
<div><p><strong>«</strong><em><strong>Los monstruos, objetos del terror artístico, son en sí mismos fuentes de respuestas ambivalentes, pues al ser violaciones de las categorías culturales vigentes, resultan perturbadores y repulsivos, pero, al mismo tiempo, son también objetos de fascinación, precisamente porque transgreden las categorías de pensamiento establecidas</strong></em><strong>»<a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-1">1</a>.</strong></p></div><div><figure><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!ma30!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcfbd508a-e9b9-410b-b38e-8a6c76e61912_1035x708.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!ma30!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcfbd508a-e9b9-410b-b38e-8a6c76e61912_1035x708.jpeg"></a><source type="image/webp"><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!ma30!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcfbd508a-e9b9-410b-b38e-8a6c76e61912_1035x708.jpeg"><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!ma30!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcfbd508a-e9b9-410b-b38e-8a6c76e61912_1035x708.jpeg" width="1456" height="996" alt=""></a></source><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!ma30!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcfbd508a-e9b9-410b-b38e-8a6c76e61912_1035x708.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!ma30!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcfbd508a-e9b9-410b-b38e-8a6c76e61912_1035x708.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!ma30!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcfbd508a-e9b9-410b-b38e-8a6c76e61912_1035x708.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!ma30!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcfbd508a-e9b9-410b-b38e-8a6c76e61912_1035x708.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!ma30!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcfbd508a-e9b9-410b-b38e-8a6c76e61912_1035x708.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!ma30!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fcfbd508a-e9b9-410b-b38e-8a6c76e61912_1035x708.jpeg"></a><figcaption>Jason apostado entre los árboles de la ribera lejana no amenaza con palabras ni aspavientos; basta su quietud absoluta para suspender el orden profano. En el cine de horror contemporáneo, la silueta inmóvil frente al agua recrea el pavor arcaico ante el límite: reconocer que más allá del recinto iluminado habita un cazador implacable que no responde a la ley de los hombres</figcaption></figure></div><p style="text-align:justify;">El imán de lo terrorífico reside en su promesa de trascendencia. La razón por la que el ser humano busca de manera recurrente la sombra, el bosque o el relato del paraje encantado estriba en que «<em>las mismas cosas que nos fascinan son las que nos aterrorizan</em>»<a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-2">2</a>. Como sugiere Lecouteux, la búsqueda incesante de monstruos y maravillas responde a la necesidad primordial de romper la monotonía del mundo profano y reabrir un canal de contacto con el misterio trascendente.</p><p style="text-align:justify;">El hombre teme lo oscuro y también se siente atraído por ello. El terror ante aquello que sobrecoge y la fascinación por lo que nos excede o puede destruirnos deben interpretarse desde este prisma poliédrico y no maniqueísta de la realidad, propio de la experiencia monstruosa. La alteridad, la oscuridad y lo desconocido desempeñan un papel fundamental tanto en el autoconocimiento del ser humano como en la perpetuación y regeneración de la estirpe y del cosmos.</p><p style="text-align:justify;">En no pocas ocasiones, el conocimiento o la transformación ontológica se encuentran en la noche, en la prueba que implica descender a la sima oscura, en el contacto con los muertos o en aquellos tesoros legendarios y deseables que se hallan en las entrañas de una tierra opaca, húmeda y tenebrosa. Esta geografía del umbral misterioso se manifiesta en el mito artúrico con la llegada de Sir Gawain a la Capilla Verde. No se trata de una capilla convencional, sino de <strong>«</strong><em><strong>una vieja caverna, un horrendo oratorio cubierto de yerba, muy apropiado para que el Caballero de Verde cumpla aquí sus devociones con el Diablo</strong></em><strong>»</strong><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-3">3</a>. Allí se adentra voluntariamente el héroe para encarar la prueba del hacha como umbral regulado de su propia iniciación.</p><p style="text-align:justify;">Es fuera del orden establecido, de la comunidad con su <em>nómos</em>, de las normas del hogar y de los rayos del sol donde pueden darse las auténticas revelaciones, las gestas heroicas y también el amor verdadero y la camaradería leal. Cierto tipo de hombres siempre necesitará y anhelará la aventura peligrosa, acercarse al abismo y mirar. No se trata de afirmar una continuidad histórica ingenua entre un túmulo prehistórico, una mascarada popular y una película de terror estadounidense. La relación que aquí nos interesa es fenomenológica: todas estas experiencias pueden proporcionar una aproximación regulada a aquello que percibimos como exterior, inquietante o incontrolable.</p><div><figure><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!k_Xn!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3020fe7e-8d11-4f13-bb38-38e20a32b4c3_736x981.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!k_Xn!