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<p>Tabla de contenidos</p>
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<h4 style="text-align:center;">Arnold Bocklin,La capilla, 1881.</h4>
<p><a href="https://www.arsgravis.com/wp-content/uploads/2026/05/Die-Kapelle.jpg"><img src="https://www.arsgravis.com/wp-content/uploads/2026/05/Die-Kapelle.jpg" alt="" width="500" height="670"></a></p>
<p style="text-align:right;"><em>Sots qui pensez Dieu, allumez le en vous! </em>(Emm. d’Hooghvorst)</p>
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<h4><strong>Después de Dios, Dios. ¿cómo se puede experimentar la palabra “Dios”? </strong><strong>Reflexiones de Taylor, Haas, Kuhn y Cattiaux.</strong></h4>
<p>Después de la Segunda Guerra se extendió la idea gestada anteriormente de que la modernización del mundo conllevaba una “secularizan mediante un proceso que es inevitable e irreversible” como explica Mark C. Taylor en su obra <em>Después de Dios</em>, donde escribe lo siguiente:</p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Nunca estuve convencido de estos argumentos, por dos razones. Primera, demasiado a menudo los críticos no comprendían la intrincada relación entre la secularidad y la tradición religiosa y teológica occidental… religión y secularidad no son opuestos; por el contrario, la secularidad occidental es un fenómeno religioso…</em></p>
<p>Por otro lado, Alois M. Haas en <em>Horizontes abiertos</em> estudia la realidad religiosa en la actualidad y se da cuenta de que, a parte de los fundamentalismos, los filósofos se plantean “la mística sin Dios” o “la mística atea”. Los místicos del pasado siempre han estado al límite de este ateísmo. La negación de las formalidades religiosas en la búsqueda particular los acercó a un ateísmo que con la modernidad de los dos últimos siglos se ha convertido en la valoración de la negatividad subjetiva donde “el Dios” no significa nada (no la-nada).</p>
<p>Los estudios de Mark C. Taylor y Alois M. Haas, entre otros muchos, conducen a al difícil conocimiento de qué sucede “después de Dios”. Los antiguos alquimistas también se apartaron de la oficialidad de la vida del espíritu, tras sus textos arduos plantean una única realidad de Dios: aquella que es presente y evidente, que es concreta (o que concretiza) el último nivel de la vida del espíritu: el alma viva en el oro filosófico. No sabemos de qué hablan exactamente, para ello deberíamos poseer este oro, pero sí que podemos releer a Louis Cattiaux que siguió la estela de los antiguos alquimistas y su lenguaje es más cercano al nuestro.</p>
<p>Sin duda, sus palabras emanan de una experiencia viva. Las palabras sagradas revelan y esconden el misterio del hombre, y el espíritu se encuentra desconcertado ante estas dos posibilidades, entonces piensa, reflexiona, vuelve a pensar… y, obviamente, se desalienta y se aparta de las palabras reveladas, aquellas que según los maestros han sido dictadas por Dios. El pensamiento lógico-deductivo no encuentra sentido a la primera propuesta de las palabras sagradas. No sabe identificar a Dios, a no ser que responda a la idea del Dios dominante de las iglesias exteriores: un absoluto ajeno al hombre, y, por consiguiente, sin verdad.</p>
<p>Thomas Kuhn autor entre otras obras de <em>La estructura de las revoluciones científicas</em> escribe lo siguiente:</p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Para verificar una tesis hay que remitirse a la experiencia. ¿Y qué es una experiencia? ¿Y cuál es, a tal fin, una experiencia válida? ¿Qué lo estipula y, sobre todo, quién?</em></p>
<p>¿Cómo se puede experimentar la palabra “Dios”? Los intelectuales de los últimos siglos han llegado a la negación de Dios por la inexactitud de la “experiencia de Dios” y la palabra se ha vaciado de todo contenido experimental. La palabra “Dios” ya no revela ni esconde. Occidente ha abandonado el paso posterior al enunciado, pues quiere pensar, reflexionar… cuando debería experimentar. Pero, cuidado, no nos referimos a las experiencias que nada tienen que ver con la gnosis. Experiencias que, en sí mismas, se apartan voluntariamente de Dios, que incluso llegan a marginar esta palabra debido a la importancia que se da a la experiencia como único saber, rechazando cualquier otra cosa.</p>
