Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

viernes, 27 de marzo de 2026

Presentación de Mos Maiorum, nº X


¿Trump antiglobalista?

Nos complace anunciar una nueva entrega de nuestra revista Mos Maiorum a nuestros seguidores y lectores, en esta ocasión consagrada a un tema de actualidad con el Dossier Trump vs Globalismo. Una antítesis impostada. Hemos considerado oportuno analizar las raíces culturales e ideológicas del renovado fenómeno trumpista en su segundo mandato, algo fundamental para conocer cómo serán las posibles trayectorias geopolíticas de la nueva administración estadounidense. No obstante, no debemos obviar que el trumpismo no es un fenómeno autónomo ni la expresión de algo totalmente nuevo, con unos orígenes vanguardistas, ni mucho menos. El trumpismo está íntimamente inserto en la realidad ideológica y evolución histórica de la nación estadounidense, fuertemente imbricada en una serie de patrones con una impronta prolongada en el tiempo.

El trumpismo debe ser analizado, sin duda, a la luz de los acontecimientos que se vienen sucediendo a raíz de su segundo mandato, con el uso de la propaganda por redes y todo un aparato mediático especialmente poderoso, que ha contribuido a generar un cierto estado de opinión, especialmente a partir de la pretendida (y totalmente falsa) idea de que Trump representa una oposición frente al globalismo rampante de nuestros días, frente a lo que se ha denominado desde ciertas trincheras político-ideológicas del sistema como «pensamiento woke», y que nosotros no compartimos ni en el contenido ni en la propia formulación del término —vinculado a la alt-right— ya normalizado y de uso corriente. Según este relato, Trump representaría la reivindicación de la causa nacional (la estadounidense) frente a las élites transnacionales, contra la deslocalización económica, el cosmopolitismo liberal y las ingenierías sociales promovidas por esa «izquierda woke». Sin embargo, un análisis más minucioso, atendiendo a las dinámicas de la política estadounidense y del propio modelo en el que éste se sustenta, por tipo humano, mentalidad y evolución histórica, y en última instancia por el propio ejercicio de su hegemonía global, queda al descubierto que se trata de una antítesis impostada.

Es cierto que a nivel interno, gracias a un uso intensivo de las redes sociales, la propaganda y otros medios masivos, Trump ha sabido capitalizar el malestar generado por ciertas políticas de administraciones anteriores, en las que se venían implementando medidas de globalización económica, desindustrialización y precarización social. Trump supo capitalizar este malestar a través de una retórica contraria al establishment, reivindicando políticas proteccionistas (el tema de los aranceles en el comercio mundial), que algunos, especialmente entre los acólitos de ciertos sectores de derechas en la Europa occidental, interpretaron como un desafío al orden global del liberalismo hegemónico.

Sin embargo, y como era de esperar, esta retórica no se tradujo en ningún cambio de tipo estructural ni en rupturas significativas. Más bien podría hablarse de una reconfiguración del mismo. Y a día de hoy podemos confirmar que el trumpismo no ha reformulado ni modificado las bases del poder geopolítico ni el entramado financiero en el que se sustenta la hegemonía estadounidense en el mundo. Y en este terreno, lejos de cuestionar los vínculos y subordinación de Estados Unidos a la geopolítica israelí, se ha visto reforzada durante este segundo mandato con las consecuencias de actualidad, ya por todos conocidas con la agresión militar conjunta que ambos han perpetrado contra la integridad territorial de la República Islámica de Irán. Y este modelo geopolítico en Oriente Próximo es precisamente la punta de lanza del anglosionismo en el mundo actual. Una prueba del refuerzo significativo de esta alianza la tenemos en diversos hechos como, por ejemplo, el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén —para cumplir con las delirantes raíces puritano-mesiánicas, que han sido una constante permanente a lo largo del devenir histórico norteamericano—, el reconocimiento durante el primer mandato trumpista de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán o la implementación de los Acuerdos de Abraham, con la intención ulterior de construir una alianza frente a Irán. Todas estas medidas, como se puede apreciar, están en plena consonancia con las demandas sionistas, como sucede también con los planes en relación a Palestina, plenamente funcionales a los intereses de Israel.

La realidad que subyace es que Trump, y el trumpismo —del cual se puede hablar de pleno derecho, como prolongación de ciertas tendencias de la era Reagan, ligado a la influencia de los cristianos sionistas— no constituyen ninguna alternativa frente al globalismo progresista y a lo woke, sino que opera dentro del mismo marco estructural, en plena coherencia y dando continuidad al proceder de otras administraciones precedentes, limitándose a modificar cierto estilo y narrativa, pero dentro de una operación puramente cosmética.