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3020fe7e-8d11-4f13-bb38-38e20a32b4c3_736x981.jpeg"></a><source type="image/webp"><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!k_Xn!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3020fe7e-8d11-4f13-bb38-38e20a32b4c3_736x981.jpeg"><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!k_Xn!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3020fe7e-8d11-4f13-bb38-38e20a32b4c3_736x981.jpeg" width="1456" height="805" alt=""></a></source><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!k_Xn!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3020fe7e-8d11-4f13-bb38-38e20a32b4c3_736x981.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!k_Xn!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3020fe7e-8d11-4f13-bb38-38e20a32b4c3_736x981.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!k_Xn!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3020fe7e-8d11-4f13-bb38-38e20a32b4c3_736x981.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!k_Xn!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3020fe7e-8d11-4f13-bb38-38e20a32b4c3_736x981.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!k_Xn!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3020fe7e-8d11-4f13-bb38-38e20a32b4c3_736x981.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!k_Xn!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3020fe7e-8d11-4f13-bb38-38e20a32b4c3_736x981.jpeg"></a><figcaption>El portal no anula la alteridad de la espesura; le otorga una entrada ceremonial.</figcaption></figure></div><p style="text-align:justify;">Esta misma atracción puede reconocerse todavía, bajo formas históricamente muy distintas, cuando a algunos aún nos parece oír una voz proveniente del bosque oscuro cuando paseamos por él a determinadas horas. Creemos percibir algo cuando visitamos un castillo en ruinas, un susurro en la piedra o una marca extraña; también ante un dolmen cubierto por la maleza, quizá el eco de las energías todavía presentes de aquellos que fueron enterrados allí. Esa misma inquietud puede despertarse ante un camino invadido por la niebla, una tormenta relampagueando sobre la montaña o un mar oscuro, embravecido y asaltado por olas gigantes. O, por qué no, ante los cuentos de fantasmas que nos hacían sentir temor de niños, ante un Jason Voorhees acechando en un lago rodeado de altos árboles o ante las mascaradas otoñales e invernales que también abundan en la península ibérica:</p><p style="text-align:justify;"><strong>«</strong><em><strong>En este marco, el asesino implacable y enmascarado —como Michael Myers, Jason Voorhees o Leatherface— funciona como un vacío ontológico. La máscara despoja al criminal de subjetividad humana, transformándolo en una fuerza despersonalizada, inarticulada y atemporal que canaliza la irrupción de lo “Otro” [...] La ficción de horror y sus rituales asociados se confirman, de este modo, como el espacio sagrado donde la modernidad aún puede rozar el borde de lo numinoso...</strong></em><strong>»<a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-4">4</a>.</strong></p><p style="text-align:justify;">En esta atracción por el límite peligroso, por aquello que puede activar hasta la última de nuestras fuerzas en pos de la supervivencia, emerge el monstruo con su poder estético y extático. Por su propia naturaleza, desborda las normas establecidas y difumina las divisiones entre categorías que el orden conocido mantiene separadas. Lo monstruoso puede entenderse, en este sentido, como la forma en que una institución o idea fundamental pierde su estabilidad. El monstruo inquieta porque reúne aquello que nuestro orden ordinario necesita mantener bajo control.</p><p style="text-align:justify;">Las criaturas feéricas cruzan permanentemente los límites del mundo humano, natural y divino; el vampiro o el no muerto violan la separación ontológica entre la vida y la muerte; la bruja emerge como arquetipo de una doble agencia, entre las potencias telúricas y exteriores y las normas y costumbres aceptables de la comunidad. El licántropo atraviesa con sus garras los dogmas cartesianos sobre la naturaleza del hombre, del animal y del rito. Incluso las figuras gigantescas, que siempre se han movido en torno a construcciones incomprensibles, formaciones montañosas y otros espacios semejantes, actúan como heraldos de un orden externo y anterior que irrumpe en el orden actual:</p><p style="text-align:justify;"><strong>«</strong><em><strong>El monstruo no es un mero agresor de la carne, sino la evidencia palmaria de que el World-without-us [el mundo-sin-nosotros] coexiste subterráneamente con nuestra frágil construcción de la realidad [...] La irrupción de lo monstruoso desmantela las divisiones fijas entre sujeto/objeto, humano/no-humano y vida/no-vida que la lógica cartesiana intenta imponer</strong></em><strong>»<a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-5">5</a>.</strong></p><p style="text-align:justify;">El monstruo atrae porque rompe con los esquemas preestablecidos de una mentalidad racionalista y materialista. Bajo esa mirada, aquello que no pueda comprobarse con los cinco sentidos queda relegado a la mentira o a una imaginación infantil. Todo debe estar controlado, hasta que llega el monstruo y, a través de una mínima grieta, derriba esa pretensión de clausura y abre la posibilidad de un mundo vasto e incontrolable. Por eso atrae a tantos el monstruo del relato de terror: representa el reencantamiento y la remitificación de nuestra realidad, nos hace experimentar que el mundo es más grande de lo que pensábamos.