<p>En el mundo premoderno, distintos místicos y alquimistas han propuesto la idea del “Dios vivo” para aunar la tesis de los antiguos con su experiencia verificativa. Autores cercanos a las herejías por haber experimentado la gnosis de “Dios”. En el siglo XX, Louis Cattiaux vivió la misma experiencia, pero en la soledad más profunda de un mundo que directa o indirectamente ya había negado a Dios, y, sobre todo, al “Dios encarnado”. Sin entrar en planteamientos teológicos, Cattiaux verifica la tesis de Dios con su propia experiencia y así reencuentra al “Dios vivo”. La encarnación como fundamento de toda religión. La encarnación que nunca hubiera tenido que dejar de ser dejar una experiencia personal: la tesis de la existencia.</p>
<p>Respecto a ello reproducimos un fragmento de <em>El Mensaje Reencontrado</em>, versículos 24 a 28 del libro 26:</p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Dios no es una abstracción delirante del espíritu humano, como podrían hacer creer las descripciones de ciertos creyentes. Es una realidad viva que se ve, que se siente, que se palpa, que se saborea y que da la vida imperecedera. ¿No es suficiente y maravilloso? / Alguien ha dicho: «Nadie ha visto nunca a Dios», pero nosotros decimos: «Todos ven a Dios cada día, pero nadie le reconoce». ¿Oh, estupor de la evidencia brillante que nadie ve! ¿Oh, humor demasiado cruel del Perfecto que resplandece! ¿Oh, estupidez maldita de nuestra orgullosa malicia que nos ciega totalmente!</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Sólo la evidencia de la vida no se ve ni se cree aquí abajo. Es cierto que la evidencia de la muerte no se entiende mejor. / Incluso los sencillos ya no ven ni adoran al Señor de vida. ¿Quién nos enviará un misionero salvaje para convertirnos a la evidencia y al amor del Altísimo?</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Todo lo que decimos de Dios y todo lo que pensamos de él es falso. Sólo lo que Dios es y sólo lo que Dios hace es verdadero. / Los que se representan a Dios a su imagen son totalmente ciegos e ignorantes. Vanamente recrean en la tierra lo que les deslumbra en el cielo.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Dios no es una hipótesis, es una nube incandescente, es una piedra translúcida, es una realidad viva para siempre. / Ninguna imagen podría darnos una idea de la belleza viva del Único Esplendor celeste.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Hay imbéciles que intentan demostrar con palabras la existencia o la no existencia de Dios. Es, ciertamente, lo más divertido del mundo, o lo más triste. / ¿Cómo se puede demostrar el agua a los peces, si no es sacándolos de ella momentáneamente? Y ¿cómo se puede demostrar la luz a los hombres, si no es sumergiéndolos por un tiempo en las tinieblas?</em></p>
<p>Así, pues, después de Dios, Dios. El Dios de los alquimistas.</p>
<p style="text-align:center;">♦</p>
<h4><a></a><strong>El sentido del olvido y la memoria en la palabra. El espíritu más allá de la religión. Poemas de Valverde y Jiménez. Reflexiones de Heidegger.</strong></h4>
<p>José María Valverde escribió un maravilloso poema, muy profundo como toda su obra, al que llamó: <em>Olvido y memoria juntos,</em> he aquí un fragmento:</p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Cuando toco el alma, encuentro</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>que no es verdad el olvido.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Todo lo que fue una vez</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>vuelve a aparecerse, vivo.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em> Pero todo está olvidado</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>desde antes de haber sido.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Nada de lo que me llega</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>puedo tomarlo por mío.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em> El olvido y la memoria</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>trabajan para lo mismo:</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>van convirtiendo en palabra</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>cuanto atraviesa el espíritu.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em> Se nombra lo que se fue.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>El recordar es mi oficio.