Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

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Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
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La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

lunes, 28 de septiembre de 2026

El tiempo como materia del arte o la espera de los dioses


<h4>La dejadez, el reposo o el adormecimiento, el abandonarse a un tiempo que parece no tener fin, son disposiciones que no deben ser vistas, únicamente, como algo que pone en riesgo a la razón. Y aunque esto fuese así, se trataría de un riesgo que no podríamos dejar de asumir. La vida es inconcebible sin momentos de abandono, si un dejarse arrastrar o sentirse suspendido en el tiempo; sin dejarse envolver, aunque solo sea ocasionalmente, por un flujo que avanza en una única dirección… o hacia ninguna en particular».</h4> <p><span></span></p> <p> </p> <blockquote><p><i>El tiempo es el único camino que se abre en el inaccesible absoluto»</i></p> <p><strong>María Zambrano<i>, El sueño creador</i>.</strong></p> <p> </p></blockquote> <p>En un conocido texto que dedica a <a href="https://elhombreylodivino.com/chillida-y-el-vacio-cuantico/">Eduardo Chillida</a>, titulado <em>El arte y el espacio</em>, Martin Heidegger se preguntaba acerca de lo que el lenguaje habla en la palabra «espacio». Latente, en ella distingue una agitación que el nombre sustantivo no consigue silenciar del todo: en esa palabra «habla el espaciar», dice el filósofo. Por la forma en que la merodea, imagino que en la palabra ha percibido un subsuelo de movimientos especulares, oscilantes. De todo ello privilegia la apetencia de ocupación que la palabra despierta. La asocia, de inmediato, con el trabajoso desbroce de un terreno baldío. «Espaciamos» cuando libramos de obstáculos aquello que, entonces, recupera señales de su origen como espacio, parece decirnos.</p> <p>Mas, una vez consolidadas teorías como las del paisajista francés Gilles Clément, a propósito de lo que él llama «tercer paisaje», a día de hoy no podemos negar a un terreno baldío, sin más, su condición de espacio original, efectivo, potencial. Convendremos en que la sensación de liberación que acompaña a todo vaciamiento no puede limitarse a una talla volumétrica. Así lo entiende Clément, quien, partiendo de fundamentos ecologistas que rechazan los prejuicios asociados a las (mal llamadas) «malas hierbas», estimula una reinterpretación contemporánea de ideas como las de «dejadez», «abandono» o «abandonarse». Sus planteamientos invitan a invertir el orden de la metáfora elegida en su momento por Heidegger. Ver un obstáculo no en la maleza sino en su desbroce; en el recorte sistemático, en el intento por forzar movimientos espaciadores en un entorno que es capaz de hacerlo por sí mismo; capaz de «espaciarse» a su ritmo y procurar así un vacío del que no puede prescindir. Todo, cuando el espacio se libera a un tiempo. Todo, una vez liberado el tiempo.</p> <blockquote><p>La vida es inconcebible sin momentos de abandono, si un dejarse arrastrar o sentirse suspendido en el tiempo</p></blockquote> <p>La maleza obra en esos márgenes bajo una idea espaciadora mucho más categórica, estoy convencido, que en la deriva del corte. Esto es debido a lo que allí ocurre, precisamente, con el tiempo. En el terreno abandonado, el tiempo que transcurre no se reinicia en ciclos de mantenimiento. Allí el tiempo impone su presencia por acumulación ininterrumpida. Pues el desbroce, en cuanto fórmula de vaciado, también censura el depósito natural de tiempo que vemos reflejado en la dilatación de la maleza y de sus formas. La situación opuesta, la de una actitud contemplativa, la «inacción» de quien disfruta de su jardín asilvestrado, premia al observador reintroduciéndolo en el tiempo que allí se ha tomado, para poder desarrollarse a conformidad, la idea y sensación de un espacio.</p> <p>El resultado sigue hablando de una liberación. Es más, una de las principales figuraciones que Heidegger construye en su texto muestra con mayor claridad, ahora, la influencia de los «tiempos de espera» en toda su reflexión: «Espaciar es libre donación de los lugares en los que aparece un dios, de los lugares de los que los dioses han huido, lugares en los que largamente se demora el aparecer de lo divino», sostiene. De estas tres respuestas frente al acontecimiento, únicamente la primera no está sujeta a provocación o iniciativa humana. Litúrgicamente, no procede que exijamos a los dioses su aparición. Es decir, espaciar en su presencia. Ahora bien, la posibilidad que existe es la de abandonarse a la espera, sobre todo allí en donde una aparición se intuye inminente, así como abandonarnos en donde creemos haber encontrado las huellas de su paso. En una búsqueda que solo puede garantizar el éxtasis durante el antes y el después del acontecimiento que la estimula, es el tiempo que ocupa dicha espera previa, así como el poso de tiempo posterior, lo único que puede apaciguarla. Los templos que señalan la aparición de un dios se encuentran todos consagrados a ese tiempo de espera o al tiempo posterior, el de la resignación por el abandono.</p> <div style="width:570px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/09/Fotograma-2_Theo-Angelopoulos_Paisaje-en-la-niebla_1988.jpg" alt="" width="560" height="522"><p>«Paisaje en la niebla» es película dramática griega de 1988 dirigida por el cineasta Theo Angelopoulos.