
<h4>A partir del <i>De Amore </i>de Marsilio Ficino (1433-1499) —comentario al Banquete de Platón escrito en el corazón del Renacimiento florentino—, este artículo explora rincones inhabitados de la práctica astrológica: la doctrina del furor divino, el eros cósmico y las dos formas de Venus. Una defensa del amor como la forma más alta de conocimiento, cuya condición es la unión a aquello que se pretende conocer.</h4>
<p><span></span></p>
<p> </p>
<blockquote>
<p><i>Finalmente, después que el alma se ha hecho una, solo queda que se reduzca a aquel Uno que está sobre la esencia, esto es, Dios. Esto lo cumple la Venus celeste, por el amor, esto es, por el deseo de la belleza divina y por el entusiasmo del bien.»</i></p>
<p> </p>
<p>Marsilio Ficino, <i>De Amore</i></p>
<p> </p></blockquote>
<p>Hay un saber que no distingue entre amar y conocer. Hay una belleza visible y otra invisible. Hay una Venus celeste y una Venus terrestre. Hay palabras que, al abrirlas, revelan otra cosa. Furor, del latín furere: arder, hervir, estar poseído. Es una forma de locura que Ficino, siguiendo a Platón con íntima filialidad y fidelidad, distingue de la enfermedad y la asocia al conocimiento. ¿Puede la locura ser una forma de sabiduría? ¿Y el amor un furor? ¿Un fuego que arde sin quemar?</p>
<p>Platón define el furor como una alienación de la mente, una forma de locura. Pero para los platónicos hay dos formas de locura. Una procede de lo humano: los humores perturbados, la sangre recalentada. La otra procede de Dios, y a esta la llama furor o manía divina. No la manía entendida como comportamiento repetitivo que, en su extremo, puede llevar a la perturbación de la mente y el comportamiento, sino la manía que proviene de <i>mantis, mantikè, esa otra forma de la mente capaz de percibir lo divino en el mundo: la más alta lucidez.</i></p>
<p>Entre ambas locuras hay dos formas fundamentales de salida. La primera arroja a la persona fuera de sí sin regreso. La segunda la arranca de la estrechez de lo habitual y conduce su alma de regreso hacia aquello que la constituye en su ser más propio. El furor divino es una iluminación del alma racional por la que el alma asciende de la dispersión de la multiplicidad a la unidad. El furor divino es el vehículo para regresar. La tradición platónica —a partir del <i>Fedro</i> de Platón y que Ficino continúa— distingue cuatro furores o locuras divinas, conocidas como <i>manías platónica</i>s y que aquí también entendemos como modos de conocimiento:</p>
<p>El primero es el furor <i>poético</i>, que pertenece a las Musas. El alma dispersa en el cuerpo tiene sus partes dormidas y otras turbadas —una disonancia interna que impide cualquier elevación—. La <a href="https://elhombreylodivino.com/cinco-poemas-de-friedrich-holderlin/">poesía</a>, con sus tonos musicales, despierta al alma dormida.</p>
<blockquote><p>Sin amor, el furor poético degenera en música vulgar que solo agrada a las orejas. El mistérico se convierte en vana superstición. El profético, en falaz conjetura humana. El del amor mismo, en ímpetu del goce libidinoso. La corrupción de cada furor es siempre la misma: cuando el amor se retira, la forma se degenera.</p></blockquote>
<p>El segundo es el furor de los <i>misterios</i>, que concierne a Dioniso. Por los sacrificios, las purificaciones, el culto divino, dirige la atención de todas las partes del alma hacia la mente.</p>
<p>El tercero es el furor <i>profético</i>, que pertenece a Apolo. Cuando el alma se eleva por encima de la mente hacia la unidad que la corona, presagia las cosas futuras. Ha trascendido el tiempo porque ha trascendido la multiplicidad. Ve lo que estaba oculto porque ya no está dividida.</p>
<p>Y el cuarto —que da sentido a todos los anteriores— es el furor <i>erótico</i>, que pertenece a Venus. Después de que el alma se ha hecho una, solo queda que se reduzca al Uno que está sobre la esencia: Dios. Y esto lo cumple Venus, por el amor, por el deseo de la belleza divina y por el entusiasmo del bien.</p>
<p>«De todos estos furores el más poderoso y el más excelente es el amor, poderosísimo, digo, porque todos los otros tienen necesidad de él. Pues no conseguimos la poesía, ni los misterios, ni la adivinación sin una gran aplicación, ardiente piedad y solícito culto de Dios.» Marisilio Ficino</p>
<p>Sin amor, el furor poético degenera en música vulgar que solo agrada a las orejas. El mistérico se convierte en vana superstición. El profético, en falaz conjetura humana. El del amor mismo, en ímpetu del goce libidinoso. La corrupción de cada furor es siempre la misma: cuando el amor se retira, la forma se degenera.</p>
<p><b>Eros y el Cosmos</b></p>