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Recordar pasado, ahora,</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>y lo que aún no ha venido.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em> Se nombra lo que se fue.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>El olvidar es mi oficio.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Una niebla de extrañeza</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>me aleja de lo que digo.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em> En la palabra se juntan</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>la memoria y el olvido.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Soy el ajeno a las cosas;</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>yo, que las nombro, estoy mísero…</em></p>
<p>El pasado en el presente, la memoria es también olvido: <em>El recordar es mi oficio… El olvidar es mi oficio. </em>Valverde reconoce la no dualidad del tiempo que se vuelve palabra cuando atraviesa el espíritu. El poeta es ajeno a las cosas. No las crea, más bien las recrea o las revive: <em>Todo lo que fue una vez / vuelve a aparecerse, vivo…. Nada de lo que me llega / puedo tomarlo por mío…</em> Valverde vive del extraño olvido que es el recuerdo. <em>Soy el ajeno a las cosas; / yo, que las nombro, estoy mísero…</em></p>
<p>El poeta, como el profeta, es quien vierte en palabra el misterio de dios/Dios, es su mensajero. No ha vivido el pasado, no vivirá el devenir, sólo contempla lo que está fuera del tiempo, aquello propiamente divino que, a su vez, es su interioridad. En Él está el poeta y, éste, con su muerte llega a ser Él. Así, decir “el misterio del dios” sería tanto como crearlo. El poeta de “la no dualidad” <em>es el ajeno a las cosas; / yo, que las nombro, estoy mísero.</em></p>
<p>El pensamiento del autor sigue a Martin Heidegger, recordemos que Valverde lo tradujo al castellano. El 2 de abril de 1936 y en al auditorio del Instituto de Cultura ítalo-alemán de Roma, Martin Heidegger pronunció una conferencia titulada: “Hölderlin y la esencia de la poesía” (<em>Hölderlin und das Wesen der Dichtung</em>). En dicha conferencia, Heidegger explicaba por qué, a su juicio, la obra de Hölderlin representaba la esencia de la esencia de la poesía, un arte sobre el que afirmaba lo siguiente: <em>La poesía es la instauración del ser con la palabra</em>, su unión. Es importante la traducción de “poetizar”, en alemán: <em>Dichten</em> con las connotaciones, que explica Valverde, de “condensar”, “sintetizar”, “concentrar”, “instaurar”. El ser ―explica Heidegger― encuentra su concentración en la palabra o la palabra lo crea al dar concreción a lo vago o inexistente. Escribe el filósofo:</p>
<p><em>Lo que dicen los poetas es instauración, no sólo en sentido de donación libre, sino a la vez en sentido de firme fundamentación de la existencia humana en su razón de ser.</em></p>
<p style="padding-left:40px;">[También, para no dudar:] <em>En la poesía, por el contrario, el hombre se concentra en el fundamento de su existencia. Allí llega al descanso: verdad es que no al aparente descanso de la inactividad y el vacío del pensamiento sino a ese descanso infinito en que están en actividad todas las fuerzas y relaciones … La poesía concita la apariencia de lo irreal y del sueño frente a la realidad captable y pura en que nos creemos en casa. Y, sin embargo, es lo contrario lo que dice el poeta y se propone ser, lo real</em>.</p>
<p>Para Heidegger el poeta en su escribir hace surgir del sueño del espíritu a la verdadera creación. Nombra al mundo y a sus partes y, al hacerlo, les da existencia en el ser. Dicho de otro modo, el poeta desvela la conciencia de la existencia. Entonces, el ser está en el tiempo y, por consiguiente, vive en el conocimiento de sí mismo. Es el “sí mismo” la conciencia del hombre que es divina. Poetizar, según Heidegger, <em>es nombrar originalmente a los dioses.</em> El filósofo no quiere referirse a la religión, pero no podemos olvidar que poeta y profeta tienen el mismo sentido. El ser en el tiempo no puede ser sin el diálogo entre la vida y la muerte.</p>