</p><div><figure><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!jZSF!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F47e056b0-05e8-4f45-be11-9fadb4f0bcb3_1131x1391.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!jZSF!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F47e056b0-05e8-4f45-be11-9fadb4f0bcb3_1131x1391.jpeg"></a><source type="image/webp"><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!jZSF!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F47e056b0-05e8-4f45-be11-9fadb4f0bcb3_1131x1391.jpeg"><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!jZSF!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F47e056b0-05e8-4f45-be11-9fadb4f0bcb3_1131x1391.jpeg" width="1456" height="755" alt=""></a></source><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!jZSF!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F47e056b0-05e8-4f45-be11-9fadb4f0bcb3_1131x1391.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!jZSF!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F47e056b0-05e8-4f45-be11-9fadb4f0bcb3_1131x1391.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!jZSF!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F47e056b0-05e8-4f45-be11-9fadb4f0bcb3_1131x1391.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!jZSF!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F47e056b0-05e8-4f45-be11-9fadb4f0bcb3_1131x1391.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!jZSF!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F47e056b0-05e8-4f45-be11-9fadb4f0bcb3_1131x1391.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!jZSF!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F47e056b0-05e8-4f45-be11-9fadb4f0bcb3_1131x1391.jpeg"></a><figcaption>El otoño es la estación donde los perfiles se desdibujan y los límites se vuelven permeables. Rodeado por el viento y el oro marchito del bosque, el rostro pálido del acechador sintetiza la <em>spooky season</em>: la sed de romper la monotonía aséptica de la urbe para experimentar, a través del terror más puro, que la realidad sigue siendo inmensa, peligrosa y colmada de misterio.</figcaption></figure></div><p style="text-align:justify;">Caminamos por ciudades y entornos en los que todo está iluminado, todo está explicado y todo parece hallarse bajo control. Hay cámaras, mapas y expertos por doquier, dispuestos a explicarnos siempre el porqué de todo bajo su propio filtro psicofísico. Limitaciones y más limitaciones. Frente a ello, el bosque incomunicado, la casa abandonada rodeada de leyendas, el camino que se difumina en la espesa niebla otoñal o la aparición espectral que uno ha creído intuir se rebelan contra la clausura materialista y nihilista del mundo.</p><p style="text-align:justify;">Precisamente porque el monstruo custodia o encarna un límite, su aparición pertenece de manera natural al itinerario heroico. El tesoro, el conocimiento, el arma o la transformación rara vez se entregan sin que exista antes una frontera que atravesar y, con frecuencia, una figura que la custodie. El peligro, la ruptura de los límites, la fascinación por las pruebas decisivas y la revelación de un conocimiento peligroso o prohibido, olvidado tiempo ha, forman parte de ese horizonte de recompensa heroica y restauradora. El arma que debe obtenerse, la mujer que aguarda, el tesoro legendario, el monstruo aterrador, la transformación exterior o interior y el plazo que se agota dan forma a ese itinerario. Tolkien describe bellamente la transfiguración ontológica interior en <em>La caída de Arturo</em>:</p><p style="text-align:justify;"><strong>«</strong><em><strong>Su corazón se elevó, como carga pesada / levantada ligera. En pie solo / con la llama de la mañana ardiendo en su rostro / el arrebato sintió de canción olvidada / moviéndose en su corazón, como música de arpa. / Allí Lancelot, bajo y suave, / cantándose a sí mismo, saludó al sol; / vida desde la oscuridad se elevó brillando / en la cúpula del cielo exaltada por la muerte. / Los tiempos cambiarían y con ellos las mareas, / y sobre las colinas de la mañana la esperanza cabalgaría / para despertar al hastiado, mientras durase el mundo</strong></em><strong>»<a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-6">6</a>.</strong></p><p style="text-align:justify;">Lo auténticamente valioso en el plano de la acción y del devenir rara vez se alcanza permaneciendo al calor del hogar, arropado entre mantas y deliciosa repostería. Requiere valor y exige atravesar lo desconocido, lo caótico e informe, aquello que nos hace temblar de pánico. Ahí se encuentra el proceso de aprendizaje y madurez, no solo del héroe, sino también del padre de familia, del hijo, del compañero, del humilde trabajador.</p><div><figure><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Mp1i!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7bd81be2-4f7f-4907-91a0-fac30ca9a88e_736x736.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Mp1i!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7bd81be2-4f7f-4907-91a0-fac30ca9a88e_736x736.jpeg"></a><source type="image/webp"><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Mp1i!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7bd81be2-4f7f-4907-91a0-fac30ca9a88e_736x736.jpeg"><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Mp1i!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7bd81be2-4f7f-4907-91a0-fac30ca9a88e_736x736.jpeg" width="1456" height="1456" alt=""></a></source><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Mp1i!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7bd81be2-4f7f-4907-91a0-fac30ca9a88e_736x736.