Esta dinámica no es novedosa, sino que representa una constante en la política de la democracia de masas moderna, generando falsas oposiciones capaces de canalizar el descontento popular sin poner en peligro al sistema que lo genera. Es lo que ya vivimos de manera habitual en las democracias liberales de mercado, a través del enfrentamiento y antagonismo entre izquierdas y derechas, presentadas como compartimentos estancos de ideas, en las que la aceptación de una u otra facción conlleva un lote ideológico aparejado, que aquel que se declara de «izquierdas» o «derechas» debe sostener en su conjunto. Lo vemos a través de las izquierdas con el falso apoyo a Palestina, en una causa reducida a un mero fetiche, como medio de agitación para sus electores, o el caso de las derechas con Israel, entidad frente a la que se muestran serviles y obedientes. Esto nos llevaría a hablar de la influencia de lobbies y determinadas obediencias que, de manera invariable, someten a intereses extranjeros a las oligarquías de partido en las diferentes democracias de libre mercado homologadas en toda la Europa occidental.

Un tipo humano, un modelo antropológico

Por ese motivo hemos considerado necesario abordar el tema del americanismo en sus más variadas manifestaciones, dentro del orden geopolítico, pero también en el ámbito del pensamiento y la tradición. La irrupción de un trumpismo renovado y la necesidad de desentrañar sus raíces culturales, ideológicas e incluso antropológicas así como su inserción dentro de un proceso de evolución histórica, cuya manifestación exterior llevamos viviendo no solo desde 1945 y el orden de Yalta, ya prácticamente liquidado, sino desde el siglo XIX —con la formulación de la doctrina Monroe o la Guerra de 1898 contra España—, nos obliga a reflexionar sobre ese futuro que se proyecta en el horizonte, donde parece que el derecho internacional, una ficción ya insostenible, va dejando paso a la imposición de la fuerza y el poder, a la consumación por la vía de los hechos.

Pero para comprender la naturaleza profunda de las acciones del Imperio, debemos desentrañar antes los aspectos que lo han vertebrado en el devenir de los siglos, desde su independencia en 1776, siguiendo todo su itinerario decimonónico hasta la consagración de su poder en los albores del pasado siglo, especialmente a partir de un hecho especialmente traumático para nosotros, españoles, y para quienes lo vivieron en un plano intelectual y humano bajo la denominada Generación del 98 con la liquidación de los últimos territorios ultramarinos del Imperio Español. Pero ya no podemos entender el fenómeno de lo «americano», que ha fagocitado por completo la idiosincrasia y el ser de todo un continente, bajo parámetros puramente geográficos, ni como una identidad nacional concreta, ubicada en Norteamérica, sino que debemos abordar tanto los aspectos de la geopolítica actual, los que nos afectan en unas condiciones convulsas y de incertidumbre, así como en un plano espiritual, antropológico, cultural y filosófico.

En las páginas que siguen tratamos de analizar esas realidades de alcance amplio, dotadas de su propia coherencia interna, de esa vocación expansiva, universalizadora y homologadora, que pretende moldear la realidad a su propia imagen. El dossier de este número nace de la necesidad de comprender esta realidad que nos condiciona hasta en los aspectos más cotidianos, y que supone penetrar en las estructuras profundas que sostienen una mentalidad, un estilo de vida y una forma de poder. Porque el Imperio estadounidense va más allá de la hegemonía global de un modelo político e institucional y de una economía dominante. Implica, sobre todo y ante todo, un modelo de hombre, un tipo humano.

Esta mentalidad ha construido una buena parte del mundo moderno, nos ha dotado de un imaginario concreto en detrimento de otro que nos era más propio, más intrínseco a nuestra naturaleza particular. Su carácter expansivo y su sentido pragmático, y una visión mecanicista profundamente conectada al dominio técnico de la realidad y a la transformación constante de lo existente. Su carácter estructural y profundo, su imbricación en todos los ámbitos de nuestra vida, como europeos y españoles, ha marcado una tensión permanente hacia el futuro, en una tendencia hacia la desnaturalización, hacia la pérdida de identidad y soberanía, al amparo de un espíritu americanocéntrico que aparece como la forma más coherente y radical de la modernidad. Y en esta modernidad Europa ha vivido su modernización desde la fractura en un proceso ambiguo de crisis donde todo destino viene determinado desde el otro lado del Atlántico.

Estados Unidos ha perdido su marco originario, para convertirse en una fuerza estructurante del mundo contemporáneo, engendrando todo el marco cultural y político del llamado Occidente, que al fin y al cabo no es otra cosa que una construcción ideológica que ha venido generando dicotomías y antagonismos peligrosos e insoslayables: el Occidente liberal e ilustrado frente a otras realidades irreductibles, donde el dominio de la barbarie y la sinrazón convierten a países y regímenes en «enemigos de la humanidad», en una amenaza que hay que neutralizar y homologar con el resto de naciones, con ese Occidente americanizado que desangra naciones enteras bajo la opresiva lógica de su mentalidad mercantilista, con realidades inorgánicas, sociedades en plena descomposición y los dictámenes de Agendas globales y tecnocráticas.

