
<table style="margin-left:auto;margin-right:auto;"><tbody><tr><td style="text-align:center;"><a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjnasJJfQAq1zalsC4F_LcmNfjKNQjWxHiPAgN0eDxzP4Fl6YnKVdCCRKghcV8B6jY_d2nr3KEtGXyKo3S1dCrgOVUsgBKA5XUs5Ustw6G3lYrpXPbPP85m6KruOAS7rDdJFeJ5j3MW8Vc3fBKk_2JnDTmu5KCm18iOdXH-S5-nR-mNX4ZC_vPK4lHzMTpV/s1402/1E51506A-97D7-4565-B00C-84D6D2F9B4F6.png" style="margin-left:auto;margin-right:auto;"><img height="320" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjnasJJfQAq1zalsC4F_LcmNfjKNQjWxHiPAgN0eDxzP4Fl6YnKVdCCRKghcV8B6jY_d2nr3KEtGXyKo3S1dCrgOVUsgBKA5XUs5Ustw6G3lYrpXPbPP85m6KruOAS7rDdJFeJ5j3MW8Vc3fBKk_2JnDTmu5KCm18iOdXH-S5-nR-mNX4ZC_vPK4lHzMTpV/w400-h320/1E51506A-97D7-4565-B00C-84D6D2F9B4F6.png" width="400" alt="1E51506A-97D7-4565-B00C-84D6D2F9B4F6.png"></a></td></tr><tr><td style="text-align:center;"><span style="text-align:left;">Años después de sus viajes, el trovador </span><span style="text-align:justify;">Oswald von Wolkenstein</span><span style="text-align:left;"> compuso dos poemas en los que afirmaba<br> haber aprendido árabe en la mismísima Alhambra y <br>haber vivido aventuras en los confines <br>del mundo conocido</span></td></tr></tbody></table><p style="text-align:justify;">Hay viajeros que recorren el mundo y otros que, además, saben convertir sus viajes en historias. Oswald von Wolkenstein fue de los segundos. Caballero, diplomático, poeta y trovador, este noble germano recorrió buena parte de la Europa de comienzos del siglo XV. Sus viajes estuvieron ligados a misiones diplomáticas, pero también alimentaron una obra literaria en la que mezclaba experiencias reales, aventuras y, probablemente, una buena dosis de exageración.</p><p style="text-align:justify;"><span style="text-align:left;">Según su propio relato, desde Inglaterra se embarcó en un navío de mercaderes rumbo a Portugal y, una vez allí, decidió continuar su viaje hacia el sur a bordo de un barco en el que viajaban soldados. Así habría llegado hasta <b><a href="https://legadonazari.blogspot.com/2025/04/sabta-ceuta.html?m=1">Ceuta</a></b> en 1415, participando en la conquista portuguesa de la ciudad, entonces vinculada al mundo islámico y bajo la órbita del reino de Granada.</span></p><p style="text-align:justify;"><span style="text-align:left;">Pero lo más curioso viene después. Tras aquella expedición, Oswald afirmaba haber viajado hasta Granada y haber sido recibido por el sultán nazarí <b><a href="https://legadonazari.blogspot.com/2015/08/biografia-de-reyes-yusuf-iii-1408-1417.html?m=1">Yusuf III</a></b>, conocido en algunas fuentes cristianas como el Rey Rojo. Resulta llamativo imaginar al mismo hombre que había participado en la conquista de Ceuta presentándose poco después ante la corte granadina.</span></p><p style="text-align:justify;"><span style="text-align:left;">La historia, por supuesto, debe leerse con cierta cautela: buena parte de lo que conocemos procede de los propios poemas de Oswald, en los que el relato autobiográfico y la exageración literaria se mezclan constantemente. Pero precisamente por eso resultan tan interesantes. Nos ofrecen una ventana, aunque sea parcial y subjetiva, al mundo mediterráneo de comienzos del siglo XV.</span></p><p style="text-align:justify;"><span style="text-align:left;">En aquellos años, Granada seguía siendo un importante centro político y cultural, mientras Portugal comenzaba a mirar cada vez más hacia el Atlántico. La conquista de </span><b style="text-align:left;"><a href="https://legadonazari.blogspot.com/2025/04/sabta-ceuta.html?m=1">Ceuta</a></b><span style="text-align:left;"> en 1415 sería un acontecimiento decisivo dentro de esa expansión portuguesa y uno de los primeros pasos de un proceso que llevaría a los portugueses a explorar las costas africanas en busca de nuevas rutas comerciales.</span></p><p style="text-align:justify;"><span style="text-align:left;">Décadas después llegarían las expediciones por el Atlántico, las factorías comerciales y los primeros asentamientos portugueses en las costas africanas. El objetivo último sería encontrar una ruta marítima hacia las riquezas de Oriente, bordeando África.</span></p><p style="text-align:justify;"><span style="text-align:left;">Y mientras Europa comenzaba a abrirse hacia un océano que todavía era, en buena medida, desconocido, la Granada nazarí contemplaba desde el extremo occidental del Mediterráneo cómo cambiaba el equilibrio de poderes a su alrededor.</span></p><p style="text-align:justify;"><span style="text-align:left;">Quizá Oswald von Wolkenstein exageró sus aventuras. Quizá realmente aprendió algunas palabras de árabe en Granada. Quizá sus poemas mezclan recuerdos, imaginación y deseo de impresionar a quienes los escuchaban. Pero su historia nos recuerda algo fascinante: la Granada nazarí no estaba aislada del mundo medieval, sino conectada con viajeros, comerciantes, diplomáticos, soldados y aventureros que atravesaban Europa y el Mediterráneo. Y entre todos ellos, un trovador germano decidió convertir su paso por la Alhambra en una de las historias más singulares de sus viajes.</span></p>
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