
<p><em>Requiem… non nobis</em></p>
<p>Sigamos avanzando en los artículos relacionados con la evolución escritos por el Dr. Wolfgang Smith<a href="https://unamiradaaltiempo.wordpress.com/#_ftn1">[1]</a>. A este punto nos parece importante destacar ciertos conceptos que, en muchos casos, se usan de forma indiscriminada por el vulgo en general creyente de la evolución; léase bien “creyente”, porque, como hemos expuesto en entradas anteriores, la evolución no es más que una creencia.</p>
<p><strong>Entre evolución, mutación y especies</strong></p>
<p>Entre lo que debemos aclarar está el concepto de mutación, tan querido por los acólitos de la evolución, tanto así que hasta una serie de cómics, con sus respectivas películas, alaba la mutación como si se tratase del mecanismo bajo el cual la evolución actúa y llevaría a la humanidad al siguiente nivel.</p>
<p>La palabra “mutación” viene del latín <em>mutatio, -onis</em>, lo que significa cambio. En biología se entiende como el cambio brusco y aleatorio en el material genético de un ser vivo (ADN o ARN), que puede ser heredable. Puede afectar la secuencia de nucleótidos de un gen (mutación génica), la estructura de los cromosomas (mutación cromosómica) o el número de cromosomas (mutación genómica).</p>
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<p>Por otro lado, en biología, especialmente en la biología moderna y evolutiva, la definición más ampliamente aceptada y funcional es el concepto biológico de especie propuesto por Ernst Mayr<a href="https://unamiradaaltiempo.wordpress.com/#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p>«Una especie es un grupo de poblaciones naturales cuyos miembros pueden cruzarse entre sí y producir descendencia fértil, pero no pueden —o normalmente no lo hacen— cruzarse con miembros de otras poblaciones».</p>
<p>En la filosofía tomista, el concepto de especie no es una categoría biológica o taxonómica basada en la reproducción, sino una categoría metafísica y lógica que se refiere a la naturaleza esencial de un ser.</p>
<p>Una especie es una esencia compartida por un grupo de individuos, la cual los distingue fundamentalmente de los individuos de cualquier otra especie. Se define por el género —lo que tienen en común con otros seres de una categoría más amplia— y la diferencia específica, aquello que los distingue dentro de ese género.</p>
<p>De lo antes dicho, sabemos que las mutaciones nunca son buenas; todas, léase bien todas, son de orden degenerativo. Por norma general, los individuos que las padecen no pueden reproducirse. Con esto en mente, ¿cómo se puede apoyar una tesis de transformación de las especies en la mutación, viendo que ella es siempre negativa y que, de algún modo, parece ser rechazada por la propia naturaleza?</p>
<p>Entre tanto, viendo las diferencias entre la definición biológica y tomista de especie, se intuye que el paso o transformación de una especie en otra es imposible, porque desde la metafísica cada especie, en esencia, es diferente a otra. Por tanto, la forma que constituye una especie no cambia o se transforma en otra. Desde el punto de vista natural y material, un ser de una especie, si no tiene a otro de la misma, no puede reproducirse. Por ende, esa historia de la evolución mediante la transformación o cambio a otra especie es imposible, ya que se tendría que tener, en el mismo espacio geográfico y temporal, por lo menos dos nuevos individuos con la diferenciación de especie y con toda la carga genética de la misma para que puedan reproducirse, lo que, bajo los postulados de Charles Darwin sobre una evolución lenta y paulatina, es imposible.</p>
<p>Todo esto nos parece producto de ideas irracionales que vienen de la mano de la ruptura con el Logos y la razón por parte de lo que hoy llamamos Occidente, allá por el Renacimiento: rechazo a la metafísica y a la razón cristiana basada en el ser, expuesta por Tomás de Aquino, y sustitución por una visión voluntarista, sentimental y de dialéctica kabalista, que solo y únicamente bajo su auspicio podía dar nacimiento al error darwinista. Sin extenderme más, veamos lo que nos dice el Dr. Wolfgang Smith:</p>