<p>La realidad completa del ser humano se refleja en el sobrecogedor sentido de las palabras poéticas, que nos resuenan profundamente porque reconocemos, de modo intuitivo, que forman parte de la obra de los dioses. En la cultura cristiana se habla, y mucho, de que: <em>Dios se hizo hombre</em>, pero se encubre la propuesta complementaria: que <em>el hombre se hace Dios</em>. Entonces, explican los sabios, tiene lugar la fiesta en la que se reúnen todos los reinos de la tierra, todas las iglesias y todas las sectas, en la que se encuentran creyentes y ateos, sabios e ignorantes. Pero, para ello suceda, el Gran Arte, la alquimia debe considerarse como una palingenesia, la palabra empleada por los filósofos griegos para designar la regeneración del mundo, ya que, en griego, <em>palingenesis </em>significa ‘nuevo nacimiento’. Muerte y renacimiento.</p>
<p><a></a><a></a>Encontramos un pensamiento paralelo en Juan Ramon Jiménez que escribió que los dioses no tenían más sustancia que la que él tenía, y añadió lo siguiente:</p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Mi cuerpo no se encela de ti, conciencia, más quisiera que al irte fueras todo él, y que dieras a él, al darte tú a quien sea, lo suyo todo, este amar que te ha dado tan único, tan solo, tan grande como lo único y lo solo. Dime tú todavía: ¿No te apena dejarme? ¿Y por qué te has de ir de mí, conciencia? ¿No te gustó mi vida? Yo te busqué tu esencia. ¿Qué sustancia le pueden dar los dioses a tu esencia, que no pudiera darte yo? Ya te dije al comenzar: «Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo». ¿Y te has de ir de mí tú, tú a integrarte en un dios, en otro dios que éste que somos mientras tú estás en mí, como de Dios? </em>(“Lírica de una Atlántida”)</p>
<p>El poeta de Moguer creó una poesía repleta de filosofía y religión. No de razonamientos y dogmas, sino de dudas y caminos que se abren a partir de ellas. De tal modo, que llega a confundir las palabras y los versos con su conciencia, y la conciencia con los propios dioses, o con su substancia. Juan Ramón es el poeta cuyos versos nombran a unos dioses que no puede separar de sí mismo. Su poesía es la <em>búsqueda de la esencia</em> de la consciencia pues es la substancia de los dioses y del ser-hombre.</p>
<p>Y en su escribir pleno llega a engarzar a Dios con su saber en la consciencia. El poema que comienza: <em>En esa isla que la luna, </em>termina como sigue:</p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Esa congregación, ojos de plata</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>fundida en pensamiento miriante</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>tuyo, dios deseado y deseante,</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>es el oasis definido</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>de mi limpio ideal unánime.</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Que es él, y tu reflejo</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>de ti en conciencia, de ti exacto:</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>paz, claridad, delicias iguales a sus nombres,</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>conciencia diosa una,</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>disfrutadora y disfrutada mía,</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>disfrute de lo májico esencial nombrado.</em></p>
<p>Los poetas, los grandes creadores, van más lejos que las religiones establecidas, puesto que las recrean. Las religiones señalan a dios, los poetas lo encuentran en su arte. Arte del lenguaje que dice a dios. Arte del lenguaje que aúna la consciencia, que inevitablemente está en la existencia, con la divinidad.</p>
<p style="text-align:center;">♦</p>
<h4>Dios deseado y deseante</h4>
<p>Juan Ramón Jiménez explica su encuentro con <em>el dios deseado y deseante</em>, el dios inmanente y trascendente que ocupó sus últimas reflexiones. El autor no llegó a completar esta obra pero la fuerza de su expresión es un colofón magnífico a un poeta que busca y encuentra a dios.</p>
<p style="padding-left:40px;"><em>Tú esencia, eres conciencia; mi conciencia</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>y la de otro, la de todos,</em></p>
<p style="padding-left:40px;"><em>con forma suma de conciencia…</em></p>
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<p>La entrada <a href="https://www.arsgravis.com/belleza-y-conocimiento-sexta-parte/">NOVEDAD. Belleza y conocimiento. Sexta parte</a> se publicó primero en <a href="https://www.arsgravis.com">Arsgravis - Arte y simbolismo - Universidad de Barcelona</a>.</p>
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