Psicología

Centro MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Tradicional

Psicoterapia Clínica cognitivo-conductual (una revisión vital, herramientas para el cambio y ayuda en la toma de consciencia de los mecanismos de nuestro ego) y Tradicional (una aproximación a la Espiritualidad desde una concepción de la psicología que contempla al ser humano en su visión ternaria Tradicional: cuerpo, alma y Espíritu).

“La psicología tradicional y sagrada da por establecido que la vida es un medio hacia un fin más allá de sí misma, no que haya de ser vivida a toda costa. La psicología tradicional no se basa en la observación; es una ciencia de la experiencia subjetiva. Su verdad no es del tipo susceptible de demostración estadística; es una verdad que solo puede ser verificada por el contemplativo experto. En otras palabras, su verdad solo puede ser verificada por aquellos que adoptan el procedimiento prescrito por sus proponedores, y que se llama una ‘Vía’.” (Ananda K Coomaraswamy)

La Psicoterapia es un proceso de superación que, a través de la observación, análisis, control y transformación del pensamiento y modificación de hábitos de conducta te ayudará a vencer:

Depresión / Melancolía
Neurosis - Estrés
Ansiedad / Angustia
Miedos / Fobias
Adicciones / Dependencias (Drogas, Juego, Sexo...)
Obsesiones Problemas Familiares y de Pareja e Hijos
Trastornos de Personalidad...

La Psicología no trata únicamente patologías. ¿Qué sentido tiene mi vida?: el Autoconocimiento, el desarrollo interior es una necesidad de interés creciente en una sociedad de prisas, consumo compulsivo, incertidumbre, soledad y vacío. Conocerte a Ti mismo como clave para encontrar la verdadera felicidad.

Estudio de las estructuras subyacentes de Personalidad
Técnicas de Relajación
Visualización Creativa
Concentración
Cambio de Hábitos
Desbloqueo Emocional
Exploración de la Consciencia

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual hasta la Psicología Tradicional, adaptándonos a la naturaleza, necesidades y condiciones de nuestros pacientes desde 1992.