<p><em>Otra fuente tradicional de evidencia no debe omitirse de este resumen: a saber, los experimentos de cría y genética, que arrojan luz sobre el grado de variabilidad de las formas vivas. El propio Darwin quedó muy impresionado por el hecho de que se pueden producir nuevas variedades de una especie determinada mediante la cría selectiva, y en cierto sentido esta observación constituye el punto de partida de su teoría. En cierto modo, la cría selectiva era para Darwin el modelo principal del proceso evolutivo. Lo que la cría hace en miniatura, la Naturaleza lo logra a gran escala mediante el mecanismo de la selección natural: esa era la esencia de su idea. Y así, El origen de las especies comienza con un capítulo titulado “Variación bajo domesticación”, y uno descubre que todo el argumento posterior gira en torno al concepto de variabilidad que este conjunto de observaciones pretende ejemplificar . Pero al evaluar sus afirmaciones, debemos tener en cuenta —tanto por justicia hacia Darwin como por interés de la verdad— que en 1859 la biología moderna aún estaba en sus inicios. En ausencia de información sobre genes, herencia mendeliana, mutaciones, el sistema endocrino y otros factores vitales que influyen en la variabilidad de las formas de vida, difícilmente se podían hacer grandes extrapolaciones a partir de los hechos observables. Analizando el asunto a la luz del conocimiento actual, consideremos ahora cuáles son los hechos genéticos y a qué conclusiones se puede llegar.</em></p>
<p><em>Ciertamente, hay que admitir, en primer lugar, que la cría doméstica no va más allá de los límites de la especie. Así, después de miles de generaciones de cría, un perro sigue siendo un perro, y a pesar de la considerable variación en tamaño, proporciones, coloración, etc., cada variedad obviamente lleva la impronta característica de la forma básica. Además, es bien sabido que a medida que se pasa de las razas salvajes a las razas superiores, la producción de nuevas variedades se vuelve progresivamente más difícil: el potencial para nuevas formas, al parecer, no es ilimitado.</em></p>
<p><em>Y el panorama sigue siendo sustancialmente el mismo que ocurre con los experimentos de reproducción científica, como los famosos estudios que involucran a la mosca de la fruta, Drosophila melanogaster. Aunque estos experimentos, que involucran millones de especímenes y miles de generaciones, han producido anomalías en abundancia, parece que no se ha formado ninguna especie nueva. Incluso la aplicación de rayos X, que aumenta la tasa de mutación en un factor de aproximadamente 15.000, no ha alterado este hecho. Con otras especies, también, el resultado ha sido el mismo. A pesar de los enormes esfuerzos realizados durante la mayor parte de un siglo, nadie aparentemente ha logrado efectuar una transformación clara de la especie natural. Dicho en términos positivos, esta es una evidencia abrumadora a favor de la estabilidad de las formas vivas. Como ya señaló Caullery hace medio siglo, cuando proclamó la stabilité expérimentalement constatée des organismes actuels:</em></p>
<p><em>Contrariamente a lo que se podría haber imaginado durante unos cincuenta años, investigaciones recientes han confirmado la idea de la estabilidad existente de las formas animales y vegetales, y han relegado sus variaciones a fenómenos puramente individuales sin retención en la línea hereditaria, o a una diversificación limitada prácticamente contenida dentro del tipo de cada especie.</em></p>
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<p><em>En teoría, el descubrimiento de los genes y el mecanismo mendeliano de la herencia habían asestado un duro golpe al concepto darwiniano de variabilidad ilimitada. Luego vino el descubrimiento de las mutaciones, lo que generó esperanzas de que estos “saltos cuánticos” pudieran proporcionar la flexibilidad necesaria. Sin embargo, esto también ha resultado decepcionante para los evolucionistas. En primer lugar, pronto se supo que las mutaciones son casi invariablemente perjudiciales. Como lo expresó un premio Nobel: “La mayoría de las mutaciones son malas. De hecho, las buenas son tan raras que podemos considerarlas todas como malas”. Por lo tanto, la expectativa de que el mecanismo principal para el progreso evolutivo se encuentre en un proceso que invariablemente va en la dirección equivocada parece dudosa desde el principio. Pero no solo la dirección, sino también la magnitud de las variaciones mutacionales, ha resultado decepcionante. “Hoy se sabe”, escribe Bounoure, “a través de los estudios de los genetistas, que la mutación afecta solo a detalles relativamente menores y nunca se extiende más allá del grupo de la especie”.</em></p>