Mientras preparábamos este número, se ha perpetrado la agresión de Estados Unidos e Israel al régimen iraní, que los medios de desinformación masiva han disfrazado, cínicamente, de «ataque preventivo», y que a través de bombardeos indiscriminados contra la población civil, a la que dicen querer «liberar», se han cobrado ya innumerables víctimas. Es un ejemplo, uno más, de la lógica con la que actúa el Imperio y sus adláteres, como Israel, cuya geopolítica en Oriente Próximo se parapeta en torno al poder norteamericano. Y es aquí donde se muestra esa lógica uniformizadora e incapacidad, más allá de los intereses y ambiciones geopolíticas, del carácter unidimensional e irreductible de este tipo humano, el «americano», que es incapaz de reconocer la legitimidad de otros regímenes políticos que no sean su democracia de libre mercado, mercantil, abstracta y universalista, frente a la que no tienen cabida las particularidades étnicas, religiosas o históricas de cada pueblo. Una humanidad estandarizada, homologada y nivelada por el rasero más bajo.

Mos Maiorum: un proyecto consolidado

Paralelamente, y con la publicación del presente número, conmemoramos ya la decena de números de Mos Maiorum, una revista que comenzó su andadura allá por el verano de 2019 con una serie de artículos variados, que con el paso del tiempo ha ido ganando forma, solidez y estructura. Esta evolución no ha sido casual, sino resultado de un trabajo constante y reflexivo, orientado a construir un espacio intelectual donde la Tradición, la cultura y la crítica al orden liberal contemporáneo pudieran encontrarse y desarrollarse con rigor. Especialmente a partir de la publicación del número VII, bajo el título «Contra el liberalismo», la revista adquirió mayor identidad, con un dossier central que abordaba uno de los grandes caballos de batalla ideológico de nuestro tiempo: la ideología hegemónica que, no solo domina los discursos presentes, sino que moldea la totalidad de la contemporaneidad, imponiendo sus paradigmas, su lenguaje y sus prioridades.

Alcanzar la decena de números implica mucho más que un simple hito cronológico. Representa la confirmación de una regularidad y de una continuidad sólidas, características esenciales para la consolidación de un think tank intelectual que aspira a intervenir con eficacia en la batalla de las ideas. Mos Maiorum se presenta así como un frente consolidado, capaz de ofrecer contenidos de garantía, análisis profundos y reflexiones estratégicas, sustentado en un elenco de colaboradores cada vez más amplio y cualificado. Este equipo, dotado de un notable bagaje académico e intelectual tampoco rehúye el compromiso combativo, entendiendo que la defensa de la Tradición y la crítica al mundo moderno no pueden limitarse a meras declaraciones vacías, sino que exigen constancia y determinación.

Con diez números publicados, también representan un síntoma evidente de madurez y cohesión, que desde esos primeros pasos ha ido perfilando una línea editorial definida, capaz de abordar los problemas del presente con mirada crítica y fundada en una perspectiva que trasciende lo inmediato. Desde la geopolítica, la historia, la filosofía o la exposición de temáticas tradicionales, hemos explorado enfoques y perspectivas variados, pero todos ellos convergentes y funcionales a un único propósito y en una única dirección, que no es sino, el compromiso con las ideas, valores y principios que conforman nuestra Cosmovisión, que impregnan toda nuestra labor, tanto en los libros como en los artículos del blog que complementan nuestra actividad.

En definitiva, celebrar estos diez números es, sin duda, un homenaje a nosotros mismos, obviamente, pero también a nuestros lectores y al pensamiento alternativo, crítico con el discurso dominante, a la resistencia frente a las mentiras de un mundo falsificado, impostado, en el que reina la perversión y la manipulación por doquier, donde la verdad en sentido objetivo y eminente, desde un plano superior, que pese a haber sido mancillada, debe ser buscada y anhelada siempre. Estos valores e ideas nos amparan, y en ellas seguimos confiando en lo sucesivo, en lo mucho que todavía queda por hacer.

Por este motivo seguimos invitando a nuestros lectores y seguidores a continuar acompañándonos en esta aventura y mantener viva la llama de la rebeldía contra la modernidad y sus iniquidades.

Para terminar, queremos agradecer a todos aquellos que han colaborado en este número, y que han contribuido al pensamiento alternativo que desde estas lides promovemos, a Daniele Perra, Carlos X Blanco, David Lara Miguez, Nicola Farinelli, Michele Ruzzai, Andrea Falco Profili, Luis Landeira, Daniel Branco, Pietro Missiaggia, Carlos Andrés Gómez Rodas, Alessio Caccioppoli, Silvano Lorenzoni y Francisco José Fernández-Cruz Sequera.

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*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.

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