Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

viernes, 27 de marzo de 2026

QUIEN TE DA HUESO


Un manuscrito del siglo XV denominado Seniloquim (lo que significa “hablar propio de la vejez”) contiene un viejo  proverbio que tuvimos ocasión de comentar en nuestros libros La cábala de los proverbios (Barcelona, 1999) y Los refranes esotéricos del Quijote (Barcelona, 2005). Dado que hemos  vislumbrado un nuevo sentido a este proverbio a la luz de la Torah, vamos a exponerlo y desarrollarlo.

El proverbio en cuestión es, en el Seniloquim, “quien te da hueso no te querrá ver muerto”; nosotros comentamos una variante, “quien te da hueso no te quiere ver muerto”. Este refrán también fue comentado por Carlos del Tilo en su trabajo El libro de Adán (Tarragona, 2002) donde apoyándose en el Midrash Rabbah relaciona brillantemente el hueso en cuestión con Luz, el “hueso de la inmortalidad” y acaba su artículo citando otro proverbio no menos interesante:

“hueso que te cupo en parte, róelo con sutil arte”.

Antes de entrar en materia, comenzaremos por lo evidente: aquel que da el hueso y aquel que no nos querría ver muertos, eso es que nos querría ver siempre vivos, es el mismo. Es al menos lo que nos dice una primera lectura literal del refrán. Pero, ¿quién es?

Se trata evidentemente del Eterno, que creó al hombre para la vida eterna y no para que muriera. En el Midrash Rabbah de Bereshit (34,4) podemos leer que:

לא נברא אדם אלא לחיות

“El Santo, bendito sea, no creó al hombre sino para vivir”.

Es obvio que quien no te quiere ver muerto lo que desea es verte vivo. También es obvio que en nuestro estado caído, todos somos como muertos.

Podemos preguntarnos también de qué hueso está hablando nuestro proverbio. Sin pretender invalidar lo que dice Carlos del Tilo a propósito de Luz, señalaremos que cuando el Eterno entrega Eva a Adán (Génesis II-23), nuestro primer padre le dice que “ésta” (Zoth) es:

עצם מעצמי, ובשר מבשרי

“hueso de mis huesos y carne de mi carne”.

Refiriéndose a Etzem me-Atzamai (עצם מעצמי), “hueso de mis huesos”, designado como Zoth (זאת), “ésta”, nos hallamos ante término que, en la interpretación cabalística, se vincula con la bendición.

En cuanto a Zoth (זאת), “ésta”, la mujer que le es entregada a Adán, recordemos que Louis Cattiaux dijo que “La mujer dulce y limpia es una bendición fragante del Señor”.

En esta misma línea, Louis Cattiaux también afirmaba: “el principal alimento celeste es la bendición de Dios”. Así, quien da el hueso es también quien otorga la bendición, conocida también como “pan del cielo”. Sin él, todos estamos muertos.

Y en lo que se refiere al refrán que dice “hueso que te cupo en parte, róelo con sutil arte”, no podemos dejar de ver también en él un evidente sentido cabalístico. La raíz hebrea Jelek (חלק), significa “dividir”, pero no de una manera violenta o grosera, sino suavemente, “con sutil arte”.

Un “hueso” se refiere a algo difícil como, por ejemplo, un pasaje difícil de interpretar de la Torah. Jelek (חלק), “parte”, en referencia a una porción de la Torah, se escribe igual que Jalak (חלק), “liso”, “pulido”, “sin rugosidad”. El hueso ha sido bien roído.

Pero lo más sorprendente lo encontramos en la etimología latina de “roer”. Este verbo procede de rodere, “desgastar poco a poco”, que podemos asociar tanto con la idea de roer como la de rodear o dar vueltas alrededor de algo. Esto nos lleva a Pirke Avot (4,5) donde leemos:

הפוך בה והפוך בה, דכלא בה

“Dale vueltas y dale vueltas, porque todo está en ella”.

Algo que podemos leer como: roe el hueso y vuelve a roerlo, pues en él reside la esencia de la vida.

Así, Dios nos ha dado la Torah, dura como un hueso para los de corazón endurecido, no para que la contemplemos desde fuera, sino para que la roamos hasta extraer de ella su sustancia. No basta con permanecer en el Pshat, en el sentido literal: hay que atravesarlo, desgastarlo, ir más allá, hasta alcanzar el Sod.

Quedarse en el Pshat fue, en cierto modo, el destino de Ben Azzai: entró en el Pardes y murió, no pudo integrar lo que vio.

Y, sin embargo, la tradición misma nos advierte con una fórmula recurrente del midrash: Bo Roeh (בוא ראה), “ven y mira”. No es una invitación a mirar superficialmente, sino a comprender, a penetrar. “Mira” (roeh) resuena, casi como un eco, con “roe”: como si la propia lengua insinuara que ver de verdad exige roer, desgastar la letra hasta que ceda su secreto.

JULI PERADEJORDI

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