<p><em>Surge la pregunta de si el panorama ha cambiado sustancialmente desde 1973 tras el descubrimiento del empalme genético o “investigación de ADN recombinante”, como se denomina oficialmente esta técnica. Sin duda, se han presentado numerosas afirmaciones extravagantes y, como suele ocurrir en lo que respecta a la evolución, la línea divisoria entre la realidad y la fantasía se ha desdibujado Así, se nos dice una y otra vez que el llamado mecanismo genético de la evolución finalmente ha sido revelado, y que ahora estamos en condiciones de comprender con precisión cómo opera la evolución, <strong>¡como si supiéramos desde el principio que alguna vez han ocurrido transformaciones macroevolutivas!</strong> También hay quienes plantean el caso con más modestia; se afirma, por ejemplo, que «la genética molecular seguramente ofrece una defensa mucho mejor del darwinismo que la que ofrece la paleontología», una afirmación que, en realidad, dice muy poco.</em></p>
<p><em>Pero incluso esto parece prematuro; pues, como afirmó Edward Wilson, el evolucionista de Harvard, en una reunión de la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias (sobre el tema de «Darwinismo: La síntesis en expansión con la genética molecular»): «dentro de unos pocos años comenzaremos a ver algunas respuestas a las preguntas evolutivas a nivel molecular». Quizás; pero mientras tanto hay que admitir que, tal como están las cosas, la genética molecular “no tiene mucho que decir sobre la especiación, sobre la macroevolución o sobre las tasas de evolución”, como Wilson continúa observando. Parece haber una expectativa generalizada entre los expertos de que algún día lo hará.</em></p>
<p><em>“En última instancia”, conjetura Rudolf Raff, “los mecanismos evolutivos probablemente se explicarán en términos de estructura y reordenamientos genéticos, pero queda un largo camino por recorrer”. A lo que se podría añadir que antes de que la macroevolución pueda explicarse en absoluto, uno Primero tiene que establecer que existe; y aquí también “queda un largo camino por recorrer”. Mientras tanto, nos guste o no, una constancia inviolable de las especies sigue siendo el hecho empírico primordial</em></p>
<p>De todo lo expuesto por el Dr. Wolfgang Smith es claro el hecho de la estabilidad existente en las formas animales y vegetales. Y esto es así si consideramos lo dicho al principio, la forma, que constituye la esencia de las especies en los seres vivos. <strong>Asumir la posibilidad de una transformación gradual de una especie en otra implicaría admitir una inestabilidad esencial de las formas y, por tanto, una negación de los principios ontológicos estables que rigen a los seres vivos.</strong></p>
<p>Y esto se confirma al ver que la eterna esperanza de los evolucionistas, es decir, la mutación, solo afecta detalles, esto es, procesos microevolutivos que nunca llevan al cambio de una especie en otra. Es así como, tomando la cita de Edward Osborne Wilson que hace el Dr. Smith, podemos decir que las ideas de Charles Darwin, mantenidas y maximizadas hasta el día de hoy, «…no tienen mucho que decir sobre la especiación, sobre la macroevolución o sobre las tasas de evolución».</p>
<p>De allí que muchos genetistas hayan abandonado las ideas evolucionistas, pues los genes demostrarían que lo que entendemos como macroevolución y la transformación de una especie en otra es imposible. Entonces, si la física y la metafísica de los seres vivos demuestran el error de las premisas de Darwin, ¿por qué hoy se sigue pensando en términos de evolución y defendiendo esta teoría?</p>
<hr>
<p><a href="https://unamiradaaltiempo.wordpress.com/#_ftnref1">[1]</a> Como en las entradas anteriores, texto tomado del trabajo de Dr (Smith, 2021) Cosmo and Transcendence</p>
<p><a href="https://unamiradaaltiempo.wordpress.com/#_ftnref2">[2]</a> Mayer, 1968 Especies Animales Y Evolución</p>
<p><a href="https://unamiradaaltiempo.wordpress.com/2026/05/29/contra-evolucionismo-iv-de-la-estabilidad-existente-de-las-eormas-animales-y-vegetales/" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p>
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