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Mp1i!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7bd81be2-4f7f-4907-91a0-fac30ca9a88e_736x736.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Mp1i!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7bd81be2-4f7f-4907-91a0-fac30ca9a88e_736x736.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Mp1i!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7bd81be2-4f7f-4907-91a0-fac30ca9a88e_736x736.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Mp1i!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7bd81be2-4f7f-4907-91a0-fac30ca9a88e_736x736.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Mp1i!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7bd81be2-4f7f-4907-91a0-fac30ca9a88e_736x736.jpeg"></a><figcaption><em><strong>Scream</strong></em><strong> (1996)</strong>, dirigida por Wes Craven. El famoso diálogo de Ghostface —<em>«¿Cuál es tu película de terror favorita?»</em>— funciona como una <strong>prueba de juicio y discernimiento</strong>. La inocencia o la ingenuidad son castigadas de inmediato; la supervivencia exige agudeza, reconocimiento del peligro y respuesta firme.</figcaption></figure></div><h4 style="text-align:justify;"><strong>LA SPOOKY SEASON: ENTRE LA BANALIZACIÓN Y EL MISTERIO</strong></h4><p style="text-align:justify;">Desde este recorrido podemos regresar al punto del que partíamos. Si miedo, relato, máscara y monstruo constituyen distintas formas de relacionarnos con el umbral y su potencial iniciático y transformador, la persistencia de la llamada <em>spooky season</em> adquiere un significado distinto. No sería solamente una moda estética o una broma en las redes sociales, sino una forma contemporánea, fragmentaria, híbrida y a menudo degradada de representar la energía que predomina en esas fechas.</p><p style="text-align:justify;">Conviene distinguir aquí dos grandes vías. Por un lado, lo ominoso puede convertirse en mero producto de la explotación capitalista, donde la adrenalina, el <em>gore</em>, los disfraces o las leyendas populares sirven como simples distractores y excusas para la frivolidad o la degradación mediante sustancias tóxicas. Por otro, lo oscuro y lo liminal pueden adoptarse como una vía de aprendizaje, de conocimiento y de elevación personal y espiritual:</p><p style="text-align:justify;"><strong>«</strong><em><strong>Deteniéndose inseguros allá en lo alto vieron / lánguidos y fieros jinetes entre nubes veloces, / grises y monstruosos, cabalgando torvos a la guerra / bajo yelmos sombríos, figuras catastróficas</strong></em><strong>».</strong></p><p style="text-align:justify;"><strong>«</strong><em><strong>¡Enemigos no tememos, ni sombras malignas / de oscuras montañas encantadas por demonios! / ¡Escuchad ahora colinas y bosque gris, / tronos horribles de antiguos dioses / inmensos y sin esperanza, escuchad y temblad!</strong></em><strong>»</strong><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-7">7</a></p><p style="text-align:justify;">No pretendemos entrar en este trabajo en las polémicas sobre el Halloween contemporáneo, sobre su absorción por la hipercapitalización de nuestra sociedad posmoderna o sobre el carácter de las reconstrucciones románticas y neopaganas de Samhain. Tampoco rebatiremos aquí las posiciones de quienes juzgan estas celebraciones desde una moral religiosa proveniente del Próximo Oriente, sea cual sea su rama preferida. Pensamos que cada cual ha de seguir el camino que su propio <em>daimōn</em> le asigne.</p><div><figure><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Y2Dw!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0dfc72f2-f29e-4312-a403-7e73421a039e_1080x1080.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Y2Dw!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0dfc72f2-f29e-4312-a403-7e73421a039e_1080x1080.jpeg"></a><source type="image/webp"><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Y2Dw!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0dfc72f2-f29e-4312-a403-7e73421a039e_1080x1080.jpeg"><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Y2Dw!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0dfc72f2-f29e-4312-a403-7e73421a039e_1080x1080.jpeg" width="1456" height="1456" alt=""></a></source><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Y2Dw!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0dfc72f2-f29e-4312-a403-7e73421a039e_1080x1080.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Y2Dw!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0dfc72f2-f29e-4312-a403-7e73421a039e_1080x1080.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Y2Dw!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0dfc72f2-f29e-4312-a403-7e73421a039e_1080x1080.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Y2Dw!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0dfc72f2-f29e-4312-a403-7e73421a039e_1080x1080.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Y2Dw!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0dfc72f2-f29e-4312-a403-7e73421a039e_1080x1080.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Y2Dw!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F0dfc72f2-f29e-4312-a403-7e73421a039e_1080x1080.jpeg"></a><figcaption>Entre cáscaras y semillas de calabaza y sonrisas, participar del rito otoñal alrededor de la mesa afirma la vigencia de la familia, la comunidad y la fraternidad de sangre como el primer y más inexpugnable bastión frente al caos exterior.