viernes, 16 de octubre de 2026

Levinas, el teorema de Cantor y lo tercero infinito


<h4>Las reflexiones de Emmanuel Levinas y Georg Cantor, desarrolladas desde ámbitos distintos, convergen en la cuestión sobre imposibilidad de reducir el infinito a una totalidad cerrada. En Levinas, esta imposibilidad aparece ligada a la alteridad irreductible del otro; en Cantor, a la existencia de una pluralidad de infinitos que desborda cualquier intento de clausura. Pensar conjuntamente ambas perspectivas permite abrir preguntas acerca de la relaciones: cómo encontrarse con lo otro sin disolverlo; cómo dejarse transformar por su presencia sin convertirla en una extensión de uno mismo.<span> </span></h4> <p><span></span></p> <p> </p> <p>¿Acaso no somos todas las personas infinitas? Un cielo tejido de infinitos que salpica el mundo. De una forma u otra, todos percibimos esa infinitud que brota de un arca custodiada por formas aún desconocidas en cada una de nuestras células; un vasto e inalcanzable horizonte de posibilidades que recorre nuestro cuerpo con cada latido, con cada respiración. Es muy descarado hablar de tales infinitos, en el momento en el que se nombran o, incluso, se piensan, se desvanecen en simples y enclaustrantes finitudes. Porque no se puede dar forma a lo que aún se desconoce. O, dicho de otro modo, si tuviera una idea de infinito, ya no sería infinito.</p> <p>No obstante, creer que la infinitud lo abarca todo es una ilusión. Una ilusión que deviene un yo que se extiende como una ola y lo arrasa todo a su paso. Un infinito que se confunde con la totalidad se convierte en una despreciable conquista de aquello que le rodea. Es un virus tremendamente contagioso que quiere sobrevivir a costa de colonizar otros cuerpos. Su vida depende de ello. Y, como enfermos, tratamos de poseerlo todo, porque nuestra malentendida infinitud —totalidad— toma la forma de una “lanza de once codos” cuyo destino es atravesar otros cuerpos. Pobres nosotros, que creemos que rendir ofrendas a nuestra potencialidad consiste en cincelar la otredad a nuestra imagen y semejanza, dando así de comer a nuestro insaciable yo. Qué poderosos nos sentimos con esa lanza y qué peligroso es creer que lo otro es un territorio a ocupar.<span> </span></p> <blockquote><p>La relación con lo otro implica entrar en lo radicalmente desconocido, sobrepasar la frontera de la muerte; la relación con lo otro solo es posible como trascendencia, como dos infinitos que se encuentran, pero cada uno a su propio modo, sin consumirse ni implantarse en el otro.</p></blockquote> <p>Emmanuel Levinas (1906–1995), filósofo y escritor francés de origen lituano, en su trabajo “Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad” (<i>Ediciones Sígueme</i>, 1970) nos recuerda que «[…] la vida está vuelta hacia lo otro». Sin embargo, lo otro jamás puede partir respecto de mí mismo ya que, si así fuera, «su alteridad se reabsorbe en mi identidad de ser que posee». Lo otro deja así de ser otro para convertirse en mi idea de otro; mi otro. Esto es una muestra de que la infinitud ha sido deformada en totalidad quedando así disuelta, conquistada, atravesada por una saciedad insaciable; el otro se convierte en una necesidad. Esta confusión nace de una relación en la que la cercanía se confunde con el avasallamiento, engullimiento y posterior in-digestión de todo lo otro. Totalidad e infinito son, por lo tanto, ideas radicalmente diferentes.<span> </span></p> <div style="width:577px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/10/Levinas.jpg" alt="" width="567" height="349"><p>Emmanuel Levinas (1906–1995), filósofo y escritor francés de origen lituano.</p></div> <p> </p> <p><a href="https://libreria.sanpablo.es/autor/levinas-emmanuel/">Levinas</a> apunta a que a lo verdaderamente otro se va «[…] como se va a la muerte», como se camina hacia lo invisible. Una invisibilidad que no indica ausencia de relación, sino «relación con lo que no está dado, con aquello de lo que no hay idea», con esos pliegues que aún desconocemos. Lo otro es misterio. Y es misterio en tanto que es infinito e irreducible y, por tanto, no puede ser abarcado ni conceptualizado. Tratemos de pensar o, incluso, de escribir, el número más grande que podamos imaginar en este momento. Pues bien, da igual lo que<span>  </span>hayamos pensado o escrito, tal número siempre estará más cerca del cero que del infinito. El infinito siempre está preñado de misterio. Y cualquier idea preconcebida, como el número anterior, sea cual sea, siempre es más parecido a la oquedad que a la plenitud.<span> </span></p> <p>La relación con lo <a href="https://elhombreylodivino.com/pensar-desde-el-corazon-la-herencia-de-zambrano/">otro</a> implica entrar en lo radicalmente desconocido, sobrepasar la frontera de la muerte; la relación con lo otro solo es posible como trascendencia, como dos infinitos que se encuentran, pero cada uno a su propio modo, sin consumirse ni implantarse en el otro. Cada infinito puede ser inabarcable y, al tiempo, dejar espacio a infinitos infinitos, a otros infinitos e infinitos otros. ¿Cómo percibir un infinito otro que no me coloniza o al que<span>  </span>el yo no quiera someter? ¿Podemos realmente pensar en lo otro como un infinito que me deja espacio?<span> </span></p> <blockquote><p>Y es que, quizá, en esto consista el Amor, en una relación en la que, como nos han enseñado Levinas y Cantor, desde disciplinas diferentes, dos infinitos pueden convivir como búsqueda de la absolución y no de la disolución.