<p>Fue una mujer quien reveló el <i>eros</i> a Sócrates. Diotima de Mantinea —cuyo nombre lleva ya inscrita su función: <i>mantis,</i> adivina, la que percibe lo divino en el mundo—, sacerdotisa y filósofa. Platón la presenta como iniciadora, alguien que ya sabe. En ella confluyen el saber filosófico y el saber oracular. La autoridad espiritual y la autoridad intelectual recaen sobre Diotima porque en ella se reúnen el amor<i>,</i> la adivinación y la purificación ritual, materias en que lo femenino posee una afinidad constitutiva.</p>
<blockquote><p>La Venus Celeste es la capacidad de la mente para contemplar la belleza divina, las formas eternas. La Venus Vulgar es la capacidad creadora propia del alma: su fuerza de engendrar belleza en lo que existe, de manifestar en la materia mundana la belleza divina</p></blockquote>
<p>Diotima enseña que eros no es un sentimiento: es un demonio (<i>daemon</i>). Una fuerza intermedia que habita el espacio entre las cosas celestes y las terrenas, entre la ausencia de forma y la forma.</p>
<p>El deseo de posesión eterna de la felicidad por medio de la unión divina y el deseo de engendrar en la belleza. No son dos cosas distintas sino dos caras del mismo impulso. <i>Eros</i> es su umbral, la fuerza que hace posible el cruce. Quien sabe leer los signos que impregnan la materia puede interactuar con lo divino a través de ella. Y el medio para esa interacción es siempre el mismo: el amor, la fuerza mediante la cual todas las cosas son atraídas de regreso hacia su origen, hacia la Unidad.</p>
<div style="width:498px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/09/Urania-musa-de-la-astronomia-1782-de-Johann-Heinrich-Tischbein.jpg" alt="" width="488" height="327"><p>Urania, musa de la astronomía, obra realizada por Johann Heinrich Tischbein en 1782.</p></div>
<p>Lo que Diotima enseña sobre el <i>amor</i> es, en definitiva, el fundamento de la práctica filosófica de la astrología. Conocer el misterio del <i>amor</i> requiere ser iniciado en él. Aquí la astrología no es una mera práctica horoscópica sino un rito de iniciación. La astrología es un instrumento del amor.</p>
<p><b>Venus Celeste y Venus Vulgar: el amor como forma de conocimiento</b></p>
<blockquote>
<p><i>Hay dos Venus en el alma: la primera, celeste, la segunda, vulgar. Ambas tienen un amor. La celeste para conocer la belleza divina, la vulgar para generarla en la materia del mundo.» </i></p>
<p><i>Marsilio Ficino, De Amore</i></p>
</blockquote>
<p>La Venus Celeste es la capacidad de la mente para contemplar la belleza divina, las formas eternas. La Venus Vulgar es la capacidad creadora propia del alma: su fuerza de engendrar belleza en lo que existe, de manifestar en la materia mundana la belleza divina. Venus posee, entonces, dos virtudes: la de conocer y la de engendrar.</p>
<p>Además, ambas Venus tienen un amor. El amor que se eleva, el que cruza el umbral de la belleza visible como trampolín hacia algo más profundo. El amor que olvida la contemplación y se orienta a los sentidos terrestres pertenece a lo que Ficino llama amor bestial: el amor que confunde la belleza visible como destino y no como inicio, que cae en la obsesión sin sublimación, puede enfermar el cuerpo, oscurecer la mente.</p>
<p>La Venus Celeste, como la Vulgar, habita la estructura del alma del mundo: en todos los seres humanos -como también en las almas de las esferas y los astros- pero es una aspiración que algunos cultivan y otros no.</p>
<p>Sin la conmoción, ese estremecimiento que produce la belleza, el conocimiento filosófico permanece inerte. La emoción no contamina el juicio; lo inaugura. Venus no es meramente el planeta del amor romántico, sino que es la capacidad visionaria de percibir la belleza, el cielo en la tierra. El furor —la locura divina— no es irracionalidad sino la forma más alta de la razón: aquella que no analiza lo que contempla sino que se convierte en ello. Para conocer algo es preciso unirse a ello. Y esa unión es amor. El amor es una forma de conocimiento porque solo lo semejante conoce lo semejante.</p>
<p>—</p>
<p><a href="https://www.todostuslibros.com/creador/ficino-marsilio_1026199">Marsilio Ficino</a> (1433-1499), sacerdote, médico, filósofo y astrólogo, fue una de las figuras más importantes del Renacimiento italiano. Tradujo el <em>Corpus Hermeticum</em>, a Platón, Jámblico, Proclo y otros platónicos. Fue fundador de la Academia Platónica de Florencia. El <i>De Amore </i>—comentario al Banquete de Platón— constituye, junto a la<i> Teología Platónica</i> y el <i>De Vita Triplici</i>, uno de los pilares del neoplatonismo renacentista.</p>
<p><a href="https://elhombreylodivino.com/venus-y-el-amor-como-forma-de-conocimiento-en-marsilio-ficino/" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p>
<p>Más info en https://ift.tt/zZ1rF9X / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas.
#Menadel #Psicología #Clínica #Tradicional #MijasPueblo</p>
<p>*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.</p>
No hay comentarios:
Publicar un comentario