</figcaption></figure></div><p style="text-align:justify;">En cualquier caso, incluso cuando uno se considera aficionado al cine de terror, es preciso conservar cierta solemnidad, prudencia y respeto por el misterio, los relatos oscuros y los monstruos. Perdernos entre el puritanismo costumbrista de unos y el exceso de ironía de otros en las redes sociales nos hace correr el riesgo de anular todo potencial elevado, vertical y trascendente de esta fiesta. De no superar ambas posiciones, Halloween, Samhain, el otoño y el terror corren el peligro de seguir siendo trituradas por la modernidad, al igual que una larga lista de antiguas tradiciones.</p><h4 style="text-align:justify;"><strong>ENCARNAR LO OTRO: MÁSCARA Y METAMORFOSIS</strong></h4><p style="text-align:justify;">La máscara merece una consideración propia porque no se limita a ocultar un rostro. En muchos contextos rituales permite asumir temporalmente una identidad distinta y entrar en relación con aquello que representa. Vestirse de lobo, muerto o cualquier otra criatura monstruosa no equivale únicamente a contemplar la alteridad, sino a representarla desde dentro. Como señala Vincent Samson al analizar la noción de <em>Verwandlungskulte</em>, «cultos de metamorfosis», formulada por Otto Höfler, la asunción ritual de la piel animal en dicho contexto no constituye una mera alegoría estética, sino una <strong>«</strong><em><strong>experiencia sagrada (numinoses Erlebnis), durante la cual los participantes experimentaban una metamorfosis psicológica que les permitía encarnar poderes sobrenaturales. El culto se convierte entonces en la expresión dramática del mito (verkörperlichte Mythen) [...] La vida salvaje llevada por los héroes [en el bosque, ataviados con pieles de fiera] corresponde a un periodo de formación iniciática</strong></em><strong>»</strong><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-8">8</a><strong>.</strong></p><p style="text-align:justify;">Desde aquí podría abordarse la cuestión de los disfraces infantiles, habitualmente discutida en estas fechas desde la defensa de la tradición católica española y de un costumbrismo de sesgo chovinista. Una vez más nos situamos frente a una visión que amputa dimensiones del mundo y de nuestro propio pueblo. El mundo es un lugar de fuerzas multiformes y, tradicionalmente, nuestros ancestros se colocaban máscaras cultuales para participar de esas fuerzas daimónicas y semidivinas. La potencia del lobo, del antepasado que retorna, de la bruja hechicera, de la bestia salvaje o del árbol milenario reactualizaba lo sobrehumano en el hombre y lo iniciaba en la alteridad. Lo hacía pasar de observador en tercera persona a sujeto viviente en primera.</p><div><figure><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!KEyo!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb26d69a6-968d-40f8-8b1c-548811073713_1080x1080.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!KEyo!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb26d69a6-968d-40f8-8b1c-548811073713_1080x1080.jpeg"></a><source type="image/webp"><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!KEyo!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb26d69a6-968d-40f8-8b1c-548811073713_1080x1080.jpeg"><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!KEyo!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb26d69a6-968d-40f8-8b1c-548811073713_1080x1080.jpeg" width="1456" height="1456" alt=""></a></source><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!KEyo!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb26d69a6-968d-40f8-8b1c-548811073713_1080x1080.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!KEyo!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb26d69a6-968d-40f8-8b1c-548811073713_1080x1080.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!KEyo!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb26d69a6-968d-40f8-8b1c-548811073713_1080x1080.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!KEyo!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb26d69a6-968d-40f8-8b1c-548811073713_1080x1080.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!KEyo!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb26d69a6-968d-40f8-8b1c-548811073713_1080x1080.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!KEyo!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb26d69a6-968d-40f8-8b1c-548811073713_1080x1080.jpeg"></a><figcaption>Como señalara Otto Höfler al estudiar las cofradías arcaicas, la máscara nunca fue un adorno exterior, sino un vehículo de transmutación psicológica y sagrada.</figcaption></figure></div><p style="text-align:justify;">Incluso en el contexto infantil esta lógica posee una gran potencia. El niño, que habitualmente teme al monstruo, durante unos días asume su forma y pasa de víctima a cazador. Esta práctica permite pensar también el papel propio del niño en la comunidad, desde una cosmovisión pagana y tradicional, así como la potencia y el espacio de libertad que corresponden a su estadio vital:</p><p style="text-align:justify;"><strong>«</strong><em><strong>La iniciación exige una muerte ritual: el niño muere y nace el hombre de la tribu. Al ser introducido en el mundo de los iniciados, el muchacho abandona la esfera pasiva para integrarse en la comunidad de los ancestros inmortales [...]. Al asumir las pieles o las máscaras de las fieras, el joven deja de ser una víctima indefensa ante el pavor para convertirse él mismo en un demonio sagrado (Totendämon), activo y soberano dentro de su comunidad</strong></em><strong>»</strong><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-9">9</a>.