</p></blockquote> <p>Georg Cantor (1845–1918), matemático nacido en Rusia y nacionalizado alemán, fue el primero capaz de formalizar la noción de infinito. Su célebre teorema —conocido como el teorema de Cantor— demuestra que no existe un «infinito máximo», sino una jerarquía infinita de tamaños de infinito cada vez más grandes. Dicho de otro modo, el infinito tiene tamaño y, de hecho, puede tener diferentes tamaños. Siendo así que, por ejemplo, el infinito de los números reales es mayor que el infinito de los números naturales. Este resultado es relativamente fácil de entender usando el argumento de la diagonal de Cantor: dos conjuntos tienen el mismo tamaño si sus elementos se pueden emparejar sin dejar ninguno fuera ni repetirlos. Pensemos en los números naturales (0, 1, 2, 3, 4, …) y los enteros (0, 1, —1, 2,—2, …). Podemos hacer la siguiente relación entre los primeros y los segundos: 0 es 0, 1 es 1, 2 es —1, 3 es 2, 4 es —2, y así sucesivamente. Si continuásemos nos daríamos cuenta de que siempre es posible encontrar un número entero en correspondencia con un número natural. Naturales y enteros tienen, por lo tanto, el mismo tamaño: son infinitos del mismo tamaño. Pero si hiciéramos lo mismo ahora escogiendo los números naturales y los números reales, y los emparejamos haciendo una lista como la anterior, es sencillo demostrar que siempre podemos escribir un número real que no esté en esa lista escogiendo sus decimales de forma que nunca coincidan. Se haría de la siguiente manera: el primer decimal de nuestro número ha de ser diferente del primer decimal del número de nuestra lista, el segundo decimal diferente del segundo decimal del número de nuestra lista, y así sucesivamente. De esta forma hemos generado un número cuyos decimales nunca son iguales a la diagonal de nuestra lista (argumento de la diagonal de Cantor). Esto significa que el número que acabamos de generar no estaba en nuestra lista y, por lo tanto, implica que el tamaño de los números reales es mayor que el de los números naturales.<span> </span></p> <blockquote><p>Si dos crean un tres (relación), y tres abre un infinito, entonces la relación entre dos seres abre una distancia infinita y, por tanto, profundamente mistérica: no colonizable, no abarcable, no predecible</p></blockquote> <p>Retomando nuestra conversación, la idea de infinito no implica, pues, en ningún caso, la idea de totalidad, y, además, la noción de infinito matemático abre un espacio a otros infinitos. Podemos ser infinitos y dejarnos tocar por una alteridad que sea, a su vez, infinita. Así, la relación con lo otro no debe ser totalizante, sino infinita: «la maravilla de la exterioridad» se pone de manifiesto. Levinas apunta a que esta relación es irreversible: «La reversibilidad de una relación en que los términos se leen indiferentemente de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, los haría formar pareja», los totalizaría. Una relación irreversible, es decir, entre infinitos en libertad, ha de ser una suerte de alquimia: mis fuerzas se transforman a través de la materia de otro y mi materia transforma las fuerzas de otro —la física plantea que las fuerzas median las interacciones entre la materia, pero aquí estamos invirtiendo esta relación: ¿y si también es la materia la que media la transformación entre las fuerzas?—.<span> </span></p> <div style="width:714px;"><img src="https://elhombreylodivino.com/wp-content/uploads/2026/10/Cantor.jpg" alt="" width="704" height="396"><p>Georg Cantor (1845–1918), matemático nacido en Rusia y nacionalizado alemán, fue el primero capaz de formalizar la noción de infinito.</p></div> <p>Esta es una relación en la que me abro —apertura real— a recibir a través de otro incluso más allá de mis propias fuerzas, de mis propias capacidades. Una relación así es una obra, una obra de arte cincelada por dos seres infinitos y que, desde el punto de vista de una ontología relacional, adquiere vida propia. Este nacimiento de un tercero como relación, automáticamente, le dota de una infinitud propia, que no es la de ninguno de sus pares creadores. Del dos nace el tres; el tercero es un otro.<span> </span></p> <p>Si dos crean un tres (relación), y tres abre un infinito, entonces la relación entre dos seres abre una distancia infinita y, por tanto, profundamente mistérica: no colonizable, no abarcable, no predecible; «Hasta su causa, que es más antigua que él, está aún por venir». De esta forma Levinas apunta a que la totalidad es disolución (lo otro se convierte en lo mismo por conquista, lo otro se ha disuelto) y, por el contrario, el infinito es ab-solución. La relación como tercero infinito implica la absolución de sus creadores: «esta relación de verdad […] es relación en la que los términos (creadores) se ab-suelven de la relación (permanecen siendo absolutos en la relación)».<span> </span></p> <p>Y es que, quizá, en esto consista el Amor, en una relación en la que, como nos han enseñado Levinas y Cantor, desde disciplinas diferentes, dos infinitos pueden convivir como búsqueda de la absolución y no de la disolución. Una relación en la que nuestra transformación se produzca al dejarse tocar de verdad por el otro y aventurarse en lo absolutamente desconocido. Una relación en la que juntos, pero cada uno a su propio modo, tracen en el aire las formas que están aún por venir. <span> </span></p> <p><a href="https://elhombreylodivino.com/levinas-cantor-y-lo-tercero-infinito/" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p> <p>Más info en https://ift.tt/iCWYE0M / Tfno. & WA 607725547 Centro MENADEL (Frasco Martín) Psicología Clínica y Tradicional en Mijas. #Menadel #Psicología #Clínica #Tradicional #MijasPueblo</p> <p>*No suscribimos necesariamente las opiniones o artículos aquí compartidos. No todo es lo que parece.</p>

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