Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

jueves, 24 de septiembre de 2026

El centro: punto de origen, lugar de regreso


<h4>Simbólicamente, el centro representa el origen de todas las cosas, el punto de equilibrio y unidad del que todo surge y al que todo retorna. Uno de los anhelos del ser humano ha sido siempre alcanzar ese lugar de armonía y paz al que, además, hemos identificado con el hogar.</h4> <p><span></span></p> <p> </p> <blockquote> <p style="text-align:left;"><i>Ten siempre a Ítaca en la memoria.</i></p> <p style="text-align:left;"><i>Llegar allí es tu meta.</i></p> <p style="text-align:left;"><i>Más no apresures el viaje.</i></p> <p style="text-align:left;"><i>Mejor que se extienda largos años…</i></p> <p style="text-align:left;">(Konstantino Kavafis)</p> <p style="text-align:left;"> </p></blockquote> <p>Los griegos llamaron <span>νόστος</span> (<i>nóstos</i>) al regreso al hogar, al viaje de vuelta a la patria y, tal vez, ningún relato simboliza mejor este concepto que la <i>Odisea</i>, la gran epopeya homérica que cuenta el retorno del héroe a la isla de Ítaca y todas las aventuras que vivió por el camino.</p> <p>Sabemos que existe, en el ser humano, un anhelo profundo de pertenencia, de establecer vínculos afectivos estables (Baumeister, R. F., &amp; Leary, M. R., 1995). Y es, justamente, el hogar, aquel espacio familiar —consanguíneo o no— donde eso puede hacerse realidad. Es el lugar donde nos sentimos seguros, aceptados, amados, donde construimos una parte importante de nuestra identidad. Es el lugar al que, consciente o inconscientemente, deseamos volver, incluso si nunca lo hemos conocido, incluso si ya lo hemos perdido. El gran Fernando Pessoa lo expresó con gran belleza en una célebre metáfora: «<i>Un barco parece ser un objeto cuyo fin es navegar; pero su fin no es navegar, sino llegar a puerto»</i> (<i>Libro del desasosiego</i>, 1982).</p> <p>El hogar es el origen, el centro y el fundamento de lo que somos. Es el cimiento de nuestra existencia y el pilar que nos sostiene. Del hogar nos marchamos, pero al hogar regresamos. Con lo vivido. Con lo aprendido. Con lo transformado. Casi podría ser una ley de vida: es necesario irse para volver. Es necesario salir hacia fuera para retornar hacia dentro. Es necesario perderse para encontrarse. Es necesario investigar en el exterior, para comprender que las respuestas están en el interior.</p> <blockquote><p>Ese hogar, ese centro «espiritual» que deseamos alcanzar ha sido llamado Olimpo, Paraíso, Shambala o Shangri-La, pero, ¿nos ha explicado alguien cómo podemos llegar hasta él? Afortunadamente, los místicos, los sabios o los filósofos han dejado indicios que señalan el camino</p></blockquote> <p>A ese periplo laberíntico tan humano, que consiste en abandonar lo conocido y lanzarse a la aventura,<a href="https://elhombreylodivino.com/las-formas-de-la-mediacion-joseph-campbell-y-las-mascaras-de-dios/"> Joseph Campbell</a> lo bautizó, con gran acierto, «<i>el viaje del héroe»</i>. Y lo explicó como un patrón universal que puede descubrirse en numerosos mitos de diferentes lugares y épocas. El héroe es un Quijote que lucha contra molinos, un Loco que va confrontando arcanos, un hobbit que tiene que encontrar un anillo o un caballero jedi que quiere salvar a la galaxia. Sin embargo, de acuerdo con Campbell, el protagonista de ese <i>monomito </i>deberá, en algún momento, terminar sus peripecias y regresar al hogar, habiendo superado pruebas y recorrido laberintos, habiendo sido iniciado y descendido a los infiernos —catábasis y anábasis como parte fundamental del proceso—. Habiendo, finalmente, integrado los nuevos conocimientos que aprendió en el camino.</p> <div style="width:544px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/09/Remedios-Varo_Naturaleza-muerta-resucitando-1.png" alt="" width="534" height="695"><p>«Naturaleza muerta resucitando» (1963), de Remedios Varo.</p></div> <p>Pero, ¿cuál es, exactamente, el lugar al que hay que volver? ¿cómo saber dónde está la patria verdadera?, ¿dónde el hogar legítimo, en un momento en que hay tantos y tan cautivadores espejismos? Y, ¿cómo no perdernos si no disponemos de un mapa para llegar hasta él? Nosotros somos esos héroes, esas heroínas en movimiento; esos héroes y heroínas que buscan dar respuesta al eterno anhelo de pertenencia, que sueñan con alcanzar aquella «<i>estrella inalcanzable»</i> a la que cantaba Sinatra. Siguiendo con Pessoa, «<i>nosotros nos encontramos navegando, sin la idea del puerto al que deberíamos acogernos»</i>.