</p><p style="text-align:justify;">Estas formas de aproximación a la alteridad encuentran en el otoño un sustrato excepcional. La estación no crea por sí sola todos estos símbolos y arquetipos, pero la luz retrocede, las noches se prolongan, la vegetación pierde su exuberancia, la actividad humana comienza a pausarse y a replegarse hacia el interior, y el fuego doméstico recupera centralidad. El exterior y el interior se diferencian con mayor nitidez precisamente cuando la frontera entre otras categorías —vida y muerte, presencia y ausencia, familiaridad y extrañeza— ocupa el imaginario estacional. Entendemos así los meses de octubre y noviembre como portales cósmicos de fuerzas y potencias sobrehumanas que, en su alteridad, liminalidad y oscuridad, también rigen el mundo: <strong>«</strong><em><strong>Parió la Noche al maldito Moros, a la negra Ker y a Tánato; parió también a Hipnos y engendró la tribu de los Sueños [...] la funesta Noche [...] Una ofrece a los seres de la tierra su luz penetrante; la otra les lleva en sus brazos el Sueño hermano de la Muerte, la funesta Noche, envuelta en densa niebla</strong></em><strong>»</strong><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-10">10</a>.</p><p style="text-align:justify;">Nuestro presente, en cambio, se ha sumergido en una suficiencia que encuentra su expresión política en el llamado «fin de la historia» de Fukuyama y su expresión cultural en la pretensión de haber agotado lo que el mundo puede revelar. Como si el ser humano hubiera alcanzado todo el conocimiento y la fortaleza que debía alcanzar y únicamente le quedara recoger sus frutos en forma de globalización disolvente, mentalidad pequeñoburguesa y cientificismo estrecho de miras. A ello se suma ese paternalismo que descalifica como ignorante a todo aquel que busca reencantar el mundo.</p><div><figure><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!DH7o!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe1e07c5d-966f-4508-9491-c8cb19d3b877_736x736.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!DH7o!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe1e07c5d-966f-4508-9491-c8cb19d3b877_736x736.jpeg"></a><source type="image/webp"><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!DH7o!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe1e07c5d-966f-4508-9491-c8cb19d3b877_736x736.jpeg"><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!DH7o!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe1e07c5d-966f-4508-9491-c8cb19d3b877_736x736.jpeg" width="1456" height="1456" alt=""></a></source><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!DH7o!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe1e07c5d-966f-4508-9491-c8cb19d3b877_736x736.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!DH7o!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe1e07c5d-966f-4508-9491-c8cb19d3b877_736x736.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!DH7o!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe1e07c5d-966f-4508-9491-c8cb19d3b877_736x736.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!DH7o!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe1e07c5d-966f-4508-9491-c8cb19d3b877_736x736.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!DH7o!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe1e07c5d-966f-4508-9491-c8cb19d3b877_736x736.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!DH7o!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe1e07c5d-966f-4508-9491-c8cb19d3b877_736x736.jpeg"></a><figcaption>Existe una fascinación imparable por encarnar las fuerzas daimónicas del bosque y de la noche para domesticar el espanto mediante la propia transformación.</figcaption></figure></div><p style="text-align:justify;">Frente al dogma moderno que pretende haber medido y agotado todos los confines del mundo que habitamos, la sabiduría tradicional de nuestra civilización opone la certeza de que el mundo permanece abierto a lo inefable. Cuando la mujer viva penetra en la tumba para abrazar al héroe muerto, la poesía éddica proclama la quiebra de esa suficiencia racionalista: <strong>«</strong><em><strong>Ahora digo que nada puede ya tenerse por imposible [...] cuando duermes sobre un brazo sin vida [...] y tú misma sigues viva</strong></em><strong>»</strong><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-11">11</a><strong>.</strong> Reencantar el mundo es reconocer que la realidad guarda dimensiones y potencias ante las cuales la suficiencia humana debe inclinarse.</p><div><p style="text-align:justify;"><strong>«</strong><em><strong>¡Oh hombre! ¡Presta atención! ¿Qué dice la profunda medianoche? “Yo dormía, dormía, – De un profundo soñar me he despertado: – El mundo es profundo, Y más profundo de lo que el día ha pensado”...</strong></em><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-12">12</a>»</p></div><h2 style="text-align:justify;"><strong>HABITAR LO OSCURO</strong></h2><p style="text-align:justify;">Habitar lo oscuro no significa abolirlo ni entregarse indiscriminadamente a él. Significa reconocer la existencia de una exterioridad, aprender sus límites, darle forma mediante el símbolo y acercarse a ella de acuerdo con la medida que corresponde. Lecouteux nos advierte de ello: <strong>«</strong><em><strong>Debemos reconocer que el hombre no es el único habitante de la tierra, sino que tiene vecinos, que su mundo está habitado por presencias invisibles y que su presencia lo obliga a tomar ciertas precauciones y a respetar tabúes; en suma, configura su vida [...] Aunque la primera tentación sea trazar una línea divisoria entre ellos y él, debe rendirse a lo evidente: nunca este contacto se romperá por completo, nunca la naturaleza y los seres que la simbolizan cederán su derecho primordial</strong></em><strong>»</strong><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-13">13</a><strong>.