaban las autoridades, los gremios, las moxigangas con sus cuadrillas de demonios, ángeles, y figuras mitológicas convertidas en elementos populares y lo más importante es que, al finalizar la procesión, todos ellos escenificaban un acto de acatamiento a cuerpo de Cristo, la naturaleza inclinada ante el Hombre Dios.

Los gigantes y los enanos o cap grossos, eran unas figuras claves, los gigantes, según Paracelso son seres aéreos mientras que los enanos habitaban en el interior de la tierra, ambos con sus bailes recreaban otra vez la unión del cielo y la tierra.

Aparecían también los elementos: tierra fuego agua, que configuran la obra de regeneración, simbolizados por los animales que los representan el buey, el león y el águila, y evidentemente los ángeles y que aparecen en el Tetramorfos.

LA PATUM

De estas fiestas se conserva la Patum de Berga (s. XIV) en la que el águila baila con la mulafera (el cielo y la tierra), pero el momento más impresionante es el dels plens, o ball dels diables, que llenan de fuego la plaza de Berga, reminiscencias de las hogueras que se encendían en toda Europa para glorificar el poder solar en verano. Era también el momento de los Juegos pitios que se celebraban en Delfos en honor de Apolo, el sol.

Las hogueras de san Juan y los cohetes son otra imagen del triunfo del fuego que vuelve al cielo habiendo completado su obra. El baile que se organiza alrededor del fuego según Cirlot, sería la imagen corporificada de un proceso o metamorfosis que encarna en la tierra la energía del Alma del Mundo.

San Juan, como San Silvestre, son las noches más mágicas de todo el año. Se dice que de las fuentes brota la flor de agua que dará ventura a quien la pueda coger, el problema es que es tan sutil que casi no se ve y se escurre entre los dedos, además, quien la haya cogido y no sepa cómo utilizarla, su suerte se convertirá en desgracia. Lo mismo se dice del rocío del cielo que porta la bendición.

Por último, es también el momento de las fiestas mayores que celebran el fin de las cosechas, con las tradiciones que conllevan: la cosecha del trigo, con su genio particular, la primera espiga o la espiga reina y, sobre todo, su relación con la risa. Las mujeres tejían una capa con la paja que había quedado en la era, y se la daban al mejor cosechador, esta capa se llamaba la pallasa y el que la llevaba el pallaso, este personaje podía hacer todas las tonterías que quisiera para hacer reír a los demás. Esto es importante si tenemos en cuenta que la risa tiene que ver con la manifestación de la luz divina como veremos a continuación.

 

EQUINOCCIO DE OTOÑO

En otoño se celebran las fiestas de los ángeles, las vírgenes y los arcángeles. Empieza un nuevo ciclo en el mundo sagrado y también en el natural, se prepara la tierra y se siembran las nuevas simientes.

Por eso, en esta época y en Eleusis tenían lugar los grandes misterios, es el momento de invocar el Espíritu o las fuerzas celestes para que rieguen la tierra con las lluvias otoñales y disuelvan las simientes para que puedan germinar.

Después, en invierno llega el adversario y lo hiela todo, pero con la primavera viene el deshielo y, de la simiente disuelta, puede germinar la planta. El viento y las lluvias de primavera, hacen que todo florezca como aparece descrito en las Geórgicas, por eso, Virgilio sitúa el comienzo del mundo y la Edad de oro en la primavera.

TOTS SANTS

Se decía que en otoño las puertas del reino de los muertos se abrían y el contacto entre los vivos y los muertos era más fácil. La fiesta celta de Samhain era un tiempo fuera del tiempo, un espacio liminal entre la luz y la oscuridad.

Se celebra la fiesta de Todos los Santos, llamada anteriormente de Todos los Dioses, Pantheon, y la fiesta de los fieles difuntos, con la visita obligada a los cementerios y los distintos rituales populares. Los rezos del rosario para que las almas puedan subir junto con estas oraciones al cielo, las castañas, que con su crepitar marcaban las visitas de los antepasados al hogar, y otros muchos para impedir que se quedaran entretenidos en este mundo como esconder los zapatos, tapar los espejos y tantos otros.

Pero lo importante es la visita a los cementerios donde yacen los huesos de los muertos, pues es desde los huesos desde donde tiene que resucitar el ancestro, por eso se le llevan flores en recuerdo de su resurrección.