</p> <p>Sin embargo, a pesar de todas las dudas y las preguntas, nos lanzamos a la aventura, salimos a caminar en busca de la consecución de nuestros anhelos. Pero, con tantas incertidumbres, el proceso, a veces, se hace largo y pesado, tanto es así que puede llegar a confundirnos. Por ello, es posible que el Laberinto, después de enfrentar al Minotauro, acabe convirtiéndose en un espejismo familiar donde nos sentimos cómodos y del que, tras anestesiar nuestros anhelos, ya no queremos movernos. En los mitos encontramos respuestas a algunas de las preguntas ya mencionadas, que tanto nos inquietan: Teseo resulta vencedor en el combate, pero después debe abandonar el Laberinto y volver a la superficie. Sin embargo, para ello, va a necesitar el hilo de Ariadna, el hilo del conocimiento, el hilo del amor. Sin el amor de la heroína —cuyo nombre significa la de gran pureza—, Teseo hubiera corrido el riesgo de permanecer dando vueltas por el Laberinto que fue testigo de su victoria, de quedarse atrapado, enredado entre el orgullo y la autocomplacencia. Pero el héroe debe volver a Atenas, debe regresar a la patria.</p> <blockquote><p>Así, a través de mandalas, yantras, mitos, rosetones o pinturas visionarias podemos vislumbrar ese núcleo, con el que nuestra alma desea fusionarse.</p></blockquote> <p>Ese hogar, ese centro «espiritual» que deseamos alcanzar ha sido llamado Olimpo, Paraíso, Shambala o Shangri-La, pero, ¿nos ha explicado alguien cómo podemos llegar hasta él? Afortunadamente, los místicos, los sabios o los filósofos han dejado indicios que señalan el camino y herramientas para que podamos recorrerlo. Una de ellas es el mandala. Sabemos que el primer paso para pintar un mandala es dibujar un punto. Punto que, después, se convertirá en el núcleo de ese diagrama sagrado que representa el cosmos, la manifestación, el lugar por donde transitaremos hasta alcanzar el anhelado centro. En el hinduismo, se llama <i>bindu</i> (en sánscrito) al espacio central y origen del yantra, un dibujo geométrico que se utiliza para la meditación. Pero no hace falta irse a Oriente, también en Occidente tenemos pistas para el camino y algunos ejemplos podrían ser la obra de las artistas visionarias Hilma af Klint y Emma Kunz, la mitología clásica, como ya hemos visto, o el bellísimo elemento arquitectónico que los maestros constructores góticos colocaron en la fachada de sus impresionantes catedrales: el rosetón, con la representación de Jesús o de la Virgen en el centro de la maravillosa estructura geométrica.</p> <p>Así, a través de mandalas, yantras, mitos, rosetones o pinturas visionarias podemos vislumbrar ese núcleo, con el que nuestra alma desea fusionarse. Si los estudiamos con profundidad, comprendemos que el centro es el origen del que todo surge y al que todo debe regresar. Pero, y, ¿el camino?, ¿cuál es el camino? En esta ocasión, ¿tal vez, podemos encontrar una respuesta en nuestro propio cuerpo?<span>  </span>—Es necesario investigar en el exterior, para comprender que la respuesta está en el interior—. Curiosamente, el primer órgano que se crea en un feto es el corazón, que está ubicado, además, en el punto medio entre lo de arriba y lo de abajo (es el cuarto, de los siete chakras), entre la derecha y la izquierda. Así pues, el corazón es —o debería ser— nuestro centro. Y este órgano, lo sabemos también, tiene dos movimientos (que nos enseñan acerca de los ciclos vitales): sístole y diástole, contracción y expansión. Unidos ambos, forman un latido. Un latido, al que sigue otro, otro más y otro más…. y se va creando, así, un camino rítmico: el camino del corazón.</p> <p><i>«Ahora tiene sentido la pregunta de mi benefactor. ¿Tiene corazón este camino? Si tiene, el camino es bueno; si no, de nada sirve. Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte; el otro te debilita»</i>. (Castaneda, Carlos.: <a href="https://www.casadellibro.com/libro-las-ensenanzas-de-don-juan-una-forma-yaqui-de-conocimiento/9789681662356/803257?srsltid=AU7gw4Vi-smCAeVHWyKoGZx3PPQ1i7aw2ET8aMPrv7-fo5om8inwAMtP"><i>Las enseñanzas de Don Juan</i></a>, 1993)</p> <p>Ahí es. Así es. Era tan sencillo como esto: el hilo de Ariadna, el hilo del amor, el hilo que nos lleva de vuelta al hogar no es otra cosa que el armonioso camino del corazón. ¿Te atreves a escuchar sus latidos?, ¿te atreves a seguir sus pasos?</p> <p><a href="https://elhombreylodivino.com/el-centro-punto-de-origen-lugar-de-regreso/" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p> <p>Más info en https://ift.tt/LfM5PCl / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas. #Menadel #Psicología #Clínica #Tradicional #MijasPueblo</p> <p>*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.</p>

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