</strong></p><div><figure><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!NF9W!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc314d613-4fad-4a26-90a7-d96450a027a4_736x736.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!NF9W!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc314d613-4fad-4a26-90a7-d96450a027a4_736x736.jpeg"></a><source type="image/webp"><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!NF9W!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc314d613-4fad-4a26-90a7-d96450a027a4_736x736.jpeg"><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!NF9W!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc314d613-4fad-4a26-90a7-d96450a027a4_736x736.jpeg" width="1456" height="1456" alt=""></a></source><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!NF9W!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc314d613-4fad-4a26-90a7-d96450a027a4_736x736.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!NF9W!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc314d613-4fad-4a26-90a7-d96450a027a4_736x736.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!NF9W!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc314d613-4fad-4a26-90a7-d96450a027a4_736x736.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!NF9W!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc314d613-4fad-4a26-90a7-d96450a027a4_736x736.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!NF9W!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc314d613-4fad-4a26-90a7-d96450a027a4_736x736.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!NF9W!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc314d613-4fad-4a26-90a7-d96450a027a4_736x736.jpeg"></a><figcaption>Lejos de la agresión gratuita, el monstruo delimita el espacio de lo sagrado: recuerda al hombre de familia que la protección del fuego doméstico (<em>Innangard</em>) no nace de negar la existencia del abismo exterior (<em>Útangard</em>), sino de aprender a ser fuerte y capaz.</figcaption></figure></div><p style="text-align:justify;">Como hombres de familia, hemos de entender y practicar una suerte de metafísica del umbral que reconozca la tensión entre el fuego familiar y el exterior inexplorado. Hemos de interiorizar también la exhalación de la manifestación en forma de verano —expansión, luz e irradiación hacia fuera— y la inhalación que trae el invierno, con su oscuridad, su frío y su recogimiento. El repliegue otoñal no es, por tanto, una mera reacción al clima, sino la asimilación del ritmo respiratorio del cosmos. El paso de la luz estival a la contracción del otoño inaugura lo que Lecouteux denomina un «<em>tiempo de nadie</em>»: una grieta temporal en la que la naturaleza detiene su expansión exterior y la comunidad se recoge hacia dentro para aguardar la apertura del Otro Mundo, cuando <strong>«</strong><em><strong>los espíritus pueden vagar libremente por la tierra...</strong></em><strong>»</strong><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-14">14</a>.</p><div><p style="text-align:justify;"><strong>«</strong><em><strong>El Mundo “habla” al hombre y, para comprender este lenguaje, basta conocer los mitos y descifrar los símbolos. [...] El Mundo no es ya una masa opaca de objetos amontonados arbitrariamente, sino un cosmos viviente, articulado y significativo. En última instancia, el Mundo se revela como lenguaje. Habla al hombre por su propio modo de ser, por sus estructuras y sus ritmos</strong></em><strong>»</strong><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-15">15</a><strong>.</strong></p></div><p style="text-align:justify;">Mágica y poderosa es la estación del otoño. Incluso en la caída de las hojas, los árboles nos recuerdan que su arquitectura esencial permanece en el tronco, incólume ante la pérdida. En ese gesto silencioso de la naturaleza se cifra una enseñanza profunda: despojarse no significa desaparecer, y aquello que posee una forma verdadera puede atravesar el declive sin perder su centro.</p><div><figure><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Hj7t!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2ef0e6c3-db42-4ee9-870f-374b7a2a2b69_1199x1599.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Hj7t!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2ef0e6c3-db42-4ee9-870f-374b7a2a2b69_1199x1599.jpeg"></a><source type="image/webp"><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Hj7t!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2ef0e6c3-db42-4ee9-870f-374b7a2a2b69_1199x1599.jpeg"><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Hj7t!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2ef0e6c3-db42-4ee9-870f-374b7a2a2b69_1199x1599.jpeg" width="1456" height="610" alt=""></a></source><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Hj7t!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2ef0e6c3-db42-4ee9-870f-374b7a2a2b69_1199x1599.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Hj7t!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2ef0e6c3-db42-4ee9-870f-374b7a2a2b69_1199x1599.jpeg"></a><div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Hj7t!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2ef0e6c3-db42-4ee9-870f-374b7a2a2b69_1199x1599.