</p></div> <p>Lo veo confirmado en obras como las <a href="https://www.museothyssen.org/exposiciones/hammershoi-ojo-que-escucha/12-curiosidades-hammershoi">Vilhelm Hammershoi</a>. Especie de recreación pictórica de uno de estos templos. En sus pinturas, la libre donación de espacio, derivada de una libre donación de tiempo proporcional, también concita la posibilidad de «alumbramientos» así, sobre el vacío. ¿Pero qué ocurre en aquellas otras artes cuya relación con el tiempo es endémica? Las concesiones a una continuidad ininterrumpida del tiempo parecen, en este caso, ser más problemáticas, si cabe. Las artes cinematográficas o audiovisuales hacen gala de los los límites que son capaces de imponer al tiempo. Como si esa fuera su obligación. Abandonar la obra a un tiempo roza la dejadez de funciones (lo que no deja de ser, en parte, maravillosamente cierto). Además, la influencia de teorías obsesionadas con la multiplicación de los cortes, con la interrupción del flujo natural del tiempo, con los anacronismos o dialécticas de choque (un «intervencionismo» desproporcionado sobre el tiempo, en resumidas cuentas) nos ha forzado a creer que la única opción, al trabajar con el tiempo, era la del desbroce, el corte obstinado; proceder siempre por oposición a una corriente; que toda lectura deba formularse siempre a contrapelo (a contra natura). Georges Didi-Huberman, siguiendo los pasos de otros pensadores clave, a propósito de la «dialéctica de las imágenes», tales como Walter Benjamin o Aby Warburg, así parece dictaminarlo en cuanto analista o historiador del arte. En Ante la imagen, sentencia: «el objeto cronológico solo es legible a partir del anacronismo» .</p> <p>No pongo en duda el provecho que obtenemos del anacronismo como método, pero sí que esa sea la única opción con la que confrontar el tiempo de una obra. En esto discrepo con Didi-Huberman. Las grietas y junturas de la historia, en las imágenes, no solo son legibles a través del anacronismo. Una de las consecuencias más perjudiciales de aceptar sin discusión un planteamiento así de radical, es la de considerar al ejercicio del montaje, únicamente, como una simple herramienta al servicio de la dialéctica. Creer que el objetivo de cualquier montaje es el de provocar un choque de temporalidades; como si su única utilidad fuese la de desvelar conflictos o trenzar la confluencia de antagonismos. ¿De verdad debemos considerar a la armonía y a la continuidad temporal como lugares peligrosos que han de evitarse a toda costa? No es difícil deducir que tanto ruido, en torno a la administración del tiempo en una obra de arte «temporal», al menos en sus ejemplos más nobles, busca desperezar «la conciencia y la consciencia del espectador». Pero no por ello debemos menospreciar la necesidad de reposo que ese mismo espectador pueda sentir.</p> <blockquote><p>Esa es una de las aspiraciones a las que un arte de la temporalidad no debería renunciar nunca: servir como medio a la experimentación de un tiempo absoluto, de un tiempo que recuerde al origen de los tiempos.</p></blockquote> <p>La creación artística está obligada a ofrecerle una salida en este sentido, refugios en los que reconciliarse con el tiempo. Esta idea no es menos revolucionaria que la de reivindicar una vigilia permanente. La dejadez, el reposo o el adormecimiento, el abandonarse a un tiempo que parece no tener fin, son disposiciones que no deben ser vistas, únicamente, como algo que pone en riesgo a la razón. Y aunque esto fuese así, se trataría de un riesgo que no podríamos dejar de asumir. La vida es inconcebible sin momentos de abandono, si un dejarse arrastrar o sentirse suspendido en el tiempo; sin dejarse envolver, aunque solo sea ocasionalmente, por un flujo que avanza en una única dirección… o hacia ninguna en particular.</p> <p>La verdadera amenaza es la de terminar confundiendo el proceso de montaje con una cacería. El montaje no está ahí para hacer salir de su madriguera a la idea que se encuentra en el origen de la obra. Es necesario que el montaje deje de ser visto como una red de trampas semánticas camufladas. Obviamente, el tiempo de la obra puede servir para algo más que para encauzar la narración de historias. Pues tanto las historias relatadas como el propio concepto de historia, por inercia, pueden enquistarse en significados unívocos, convertirse en un obstáculo que solo enturbia la pureza del tiempo desde donde todo se nos muestra. Esa es una de las aspiraciones a las que un arte de la temporalidad no debería renunciar nunca: servir como medio a la experimentación de un tiempo absoluto, de un tiempo que recuerde al origen de los tiempos.</p> <p>Lo que aquí he intentado exponerno debe entenderse como contrario a la idea de narración o al análisis de la historia. Cuando al tiempo de la obra de arte se le permite «espaciar por sí mismo», crecer como en terreno baldío, desenvolverse en cuanto fluido, asilvestrarse…las historias que allí prenden se acomodan a ese tiempo sin restarle densidad, sin eclipsar allí la sensación de que el tiempo «espacia». Las historias pasan a ser, en «lugares» así, como dioses que se acercan. Y las obras alcanzan un grado tal de armonía quetambiénellas, las propias historias, pueden abandonar ese lugar sin que el mismo pierda su apetencia de ocupación. A partir de ese momento,se consagran a la espera indefinida de una historia.Allíha ocurrido algo extraordinario,la obra se haabierto camino hacia un inaccesible absoluto.</p> <p><a href="https://elhombreylodivino.com/el-tiempo-como-materia-del-arte-o-la-espera-de-los-dioses/" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p> <p>Más info en https://ift.tt/52sQSeJ / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas. #Menadel #Psicología #Clínica #Tradicional #MijasPueblo</p> <p>*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.</p>

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