 

EQUINOCCIO DE PRIMAVERA

En Eleusis se celebraban los misterios menores en memoria de la salida anual de Perséfone de los infiernos. Con ella, toda la naturaleza florece. Por ello en muchos lugares se celebraba el comienzo del ciclo anual en primavera, sobre todo en las tradiciones regidas por la luna, como las semíticas. Ovidio en sus Geórgicas lo explica así:

Entonces, el Padre Omnipotente, el Éter, baja en lluvias fecundas hacia el sí de su feliz esposa y mezclado con su gran cuerpo, él, que también es grande, nutre a todos los embriones.

En el mundo clásico, las celebraciones por la llegada de la primavera coincidían con la manifestación anual del dios de la vegetación y del vino: Dioniso. Una vez al año Dioniso residía entre los mortales para resucitar la Edad de oro.

CaRNAVAL

Durante estas celebraciones se bebía vino en abundancia y se trastocaba completamente el orden establecido. Dioniso, como el señor del elemento líquido, entraba en la ciudad sobre una nave con ruedas, un carrus navalis, de aquí procede nuestro carnaval con sus máscaras y su desorden, un retorno al caos para alcanzar un nuevo orden, una disolución para alcanzar una nueva coagulación.

 

IMÁGENES ALQUÏMICAS

De la Semana Santa, con su viernes de pasión y su domingo de Gloria y resurrección no hablaremos, pues en siete días se resumen el sentido de las cuatro estaciones de las que ya hemos tratado. La muerte de Cristo, su bajada a los infiernos y su resurrección reproduce todo el proceso natural, pero también el de la regeneración del ser humano, es decir, el proceso alquímico, cuyo final es la obtención de un cuerpo de gloria y la transmisión o multiplicación en Pentecostés.

La mayoría de los pueblos antiguos celebraban la resurrección anual de la primavera, precedida por una muerte. Attis, el dios frigio, es otro ejemplo de ello. En las fiestas dedicadas a Attis, un día estaba dedicado a la entrada del árbol, Arbor intrat, símbolo del cadáver del dios, otro a la sangre, con la castración de los novicios, en aquella misma noche, se encendía una luz en medio de la noche y se levantaba el árbol o Attis, imagen de la resurrección. Entonces la alegría se desbordaba por lo que la fiesta se llamaba Hilarias y los que participaban se gastaban bromas y se disfrazaban.

RISA

Esta alegría nos recuerdo una celebración pascual poco conocida que se llamaba Risus paqualis y que durante la Edad media conseguía que todas las iglesias estuvieran llenas. A la hora del sermón del domingo de resurrección, los sacerdotes tenían la obligación de hacer reír a los fieles y para ello contaban historias cómicas e incluso obscenas. Pero lo importante era provocar la risa porque como decía Rabelais, «le rire est le propre de l’homme» (lo propio y lo limpio).

Y no solo eso, es que la generación santa nace por la risa, Sara al quedar embarazada dijo “Dios me hizo una risa” y Isaac quiere decir precisamente risa.

Recordemos también el fragmento de la IV Bucólica en el que se dice:

 Comienza, niño pequeño, a reconocer a tu madre por la risa… comienza, niño pequeño: aquél a quien sus padres no han reído, un dios no lo ha juzgado digno de su mesa, ni una diosa de su lecho…

Aquí vemos otra relación entre lo sagrado y lo popular: la risa, el arte más antiguo de todas las artes y el más sagrado. Los dioses ríen en el Olimpo con una risa inextinguible.

Llegados a este punto, volvemos a la pregunta inicial ¿Qué queda de lo sagrado en la tradición popular? Y podríamos responder: mucho más de lo que creemos. Cada rito, cada fiesta, cada símbolo guarda en su interior un vestigio de este proceso, de este círculo misterioso que completa la obra de la regeneración.

La tradición popular es la memoria viva de los misterios del hombre, transmitidos de generación en generación. En cada celebración popular late, aun hoy, la invitación a recordar quiénes somos y cuál es nuestro destino: renacer a una vida nueva, riendo.

 

 

 

La entrada SEMINARIO: Lo popular y lo sagrado se publicó primero en Arsgravis - Arte y simbolismo - Universidad de Barcelona.

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