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Hj7t!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2ef0e6c3-db42-4ee9-870f-374b7a2a2b69_1199x1599.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Hj7t!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2ef0e6c3-db42-4ee9-870f-374b7a2a2b69_1199x1599.jpeg"></a></div><a href="https://substackcdn.com/image/fetch/%24s_!Hj7t!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2ef0e6c3-db42-4ee9-870f-374b7a2a2b69_1199x1599.jpeg"></a><figcaption>En la memoria viva de nuestros pueblos, el aroma a castaña asada y madera quemada marca el umbral en el que el mundo exterior se contrae. Alrededor de esta lumbre se tejieron durante siglos los cuentos de ánimas, las canciones de siega y los recuerdos de los antepasados.</figcaption></figure></div><p style="text-align:justify;">Ese simbolismo nos invita a recuperar y reivindicar el poder del otoño y de la <em>spooky season</em>: el fuego familiar y las narraciones encantadas compartidas a su alrededor, la contracción de la naturaleza y, al mismo tiempo, la expansión de su dimensión crepuscular, misteriosa y fronteriza. También el temor reverencial y la excitación aventurera que despiertan en nosotros los monstruos y los seres de la noche, quizás precisamente porque encarnan una alteridad incontrolable que no puede domesticarse.</p><p style="text-align:justify;">Pero, sobre todo, el otoño nos llama a recuperar esa mirada absoluta, colmada de magia y sacralidad, que ve en cada gesto, cada cuento, cada sendero entre la niebla y cada sombra junto al fuego manifestaciones de una realidad bella, plena y colmada por los Dioses.</p><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-1">1</a><div><p>Noël Carroll, «Why Horror?», en <em>Horror, the Film Reader</em>, ed. Mark Jancovich (Londres: Routledge, 2002), parte I, «Theorizing Horror», p. 41.</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-2">2</a><div><p> Lecouteux, <em>At the Borders of the Wondrous and Magical</em> (Inner Traditions, 2025), Introducción / parte I, «From Document to Idea».</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-3">3</a><div><p> Anónimo, <em>Sir Gawain y el Caballero Verde</em>, trad. Francisco Torres Oliver, pról. Luis Alberto de Cuenca, epílogo y notas Jacobo F.-J. Stuart (Madrid: Siruela, 2008), parte IV, estrofas 87-88, y prólogo, pp. 39 y 48-50.</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-4">4</a><div><p>Robin Wood, «An Introduction to the American Horror Film», en <em>Planks of Reason: Essays on the Horror Film</em>, ed. Barry Keith Grant y Christopher Sharrett (Lanham, MD: Scarecrow Press, 2004).</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-5">5</a><div><p> Eugene Thacker, <em>In the Dust of This Planet: Horror of Philosophy</em>, vol. 1 (Winchester: Zer0 Books, 2011), cap. 1, «Demonology», pp. 34-36.</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-6">6</a><div><p> J. R. R. Tolkien, <em>La caída de Arturo</em>, ed. Christopher Tolkien, trad. Rubén Masera (Barcelona: Minotauro, 2013), canto III, vv. 210-220.</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-7">7</a><div><p> Tolkien, <em>La caída de Arturo</em> (2013), canto I, vv. 86-89 y 100-104.</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-8">8</a><div><p> Vincent Samson,<em> Los berserkir: Los «guerreros-fiera» en la antigua Escandinavia</em>, trad. S. Lorente (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2024), caps. I y V.</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-9">9</a><div><p> Kris Kershaw, <em>The One-Eyed God: Odin and the (Indo-)Germanic Männerbünde</em> (Washington, D. C.: Institute for the Study of Man, 2000), caps. 3 y 4. Cf. Lily Weiser-Aall, <em>Altgermanische Jünglingsweihen und Männerbünde</em> (Baden: Konkordia, 1927).</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-10">10</a><div><p>Hesíodo, <em>Teogonía</em>, en <em>Obras y fragmentos</em>, trad. Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez (Madrid: Gredos, 1978), vv. 211-213, 224 y 755-757.</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-11">11</a><div><p> <em>The Poetic Edda</em> (Crawford, Hackett, 2025), <em>Helgakviða Hundingsbana II</em>, 48.</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-12">12</a><div><p> Friedrich Nietzsche, <em>Así habló Zaratustra</em>, trad. Andrés Sánchez Pascual (Madrid: Alianza Editorial, 2011), cuarta parte, «La canción del noctámbulo», §12.</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-13">13</a><div><p> Lecouteux, <em>At the Borders of the Wondrous and Magical</em> (2025), «Borderlands of the Otherworld»; Claude Lecouteux, <em>Demons and Spirits of the Land</em> (Rochester, VT: Inner Traditions, 2015), «The Spirits of Nature and of Humans in the Middle Ages».</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-14">14</a><div><p> Lecouteux, <em>At the Borders of the Wondrous and Magical</em> (2025), cap. 15, «The Taming of the Land»; Lecouteux, <em>Demons and Spirits of the Land</em> (2015), cap. 14, «Boundaries and Their Markers».</p></div></div><div><a href="https://circulopyr.substack.com/#footnote-anchor-15">15</a><div><p> Mircea Eliade, <em>Mito y realidad</em>, trad. Luis Gil (Barcelona: Kairós, 1999; orig. 1963), cap. VIII, «Grandeza y decadencia de los mitos», apartado «La abertura del mundo».</p></div></div>
<p><a href="https://circulopyr.substack.com/p/el-monstruo-y-el-reencantamiento" target="_blank">- Enlace a artículo -</a></p>
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